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  • De Kuala Lumpur a Chiang Mai

    20 de mayo de 2014

    El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

    Después de dormir un montón de horas en el avión yo fui el más sorprendido cuando sobre las once de la noche hora local me volvía a dormir y no me despertaba hasta las siete de la mañana. Esto entra directamente en la categoría de Grandes Milagros de la Humanidad excluyendo a los truscolanes. El domingo después de levantarme salí a la calle y al lado del hotel había un Old Town White Coffee, unos lugares que son muy populares en Kuala Lumpur y que sirven desayunos variados. Después pregunté como llegar al mercado central y me indicaron el tren que tenía que tomar. La primera vez que estuve en esa ciudad, yo de campeón decidí caminar de lugar a lugar y casi me derrito, con los treinta y pico grados y caminando por calles desiertas en las que solo pasaban los coches y en donde en muchos lugares no había ni aceras y cuando existían, tenían unos agujeros de un metro cuadrado que te llevaban directo al encuentro del alcantarillado si te despistabas. Por eso, esta vez fui más espabilado y cogí el tren, que total, por veinticinco céntimos de leuro no me voy a empobrecer. Kuala Lumpur tiene una red de transporte público increíble, con multitud de opciones, autobuses, metro, tren ligero, Monorrail, tren de alta velocidad al aeropuerto e incluso una guagua gratuita que te mueve por el medio de la ciudad y que se puso para que los turistas más truscolanes puedan ir gratis y aún así, quejarse, ya que es como se las gastan algunos.

    La distancia total del trayecto en tren fue de poco más de un kilómetro, pero recorriéndola recordé el vía crucis que pasé por allí hace unos años, aunque gracias al mismo ya tengo las fotos. Me bajé cerca del Mercado Central, en la parada Pasar Seni. La prueba de que el mercado es solo, única y exclusivamente para turistas es que no abren hasta las diez de la mañana, cuando cualquier malayo que se precie está en la calle desde antes de las siete porque los días son cortos y hay menos calor a esas horas.

    Desde allí fui a Masjik Jamek, una mezquita de estilo árabe y bastante antigua, en la que en esos días estaban haciendo un congreso con el sugestivo título de El turismo es bueno para el Islam en traducción pachanguera. Al salir me acerqué a la Plaza Merdaka, el corazón del independentismo malayo y el lugar en el que se forjó el país. Allí hay varios edificios emblemáticos y es muy agradable para pasear y hacer fotos. En el centro de la zona había una concentración de vehículos para algún evento que tenía lugar ese día y que estaba a punto de comenzar. Los ganadores se llevaban una cesta del estilo de las españolas navideñas pero sin jamón serrano, por aquello del Alá ese que tanta tirria le tenía a los cerdos y a los cristianos. Entre pitos y flautas maté tres horas y tenía que volver al hotel. De nuevo, opté por regresar con transporte público hasta KL Sentral y allí compré mi billete para el tren al aeropuerto antes de ir a recoger mi mochila y regresar.

    El tren me llevó hasta la KLIA2, la nuevisima terminal para vuelos de bajo costo del aeropuerto de Kuala Lumpur y que se inauguró hace escasamente dos semanas después de años de retrasos y sobrecostos, lo cual nos suena conocido.

    La terminal es preciosa, con un centro comercial antes de pasar el control de seguridad, todo en blanco impoluto. Lo más espectacular es el Sky Bridge, un puente para conectar la terminal principal y la satélite bajo el que pasan los aviones. Chulísimo y por suerte me tocó pasarlo y algunos privilegiados hasta han recibido el enlace al vídeo que hice con un avión pasando bajo el mismo. En este aeropuerto de bajo costo también te dan una hora de internet gratuita pero siguen fallando en algo. Si quieres ganar premios, si quieres ser el mejor aeropuerto, lo digo y lo repito, danos lo que necesitamos los viajeros, pon enchufes hasta en las bragas de las empleadas de información y no nos tengas luchando por los tres que hay en toda un ala del aeropuerto.

    El avión llegó con media hora de retraso y fue salir el último pasajero y comenzar a entrar todo el mundo aunque por más rápido que lo hicieran, llenar el tanque tarda un tiempo y no se puede salir sin gasofa, así que tuvimos que esperar. El vuelo fue de dos horas y media de pura turbulencia, hacía siglos que no tenía un vuelo así, con el chocho de la azafata pegado al techo y ella con cara de pánico ya que le pagan por vender comida y bebida pase lo que pase y su cara de terror era absoluta.

    Aterrizamos en Chiang Mai y después de salir del avión, control de pasaportes y visa y tras esto, las maletas ya nos estaban esperando (o las mochilas en mi caso). Al salir contraté por seis leuros un giga y medio de datos en Tres Gés al menos para todo un mes por la friolera de seis leuros con lo que en estas vacaciones no dependo de GüiFís durante el día. Un taxi me llevó a mi hotel por tres leuros y al llegar salí a pasear pero comenzó el diluvio universal y regresé y cené cerca del hotel y así fue como llegué al norte de Tailandia.

