Seguimos bordeando el centro histórico de Utrecht por el canal Stadsbuitengracht y llegamos a un puente muy curioso y que no se puede alzar, vamos, que es fijo como los que hacen en los otros países. Se trata del Monicabrug y aquellos a los que algún Dios les dio al menos un dedo de frente seguro que notan que los dos arcos están del revés, que en lugar de tener los arcos sobre el puente, están por debajo del mismo, como se puede ver en la imagen clarísimamente. Este puente es relativamente nuevo, se inauguró en el año 2001 y el nombre no le viene por alguna pelleja que vivía por allí y hacía unas faenas de esas de salir de la plaza a hombros, no, el nombre le viene porque en aquella zona, hasta el año 1977 había una iglesia católica, la Sint-Monicakerk, que cerraron cuando les dejó de venir la clientela y como los terroristas musulmanes no quisieron pagar el millón de leuros que les pedían por pasar a su propiedad y convertirla en mezquita, pues la tumbaron y se hicieron casas y otras cosillas.
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Otra noche de San Juán en Málaga
El fin de semana pasado estuve en Málaga, un evento anual que se ha repetido los últimos cuatro años y que pasó a complementar mi otra visita a Málaga a finales de enero. Este año además coincidió que compré el billete al día siguiente de volver en enero y literalmente me olvidé que lo había hecho y en marzo estaba mirando billetes para ir a Málaga y por suerte, buscando en mi correo una reserva para otro viaje encontré la de éste. En el 2018 la visita de San Juán fue corta porque por circunstancias de la vida que tienen que ver con los joputas-terroristas-islámicos, los vuelos a esa provincia española desde los Países Bajos están petadísimos y es casi imposible conseguir plaza y al final de enero, cuando compré el mío, ya estaban agotados los billetes de regreso para todos los vuelos de la tarde/noche del domingo y eso me obligó a regresar a las cuatro de la tarde, una hora muy inusual ya que siempre prefiero los vuelos que salen a partir de las ocho de la tarde (que en esta época del año no es aún noche).
También como casi siempre, tengo una ida con una compañía (Transavia) y un regreso con otra (Ryanair) por aquello de pillar el billete barato en ambas empresas y además por los horarios, ya que el regreso con Ryanair me daba una hora más por allí. El vuelo de ida era por la tarde con lo que trabajé desde mi casa y a las dos ya había hecho mis ocho horas de trabajo, algo que no es posible hacer si se vive en la zona horaria de la hora Virtuditas, ya que yo lo hice desde las seis de la mañana a las dos de la tarde. Cuando acabé, pillé mi mochila, que básicamente estaba vacía, la puse en el dispositivo de carga frontal de mi bici y fui a la estación de Utrecht Centraal que hemos visto por el mejor blog sin premios en castellano recientemente para coger el tren al aeropuerto de Schiphol. Al llegar al aeropuerto, pasé el control de inseguridad, en el que milagrosamente no había cola ninguna a esa hora y después busqué la puerta de embarque, que era en la zona de puertas C y una vez allí, me senté a esperar el embarque.
Salíamos después de las cinco de la tarde y el vuelo no se retrasó con lo que cargaron el cilindro metálico con ventanas con todo el ganado, cerraron la puerta y el piloto quitó el freno de mano y tiramos pa’l sur. Siempre se me olvida algo y en esta ocasión fue el auricular con cable para enchufar al iPad, así que tuve que hacer algo que no recomiendo a los niños que hagan cuando estén en un avión, que es conectar el bluetú y usar los otros auriculares para poder ver mis episodios de series en el iPad. Si tenemos en cuenta que la pava a mi lado despegó, hizo el vuelo y aterrizó sin haber puesto jamás de los jamases el modo de avión en su teléfono, lo mío se puede considerar un pecado venial. Por motivos que según el piloto eran por saturación del espacio aéreo de los gabachos, esas malas personas que hablan un dialecto del truscolán, el avión voló primero hacia el Reino desUnido y desde allí bajó como hacia Bilbao o así.
