
Cuando era pequeño estaba convencido de ser el único ser vivo en el mundo e imaginaba que cuando mis padres me llevaban de vacaciones en realidad lo que sucedía es que me encerraban en el avión y en el tiempo que duraba el viaje un montón de robots extremadamente trabajadores se dedicaban a cambiar el escenario. Era una especie de Show de Truman conmigo como protagonista.
Hoy en día ya no le presto tanta atención a esos cambios de escenario y posiblemente es más sencillo para los mismos robots que realizan la tarea porque yo no intento descubrirlos. Para cuando leáis esto yo estaré en el cilindro metálico, cabalgando sobre Europa y bajando hacia Gran Canaria. Por primera vez en un montón de años he depositado mi confianza en cierta compañía de la que solo guardo malos recuerdos. Espero que estén a la altura de las circunstancias.
A los que habitáis la isla redonda, igual nos vemos. Está en vuestra mano.