    El relato continúa en De templos por Chiang Mai

  • Monopteros en el Englischer Garten

    20 de mayo de 2014
    Monopteros en el Englischer Garten

    Monopteros en el Englischer Garten, originally uploaded by sulaco_rm.

    Entre las cosas que se pueden ver en el Englischer Garten está el Monopteros, un pequeño templo de estilo griego construido a unos quince metros de altura y rodeado por una pequeña colina y que se levantó en el parque en 1832 aprovechando restos de unos trabajos en la Münchner Residenz. La cubierta del templo es de cobre, con lo que en España hace ya tiempo que habría desaparecido y como se enteren los truscolanes, es probable que envíen una expedición a apoderarse del mismo.

  • Otro de esos saltos gigantescos

    19 de mayo de 2014

    Toda gran aventura que comienza con un gran viaje requiere un gran salto. En todas mis visitas al suroeste de Asia salvo en una ocasión, Kuala Lumpur fue el punto de entrada elegido y en este ocasión se ha vuelto a convertir en la puerta que traspaso antes de visitar algún otro país. Me gusta porque es una ciudad moderna y porque desde su aeropuerto hay más conexiones con los países circundantes con AirAsia que desde ningún otro y no os engañéis, si queréis viajar barato por el suroeste de Asia, AirAsia es una de las alternativas más seguras, tanto porque tienen una flota gigantesca como porque sus aviones ni siquiera están vetados en Europa, como le pasa a algunos de sus competidores.

    El billete a Kuala Lumpur lo compré desde el verano del año pasado y de esa forma me ahorré un montón de pasta. Después, no fue hasta febrero de este año en que decidí cual sería mi destino. En el tramo final, Filipinas competía con Tailandia y con Malasia (la parte de Sabah) y me acabé decantando por Tailandia por el tifón filipino y las noticias sobre asesinatos de turistas e inseguridad en el otro lado. Una vez elegido el lugar, quedaba montar un esqueleto básico y para ello, opté por entrar por el norte del país y desde allí ir bajando hasta cerca de Bangkok. En esta ocasión no iré a las islas más al sur y me quedaré por el norte. Finalmente, para los últimos días opté por ir a Singapore y así ver la ciudad estado de una vez, que el año pasado estuve a punto de hacerlo y al final lo deseché y después lo lamenté.

    Con todo decidido y los billetes para los vuelos comprados (uno con AirAsia y dos con Tiger Air, la línea de bajo costo propiedad de Singapore Airlines), pasó el tiempo y el viernes me tocaba volar.

    Salí de mi casa sobre las tres de la tarde, una vez acabé de trabajar y fui en tren a Schiphol. Allí facturé mi mochila de cuarenta litros con siete mil trescientos gramos, es decir, he logrado reducir en una barbaridad el peso de lo que me llevo. Tras la facturación, pasé el control de pasaportes y me acerqué a la zona en la que debía esperar el avión. Me puse en una de las mesas con conexiones eléctricas para mantener mis dispositivos mágicos y maravillosos bien llenos de jugo de la vida y ahí esperé. Lo voy a volver a repetir por si algún día algún comemielda en el poder lo lee. Conseguir que los pasajeros voten a un aeropuerto como el mejor de Europa no se logra contratando al arquitecto más maricón o famoso para que haga unas nuevas pirámides de Egipto. No tienes ni que hacer un edificio bonito. Puede ser horrible, horripilante y horroroso. Lo único que has de hacer es dotarlo con las cosas que necesitan los viajeros, con un buen y rápido sistema de control de seguridad, con salas de embarque amplias y cómodas, con baños en su interior y en donde haya abundante espacio para sentarse, con un sistema simple y sencillo que hasta un lerdo truscolán puede entender sin perderse y con muchas tiendas, muchos bares y lo más importante, con muchísimos lugares en los que sentarte a descansar o a esperar y en donde hayan puntos de electricidad a mansalva porque en el siglo XXI (equis-equis-palito), las cosas más imprescindibles en nuestra vida necesitan recargar sus baterías con cierta frecuencia. Schiphol lo tiene todo y por eso es el mejor aeropuerto de Europa.

    Como el vuelo era a un destino fuera de la Unión Europea, los controles de equipaje eran en la misma puerta de embarque, algo a lo que se tendrán que acostumbrar los truscolanes en su momento, ya que no ser ciudadanos de la Unión tiene esas cosas. En el avión, yo había seleccionado un asiento casi al final del mismo, ya que estaba seguro de que así no se sentaría nadie a mi lado y así fue.

