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  • Los templos de Angkor. Segundo día

    3 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Cuando me desperté el segundo día en Siem Reap tenía agujetas hasta en las pestañas. Subir y bajar cientos de escalones, caminar kilómetros, trepar, saltar y correr cuando un mosquito del tamaño de una libélula te persigue tiene su precio. Por suerte no soy de los que se arredran ante la adversidad y me di una ducha, desayuné y me preparé para salir de nuevo hacia los templos.En lugar de las cholas Moisés con calcetines que llevaba el día anterior opté por las botas de trekking y fue una buena decisión.

     

    El señor Bun me esperaba en la puerta y discutimos brevemente el plan del día. Yo no quería volver tan tarde como en la jornada anterior para así aprovechar y descansar un poco en la piscina. Nuestro primer destino fue el templo de Preah Khan, al noreste de Angkor Thom. Se construyó en el lugar en el que anteriormente había un palacio-ciudad real llamado Jayasri, lugar en el que vivió el rey mientras se restauraba Angkor Thom después de que fuera saqueada en 1177. El nombre del templo significa la espada sagrada y hasta hoy día los camboyanos creen que quienquiera que posea la espada tiene el derecho al trono. También se rumorea que una réplica está guardada bajo llave en el palacio Real en la capital. El templo es enorme y durante un tiempo funcionó como monasterio y universidad con unos mil profesores. Está rodeado de la jungla y resulta muy agradable para visitar.

    Desde allí fuimos a Neak Pean, el cual originalmente estaba en una isla y que no es un templo. Son un grupo de piscinas unidas por caminos con una torre en el centro de la piscina central (y más grande). Según mi libro se construyó para representar al mítico lago del Himalaya llamado Anavatapa y según el señor Bun eran las piscinas en las que se bañaba el rey. Como es temporada seca en las piscinas no había agua y pude caminar sin problemas a la torre que está en el centro.

    Nuestra tercera parada fue en Ta Som, un templo construido en el siglo XII pequeño y coqueto que está en bastante mal estado pero que tiene unas cuantas cosas que merecía la pena ver. Tiene también la ventaja de no ser muy popular y lo visitas sin tener a cientos de personas a tu alrededor jorobándote cada foto que quieres hacer.

    Desde allí nos dirigimos al Mebon del este, construido en el siglo X para los padres del rey. En aquella época era una isla a la que se llegaba por barco y en sus muros tiene los lugares en los que pueden atracar. Hoy en día está todo seco a su alrededor y se llega andando pero sigue siendo igual de impresionante. Tiene cuatro esculturas de elefantes a tamaño casi-real en las cuatro esquinas que se suponen que están ahí para defender el sitio.

    A continuación vinieron quince kilómetros de carretera para llegar a Kbal Spean. Por el camino te topas con cosas increíbles como tíos llevando vigas en motocicleta o un cerdo muerto de paquete, con las patas para arriba y supongo que camino de algún mercado o restaurante. También vimos bicicletas de todo tipo y los niños saliendo del colegio. Era sábado pero al parecer también van a clase ese día. Los quince kilómetros son casi tres cuartos de hora en el tuk-tuk, el cual no tiene una velocidad punta muy elevada. Por la ruta vi un montón de casitas que en la puerta tienen una bomba de agua con un cartel que informa de quienes fueron los donantes. He estado mirando a ver si doy con la organización que las dona para ver si puedo convencer a la tropa y entre todos donar una o dos y resolverles la vida a una familia. No creo que cueste demasiado dinero (para nuestros estándares) y puede ser un paso significativo en la mejora de vida de una familia que pasaría de tomar agua posiblemente contaminada con todo tipo de enfermedades a tener su propio pozo de agua fresca. Tras el largo viaje llegamos a Kbal Spean y el señor Bun me dijo que debería llevarme más agua porque lo que iba a ver está en la jungla y hay que subir.

