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  • Interlude in Prague

    17 de junio de 2018

    Hay películas que consiguen lo imposible, que su trailer no toque una sola sala de cine y así, cuando aparecen en la programación del cine, es como los bombones del Forrest Gump, que puede ir del lado de que rico, o del lado de la puta mierda del copón. La de hoy es una de esas que pese a costar millones de leuros, cuando se estrenó en el Reino DesUnido, recaudó menos de tres mil leuros, de allí siguió para Japón en donde no creo que hiciera mucha caja y un año más tarde toca la cartelera de un solo cine de la cadena de multicines a la que estoy abonado y además lo hace con la sala más microscópica que tienen, una con una capacidad que no creo que llegue a las setenta butacas. La película que acumula tantos récords es Interlude in Prague, aunque aquí en los Países Bajos la camuflaron y le cambiaron el nombre por Mozart in Love y aunque no tiene fecha ni posibilidad de estreno en España, ya se imprimieron los carteles con el truscoluña no es nación.

    El julay de Mózart se va de belingo a Praga y allí se encoña de una pava virgen a la que busca empetársela hasta los pelos de los güevos

    A Mozart se le morían los hijos como parrulos y su hembra se deprimió y se fue de retiro a algún villorrio. Él recibe la invitación para irse de juerga laboral a Praga y allí se encoña con una hembra virgen local a la que ya le puso el ojo el abusador y dictador local y como Mozart está preocupado porque los güevos se le están poniendo azules, busca la manera de empetársela por los bajos y llenarla de su jugo de la vida, pero todo eso sin sentirse culpable por trabajar para convertir a su mujer en una Vitorino y además escribiendo una ópera nueva. O algo así.

    Cuando uno ve esta película flipa porque ahora resulta que su ópera Don Giovanni puede tener en su cartel la coletilla esa de basada en hechos reales. Esto es como un musical encubierto ya que la pava que está en el meollo de la cuestión canta y nos pasamos la película con ella graznando una y otra vez, que es que no se cansan de meternos canciones. La historia particularmente me pareció cogida con alfileres, demasiado floja e increíble y los diálogos eran muy elaborados y te daban siempre la sensación de estar viendo teatro, de que allí exageraban todos sin ilusión ni fantasía. Nadie me sonaba a conocido y tras un rato como que asumí que aquello es un telefilm pero rodado con algo más de presupuesto. Tiene hasta la duración perfecta para una película que pongan por la tele con sus intermedios. El final es particularmente deleznable, creo que la historia se merecía otra manera de acabar, aunque como lo basaron en la vida de un hombre que conocemos, tenían las manos atadas a menos que reescriban su Wikipedia.

    En fin, que esto es algo que ni jartos de agua oxigenada podrían ver los miembros del Clan de los Orcos y tampoco tiene el caché que esperan los sub-intelectuales con GafaPasta. Para una siesta acompañada de ruido televisivo.

  • Muchos hijos, un mono y un castillo

    17 de junio de 2018

    Después del palo que me llevé con la primera película del festival de cine español en Amsterdam, a la segunda entré temblando y considerando si merecería la pena comprarme una botella de ron y meterla en el cine para emborracharme. La película era un documental, con lo que me esperaba todo lo peor, siempre. La pusieron en la sala más grande del Pathé Tuschinski, una que en realidad es como un teatro ya que cuando se construyó el cine, hace casi cien años, se tenía esa concepción del séptimo arte. En esta sala es donde se hacen los mayores estrenos en los Países Bajos y por la que han pasado todos los estrellones de cine cuando han venido a Holanda. La película se titulaba Muchos hijos, un mono y un castillo.

    Una julay está peor que una jaira

    Una chama se pega años traumatizada porque entre toda la morralla que guardan en sus casas no encuentra la caja en la que puso algunos huesos de su abuela, a la que mataron en la Guerra Civil. Mientras los huesos son el hilo argumental, vemos como cría un montón de hijos, como se compran un castillo y tienen un mono y como la vida viene y va y a veces estás en la parte de arriba de la montaña rusa y a veces en el puto fondo.

    Épica y legendaria. Desde el primer segundo. No me extraña que ganara el Goya a la mejor película documental y que haya ganado otro montón de premios. De entrada la idea es rara. Alguien, Gustavo Salmerón, que nos suena de haberlo visto toda la vida en series y en películas, recopila todo lo que han ido grabando en vídeos familiares a lo largo de décadas, con cámaras super-ocho, con cámaras de otro tipo, con teléfonos y con lo que se prestaba y de todas esas horas y horas y horas de recuerdos familiares, crea una película que al fin y al cabo cuenta la historia de su madre y de la familia que creó. El título lo dice todo y se explica desde el comienzo ya que esos eran los deseos de Julita para tener una gran vida y los logró todos. A lo largo de hora y media recorreremos su vida y reiremos y fliparemos porque la mujer tiene un carisma brutal, es espontánea y divertida y las escenas son entrañables a ratos, ridículas en otros momentos, pero nunca te dejan impasible. Cuando acabó solo pudimos hacer una cosa, levantarnos y darle una tremenda ovación a la mujer, que entró en la sala y se sentó un rato para responder preguntas y comentar cosas y en vivo y en directo es tan fabulosa como en la pantalla. Esta película demuestra que se puede hacer buen cine a partir de prácticamente nada. La manía de Julita de tener todo preparado para su entierro y como obliga a ensayar a la familia con su traje de muerte puesto, la música que quiere escuchar y demás es para mearte de risa y según ella misma confirmó en la sala, eso es lo que quiere que hagan cuando muera. Su portal de Belén en el jardín que pone en noviembre y retira en agosto o algo así es épico. En definitiva, esta es una película que te hará reír, quizás llorar y que seguro que no te dejará indiferente.

