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Distorsiones

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  • Memorial del Holocausto en el Club de las 500

    28 de marzo de 2008
    Memorial del Holocausto

    Memorial del Holocausto, originally uploaded by sulaco_rm.

    Cada uno de los álbumes que hay en mi bitácora tiene una velocidad distinta. Algunos son muy populares y otros avanzan despacito. A finales del año 2006 veíamos fotos de la ciudad de Berlín y hoy finalmente llega la primera de ellas al legendario Club de las 500. Paradojicamente, esta foto del Memorial del Holocausto siempre me ha parecido la más fea de esa serie, pero así son las cosas. Bienvenida sea al club.

  • El libro de estilo sería algo así ??

    27 de marzo de 2008

    Continuando con la temática de la semana, hoy me voy a centrar en los consejos que me doy a mí mismo para sobrevivir en este peligroso mundo de la blogosfera. Son una especie de libro de la falta de estilo que por supuesto no hay que tomarse en serio.

    ¿Tienes lo que hay que tener? Desde el momento en que un julay tan normal o anormal como otro cualquiera decide que se ha de expresar a través de una bitácora hasta que realmente lo hace, se debería preguntar a sí mismo una serie de cosas y ver si realmente carece de lo que hay que carecer para aguantar más allá de un par de meses. Lo difícil no es dar el primer paso, los realmente jodidos son el segundo, el tercero, el cuarto y sucesivos. Esos son los que irán costando cada vez más si uno no lo tiene bien claro desde el principio. No me preguntéis por qué. Yo solo vivo en este mundo y ya he visto apagarse decenas de bitácoras tras unos comienzos interesantes. Lo más necesario para mantener una de estas ventanas es el ego, el amor propio, la chulería o como queráis llamarlo. Si no lo tienes, no sobrevivirás. En tu travesía te cruzarás con gentuza de todo tipo que te atacará usando las herramientas que tienen a su alcance, que no son otras que la difamación, la mentira y el insulto y sin un buen sistema defensivo pronto estarás fuera de juego. Da igual que solo cuentes cosas positivas o que intentes ir de buen rollito, eso no los detendrá e incluso les servirá de estímulo.

    Elige tu tema. Ahora necesitas un tema, una idea, una línea argumental (o varias). Puedes hablar de tu vida, trabajo, tus amoríos, deportes, hobbies o quizás ir un poco más allá y liberar tu vena creativa. Procura centrarte en aquello que conoces y no rizar el rizo con algo que no conoces porque si lo haces, estás abocado al fracaso. Si estás en esto para hacerte rico, entonces mejor lo dejas de entrada. Si lo que quieres es que te lean decenas de miles de personas, igual también deberías dejarlo antes de empezar porque lo cierto es que el microsistema de las bitácoras no da para mucho. Ten siempre presente tu temática y procura disfrutar escribiendo, esto es quizás lo más importante. Si no lo haces, pronto lo sentirás como una obligación y de ahí a dejarlo hay una corta distancia. Si vas a hablar de tu vida, hazlo con cuidado, recuerda que ahí afuera hay mucha gentuza y no siempre es bueno que lo sepan todo.

    Sé original. No vale lo de copiar y pegar. Cúrratelo. Te divertirás mientras lo haces. Piensa que la bitácora es como un patio de recreo en el que juegas con otras personas, esos que te leen y comentan. Si no te lo pasas bien, obviamente hay algo que estás haciendo mal.

    La regularidad es una virtud. Cada uno tiene su propia frecuencia a la hora de mantener su bitácora. En mi caso es de un par de veces al día, con una foto y una historia. En total suelen ser unas mil palabras. Lo curioso es que cuando comencé siempre pensé que la regularidad me serviría para más adelante escribir un libro y después he terminado por abandonar la idea porque lo que en realidad me gusta es escribir así, saltando de tema en tema, cambiando el ritmo cuando me place y no limitándome de ninguna manera.