    Son mil quinientos metros de caminata por la jungla, por un camino bien marcado en el que te recuerdan cada cien metros la distancia que te falta. Lo acompañé de la banda sonora del musical Tarzán en holandés y seguro que los monos y otros animales todavía se preguntan que hacía aquel chiflado cantando en un idioma raro y bailando por la jungla. Hasta aquí si que llegan pocos turistas y definitivamente no vienen los autobuses llenos de gandules porque se les mueren por el camino. Los mosquitos eran como obuses que caían sobre ti. Si a eso le unes que cien metros a 36 grados y por la jungla son como dos kilómetros agradables en Holanda, para cuando llegué arriba estaba totalmente sudado y baldado. El sitio lo usaban los Khmer para esconderse en el siglo XI y tiene una serie de piscinas naturales en las que grabaron dioses hindúes, escritura en sanscrito y flores de loto. En la punta de arriba habían dos o tres que se ofrecían como guías y uno de ellos me llevó por el sitio enseñándomelo todo. Era un joven con un solo brazo y en el lugar en el que debía tener el otro le habían puesto (o se había puesto) el brazo de un maniquí de tienda lo cual le daba una pinta un tanto siniestra pero se desenvolvía muy bien por allí y si se sube todos los días ese kilómetro y medio de jungla se merece los dos dólares que le di por hacer de guía turístico. Me mostró un montón de cosas que no comentaban en mi guía y cuando llegamos a la catarata, lo cual suena muy espectacular, en realidad es un saltito de agua de tres metros pero el sitio es idílico con cientos de mariposas volando a tu alrededor. Al parecer hay gente que baja río abajo pero yo con la cámara no me arriesgo que si me escoño por allí a ver donde consigo otra cámara.

    En el regreso sudé el litro de agua que me tomé antes de empezar a bajar y cuando llegué al lugar en donde me esperaba el señor Bun nos quedamos en el restaurante de alguno de sus colegas y almorzamos allí. Con la barriguita llena salimos hacia Banteay Srei, un templo que está cinco kilómetros más abajo (regresando hacia Siem Reap) y que cuando crees que ya no te pueden sorprender y has visto lo mejor, te llevas un tremendo bofetón porque es increíble. Está construido en una piedra distinta de un tono rosado y tiene una profusión de decoración increíble. Este no lo construyeron los reyes sino dos dignatarios que trabajaban para el rey y se hizo en el siglo X. Al parecer en la temporada de lluvias el acceso por el camino procesional es alucinante con los reflejos en los lados y los campos de arroz pero por ahora me tuve que conformar con un camino más normal aunque espectacular. Prácticamente toda la superficie de las murallas interiores están adornadas al igual que las torres. Es impresionante. En el acceso desde el aparcamiento hay un asentamiento enorme de tiendas para turistas en las que te acosan hasta el infinito y más allá pero por suerte, mi insensibilidad les puede y no lograron colocarme nada pese a los intentos de decenas de vendedores.

    Desde allí hasta Siem Reap son unos treinta kilómetros y de nuevo nos pusimos en ruta por carretera, viendo las mismas escenas pintorescas y con chiquillos que llevan bicicletas para adultos en las que no se pueden sentar y se bambolean mientras pedalean (y algunos de ellos hasta llevan a dos más sentados de paquete). En el camino de vuelta paramos en Banteay Samre, al que se llega por una carretera en la que se te descoyuntan los huesos con los saltos que daba el tuk-tuk. Por esta razón no parece ser muy popular y es una pena. El templo tiene dos fosos, algo único ya que todos los demás solo tienen uno. Cuando estaba acabando la visita comenzó a llover y tuve que correr como una cabra salvaje para que no se me mojara la cámara ya que en un momento de ofuscación decidí dejar la mochila con el señor Bun ya que estaba cansado de cargarla.

    El hombre preparó el tuk-tuk bajando unos toldos para que yo no me mojara y comenzamos el regreso hacia la ciudad, aunque pronto paró de llover y los subió porque nos frenaban demasiado. Fue otra jornada intensa y llena de imágenes increíbles que espero que hayan quedado bien retratadas por mi cámara.  

    En el hotel, contraté un espectáculo de baile Apsara junto con cena buffet en uno de los restaurantes que ofrecen el espectáculo en la ciudad. Por lo que leí en mi guía, este tipo de baile típico solo se puede ver aquí o en la capital y según el libro, resulta más fácil aquí. Me costó la ridícula cantidad de doce dólares y comenzaba a las siete y media aunque había que llegar antes para la pitanza. Como estaba a tres minutos de mi hotel andando, salí a las seis y media y para cuando comenzaron a bailar yo ya estaba reventado como un cerdo a comida tailandesa, japonesa, camboyana y de los alrededores. El baile Apsara lo hacen unas mujeres (o jóvenes) que comienzan a prepararse desde los siete años. Mueven las manos con gran delicadeza y elaboración haciendo más de mil quinientos movimientos. Cada postura, cada movimiento de manos tiene su significado y el conjunto es muy bello. El espectáculo dura una hora y en verdad que merece la pena. Al terminar las bailarinas se quedaron en el escenario y las hordas de gitanos se subían para hacerse fotos con ellas, en plan low-class. Yo volví paseando por la ciudad hasta mi hotel y visto que los madrugones no hay quien me los quite, me acosté temprano. Para el tercer y último día de visita a los templos quedamos que empezaríamos a las siete y media para así acabar antes.

