En la enorme plaza de Wenceslao nos encontramos con un tranvía que fue reciclado y reconvertido en cafetería. En una ciudad con una fantástica red de tranvías que te llevan a todos lados con eficiencia y muy barato, no me extraña que algunos hasta gusten de tomarse un café en este tranvía tan especial que no os llevará a ninguna parte.
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Tarta tatin de plátano
Hace poco buscaba una receta de alguna tarta sencilla de preparar y que tuviera como ingrediente principal plátanos y mirando por aquí y por allí me topé con una de Jamie Oliver que me gustó mucho. Tenía plátanos en abundancia, hojaldre, caramelo y además se hacía sin demasiadas complicaciones así que decidí probarla y el resultado me encantó. Es una tarta que se prepara del revés y solo al final, cuando la saquéis del molde y le deis la vuelta podréis ver el resultado. Hay que comérsela recién preparada así que lo mejor es hacerla justo antes de empezar a cenar o en la tertulia que siempre sucede a esos eventos. Necesitaréis una bandeja de unos 20×30 cm de metal (no valen las Pyrex de vidrio) ya que la tendréis que poner al fuego para hacer el caramelo.
Los ingredientes: 60 gramos de mantequila sin sal, 150 gramos de azúcar extrafina, 4 plátanos grandes, 1/4 cucharadita de canela, 1 naranja, 250 gramos de masa de hojaldre y opcionalmente se le puede poner al final crema fresca (crème fraîche) o helado.
La implementación: Comenzamos poniendo el horno a precalentar a 180 grados y dejando que se descongele la masa de hojaldre. Se corta la mantequilla en daditos y se ponen en la bandeja metálica. Se pone al fuego (bajo) y se derriten y cuando la mantequilla esté líquida, añadir el azúcar extrafino y remover constantemente hasta que se mezcle bien. Se sigue cocinando unos cinco minutos hasta que el azúcar se haya disuelto y se caramelice. Si veis que no se está transformando en caramelo, subir el fuego un poco. Para cuando tengáis el caramelo, tened muy presente que quema un montón. Se saca del fuego, se pelan los plátanos y se cortan longitudinalmente y los ponemos sobre el caramelo con cuidado de no quemarnos. Sobre esto se añade la corteza rallada de media naranja y la canela.
Para preparar la base, en Holanda venden el hojaldre en unos cuadrados que de algo menos de medio centímetro de grosor y lo que hice fue cubrir toda la bandeja con masa procurando que se solapen para que no queden aberturas. Una alternativa es trabajar el hojaldre con el rodillo y crear la base del tamaño de la bandeja y de medio centímetro de grosor.
Con la masa de hojaldre cubriendo los plátanos y el caramelo se pone al horno durante unos veinticinco minutos, hasta que la masa de hojaldre esté doradita. Al sacarla hay que darle la vuelta inmediatamente y de nuevo aviso que el caramelo está muy caliente así que usad un guante de cocina y poned la bandeja de servir sobre la de horno y dadle la vuelta. Yo para esta parte usé una bandeja Pyrex del mismo tamaño que la metálica.
Personalmente me gusta comerla así pero si queréis acompañarla podéis servirla con una bola de helado o ralláis la otra mitad de la naranja, lo mezcláis con la crema fresca y le echáis un chorro de esa mezcla por encima a cada porción.
Está deliciosa, se prepara sin grandes complicaciones y aunque cuando se ve en fotos no parece gran cosa, lo que cuenta es que no sobrará nada y la devorarán sin piedad.
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Tocando huevos en Praga
Y para terminar la visita a Praga, una estatua que está en el castillo de Praga y a la que la gente le ha cogido afición. Si os fijáis bien, a este sí que le tocan los huevos continuamente y los tiene hasta brillantes. Las asiáticas parecen particularmente aficionadas al toqueteo y tuve que esperar un rato para hacer la foto porque una banda de japonesas o chinas estaba poco menos que en el paraíso con el pobre chiquillo.
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Ese cuarto de kilómetro adicional
Siempre que hacemos algo, nos quedamos con la sensación que podemos llegar un poco más lejos, que con algo de esfuerzo habríamos superado esos doscientos cincuenta metros adicionales que separan la satisfacción personal del vanagloriarse. Un pensamiento tan estúpido e inadecuado para el autor de la mejor bitácora sin premios en castellano no me viene después de haber sufrido dos horas de reuniones con un puñado de amarillos que no saben decir que no y que responden a todo que sí aunque ni siquiera son conscientes de lo que les estás pidiendo. Tampoco me vino al tiesto al hilo de algún problema enorme que traía al universo e incluso a mi empresa de puto culo y cuesta abajo y que yo, con un golpe maestro y sin que se me cambe ni uno solo de los pelos del culo, logré resolver.
