Nunca he podido comprender como hay gente a la que le supone un trauma el cambiar el chip una vez terminadas las vacaciones y reintegrados al trabajo. En mi caso esas transiciones son bruscas y sin problemas. Salgo de la oficina, voy a mi casa, cojo la maleta y me voy al aeropuerto y ya estoy de vacaciones y de la misma manera regreso, me doy una ducha en mi casa y salgo para el trabajo y al llegar al mismo estoy totalmente concienciado que estoy allí para currar.
El lunes hice exactamente eso. Quince horas antes estaba en el aeropuerto de Hong Kong esperando a tomar un avión que me trajera de vuelta a Europa y pasado ese tiempo comprobaba que durante las tres semanas y media de ausencia mi correo electrónico había recibido más de mil mensajes. Me creé un par de reglas facilonas para descartar los que no me interesaban y me quedé con unos cuatrocientos cincuenta correos que he tardado dos días en procesar mientras hacia otras tareas. Tampoco el jetlag ha sido tan malo como esperaba. El lunes dormí como un bellaco y ayer ya estaba casi adaptado al horario europeo.
Aunque las vacaciones han sido fantásticas, llega un momento en el que echas de menos el poder cocinar y no hacer nada en casa si eso es lo que te apetece. Creo que mi límite de vacaciones ronda los veinticinco días seguidos.
Algunos números de este periodo de mi vida: 25 días de vacaciones, 4 países, 8 hoteles y pensiones, una mezcla de medios de transporte que incluye, autobús, mini-bus, taxi, avión, tren, tranvía, tuk-tuk, funicular, furgoneta, camión, teleférico, globo, jet-foil, barco, barquillo, motocicleta, metro y monorraíl, 25837 kilómetros en avión, 42 Gigas de fotografías que comprenden 2805 fotos, el uso y conversión entre euros, dólares de Hong Kong, dólares americanos, Ringitt malayos y Riels de Camboya. Entre 80 y 100 litros de agua, 18 pastillas contra la malaria, 40 pastillas de complejo de vitaminas B, 64 pastillas de betacaroteno para el bronceado, 4 pastillas de melatonina para el viaje de vuelta, 5 audiobooks, 20 episodios de series, 1,5 euros de llamadas con VoipCheap y un peso final al volver de 64,1 kilos.
Retomo este último dato. Hay que regresar a finales de los ochenta para poder ver una versión mía con 64 kilos. He perdido la barriga cervecera y como efecto colateral, se me caen todos los pantalones. Parezco un machango con los calzoncillos medio fuera.
En estas vacaciones he conocido un montón de gente fantástica, he comido un montón de platos exóticos, me han hecho regalos, he aprendido un montón de cosas nuevas, he visto puestas de sol increíbles, he caminado por la jungla evitando que se me peguen sanguijuelas, he subido a árboles, navegado por meandros, caminado junto a campos que aún tienen minas, he escalado templos de más de mil años y entrado en cuevas con decenas de miles de años. Me he bañado en el mar de la China Meridional y he visitado 5 islas. He estado en templos budistas, hindúes, taoístas, musulmanes y cristianos. He escrito todo el relato del viaje el mismo día en el que lo vivía. Estuve una sola vez en todo ese tiempo en el cine lo cual lo convierte en el periodo más largo de tiempo sin ir al cine de los últimos 10 años.
Todo este baile de cifras y datos se concreta en un único pensamiento: Me lo he pasado genial y el año que viene repito con otro país o conjunto de países.
… y como siempre, se puede leer el relato completo del viaje en estas mismas tierras y para encontrar el principio, solo hay que saltar a El comienzo de otro gran viaje



