Con tanta reconstrucción la catedral de Manila carece de espectaculares obras de arte y su interior es bastante sencillo. La última vez que la restauraron fue entre los años 2012 y 2014 y una de las cosas que pusieron fueron las pantallas de televisión que hay en las columnas. La iglesia tiene una multitud de ventiladores que generan un ruido enorme y continuo mientras mueven el aire tórrido dentro de la nave. Mi visita fue una mañana cualquiera y se puede ver que había un montón de gente pidiendo milagrillos y eso. Detrás del altar hay una figura de la Virgen María.
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Poquito a poquito
Justo antes de comenzar las vacaciones en mayo, el día conocido como el día del trabajador y uno en el que yo realmente trabajé porque en los Países Bajos no es festivo, hice mis seis kilómetros corriendo y me tomó veintinueve minutos y veinticinco segundos. En esa época rondaba esa cifra una y otra vez, con una especie de bloqueo mental que me forzaba a reducir la velocidad en el kilómetro final porque mi cerebro envía la orden al cuerpo para que se detenga. Cuando comencé, obligado, a correr, me obsesioné con incrementar la distancia. Cada vez quería más kilómetros, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez y ya me veía haciendo cienes y cienes de kilómetros en cada sesión. En un momento determinado de esa espiral mi neurona principal recuperó el control de los procesos cerebrales y decidí que prefería una distancia que no exigiese más de media hora y acabé con los seis kilómetros y la frecuencia de dos carreras a la semana.
Después de pasarme varias semanas de vacaciones sin correr, que sí que caminé y buceé por un tubo, empecé a recuperar el ritmo y comencé en cuatro kilómetros, pronto subí a cinco y casi sin tiempo ya alcancé los seis, tardando treinta minutos y veintiún segundos. Al recuperar la distancia que quería correr empecé a retarme para bajar el tiempo y pronto estaba en veintinueve minutos y seguí apurando hasta llegar a los veintiocho con veintiocho segundos. Ahí me quedé de nuevo empantanado, atrapado por algún frenillo que no me deja ir más rápido. El día que salí de ese círculo decidí hacer el tercer kilómetro como si mi vida fuera en ello y después sobrevivir y recuperarme en los tres siguientes. Resultó que no me cansé tanto y no sé como pero la siguiente vez que salí a correr, desde el primer kilómetro iba mucho más rápido, de manera constante. El tiempo en el que hice los seis kilómetros bajó y ahora mismo está en veintisiete minutos y cuarenta segundos. El nuevo objetivo es seguir bajando la cifra hasta llegar a los veinticuatro minutos, cuatro por kilómetro y ahí ya seré el ser humano más satisfecho del hemisferio norte.
En paralelo a mi auge como atleta para-olímpico está el declive de mis amigos deportistas, los mismos que se cachondeaban de mi y de mi (según ellos) falta de ejercicio deportivo, ya que al parecer la hora o dos horas que camino cada día más la bicicleta no contaba. Esos ahora que les tupo su güazap con pantallazos de mis tiempos me dicen que tienen lesiones, achaques y similares y cuando las excusas les fallan, se salen por la clásica tangente esa que juega con el tamaño y me responden que la suya es más grande, más gorda, más de todo y ahí es cuando sé a ciencia cierta que se los come la envidia.
Con el verano y el buen tiempo, he modificado mi cuota y en lugar de dos carreras por semana hago una cada setenta y dos horas, con lo que la tercera semana corro tres veces. Tengo clarísimo que cuando vuelva el frío y la oscuridad tornaré a las dos salidas por semana y algunas semanas habrán tres días de por medio, en otras cuatro y en otras dos, según lleguen las lluvias al país.
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Catedral de Manila
Llegamos a las Filipinas, país que he visitado los tres últimos años y que sin lugar a dudas es mi favorito. El lugar que menos me gusta es Manila, su capital, un lugar en el que el caos reina. Vamos a pasar unas semanas viendo algunas cosillas en la ciudad y será mayormente en Intramuros, nombre del barrio (en el idioma original) que casualmente estaba (y está) detrás de los muros de la ciudad. Allí tenemos la Catedral basílica metropolitana de la Inmaculada Concepción, una iglesia que se comenzó a construir en 1581 y que en la versión que aparece en la foto es la octava catedral que levantan ya que parece que Dios le tiene una tirria que no veas y ya ha sido dañada o destruida un montón de veces. La catedral mantiene el estilo colonial español. En su interior y a fuerza de destrucciones es muy sencilla como veremos en otra foto. Una de las cosas más visitadas que tiene es una copia de la Piedad de Miguel Ángel que se encuentra en el Vaticano y que la gente usa mucho para sus fotos y para sobarla, ya que al contrario que el original no está detrás de un cristal. Por esta basílica han pasado tres Papas.
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La bambucleta
En mi primer viaje a las Filipinas, en mi primer día en el país, paseando por Intramuros en la ciudad de Manila me crucé con la aportación más original que hemos visto en el mejor blog sin premios en castellano en eones. Las bambikes, que yo he rebautizado como bambucleta y que en la foto tenemos no una sino dos. Son bicicletas en las que la estructura está hecha a mano y con bambú. Son sencillamente espectaculares. Son carillas, entre ochocientos y novecientos dólares gringos pero si lo que buscas es originalidad, con esta no te gana nadie. Las bicicletas tenían un acabado perfecto y al parecer se pueden alquilar en Manila e incluso organizan tours en el casco antiguo de la ciudad. La compañía que las hace y que ha sido mentada un poco más arriba trabaja con gente pobre para ayudarlos y que tengan un salario digno.