En realidad todo viene de una cena con amigos. Uno de ellos aceptó hace casi tres meses el pasarse por mi casa con su esposa a cenar hoy. Ya sé que puede parecer raro pero no lo es. Aquí usamos eso que algunos conocen como agenda y que te permite planificar tu vida social y ordenarla un poco. Si como yo, no perteneces a una banda pero tienes un montón de amigos y todos te quieren y te aprecian tanto que no dejan de solicitarte, es imprescindible el llevar algo de orden. La gente va llenando mi agenda con citas y más citas y cuando uno me pide un jueves con ciertas restricciones, acabamos en el futuro más lejano que finalmente llegó.
Nunca más se habló nada del asunto, seguimos con nuestras vidas, nuestros intercambios de mensajes telefónicos y de correos y casi sin darnos cuenta, llegó la semana. Incluso cuando andaba de vacaciones por Galicia en algún lugar de mi enorme cabeza una subrutina seguía trabajando en el asunto y programando el menú. Sé que les gusta comer y disfrutan enormemente mientras que yo además de la compañía, me lo paso fantástico haciendo la comida. Fui poniendo y quitando platos, cambiando unas cosas por otras hasta que más o menos tenía decidido que comenzaríamos con unas Lentejas con chorizo y a partir de ahí seguiríamos con unos pimientos de piquillo rellenos, una receta que aunque he hecho en infinidad de ocasiones, siempre se me olvida hacer la foto (por pura glotonería) y en esta ocasión no ha sido distinto. Después tenía varias opciones y durante algunos días pensé que organizaría un festival de montaditos pero finalmente opté por un Pollo acaramelado al limón y aunque inicialmente lo iba a acompañar de Puré de papas terminé eligiendo unas Papas arrugadas. Para postre inicialmente iba a hacer unas Cristinas o bollos suizos pero se me quemaron un poco cuando las hice el día anterior y opté por el plan de emergencia que suponía hacer una banana tarte tatin, un postre que se prepara del revés y que está delicioso.
Con las ideas claras y los ingredientes en la cocina, las cosas fueron saliendo solas y para cuando llegaron mis amigos ya lo teníamos todo más o menos listo y nos sentamos a hablar y comer. Como la gente te halaga tanto llega un momento en que te insensibilizas y realmente no sé si les gusta la comida o no, pero al menos rebañan el plato y aunque los ves con cara de querer vomitar, siguen engullendo lo que cae en sus platos. El postre lo hicimos juntos, para mostrarles lo fácil que es de preparar ya que hay muchos que piensan que cocinar es algo místico y mágico que requiere de unas habilidades especiales.
Siempre es agradable recibir amigos en casa y saber que cuando se van, el abrazo que te dan es de corazón (o eso, o por la caja de Magdalenas que se llevan con ellos). Yo me quedé llenando el lavavajillas, recogiendo la cocina y la mesa un poco, cansado pero feliz y ya con la cabeza en otro sitio, pensando sobre lo que quería contar esta noche en mi pequeño diario secreto. Fue en ese instante, mientras el lavavajillas comenzaba su sinfonía que me acordé que mañana por la mañana comienzo un nuevo proyecto en mi empresa y tengo una reunión con el equipo que lo llevará a cabo, unas doce personas. Una de las tradiciones en mi trabajo y mi marca de la casa es que en esas primeras citas regalo magdalenas a todo el mundo. Deseché la idea porque ya estaba cansado y decidí no hacerlo pero también en ese momento recordé lo importante que es ese cuarto de kilómetro adicional, lo fácil que pueden ser las cosas cuando pones algo de voluntad y como todo aquello bueno que haces te es devuelto multiplicado por ciento y esto me dio la fuerza necesaria para volver a encender el horno, preparar la masa y hacer doce Magdalenas del carajo que mañana llevaré conmigo a la oficina y regalaré a mis compañeros.
Dicho y hecho. Media hora más tarde las sacaba y las dejaba enfriándose y ahora sí que me he sentado a escribir y de regalo, aquello que quería contar pasó a un segundo plano y otra anotación totalmente distinta e inesperada se cocinó en mi cabezota. Al final ya le estoy sacando provecho a ese cuarto de kilómetro adicional y que no te quede duda, merece la pena el recorrerlo.



