Hoy tenemos otro altar, creo que el de la torre pequeña que vimos hace un par de días. Las torres no tienen ventanas y eso se nota en la alegría y cosa buena de las paredes. El lugar es tétrico que no veas y para paliar esto decidieron contratar un estilista que se graduó en la misma escuela que Dolorsi, la que le hace las uñas a mi madre y que se pirra por un color brillante. Por mucho menos que esto el Tribunal Penal Internacional ha juzgado a julays por crímenes de guerra. No pienso comentar nada del dildo gigantesco que hay en la parte delantera. Puedo confirmar y confirmo que cuando entré a hacer la foto no había nadie enchufado al mismo. Por el tamaño gigantesco, yo diría que está pensado para mujeres koreanas, que después de jiñar esos kabezudos se tienen que quedar desencajadas por los bajos. A veces me despierto gritando por las noches con pesadillas en las que mi madre le compra a Dolorsi treinta y cinco tupperwares más y las dos lámparas amarillas-horrendas y mi madre las pone en mi dormitorio en Gran Canaria.
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Un nuevo viaje a Roma y en la plaza de San Pedro por la noche
Mi última escapada antes de la de Navidad, que es a Gran Canaria como en las pasadas dieciséis navidades, fue a Roma, ciudad que adoro y en la que siempre hay algo que ver o que revisitar. Este es el quinto año consecutivo que voy a la ciudad, siempre en otoño y en varias ocasiones en diciembre. Salvo la primera vez y este año, mi aeropuerto de llegada era el de Fiumicino, al que vuelan Buelin y Easyjet. Esta vez, el billete con Ryanair era tan escandalosamente barato que opté por ir a Ciampino, aunque la primera vez me dio algo de mal rollo y pese a estar en la ciudad, está muy mal comunicado. De entrada y junto el billete de avión añadí la transferencia a la estación de Termini con guagua. Después busqué hotel y esta vez quería salir un poco de la zona de criminales, chusma y gentuza de Termini y encontré un hotel frente a los Museos Vaticano super-bien de precio, con desayuno incluído. Cuando digo que el hotel está enfrente, quiero decir, ENFRENTE y mi ventana miraba directamente hacia la muralla que separa al estado Vaticano del resto del universo, como se puede ver en la foto hecha desde la habitación:
Regresando a la rutina de estas escapadas, mi avión salía casi a las cuatro de la tarde con lo que trabajé desde mi casa media jornada y tras el curro salí para el aeropuerto, primero en bici hasta la estación de Utrecht Centraal, desde allí en tren hasta Eindhoven Centraal y el último segmento en guagua hasta el aeropuerto. Las dos líneas que comunican el aeropuerto con esa estación son la 400 y la 401, la primera es una lanzadera, no hace paradas intermedias pero va por una ruta con tráfico cotidiano y tarda unos veinticinco minutos y la segunda es una línea con mogollón de paradas que termina en el aeropuerto y que también tarda veinticinco minutos prácticamente siempre ya que va todo el tiempo por carriles bus o zonas residenciales de poco tráfico. Ir en una línea o la otra es solo cuestión de cuál llega primero a la estación y por ejemplo el domingo ese día fui en la 401 y el domingo regresé en la 400.
En el aeropuerto, me compré un cruasán mixto pero sin pasar por plancha que pretendía comerme más tarde y pasé el control de inseguridad. Dentro de la terminal, busqué en donde apalancarme con visual de las pantallas de información y me puse a ver episodios de mis series favoritas, en este caso la bacanal de superhéroes de DC que ha habido con visitas de invitados entre Arrow, The Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow. Mi tarjeta de embarque me ubicaba en la parte trasera del avión pero en pasillo. Con Ryanair, a menos que pagues te ponen en donde les sale del piporro y como yo no suelto un leuro ni con rumana desbocada y tirada en el suelo mendigando, me quedé con el que me pusieron. El avión llegó con diez minutos de retraso y el embarque como siempre fue caótico. Con Ryanair funcionaba mucho mejor cuando no te asignaban asiento. Un chamo se empeñó en poner en los compartimientos superiores su abrigo y su mochilita, la azafata lo obligó a quitarlos porque hacia falta el espacio para maletas más grandes y al final consiguió emputarla y por un instante todos pensamos que la tía lo echaba del avión. Le puso los puntos bien encima de las íes y lo dejó que no abrió la boca en las siguientes dos horas. Con el embarque tan lento juntamos otros diez minutos de retraso.
El vuelo a Roma fue sin problemas. Aterrizamos en Ciampino, que está cerca de Castelgandolfo y la vía Appia nuova. Afuera, un caos que no veas en las paradas de las guaguas. Estuve algo más de media hora esperando que llegara la que me correspondía y cuando salimos, fuimos directos a un atasco brutal en el que perdimos una media hora solo para recorrer el primer kilómetro y medio o así, hasta superar la circunvalación de Roma. Después de allí todo fue bien y en media hora más llegamos a la estación de Termini. Allí cambié al metro, la línea A y me bajé en la parada de Ottaviano. Fui andando hasta el Hearth Hotel en donde me asignaron mi habitación y procedí a la okupa-ción. Me recomendaron el restaurante Da Vito e Dina y la recepcionista llamó y me reservó mesa, con lo que entré en el sitio como un rey.
