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  • Vista del Monte Licabeto desde la Acrópolis

    26 de mayo de 2017
    Vista del Monte Licabeto desde la Acrópolis

    Para hacer fotos en las que aparezca la Acrópolis, toda la basca sube el monte Licabeto, una colina de unos trescientos metros de altura. En la foto vemos que la ciudad de Atenas es gigantesca, un enorme mar de edificios en el que los parques no abundan. Por desgracia, para cuando llegué al monte Licabeto el día se había nublado, amenazaba con comenzar a llover y las fotos no fueron muy espectaculares y definitivamente, sin el azul del cielo.

  • Mi primera vez en el aeropuerto del Nido

    25 de mayo de 2017

    El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

    Finalmente llegó el momento de dejar la provincia de Visayas y el entorno de la isla de Cebu en el que me he movido desde que llegué a las Filipinas y saltar a Palawan, al oeste del país. Ya lo he dicho pero lo repito. Inicialmente, mi plan era volar desde Cebu a Puerto Princesa y desde allí ir al Nido en una furgoneta. Este plan se basaba en mi ignorancia, ya que desconocía que desde hace algo menos de un año, Air Swift tiene vuelos regulares con Manila y desde hace un par de meses, también con Cebu. Los miércoles tienen dos vuelos y yo compré billete para el primero. Me levanté temprano, a las seis y cuarto de la mañana, me duché, eché el jiñote y me fui a la parte exterior del centro comercial Ayala para desayunar panqueques, que estaba de antojo y al no ser obeso como vosotros me lo puedo permitir. Después volví al hotel, recogí mis cosas y antes de las ocho estaba usando el programa Grab para llamarme un taxi y en sesenta segundos estaba en la puerta. Como Cebu es horrenda para el tráfico, preferí pecar de precavido. Vine llegando al aeropuerto a las ocho y media de la mañana. Pasé el control de seguridad de la puerta y busqué el mostrador de facturación pero no había. Ninguno. Preguntando en los otros me dijeron que habrían dos horas antes del vuelo, a las nueve. Vacié mi botella de agua y esperé unos minutos. Lo de Air Swift es en plan fino y se consideran aerolínea boutique, así que te ponen una alfombra roja delante del mostrador de facturación para que te sientas importante. Me informaron que en la puerta de embarque me darían mi aperitivo. 

    Pasé el segundo control de seguridad y en la terminal aproveché para comprarme una camiseta, creo que la primera que tengo de las Filipinas. La camiseta celebra que Cebú es la ciudad reina del Sur de las Filipinas desde el mil quinientos y pico, gracias a cierto pueblo que tiene la cruz de tener una autonomía llena de retrasados y mierdosos llamados truscolanes que han sido lobotomizados y no saben que España existe desde hace la tira y mucho abates que ellos empezaran a robar, llorar y mangonear, que es lo único que saben hacer. El avión era un turbohélice, un ATR-42 con capacidad para 46 pasajeros y salíamos desde las puertas 25A/B, viejas conocidas ya que por ahí fui a Camiguín el año pasado. Una azafata de tierra, tras enseñarle mi tarjeta de embarque, me dio una bolsita de cartón muy estilosa con un bocadillo, una especie de flan de coco sin huevo, una botella de agua y otra de zumo de naranja.  Los de las aerolíneas pobres fueron corriendo a ver si pillaban pitanga gratis pero las azafatas los mandaron a bufiar a otra parte ya que aquel tesoro estaba reservado a viajeros élite tirando a más. 

    Nuestro vuelo despegaba a las once y cuarto pero el avión llegó antes y como ya estábamos todos, a las diez y media nos metieron en la guagua, nos llevaron al avión y el piloto dijo, pues nos vamos, ¡coño! Y salimos como veinte minutos antes de hora. A mi lado iba una filipina y como siempre, se puso a hablar, que las filipinas si dejan de hablar se les debe entumecer la lengua y mueren o algo así y por eso no paran. Me contó toda su vida, incluyendo los detalles importantes, como que se casó con un alemán, que tienen un restaurante en la playa en el Nido y que tiene dos hijos. En la hora y pico de vuelo, me puso al día de todos sus quehaceres y me ofreció llevarme hasta el Nido desde el aeropuerto (o más bien, su marido, que la venía a buscar). Son las cosas de la magia de viajar solo. Lo peor que te puede pasar cuando viajas es llevar a alguien, en el instante en que hay dos o más, se te cierran muchísimas puertas. 

