Desde el agua, el palacio de Amalienborg ofrece una imagen muy bonita con la iglesia de Mármol al fondo. Cuando pasamos por allí en un barco de estos que te llevan por la bahía una pareja hacía las fotos de su boda e incidentalmente han terminado en mis fotos. Si visitas Copenhague, el paseo en barco por los canales de la ciudad y la bahía es algo que no deberías perderte, merece la pena y como siempre, desde el agua se tiene una perspectiva nueva y que se sale de lo habitual.
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Un día tan vulgar como otro cualquiera
Esta mañana trabajaba remotamente desde mi casa y cuando comprobaba mi correo me encontraba con un mensaje extraño de uno de los vicepresidentes de mi empresa. Delegaba en mí para que realizara la reunión de su departamento, algo rarísimo ya que yo no pertenezco al mismo y jamás he estado en una de esas reuniones. El hombre ponía una excusa fácil de verificar y metía tierra de por medio. Se me ocurrió que podía ser una ocasión genial para que los miembros de ese departamento, mayormente jefillos, escucharan a otros que no están en el Olimpo y enseñarles la forma en la que sus ideas alocadas se transforman en productos reales.
Después de un par de correos tenía dos presentaciones muy interesantes para amenizar la reunión y me despreocupé totalmente del asunto. Durante la jornada estuve solucionando problemas en Oriente Medio, ayudando a abrir nuevos mercados en Nueva Zelanda, asegurando contratos en Argelia y verificando que el lanzamiento de la última versión de la herramienta que usamos para configurar pedidos no se retrase y llegue a las manos de sus usuarios a tiempo. En algún momento del día alguien me paró y cuando le expliqué lo que estaba haciendo me miró como si fuera un caso perdido. Eso que no puede entender se llama flexibilidad y es lo que distingue a los mediocres del resto. A mí no se me arrugan las manos si mañana tengo que meterme en un laboratorio a soldar cables o pasado mañana estamos encerrados en una sala lanzando ideas contra la pizarra para montar una campaña. Quizás por esa falta de prejuicios a la hora de hacer el trabajo, acabo aterrizando de pie en todos lados.
Por la tarde tuvimos una reunión inesperada para anunciar la cancelación de un proyecto e inmediatamente después tenía la del vicepresidente. La gente que acudió a la primera no se lo podían creer, les cuesta comprender que todo el esfuerzo que han puesto para conseguir que un nuevo producto vea la luz se pueda desvanecer de un plumazo. Tratar de explicarles que el problema nació en el momento en el que alguien decidió comenzar ese proyecto sabiendo que era inviable es inútil. Ellos solo miran a su pequeña parcela de trabajo y parecen incapaces de levantar la cabeza y observar a su alrededor.
Ya en la reunión que me asignaron, el sorpresón de todo el mundo fue mayúsculo. Ninguno sabía que su jefe me había regalado esa hora para hacer con ellos lo que quiero. En la primera mitad les mostramos las herramientas que ponemos a su disposición y que ellos no usan por pura ignorancia y porque te digan lo que te digan, nadie lee los correos que se envían a grupos masivos. Escuchamos ¡Oh! tras ¡Oh! cuando por fin comprendían que estamos escuchándolos todo el tiempo y tratamos de ayudarlos. Antes de comenzar todos estaban con caras de querer marcharse y pasar del tema y después de un poco participaban en una tormenta de ideas muy interesante sobre lo que les mostrábamos. Nosotros estamos tres pasos por delante y cuando alguno sugería algo, eso mismo se lo enseñábamos en la siguiente demostración y así los fuimos acallando uno a uno. La segunda presentación les explicó las complejas e incomprensibles normas para transportar productos con pilas de Litio en aviones y camiones. Algo tan simple como una pila tiene tantas normas y reglas a su alrededor que casi resulta un milagro si mandas desde un punto del orbe a otro una caja con un puñado de cachivaches. De lo que se trataba es que sepan lo que han de preguntar a sus proveedores y la información que tienen que facilitar dentro de la empresa para que cada uno pueda hacer su trabajo y parece que lo conseguimos. De los sesenta minutos que teníamos usamos setenta y cinco y unos cuantos nos dijeron que deberíamos acudir más a menudo a esa reunión, que por una vez no había sido la monótona discusión en la que acaban siempre y sentían que habían aprovechado bastante bien el tiempo empleado.
