Cuando tomé el caminito a Belén que sale desde el reino de la manzana mordida y cambié a un teléfono con el güindous fone, lo primero que me alucinó, asombró, flipó, escandalizó y cabreó fue que en el teléfono güindous tenía un teclado maravilloso, fabuloso, asombroso, increíble. De repente, usando ese pequeño cristal, podía escribir a una velocidad que ni los julays que salen en las películas con esa máquina y que teclean todo lo que se dice en los juicios y aún no sabemos la razón por la que lo hacen. La velocidad la ganaba al usar gestos, es decir, con el mismo dedo que me saco los mocos y me rasco el culo, entre otras actividades, lo muevo por la pantalla en la dirección aproximada de las letras que componen la palabra y el sistema es tan astuto que la adivina y aparece como algo mágico y maravilloso. Era como viajar al futuro desde el ancestral pasado de la manzana mordida, en el que tecleas en el teléfono como si fueras una secretaria a la que le han dado una máquina de escribir para microbios. En aquel primer teclado con gestos que usé, para cambiar de idioma lo tenía que indicar y al escribir en el duolingo, a veces se me olvidaba y no adivinaba las palabras, ya que el teléfono pensaba que estaba escribiendo en inglés y yo lo hacía en italiano, o quizás estaba en español y yo escribía en holandés o cualquier combinación de estos cuatro idiomas.
Cuando cambié al androitotorota, con un teléfono que es tan grande que hasta puedo ver las fotos y los detalles y restregarle a mis amigas lo viejas que son, de lo primerito que hice fue instalar el Swiftkey y comenzar a usarlo. En esos tiempos, hace unos meses, se podían tener hasta tres idiomas y ahora ni siquiera tenía que cambiar de uno a otro, el adivinaba cuando comienzas a escribir la palabra correcta y ya después más o menos sigue en la misma lengua. Un flipe que no veas, me acuerdo del juego con el que aprendí mecanografía y ahora pienso que pude haber usado aquel tiempo para cosas más útiles, por ejemplo quitarme las ladillas que me han acompañado a lo largo de toda una vida. El Swiftkey es de fábula y pensaba que de ninguna manera lo podían mejorar y me equivoqué, incrementaron el número de idiomas a cinco y ahora llevo mis cuatro lenguillas en la bolsa que cuelga del cinturón, ya que cada vez que me pongo el teléfono en el bolsillo, tanto las mariconas jóvenes como las viejas se me revolucionan con tremendo paquete que me sale y algunos hasta inconscientemente comienzan a caminar despatarrados pensando en como les dejará esa cosa los bajos o miran a ver si se pueden desencajar la mandíbula para poder tener semejante cosa en la boca. Repito que el problema lo he solucionado con un dispositivo de carga que cuelga del cinturón y que me permite lucir el paquete al natural, sin dopaje. No hay día que use el Swiftkey que no recuerde los años de sufrimiento escribiendo en un teléfono. Básicamente, la revolución tecnológica avanzó con dos eventos, el Swiftkey y el Güaza de escritorio, que te hace responder a los mensajes a velocidades siderales y además tu jefe ni se entera de que estás chateando con tu basca.
Tanta alegría y cosa buena me llevó a pensar que en el reino de la manzana mordida tenían que existir alternativas, que recuerdo haber leído que decían que alguien había visto o sentido en alguna versión del IOS la adición de teclados de terceros. Me fui con mi iPad a la tienda, encontré el Swiftkey y lo instalé. Al momento mi iPad comenzó a tratar de convencerme para que no lo use porque robarán mis datos, me infectarán el equipo y me harán todo tipo de maldades porque no es de ellos. Una sarta de falacias y mentiras que dan vergüenza. Una vez las desechas, la realidad es que la elegancia, la velocidad, la belleza, el dinamismo y la inteligencia que el programa demuestra en el androitotorota se pierde en la manzana mordida, que en este caso parece más bien una manzana podrida. Eliges usar ese teclado y con frecuencia el sistema te lo cambia al de ellos, no te permite tener más de tres idiomas, es inconsistente y hay momentos en los que el sistema operativo al completo parece pararse por culpa de algo tan banal como un programa que hace de interfaz entre tu organismo con tu yo y la máquina electrónica. Podría decir que les debería dar vergüenza pero dudo mucho que sea cierto, a ellos se la suda, permitieron que otros hagan programas para reemplazar esa parte de su sistema operativo pero colocaron tantas trampas y obstáculos que el uso es habitualmente insatisfactorio. Mi gozo en un pozo. En el duolingo, no puedo saltar lenguas como hago en el teléfono y la única solución digna que encontré fue hacer mis ejercicios de duolingo en el teléfono y prácticamente nunca en el iPad.
Y por múltiples alusiones, comentar por aquí que se me olvidó indicarlo pero hace unos quince días que la humanidad al completo superó un hito que nadie se esperaba y por el que pocos dabamos un céntimo de leuro, el aclamado autor del mejor blog sin premios en castellano llegó a los DOS AÑOS de constancia a la hora de hacer cada día sus ejercicios en el duolingo. En la actualidad estoy manteniendo al mil por mil mi nivel de italiano para españoles, lo mismo para el de inglés para italianos y me estoy currando el recuperar lo que el tiempo me hizo perder del italiano para ingleses. El pantallazo está hecho en el modo de inglés para italianos y por eso los mensajes aparecen en italiano. Cuando tenga los tres idiomas (que básicamente es siempre el mismo, el italiano) al cien mil por cien mil, creo que añadiré el holandés para ingleses y así refrescaré algo de vocabulario de la lengua basta y gutural que supuestamente es la mía propia dado que tengo pasaporte de cabeza de queso.