    Cuando aterrizamos, salí del avión y me puse a grabarlo todo en vídeo. El avión era prácticamente nuevo y junto a la terminal que lleva diecisiete días abiertas, cuatro chamas cantando canciones típicas, momento estremecedor que por supuesto grabé. Entramos en la terminal, nos dieron nuestras maletas y el marido de la filipina nos alcanzó al pueblo. El lugar en el que me quedo es el Peak House Garden Pensión, en la parte cercana al mar y a cien metros del club de buceo que quería elegir para mis actividades subacuáticas. Después de dejar las cosas en la habitación, salí a comprar agua, a apuntarme para bucear al día siguiente y después a hacer fotos y bañarme en la playa hasta por la tarde. Después fui a la panadería del Nido, épica y legendaria y que ya apareció en el relato del primer viaje y me inflé a comprarme cosas por la friolera de treinta pesos o algo más de cincuenta céntimos de leuro. 

    Por la noche salí a cenar y más o menos en ese momento comenzaron los apagones, algo que en el Nido sucede con un montón  de frecuencia y por lo que en las habitaciones siempre hay linternas recargables. Dejé apalabrado mi desayuno para las siete de la mañana en donde me quedo ya que tenía que ir a bucear a las ocho menos cuarto.  

    Las fotos y los vídeos relacionados con esta anotación están en Los vídeos del día que fui de Cebu al Nido y el relato continúa en El día que buceé en Miniloc y anteriormente me cagué por las patas pa’bajo

  • El templo de Zeus Olímpico visto desde la Acrópolis

    25 de mayo de 2017
    El templo de Zeus Olímpico visto desde la Acrópolis

    Desde la Acrópolis hay una bonita vista de lo que queda del Templo de Zeus Olímpico el cual debía ser fabuloso. Si os fijáis en el verde a la izquierda del templo se puede ver un poquito, poquito de las gradas del estadio Olímpico, que está encajado entre las colinas. Creo que más adelante veremos imágenes en las que aparecerá el punto en el que estoy ahora visto desde el templo, el estadio. En la imagen y si seguís la calle que sale de la parte inferior hacia el templo veréis el Arco de Adriano.

  • Desde Santa Fe a la ciudad de Cebu

    24 de mayo de 2017

    El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

    Mi jornada de transición comenzó bien pronto, bajando a desayunar a la hora a la que abrieron el restaurante del hotel a las siete de la mañana. Después me duché, terminé de preparar La Bolsa y a las ocho me alcanzaron a la estación del ferry. Allí compré mi billete y vi que había una guagua que al parecer hace la línea Bantayan (proper) y Cebu y compré mi billete y entré. Que rico que es estar esperando en un aparato con aire acondicionado. Nos movieron cien metros acercándonos al barco y nos teníamos que bajar antes de que el vehículo subiera al mismo, aunque primero comprobaron que todos teníamos billete para el barco. Deberíamos haber salido a las ocho y media pero como que les entró el modo de pachorra filipino y vinimos saliendo a las nueve. También deberíamos haber llegado a las nueve y media pero al final fue a las diez y cuarto. La guagua estaba llena y lo que yo no sabía es que por el camino no paraba a recoger pasajeros con lo que una vez en ruta recuperamos parte del retraso. El tío que estaba sentado a mi lado vomitó hasta el alma y eso que la guagua va despacito porque aquí no hay manera de coger velocidad en las carreteras. 

    Sobre las doce y media estábamos en los arrabales de Cebu pero ahí nos pilla el horrendo tráfico de la ciudad y tardamos una hora para hacer unos cinco kilómetros. En un punto determinado y mirando el programa Grab, vi que por allí se podían pillar coches privados o taxis fácilmente así que me bajé y pedí uno que llegó al minuto. Me dejó en la puerta del hotel a dos minutos para las dos de la tarde. Lo primero que hice una vez dejé la bolsa en la habitación fue ir al centro comercial a comprar un candado porque perdí la llave del que traje. Después busqué una tienda de teléfonos porque no sé como me las apañé pero reenté el protector de la pantalla del teléfono, en algún lugar le di un golpe que lo rajó y eso que supuestamente hasta aguanta una broca de taladro. Me lo instalaron ellos mismos y desde allí, en el mismo hiper-mega-centro comercial, fui al cine que hay en el mismo y compré mi entrada. El cine tiene la extraña distribución que parece típica en las Filipinas (en base a los dos cines en los que he estado). En lugar de una entrada para todas las salas, las susodichas están repartidas por el centro comercial y hay que buscarlas. El cine era enorme. La película me gustó bastante y es probable que pronto aparezca por aquí. 

    Después del cine, cené y me piré al hotel. 

    El relato continúa en Mi primera vez en el aeropuerto del Nido

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