Después de que echaron de Bulgaria a la chusma y la gentuza podemita-comunista, lo primero que hicieron fue tumbar una estatua del pendenciero asesino y conocido criminal del Lenin, emparentado obviamente con Puerkagón o su zorrilla rumana. En el lugar pusieron una estatua de Santa Sofía. La estatua es de cobre y bronce, está sobre un pilar en alto en la zona más céntrica de la ciudad. El monumento es del año 2001 y la chama tiene ocho metros de altura, el pilar tiene unos dieciséis con lo que si hacemos unos complejos cálculos matemáticos tenemos que la altura total del conjunto es XXIV (equis-equis-palito-uve) metros. La túnica es de un color más obscuro y las partes carnales son mucho más brillantes.
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Mi cámara Xiaoyi Yi 4K
Una vez me transformé en uno de los grandes buzos africanos, algo que además combino con el honorable título de ser el gran patinador de velocidad sobre hielo del continente de pa’bajo, a la curiosidad de meterse debajo del agua la acompañó el ansia sin fin por grabarlo y para ello me compré una cutre-cámara de acción de menos de cincuenta leuros con la que me he apañado en los últimos dos años. Esa cámara es una fuente infinita de frustraciones y entre que el resultado borda el patetismo y que en ocasiones, la batería se descarga sin que yo tenga muy clara la razón, me he acabado cansando de la misma. Buscando alternativas con algo de calidad tropecé con las cámaras de Xiaoyi, marca que al parecer pertnece a otra que hace teléfonos con movilidad y me sorprendió que sus productos tienen muy buenas críticas. Tienen dos modelos en el mundillo de las cámaras de acción y como yo soy un usuario casual y lo de la altísima resolución me la refonflinfa, opté por la más modesta y sencilla, la Xiaoyi Yi 4K. Con estas cosas chinas, siempre tenemos el drama de mandar a pedir a la China y tener que esperar por una u otra vida y que después te llegue mal o peor, con lo que no me molaba mucho. Noveleriando en la tienda esa con nombre de chocha guerrera de Sudamérica descubrí que hay una tienda de dicha compañía en Europa, que venden directamente y casualmente tenían ofertas escandalosas. Comencé a rastrear la pista y descubrí que en mi tienda China favorita también vendían enviando desde Alemania y también hacían ofertas y así, conseguí un chollo que incluía la cámara y la funda para las profundidades marinas del fondo del agua del mar.
Me emocioné hasta las lágrimas y la compré el sábado por la tarde y el martes llegaba a mi casa desde Alemania, tanto la cámara como el accesorio:
Estamos hablando de un tiempo muy lejano, ya que todo esto sucedió a finales de enero.
La cámara me llegó sin problemas, es increíble, tiene un programilla en el teléfono desde el que puedo hacer de todo y se ve que no hay punto de comparación con aquella que me compré hace un par de años. Me la llevé a Málaga cuando estuve por allí pero al final no la probé en ese lugar.
Cuando visite la Gran Canaria en marzo haré la primera prueba acuática y veremos si realmente hay una diferencia apreciable entre aquello que tenía y lo que tengo ahora.
En la tienda china le compré un par de accesorios. En primer lugar una protección contra los malignos rayos UV que se generan en truscoluña, que NO ES NACIÓN y que además protege al objetivo de posibles roces.
Además, le compré un condón naranja para que tenga una funda protectora que además me permita encontrarla fácilmente cuando no está en mis manos. Este es el vestidito que tiene cuando no anda por el agua. Por ahora y con las pruebas que he hecho estoy muy contento, es mucho más estable que mi primer intento en el mundillo de las cámaras de acción y las imágenes también son más nítidas. La infinidad de vídeos que haré buceando en Asia este mes de mayo deberían beneficiarse de este nuevo artilugio tecnológico que viajará conmigo.
Y que mejor que cerrar con UN VÍDEO como el ANTERIOR, aunque muchos jamás lo verán porque hay que hacer clic sobre el mismo para poder verlo. Está grabado con la pequeña cámara de acción y nos lleva de un lado de mi jardín al otro y en el mismo se puede ver a la fabulosa catalpa antes de su podada.
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Galería de Arte Nacional
Hoy vemos la Galería de Arte Nacional de Bulgaria, aunque lo más interesante es que el edificio que la hospeda era el palacio real, grande, sobrio y muy en línea con otros palacios europeos. El museo está en ese lugar desde el año 1946 y el edificio se construyó a finales del siglo XIX (equis-palito-equis). Los arquitectos que contrataban eran austriacos y ciertamente, tiene un airillo a palacio de Viena. Bulgaria no es mundialmente conocida por sus grandes maestros así que pese a ser un museo con más de cincuenta mil piezas, no es de visita obligatoria. En mi caso, lo visité por ver el palacio, el edificio y no el contenido y gracias a mi gran incultura, pude navegar por todas las salas sin que se me pegara nada del artisteo que mostraban. Tenían un montón de iconos, una cantidad ingente y también mucha morralla de la Edad Media.