Por supuesto que lo cuento y los dos comentaristas no me creen porque son así de negativos así que pongo un pantallazo del registro del vuelo y se puede comprobar y se comprueba que salvo por un trocito, evitamos la chusma y la gentuza belga que permite que criminales y terroristas y golpistas y pedófilos vivan seguros en su territorio y solo le rozamos la puntita a los gabachos camino de Málaga. Cierto ancestral tuvo suerte y conseguí asiento de ventana así que en algún lugar por debajo de este texto hay un vídeo y en el mismo tenemos un despegue, que además fue en la puta Polderbaan, la pista esa que está en el más allá y por eso el vídeo es más bien como grabado desde un taxi pasando por encima de dos autopistas y recorriendo un montón de kilómetros en tierra. El aterrizaje fue muy rápido porque llegamos con el viento del lado correcto. Después pillé el tren y para Málaga. Las actividades del fin de semana, como siempre, están encriptadas y es necesario abonarse con un buen estiercol para conocerlas pero diré que fui a la playa que está delante de la casa en la costa y allí hice la siguiente panorámica:
El agua no tenía la temperatura de meados propia de Asia y estaba en veinte grados. Me bañé en total cinco veces entre dos días y el suplicio me provocó manicitis que es el tamaño con el que se quedan los cojones en aguas tan frías. En el vídeo que viene a continuación también hay unos segundos de los fuegos artificiales que alguien tiró frente al Malibu Beach Bar, que es el sitio al que fuimos a jincarnos los mojitos. El vídeo está amenizado con la canción A Thousand Years, que es el tiempo que espero seguir yendo a Málaga y la canta Christina Perri, como todos sabemos. Si por alguna desgracia el vídeo no lo véis debajo de este párrafo, está AQUÍ:
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Stadsbuitengracht con el Weerdsingel Westzijde y el Daalsesingel
Ayer mirábamos el Daalsesingel con visión de caballo y hoy desde el mismo lugar y gracias al milagro de los panoramas tenemos una de las esquinas del centro histórico de Utrecht. Este era el punto en donde se cortaba el canal después de la traición de los culocochistas en 1962. En su día, allá por los años de juventud de Genín y Matusalem, la ciudad de Utrecht estaba protegida por este canal, el Stadsbuitengracht y gracias al mismo, el truscolán no se habla en el lugar. Si en lugar de febrero hago la foto esta semana, todos los árboles estarían petadísimos de verde.
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Dios mío, esto es un infierno
El mes de junio que aún no ha terminado ya es el más seco de la historia holandesa desde que Adán se comió una manzana porque Eva no le ofreció potorro. No ha habido un periodo de tanta caló dañina como el que estamos padeciendo en la historia de estos terrenos casi-sumergidos. Esto del cambio climático pretende convertir a España en el nuevo Sahara y a los Países Bajos en la nueva Andalucía. Aquí cuando teníamos una semana de veintipico grados todo el mundo hablaba de ese año como épico y legendario y lo recordábamos en todas las leyendas urbanas como aquel en el que durante siete día o así hasta te podías poner pantalones cortos y este año ya llevamos como mes y medio de más de lo mismo, salvo por la semana pasada que hemos tenido un respiro.
En el 2018, ya estamos ahítos, o ajítos, que es como se pronuncia en Canarias, que en las Canarias la hache cuando es la primera letra de la palabra NO SIEMPRE es muda, como ya conocemos de otros ejemplos como jediondo, jinojo o jarto. Y ahora Virtuditas, que después de que llega su hora nos machaca con su cultura dirá que en ajito la hache no es la primera letra y tiene toda la razón pero es que con esta hicimos una excepción y aplicamos la misma regla con ilusión y poderío y fantasía y por eso, nosotros los seres superiores que nacimos en las Canarias podemos estar aJitos de algo y el significado es que estamos hartos (o más bien jartos) de lo susodicho. Ahora que hemos sentado los principios y finales lingüísticos del tema, miramos la previsión meteorológica para las próximas dos semanas.
Esto solo se puede denominar pesadilla mucho antes de la Navidad, es que el calvario comienza mañana y va a peor con un fin de semana que me obligará a meterme en el cine a ver tres o cuatro películas seguidas, las que sean, para disfrutar del aire acondicionado, que no se pueden comparar treinta y dos grados de Benalmádena con los de Utrecht, que aquí son como una losa de hormigón que nos cae encima y nos aplasta y ojito que he dicho losa y no loza, que no es culpa mía si nosotros no distinguimos entre algunas letras y las pronunciamos de la misma manera. Desde hoy y sin final a la vista, mi casa entra en alerta roja tirando a rojísima y todas las ventanas, todas las cortinas, todas las persianas estarán completamente cerradas durante el día y solo cuando la temperatura exterior sea inferior a la interior lo abriré todo y pondré el ventilador a la máxima potencia para que mueva el aire y así tratar de enfriar el hormigón (y en este caso si que no decimos jormigón) de las paredes que va absorbiendo el calor y transforma mi casa en una estufa. Este año la cosecha de moras me va a llegar antes y hasta la de uvas será por primera vez en la historia de uvas dulces y no de esas que parece que llevan en su interior zumo de lima o de limón. Ya lo decía aquel sabio que fue, ha sido, es y será, Rambo: ¡DIOS MÍO, ESTO ES UN INFIERNO!