    Embarcamos y despegamos en hora. Turkish Airline fue la mejor aerolínea europea en el 2013 y el premio se lo dieron por algo. El espacio entre filas es espectacular. Hasta una persona con muñones en vez de piernas lo nota. Además, tienen un espectacular sistema de audio y vídeo y según despegan pasan las azafatas regalando dulces y dándote el menú para que elijas tu plato principal. La cena fue de rescándalo y en menos que nada llegué a Estambul. Esta vez el aeropuerto era el de Ataturk y por eso, el avión dio una vuelta por encima de la ciudad e identifiqué el chabolo de mi amigo el Turco desde el aire, los centros comerciales a los que vamos al cine y muchos otros lugares. Cualquiera diría que he pasado por Estambul con frecuencia … coño, si creo que esta es la octava o la novena vez que paso por allí …

    En el aeropuerto, como tenía el tripazo lleno, busqué un baño y me eché una jiñada turca y así vacié la recámara de aire porque a mí volar me infla como a un pez tamborín. En el retrete parecía que estaba ensayando alguien de la sección de viento de una filarmónica. Mi segundo vuelo salía a la una de la mañana, hora turca y el embarque comenzó casi una hora antes. Fue muy rápido y de nuevo elegí un asiento casi al final de avión, también porque si hay algo que se es que la parte delantera está petada y en la trasera, con suerte no se sienta nadie a tu lado y tienes dos asientos como así fue. A mi alrededor, las cosillas que iba a necesitar. El flotador para el cuello, el antifaz para dormir, el iPad y una vez me quité los zapatos y me acomodé tapándome con la manta que te dan, estaba listo.

    El primer avión era un Airbus A321 y el segundo un A330. Tras despegar, nos volvieron a dar dulces y también una cajita de metal fastuosa que en su interior lleva unos calcetines largos y cómodos, un antifaz, tapones para los oídos, crema hidratante para los labios y un cepillo de dientes con un poco de pasta. Estos detallitos son muy de agradecer y los terroristas musulmanes malayos que iban en el vuelo lo guardaron para regalar. Se me ha olvidado comentar que tuve un momento de pánico mientras esperaba porque el vuelo tenía código compartido con Malaysia Airlines. Pensé que igual era uno de sus aviones y con mi suerte y todos los males de ojo que me han deseado últimamente, pilotaba el primo-hermano del julay que desapareció el otro avión y éste repetía la hazaña. Cuando vi a la tripulación venir y comprobé que ninguno era asiático y todos parecían terroristas musulmanes pero de las cercanías de Europa, respiré tranquilo.

    Fui al baño para vaciarme de líquidos y al poco nos dieron la cena, apabullante. Me encochiné nuevamente y cuando acabé me puse la almohada del cuello, el antifaz y así sin más caí muerto. Dormí entre seis y siete horas con un par de minutos despierto de cuando en cuando. Casi que prefiero estos viajes larguísimos, yo en los aviones duermo como un bellaco truscolán. Aterrizamos en Kuala Lumpur sobre las cinco de la tarde hora local. Yo me conozco el aeropuerto así que salí y fui directo al tren que te lleva desde la terminal satélite a la principal y después pasé el control de pasaportes, recogí mi maleta, bajé a la estación de tren y compré mi billete para Kuala Lumpur. Tuve que esperar diez minutos por el tren y tras media hora en el mismo llegamos a la ciudad.

    En todos mis viajes anteriores (salvo una noche cuando fui a Taman Negara), elijo el triángulo de oro para quedarme pero esta vez pasé, la zona la tengo muy vista y lo único que quería era algo cerca de la estación de tren. Encontré un hotel muy barato y que estaba muy bien y fue salir del tren y en menos de cinco minutos estaba en mi habitación. Tras una purriada de años, han inaugurado un centro comercial enorme junto a la estación de tren y conectado con la misma y con el Monorrail. Más tarde fui por allí y encontré un sitio para cenar antes de retirarme a la habitación. Conseguí dormirme a las once y dormir de un tirón hasta las siete de la mañana. Así acabó la primera etapa de mi salto a Asia. Al día siguiente seguía camino y por la mañana iba a ser un poco de turismo por la zona antigua de Kuala Lumpur.

    El relato continúa en De Kuala Lumpur a Chiang Mai

  • Englischer Garten

    19 de mayo de 2014
    Englischer Garten

    Englischer Garten, originally uploaded by sulaco_rm.

    El Jardín Inglés es un parque enorme en Múnich, siendo por tamaño mayor que el famoso Central Park o el Hyde Park. Lo crearon en el siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito) y lo ampliaron en el XIX (equis-palito-equis) y el nombre le viene porque en aquella época, a este estilo de parque se le denominaba inglés, con amplias zonas abiertas y agua de por medio. El parque es un lugar fantástico para pasear y relajarte y si alguna vez acudes al Oktoberfest, se celebra en este parque, en el que ponen las tiendas enormes en las que la gente se enochina y emborracha con cerveza.

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