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El día que se me escoñó el lavavajillas
La semana pasada fue dramática, con lo peor que le puede suceder a uno en esta vida pasándome a mi. Por un instante fue como si el mundo se desplomó sobre mi sacrosanta persona para que no levante cabeza, como diría aquel intelectual que se hizo famoso por estar en una casa llena de cámaras. Era el lunes por la tarde/noche, acababa de cenar, recogía toda la loza, la metía en el lavavajillas, lo ponía en marcha y un rato más tarde, me paso por la zona y hay agua y espuma en el suelo. Hubiese preferido que me roben todos los gallumbos, que sin ellos se puede sobrevivir, como ya he demostrado durante mis vacaciones en Asia pero sin lavavajillas sí que no. Además, es que el aparato era prácticamente de paquete, solo tenía doce años y medio, recién terminada la garantía de cinco años, como si dijéramos.
Fue un disgusto tan grande que ni escribí en el mejor blog sin premios en castellano, me acurruqué en el sofá a lamentarme por mi malísima suerte. Descarté el llamar al servicio técnico, ya que con la edad del artilugio y el precio de la visita, ya me imaginaba lo que me iba a costar repararlo, seguramente para que caiga dentro de dos años y como hace tres años ya le habían cambiado algún tubo que estaba mal, opté por lo práctico, substituirlo. Lo primero fue buscar la marca en internet y me encontré que han abandonado ese mercado, o fueron comprados por otra que les cambió el nombre o algo así. Mi lavavajillas original era un Ariston, una maravilla que jamás ha desfallecido. Una peculiaridad del artilugio es que tengo uno estrecho, de cuarenta y cinco centímetros de ancho y empotrado en la cocina, con lo que el universo de posibilidades es muy limitado. Tenía la opción sueca, que no me gustaba y que incluso en su propia página la gente comenta que no es muy allá, dos opciones alemanas y tras estrujarme el cabezón me acordé de algunas marcas italianas y ahí fue cuando descubrí que la antigua Ariston ahora forma parte de otro grupo en el que está Indesit y que tenían un modelo que se parece escandalosamente al que yo tengo. Lo encontré en mi tienda de electrodomésticos favorita, lo compré y elegí pagar algo más de dinero para que desmonten ellos el viejo, lo retiren, instalen el nuevo y le pongan toda la parafernalia del panelamiento. Toda la operación me tomó unos minutos del martes por la tarde, el miércoles por la mañana me llamaron y acordamos que vendrían el jueves por la mañana a instalarlo. Yo quité el panel inferior del lavavajillas por si la zona estaba petada de agua y jabón para limpiarla.
Así estaba la cosa el jueves por la mañana después de hacerme unas Tostadas francesas para desayunar ya que es un pecado divino el no aprovechar el trabajo desde casa para comer algo diferente. Como venían a las once de la mañana y yo ya estaba en racha, me puse y cociné una Crema de calabaza asada con dos calabazas que compré unos días antes y ya con carrerilla, hice un Brownie para llevar el viernes a la oficina y como el horno estaba caliente, pues de paso me hice unos mantecados, que parece que ya bordo la receta esa tan sencilla y que me ha costado tanto. Por supuesto, también podría haberme dedicado a currar sin más, pero es una pena estar tan cerca de la cocina y no sacarle partido y además, ese día volvía a tener lavavajillas.
El instalador me llamó a las diez y media diciendo que estaría por mi casa sobre las once pero en realidad llegó un cuarto de hora antes. Si soy yo el que tiene que hacer lo que él hizo para desmontarlo, me pego ocho horas y es una chapuza del copón pero el colega en un pis-pás lo tenía fuera y el hombre como que lo cargó el solo. En la imagen anterior se puede ver que pese a todo el trafiqueo de comida en mi horno y cocina, todo estaba recogido.
Cuando lo sacó aproveché para limpiar la zona, que estaba tal cual quedó cuando montaron la cocina en el año 2005 y siempre es bueno pasar un trapillo. A la derecha está la nevera/congelador, también panelada y a la izquierda está el fregadero y sus bajos fondos. Aunque en esta imagen se puede ver las patas de los muebles, todo eso está cubierto con un panel gigantesco que retiré.
Con la misma gracia que se llevó el lavavajillas viejo, el colega trajo el nuevo, ya desembalado y se preparó para encajonarlo en su nuevo hogar. Han pasado trece años pero parece que la tecnología no ha evolucionado demasiado, es más de lo mismo.
El hombre acabó el montaje en menos de media hora y siguió su recorrido por casas de otras familias con el mismo problema. Lo dejó funcionando en un programa corto para quitarle el agua que al parecer traía dentro y cuando llegué de la oficina, lo comencé a cargar. En la caja para poner el detergente y el líquido para abrillantar se puede ver que está hecho por los mismos que el viejo, ya que después de trece años siguen usando el mismo diseño. Han cambiado un poco la distribución en el interior pero vamos, que tampoco es que sea muy diferente.
Solo cuando hizo su primer ciclo descansé tranquilo. Si dura como el anterior, la próxima crisis debería suceder en el año 2031 y hasta ese día falta un rato bien largo. Con la magia del panelado de los electrodomésticos, no hay manera de saber que el aparato que está detrás es otro diferente. Vistos de frente, en su puesto de trabajo, ambos tienen el mismo aspecto.
