Volví a mi oficina y salté a Canadá, después a los Estados Unidos, desde allí a Japón y cuando estaba dando por terminada la jornada nuestro amado vicepresidente del imperio del sol amarillo me dijo que fuera por su despacho. Ya sabéis que he estado tensando la cuerda y he alterado los ciclos vitales de algunos de los que manejan los hilos en mi empresa. La reunión fue corta e intensa, básicamente para dorarme la píldora y pedirme que siga haciendo lo que hago, aunque no se sabe muy bien que es, solo que no implica sentarme detrás de un ordenador a dejar pasar las horas tecleando cosas que no aportan nada. Mi arte es más delicado, más sutil. Voy hilando fino y haciendo que las distintas piezas del engranaje se acoplen unas con otras y funcionen bien. Por supuesto que habrá incremento de sueldo y a uno que se ha cruzado en mi camino y ha tratado de ponerme la pierna encima para que no levante cabeza le caerá una pierna más pesada y lo aplastará si no claudica en sus intenciones. Pese a todo esto, creo que poco a poco iré arrancando máquinas y buscaré un nuevo lugar en el que continuar evolucionando.
Y si arriba en las nubes parece que cuentan conmigo (algo que aún no termino de comprender), abajo por donde se mueven los mortales he conseguido ensamblar un pequeño ejército flexible y disciplinado y ahora me cortejan un par de sindicatos para que me enrole y me presente a las elecciones para el comité de empresa ya que son conscientes que no solo saldría elegido sino que sería el candidato más votado. Ya les he dicho que me moriría de sueño en esas aburridas e interminables reuniones que hacen para discutir el estado del universo y en las que nunca llegan a ninguna conclusión y seamos honestos, yo nunca he creído en las negociaciones, soy más partidario de la acción directa y con resultados tangibles. Sigo teniendo meridianamente claro que soy el amo de mi destino ??
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Palacio Schack en el Palacio de Amalienborg
El Palacio de Amalienborg (Amalienborg Slot) es un complejo de cuatro palacios en el centro de Copenhague en el que reside la familia real danesa. Uno de estos palacios es el Palacio Schack que podemos ver en la foto. Es en este en el que vive la Reina desde 1967. Se construyó a mediados del siglo XVIII (18, si te falta ESO). La estatua que también aparece en la foto es del rey Federico V.
Conviene saber que la guardia Real Danesa pasa por la zona a las 11.30 de la mañana todos los días y hacen el cambio de guardia en el palacio de Amalienborg justo al mediodía.
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El día que llegó la Kenwood KM336 Chef Classic
Hoy al llegar a mi casa me esperaba una sorpresa muy agradable. Ya comenté que el domingo me levanté con ganas de comprarme una amasadora y después de dudar y mirar todo lo habido y por haber, elegí una Kenwood. La conseguí muchísimo más barata en la tienda amazon y el mismo domingo la compré. Por la tarde me llegó un correo avisándome que la habían enviado y que la debía recibir a partir del jueves. Me sigue pareciendo alucinante la experiencia de comprar por Internet. Es segura y extremadamente eficiente. Cuando entré en mi casa y vi que había un papelito del cartero diciendo que habían pasado con la máquina casi me corro de puro gusto.
La dejaron en la casa de unos vecinos así que pasé a buscarla inmediatamente, una caja enorme y espectacular en la que han puesto una foto que hace que el aparato parezca algo mágico. Tuve que aguantarme las ganas y correr a buscar la cámara de fotos para documentar este instante irrepetible en mi vida, mi primera Kenwood, una máquina de la que espero muchísimo y que si me da la mitad de lo que quiero, me va a salir una tripa como la del Falete de aquí a seis meses.
Saqué todo el contenido de la caja y lo desperdigué sobre la mesa. Me sorprendió mucho que pusieran la licuadora ya que pensaba que ese era un accesorio que debía comprar aparte. El aparato me recuerda a la máquina de coser Singer de mi madre, tanto por los colores como por el diseño.
Cuando terminé de sacarlo todos me empapé las instrucciones y me puse a calibrar las palas de amasado ya que para una perfecta operación hay que ajustarlas al máximo y eso se hace una vez la has recibido. El aparato es una auténtica maravilla y mañana mismo me pongo a hacer Cristinas para ver que tal me quedan. Ya sé que va a ser mi perdición pero a partir de ahora en mi casa, ya tenemos el equipo necesario para hacer mil y una tareas.
Entre las cosas que incluyen hay un CD con recetas y un libro con casi doscientas recetas así que ya lo he puesto junto a la cama para ojearlo por la noche e ir eligiendo recetillas con las que puedo preparar parte de la comida usando mi fastuoso Robot de cocina Kenwood KM336 Chef Classic. Lo primerísimo que preparé fueron unas Magdalenas y para evitar tentaciones le regalé la mitad a mi vecino y la otra mitad a los que recogieron el paquete cuando pasaron los de correos.