Comí una bruschetta con tomate y unas concretas de risotto que vendrán a continuación para ir asentando el estómago y después de plato principal una especie de macarrones que estaban del copón. Aquellos que vienen a mi casa y se encochinan con mis fabulosas y fantásticas croquetas, que sepan que en el restaurante las cobraban a un leuro la unidad, así que la próxima vez que me vacíen el congelador, por favor hagan el cálculo:
El camarero intentó que además de lo anterior y lo que viene después de este párrafo me comiera un postre pero es que me quedé requintado, que al ser noréxico-bulímiko, no tengo tanto estómago como ustedes los obesos.
Salí de allí y sabía a ciencia cierta que o caminaba una hora o así o iba a tener una digestión de esas en cama horrendas, ya que entre pitos y flautas, la cena fue alrededor de las nueve de la noche. Fui bordeando el discretísimo muro del Vaticano hasta la Basílica de San Pedro. Me puedo imaginar y me imagino las bacanales que suceden allí dentro cada día y supongo que esa es la razón de tremenda muralla.
El Vaticano siempre impresiona por la noche por lo grandiosa que es la basílica por fuera, aunque si no fuera por la columnata de Bernini, esa soberbia y genial idea en la que el edificio parece abrazar a la gente que está en la plaza, yo me quedaría con la Archibasílica de San Juan de Letrán, mucho más bonita en su fachada y que además, fue la sede de los papas durante una purriada de siglos. En la plaza de San Pedro tenían el clásico árbol de Navidad y el portal de Belén, los cuales veréis más tarde en el vídeo.
Seguí paseando hasta la zona del Ponte Sant’Angelo, puente que mandó a construir el emperador Adriano para conectar con el mausoleo que se construyó al otro lado del Tíber y que ahora es el Castel Sant’Angelo, el cual comunica directamente con el Vaticano por un paso aéreo. En el puente hay las estatuas de diez ángeles, pero que no eran de los de Charlie. Dos de ellos deberían ser de Bernini pero al Papa le molaron y se los llevó a una iglesia y lo que hay en su lugar son copias de otro julay. Callejeé durante una hora antes de regresar al hotel y acostarme temprano ya que el sábado tenía una maratón brutal y pensaba estar en la calle desde varias horas antes de la hora Virtuditas, que todos sabemos cuál es.
Este segmento del viaje está visualmente representado por el vídeo que viene a continuación y que también podéis ver AQUÍ, en mi llutuve y que viene acompañada de la canción Opening, de Philips Glass y que forma parte de la fabulosa banda sonora de la película The Truman Show. En el vídeo se pueden ver varios Ryanair aparcados en el aeropuerto de Eindhoven cuando nosotros íbamos hacia el nuestro, después repaso de la plaza de San Pedro con la basílica, el árbol de Navidad y el portal de Belén que creo que conseguí no enfocar ni una sola vez:
El relato continúa en La mañana del Coliseo y el Foro Romano
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Diosito come galletas y plátanos
Todo lo grandioso y fastuoso que tiene el complejo de los templos de Po Nagar en Nha Trang se pierde cuando te metes en alguna de las cuatro torres que quedan. En una de ellas está el altar de la foto, que parece mismamente un jesusito de mi vida tú eres julay como yo sacado de algún poblacho de Andalucía, solo que a este, en lugar de las joyas que se le ponen en España lo acompañan con paquete de galleta y mano de plátanos. El traje de la estatua parece mismamente una creación de Juanito el Pionero que se hacía unos trajes de Reinona que no veas para las galas de los carnavales de las Palmas de Gran Canaria. De ser un Juanito el Pionero auténtico, ese traje debería estar en un museo pero que ya.
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Mythos
La que hoy en día es la cerveza griega más popular es la Mythos, prácticamente neonata ya que la crearon en 1997. La compañía pertenece al grupo Carlsberg y yo diría que la cerveza es una variación de la mentada. Refresca y con el calor seguro que es agradable, pero carece de carácter, es una más del montón. Probablemente me la dan a probar en catas a ciegas y ni de cachondeo la distingo. Tiene un porcentaje de alcohol del cinco por ciento. Mi amigo el Rubio me dijo que esta le gustó mucho más que la otra griega pero en mi caso, ambas me parecieron más de lo mismo. Son cervezas de climas cálidos, no te interesa para nada el sabor, solo que estén muy frías. Al ponerla en el vaso apareció un montón de cerveza y antes de parpadear casi toda había desaparecido.