    El relato del viaje continúa en Los templos de Angkor. Tercer día

  • Munttoren desde Rembrandtplein

    3 de junio de 2010
    Munttoren desde Rembrandtplein

    Munttoren desde Rembrandtplein, originally uploaded by sulaco_rm.

    Ya vimos en su momento la Munttoren pero aunque lo explico en varios lugares de Visitar Holanda, al final una imagen ayuda a visualizarlo mejor. Rembrandtplein está muy cerca del mercado de las flores, el cual empieza en esa torre que vemos al fondo y es un lugar que muchos turistas parecen perderse. Por aquí encontraréis un montón de pubs con precios para los locales (por supuesto que más caros que en España pero infinitamente más baratos que los del Dam). Mirando ese tramo de calle a la izquierda tenéis el Pathé Tuschinski, el cine en el que se hacen todos los grandes estrenos en este país y junto al mismo hay un ?lbert Heijn to Go y un Hema en los que podréis comprar comida y bebida a precios asequibles. En la derecha de la calle y justo antes del Cineac está el Wok to Go, lugar perfecto para una cena rápida y barata. A mi espalda tenéis el The Three Sisters (ambos pubs) y si seguís caminando ciento cincuenta metros llegaréis al canal Amstel y podréis hacer la alucinante foto del puente azul.

    Hay más información sobre Amsterdam y los Países Bajos en mi otra bitácora, Visitar Holanda y también puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de Amsterdam

  • Los templos de Angkor. Primer día

    2 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    En la guía turística que me prestó la Chinita dice claramente que nada te prepara para la grandeza de Angkor Wat y el que lo escribió tenía más razón que un santo. Retrocediendo un poco en el tiempo, mi primer día en los templos comenzó con el desayuno a las siete y media de la mañana y mi conductor de tuk-tuk recogiéndome a las 8. Resultó ser Mr. Bun, el mismo que me trajo del aeropuerto. Lo primero era conseguir el pase y nos encaminamos hacia las taquillas en las que se venden las entradas. Elegí un pase para tres días por 40 dólares, que visto lo que he visto no es que no sea caro, está regalado. Aunque llevaba fotos se han modernizado y te hacen una allí mismo y tienes tu pase en cuestión de segundos. Inmediatamente nos pusimos en marcha y tras pasar el control pertinente, enfilamos hacia Angkor Wat, una obra maestra de la arquitectura Khmer creado alrededor del 1150 y consagrado al dios Vishnu. A todos los templos de la zona se entra desde el este y solo Angkor Wat es la excepción. Llegas por el oeste a través de un impresionante acceso sobre las aguas del foso que rodean el templo. En las películas me daba la impresión de ser grande, pero estaba muy equivocado. ¡Es gigantesco! La visita me tomó unas tres horas. No voy a explicarlo todo porque estaríamos hablando de templos hasta navidades pero decir que en la tercera muralla hay unos frescos labrados en la piedra acojonantes. Rodean todo el perímetro y cuentan las historias y batallitas de reyes y dioses. Hasta ese lugar podían llegar los mortales ya que al interior solo podían entrar el rey y los monjes que vivían con él. La parte más famosa creo que se traduce como Batido del océano de leche y qué os voy a contar, como para llorar de pura belleza. Una vez rodeas toda la tercera muralla entras a la parte central del templo y ahí es de mirar y no creérselo. Cada rincón, cada piedra, cada cosa está allí con un preciso objeto y te demuestran lo fácil que puede ser crear algo bellísimo usando solo piedras. El templo es una auténtica pasada. Pienso volver el tercer día de mi pase para regodearme de nuevo con el lugar. Para amenizar mi visita al templo iba escuchando la banda sonora de Gattaca, una música perfecta para realzar los mejores momentos y que hace que parezca que estás en una película (y en realidad lo estaba, son mis vacaciones aventureras).

    Desde allí nos dirigimos a Angkor Thom, un templo masivo que cubre un área de tres kilómetros cuadrados. En realidad son varios templos, a cual más espectacular. Ya te quedas alucinando en las puertas de acceso. Llegamos por una que tiene cincuenta y cuatro dioses de ojos almendrados haciendo una cadena a un lado del paso y cincuenta y cuatro demonios de ojos redondeados por el otro. Desde allí hay que avanzar kilómetro y medio hasta llegar al Bayon, el cual se construyó como una especie de templo multiconfesión en el que se reconocían todas las religiones del reino. Tras visitarlo seguí hacia el Baphuon, el cual están restaurando y solo se pueden ver algunas zonas y entre ellas el gigantesco buda recostado que da forma a una de las murallas del templo. Cada uno de estos templos es alucinante. Seguí hacia el Phimeanakas, bastante sencillo comparado con sus vecinos y desde allí fui a la terraza de los elefantes en la que hay tallados elefantes a tamaño real. Supuestamente sobre ella había un palacio que ha desaparecido. Por ahí me tropecé con un grupo de españoles a los que el guía les estaba explicando cosas y uno preguntó por la cara de mala hostia de algunas de las imágenes y el tipo le dijo que esos eran coreanos, que siempre están de mala baba y son gente mala y dañina y por eso los retrataron así. Casi le doy un abrazo al guía por confirmar lo que yo siempre digo y todos sabemos sobre esa escoria miserable que son los cabezudos coreanos. En esta serie de templos opté por la elegancia y la emoción de la banda sonora de Stardust.