    No es cine para los miembros del Clan de los Orcos que no creo que sepan ni que existe LaDos ni han visto un documental en su vida. Esto es obligatorio para cualquier sub-intelectual con GafaPasta y para cualquiera al que le guste el buen cine.

  • La enfermedad del domingo

    16 de junio de 2018

    Mi primera película, de las cuatro que vi, en el Festival de cine español de Amsterdam fue un drama-dramote del que no tenía ni puta idea que lo habían hecho. Mi criterio para ver las películas es sencillo, hay varias por las que hay que pagar más de doce leuros por entrar y cuatro se pueden ver con el abono ilimitado de cine, que son las que veo. Por supuesto, al ser gratis, la probabilidad de que te lleves un palo épico y legendario aumenta considerablemente pero por suerte, yo ya estoy curtido en el tema. La película de la que voy a hablar se llama La enfermedad del domingo.

    Dos julays te provocan un coma cerebral en un pis-pás

    Una pava ricachona y vieja se topa con una pava más joven que resulta que es su hija abandonada cuando se le antojó hacerse ricachona y que vuelve y le propone pasar con ella diez días o algo así. Tras muchas negociaciones acepta, se van juntas al quinto coño y después se dedican a ningunearse mientras el cámara de la película se lo pasaba bomba moviendo la cámara de lado a lado.

    Te juro por Pumuki que yo pensé que el mal estaba muy enraizado dentro de mi hasta que leí la crítica de un chamo que estuvo en el festival de Sundance y la puso a caldo de pota. Más o menos lo que me pasó a mi, solo que yo he desarrollado mecanismos de protección de mis entrañas y mis chacras se cerraron y me pegué una sobada épica que hizo que me durmiera cuando las pavas se estaban encontrando o algo así para comenzar su viaje y para cuando me desperté, estaban en una casa en el quinto pino que resultó ser Francia. A partir de ahí luché y luché para no volver a dormirme porque aquello era lo que en la Isleta denominan un masque del copón, con silencios y más silencios entre las dos tías, que no sabes a cual odiar más. Esta película tiene todas las cosas por las que jamás me darán el carné de sub-intelectual con GafaPasta. Ni entendí la historia, ni entendí el final, ni aprecié en ningún momento el trabajo de las actrices. Lo único que tengo claro es que perdí dos horas de mi vida y que me será muy difícil recuperarlas. Creo que el director estaba en Amsterdam y hasta amenazó con responder preguntas tras la película con lo que salí por patas detrás del primero que escapó y tuve que lavarme la cara con agua helada varias veces para recuperar la consciencia. Dos pavas del festival que estaban a mi lado fliparon viéndome dormir como un bellaco, pero es que aquello era un tedio. Lo mejor de la película fue la escena en la fiesta del pueblo con los frikis bailando y uno que se quería follar a una de las pavas pero tuvo mala suerte y la vieja bruja lo espantó cuando yo ya iba a empezar a comer cotufas.

    Hay leyes que prohiben su visionado a los miembros del Clan de los Orcos. Si estás en tratamiento por insomnio, esto te lo cura pero seguro, es mano de santo. Quizás los sub-intelectuales con GafaPasta tengan estómago para este muermo.

  • Oh Lucy!

    16 de junio de 2018

    En mi primera visita a Amsterdam tras regresar de las vacaciones, combiné películas que estaban en cartelera en la filmoteca con otras que ponían en cierto festival de cine español, así que este fin de semana va a ser muy pero que muy temático. Comenzamos en la filmoteca con una película que tenía pinta de aberracion rarita, dirigida por un japonés, con una gran parte del elenco en japonés y con un actor americano. Se trata de Oh Lucy! y parece que jamás de los jamases se estrenará en España, ni siquiera con el título de truscoluña no es nación que habían puesto en los carteles.

    Una julay amarilla se encoña de un gringo y quiere que se la empete hasta los pelos de los güevos

    Una pava japonesa ya envejecida y que para mí que tiene síndrome de Diógenes, como que acaba de rebote yendo a clases de inglés después de que su sobrina la manipule y allí se encoña hasta las trancas del profesor, un gringo que la verdad, la verdad, como profesor parece que es malísimo. Resulta que la sobrina de la pava está teniendo un rollo con el profesor y se marcha con él a América y la vieja se emputa y como vive amargada, decide irse de vacaciones a gringolandia a buscar a su gringo. En el viaje se lleva a su hermana, la madre de su sobrina, que está emputada porque su hija se fue y no contacta con ella. Al llegar se embarcarán en un viaje por el país porque la sobrina ha dejado al otro y está por su cuenta o algo así y la vieja buscará la manera de ponerle la pierna encima al gringo y follárselo.

    Esta es una de esas ideas que en papel suenan bien pero que al realizarlas se les fue el santo al cielo y la cagan. Seguramente es porque el director y una gran parte del equipo es japonés y tratan de solucionar los problemas a la japonesa, lo cual no funciona muy bien para mentes superiores como las de los europeos. La película tiene multitud de momentos en los que la historia se atrabanca y te aburres. En ningún momento cuaja la comedia, que lo intentan y fracasan una y otra vez y Josh Hartnett tiene un papel super-marginal y que más bien es de secundario de tercera fila y además, tampoco es que nunca haya demostrado ser el gran actor que prometía de joven pero esta es otra ocasión que perdió. La película se hunde más y más en el drama de esta tipa que lo que está, sencillamente, es chiflada como una jaira.

    Amarras a un miembro del Clan de los Orcos a una butaca y lo obligas a ver esta película y lo matas antes de que acabe. Tampoco creo que tenga el espíritu y el gancho que buscan los sub-intelectuales con GafaPasta.

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