Muchos de los jóvenes que viven en Gran Canaria posiblemente han oído alguna vez a alguien usar alguna expresión mentando a Lolita Pluma y es hasta posible que hayan visto su estatua en el parque de Santa Catalina. Yo tuve la suerte de conocerla, o quizás la desgracia, ya que murió en 1987 y eso me recuerda lo viejísimo que soy. Vimos esta foto por primera vez en la anotación Lolita Pluma allá por agosto del año 2006 y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Bicicleta Kangaroo
Y siguiendo con las bicicletas para llevar niños, hoy tenemos la Kangaroo, otra de esas bicis específicamente creada para tal tarea. Quien crea que estos cacharros son baratos se llevará un gran disgusto, son carísimas, aunque si piensas en lo que te ahorras en impuestos, gasolina y en lo convenientes que son para ir al centro de las ciudades sin tener que llevar tu coche, merecen la pena. Conviene también recordar que en muchas ciudades holandesas los coches no lo tienen fácil ya que el casco antiguo de las ciudades está protegido con varias medidas disuasorias que suelen incluir precios de aparcamientos carísimos y prohibición expresa de circular por las calles del centro. En una ciudad como Amsterdam, el precio de una hora de aparcamiento está en unos seis euros y las zonas azules están muy limitadas y es casi imposible encontrar plaza y aparte de eso, te puede tomar una hora entrar en la ciudad con coche.
En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años
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Seta en la hierba en el club de las 500
Cada una de las más de mil fotos que están repartidas a lo largo y ancho de esta bitácora tiene su propia vida y ritmo. Unas reciben visitas continuamente y otras disfrutan de gran tranquilidad. En noviembre del año 2005, justo después de mudarme a la que entonces era mi nueva casa vimos esta imagen en una anotación llamada Vidas efímeras y casi tres años y medio más tarde la recibimos en el Club de las 500
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La primera vez ??
?? es siempre la más dura.
El domingo me desperté temprano. Siempre me cuesta acostumbrarme a la llegada de la primavera y su explosión de luz y me despierto tan pronto como se cuelan los rayos del sol por la ventana. No sé como lo hacen pero consiguen saltarse las persianas y me sacan de mi sueño. Como no me apetecía quedarme en la cama bajé sobre las ocho a la cocina y me puse a preparar Beignets al estilo del Cafe du Monde. Los Beignets son como buñuelos. Los comí por primera vez en Nueva Orleans, cuando estuve de visita en el 2004. He estado probando diferentes recetas hasta que he dado con la que me convenció. La preparación requiere su tiempo y me dediqué a matar los tiempos muertos escribiendo anotaciones para cuando me marche de vacaciones en mayo.
Cuando terminé de preparar mi lujoso desayuno, me di un gran banquete y como el día se prestaba salí al jardín para inaugurar la temporada y comenzar a trabajar. Mi plan era muy sencillo: cargarme un arbusto que no me gusta y hacer espacio para poner en su lugar un manzanero o algo que produzca sustancias comestibles. La primera fase fue sencilla. Corté todas las ramas, las troceé y dejé solo las raíces y la parte inferior del tronco. Estaba rondándolo y tratando de averiguar la forma de sacarlo del suelo cuando apareció mi vecino y se vino a ayudarme.
El hombre está retirado pero está claro que de jardinería sabe dos ratos más que yo. Se trajo su pala y entre los dos logramos sacar las raíces enormes del arbusto. Yo para cuando terminamos estaba exhausto y maldecía la hora en la que se me ocurrió la idea. Mi vecino me dijo que tenía que dejar secándose durante un par de semanas aquel mastodonte de tierra y raíces y ayudado por la lluvia que caerá esta semana, quitarle toda la tierra. Yo asiento sin creérmelo.
A esas alturas se nos había unido su mujer, otra vecina y nos tomábamos un cafelito mientras todos opinaban sobre mi jardín y escuchaban mis planes para esta temporada. Les conté que quería quitar dos pinos que formaban un muro verde en medio del jardín y que me hubiera gustado ponerlos al final del mismo, cerca de la valla, pero visto el esfuerzo que hay que hacer decidí sobre la marcha que es menos sacrificado comprar pinos nuevos y matar a estos dos a disgusto. El hombre me miraba y sin decir nada se puso a apalancar uno de los pinos y antes de darme cuenta los teníamos en el suelo y él estaba abriendo el agujero para transplantarlos y ponerlos al final de mi jardín. Yo alucinaba en colores. Me fui corriendo a ayudarlo y más que nada detenerlo pero no hubo manera.
Cuando los pusimos y contemplé con asombro y alegría mi nuevo muro noreste pensé que todo había acabado. Le dije que me faltaba un pino para completar la otra parte de mi barrera vegetal y como él sabe que quiero cargarme el jardín de la parte delantera de la casa, me agarró por las orejas y me llevó allí y sin explicarme nada se puso a sacar uno de los pinos que hay en en ese lado. Como es muy grande y no lo podíamos meter por la casa tuvimos que dar una vuelta al vecindario con una carretilla pequeña que tengo arrastrando el pino mientras todo el mundo nos daba consejos de bricomanía, que la gente para eso sí que sabe. Llegamos de nuevo al jardín, hicimos un nuevo agujero y plantamos el pino, completando el muro del lado noroeste.
El hombre seguía enralado y aprovechó para obligarme a podar una enredadera que en su puta vida ha dado una flor y que se agarra del arco de mi puerta trasera.
Yo alucinaba en colores y no me podía creer que todos mis planes de rediseño estuvieran ya ejecutados. Miraba y volvía a mirar hacia el lugar en el que una hora antes no había nada y veía ese enorme y glorioso muro verde. Su mujer aprovechó para traer un segundo café y volvió a comenzar la tertulia.
Después volvimos al sitio en el que comenzó todo y pusimos unas cuantas plantas pequeñas que quitamos del otro lado del jardín y lo dejamos preparado para poner un manzanero que espero comprar pronto. No quiero nada muy grande, procuraré que no levante más de dos metros del suelo porque no me apetece volver a tener un mastodonte en ese sitio, quiero luz y espacios amplios.
La sorpresa me la llevé cuando encontré una casita para nido de pájaros. Anteriormente estaba tapada por los dos pinos que estaban en ese lugar y nunca la había visto. Espero que este año alguno de los miles de pájaros que viven por mi barrio la elija para crear hogar. Ya les he puesto agua limpia en su bebedero.
Después salí al parque infantil que hay detrás de mi casa para mirar como ha quedado:
Con los tres nuevos pinos hay una barrera verde que separa mi jardín de la zona en la que juegan los chiquillos y espero que sirva como medida disuasoria para los gatos que se juegan la vida al entrar en mi casa. En total estuve casi tres horas trabajando en esta primera sesión de jardín y ya he realizado casi todas las obras que requerían movimiento de plantas. Me falta nada más que hacer una pérgola para mi parra y con eso y las sesiones regulares de limpieza, podado y cortado de césped creo que tendré un verano bastante tranquilo.