    Terminé el paseo en la terraza del rey Leproso, una obra increíble y en la que se cree que era el sitio en el que hacían las cremaciones reales. Parece poco pero fueron un par de horas. Mi conductor de tuk-tuk me recogió por ahí y nos fuimos a ver el templo de Thomannon, uno más pequeño y que está cerca del templo hermano de Chau Say Tevoda. Sirven para darte algo de respiro y regresar a dimensiones humanas y no divinas.

    Paramos para almorzar y después continuamos con el templo Ta Keo, otro que de nuevo consigue dejarte con la boca abierta y además te arranca el aliento porque para subir los escalones son de morirse. Vamos que te dejas el alma por allí para arriba para conseguir llegar a la cima y lo peor está por venir cuando sabes que tienes que bajar por esos micro-escalones que están tan separados unos de otros. En la zona de salida, como en todos los templos, un montón de gente intentando venderte agua a 1$, camisetas a 1$, cutre-pulseras, trapos de ponerse por encima y demás. Lo triste es que muchos usan niños que deberían estar en el colegio y por eso no hay que comprarles, para que manden los chiquillos a clase. Una de las niñas particularmente trató y trató de conmoverme de mil formas distintas pero no lo logró. Esa no sabe que me crié en la Isleta y que el chantaje emocional se daba por supuesto en el barrio si querías ser alguien. Se cogió un rebote de que te cagas cuando le fallaron todas sus artimañas. Este templo no se terminó porque al parecer le cayó un rayo y para esta gente da mal rollo. Mira tú todo el esfuerzo que hicieron para nada.

    Con la niña cagándose en todos mis muertos nos fuimos hacia Ta Prohm, un templo en el medio de la jungla y en el que lo más espectacular son los gigantescos árboles que han crecido abrazando las rocas y creando una fusión entre ellos y el templo increíble. Es uno de los mejores y aunque está en muy mal estado, te marca y te recuerda que nos podemos seguir asombrando.

    Ya terminando el día fuimos a ver el templo de Banteay Kdei, del que me faltó por ver las piscinas (aunque regresaré el tercer día) y como se estaba haciendo tarde nos fuimos hacia Phnom Bakheng, el primer monumento que se construyó en la zona y que es un templo-montaña. Data del 889 y lo especial del sitio es que cuando subes la montaña y el templo, tienes una vista increíble de toda la zona para ver la puesta de sol así que allí fui, allí me apalanqué y esperé hasta que el sol bajó lo suficiente para pintar en el horizonte un lienzo bellísimo. La gente más gandula sube en elefante pero yo preferí mi propia tracción. Entre unas y otras cuando terminó y bajé ya eran las seis y media pasadas y hasta las siete no llegué al hotel, baldado después de tanto caminar y trepar y con cientos de fotos en mi cámara.

    Me di una ducha, salí a cenar en el mismo restaurante que la noche anterior y después caí rendido en la cama ya que al día siguiente la aventura comenzaba de nuevo bien temprano.

    El relato del viaje continúa en Los templos de Angkor. Segundo día

  • Rembrandtplein

    2 de junio de 2010
    Rembrandtplein

    Rembrandtplein, originally uploaded by sulaco_rm.

    Hace cosa de un par de meses que acabó la reforma de Rembrandtplein. Lo más novedoso ha sido que el señor Rembrandt ahora mira en dirección contraria y si antes estaba acompañado por sus amigos, ahora está solo. Le han dejado un espacio abierto muy bonito, con césped en el que la gente se sienta a descansar en sus paseos por la ciudad. A la izquierda de Rembrandt y fuera de la imagen está el pub The Three Sisters (o los pubs porque son dos) y en uno de ellos es donde probablemente me podáis encontrar los fines de semana tomando una cerveza y disfrutando de una agradable conversación.

    Hay más información sobre Amsterdam y los Países Bajos en mi otra bitácora, Visitar Holanda y también puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de Amsterdam

    Technorati Tags: Amsterdam, viajes

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