A todos nos preocupan cosas distintas. Para uno quizás sean las filigranas que hay que hacer para llegar a fin de mes, para otros el hambre en África y algunos quizás se desvivan por la pérdida de fe de nuestra sociedad. A mí esta semana lo que realmente me preocupa es el peso de los pantalones.
Y no hablo de algo empírico, sino de su peso real. Mientras otros se hacen con la picha un lío y se entretienen contando musarañas allí donde las ven, yo me dedico a pesar los pantalones y a clasificarlos según su peso. De entre todos he escogido los tres más ligeros, los cuales en total tienen un peso de mil ciento treinta gramos y esos tres pantalones serán los que me lleve a mis vacaciones. También estoy pesando camisetas, calzoncillos, bañadores, calcetines, objetivos fotográficos, lo peso todo.
En mi primera experiencia como mochilero por Malasia aprendí que cien gramos pueden ser la diferencia entre acabar cansado y acabar agotado o derrotado. En esta ocasión quiero ir más ligero y para ello nada mejor que pesar las cosas que llevo, preguntarme una y otra vez si son necesarias y si puedo prescindir de las mismas y dejar el lastre en casa.
El sábado me compré unas camisetas que permiten transpirar más fácilmente y que no pesan casi nada. Se unen a un montón de cosas ligeras. No me quiero ver de nuevo caminando por un tronco delgado con una mochila llena a la espalda y otra en el pecho y tratando de coger aire. Quiero ser brisa, ir ligero y flotar como una hoja y lo voy a conseguir.
Esta mañana me tocaba sesión de dopaje. A las ocho y media estaba enfrente de una doctora a la que le contaba que aún no sé lo que será de mi vida más allá de una semana. Sé que viajaré a Hong Kong y que desde allí llegaré a Kuala Lumpur el martes de la semana que viene pero no sé si durante las siguientes tres semanas iré hacia Camboya, hacia Laos, hacia Indonesia o a cualquier otro país. Es una sensación de libertad que coloca como la mejor de las drogas. El viento me llevará hacia un lado o hacia otro y yo lo único que puedo y quiero hacer es prepararme para no tener limitaciones. Y la preparación viene en forma de vacunas. Si alguien me dice hace un par de años que tengo una libreta de vacunas en donde figura que además de la Difteria, el Tétano y la Polio también tengo refuerzos que me durarán veinticinco años contra la hepatitis A y otros para el Tifus y el Colera no me lo habría creído. Me fascina más la libreta de vacunas que el pasaporte lleno de sellos de países exóticos porque esa cartilla identifica substancias con las que me han dopado. Fuera del libro pero conmigo se vendrán las pastillas para la Malaria. No es el típico equipaje para unas vacaciones de sol y playa.
Y todo esto mientras estamos en la primavera más fría de la historia de mi universo conocido, con temperaturas como los cuatro grados de esta mañana que hacen que siga llevando la chaqueta de invierno y usando los guantes. Alguno podría decir que soy un ñanga y que en realidad no es para tanto pero cuando todos los gansos que habitan en el pequeño lago que hay frente a mi oficina han abandonado los huevos y han decidido que fue un error el ponerlo, creo que la señal es contundente. Esta no es una primavera típica, no tenemos las tardes agradables sentados en el jardín ni los paseos por el parque en camiseta. Hace un frío de cagarse, la calefacción sigue quemando gas a pleno rendimiento y por las mañanas no es raro ver a la gente quitando el hielo de los cristales de su coche.
El mundo parece haberse vuelto loco y mientras esto sucede, yo lo sigo pesando todo para ver por donde puedo arañar cien gramos más que dejar atrás. En este frenesí por soltar lastre he llegado por primera vez en los últimos doce años a un peso impensable. Esta mañana me pesaba tres veces porque los sesenta y cinco kilos y doscientos gramos no los veía desde los noventa. Y pensar que hubo un momento de mi vida en el que llegué a los setenta y ocho. Comida buena, magdalenas, productos cocinados en casa y cenas con los amigos parecen ser la receta mágica. Eso y el método turco de las dos jiñadas, que parecen ayudar mucho.