    Eso no te servirá de nada. En algún momento creerás que eres el amo del mundo y que puedes conseguir más visitas porque te las sabes todas. Olvídate. Es una buena receta para el fracaso. Procura no caer en la trampa de las anotaciones comentando las palabras por las que llega la gente a tu bitácora. Está muy visto y honestamente, no nos interesa a ninguno. Si eso es lo mejor que se te ocurre, sal de marcha ese día y pasa de escribir.

    Ten las ideas claras. Tú eres quien escribe la bitácora. Que no te dicten los temas. A menos que seas sumiso y te va esa movida. Sigue tu línea y recuerda siempre que tú eres el jefe del cotarro. Por mi territorio ya han pasado un buen puñado de gobernantes que pretendían decirme lo que debía escribir y acabaron saliendo con el rabo entre las piernas.

    ¿Y si se me acaba la cuerda? Ahí si que no sé que decir porque no me ha pasado. Todo principio tiene un final y cuando llega, supongo que es cuestión de reconocerlo y seguir el camino. En este caso solo te queda por decididr lo que quieres hacer con el legado. Puedes dejar la bitácora ahí como testimonio o borrarla, que al fin y al cabo, tú has sido el creador.

  • Tulipanes rojos en el Club de las 500

    27 de marzo de 2008
    Tulipanes rojos

    Tulipanes rojos, originally uploaded by sulaco_rm.

    Cuando miras un grupo de tulipanes rojos siempre tienes la sensación de no poder procesar toda la información con tus ojos. Su color es muy intenso. Hoy damos la bienvenida al Club de las 500 a estos Tulipanes rojos que vimos por primera vez hace un par de años.

  • Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera – Segunda parte

    26 de marzo de 2008

    En Breve, incompleta y sesgada historia de la Blogosfera – Primera parte está el comienzo de este repaso.

    Todo tiene un comienzo

    Hay una serie de fases que marcaron la creación de Distorsiones. Yo he escrito desde siempre, es algo tan básico y natural como puede ser para otras personas escuchar música, leer libros, ver partidos de fútbol o practicar cualquier deporte. En ocasiones dejaba que los amigos y conocidos leyeran esos escritos y en otras esas libretas acabaron desapareciendo. Cuando ya estaba convencido que emigraría y me marcharía de España comencé a preparar la forma en la que me comunicaría con los amigos y elegí el formato de lista de distribución, más que nada porque permitía agregar y borrar gente fácilmente y los mensajes quedaban almacenados en un lugar central. Mi lista se llamó Distorsiones porque siempre he sido consciente que todos alteramos la realidad. Una vez salí de España y comencé a trabajar en una multinacional en Holanda los mensajes nacieron solos. En ellos hablaba sobre lo que veía, la gente que conocía, lo que hacíamos, siempre con un tono desenfadado y curioso, sorprendiéndome con las extrañas costumbres que encontré en el país que me adoptó. La lista de distribución alcanzaba a familia y amigos y tenía una frecuencia irregular.

    En el año 2001 encontré las primeras bitácoras, sitios que al contrario que las antiguas páginas web, tenían una actualización regular y no eran colecciones de archivos. Enseguida me enganché a este nuevo formato y comencé a experimentar y buscar los límites. En el año 2002, con mi primera cámara de fotos digital, llegó el dominio Distorsiones, el cual inicialmente apuntaba a una cuenta gratuita creada en iespana en la que colgaba los álbumes. Simultáneamente, comenzaba a poner cosillas en blogger y tras enormes quebraderos de cabeza logré que tanto la bitácora como las fotos acabaran bajo el paraguas de Distorsiones. De esa época aún queda algo en Blogger en dos lugares distintos. No parece que haya pasado tanto tiempo, solo seis años, pero en realidad es toda una vida en la Red.

    Mientras sucedía esto, yo devoraba lugares, que surgían amparados por el anonimato, duraban unas semanas o meses y desaparecían tal cual habían llegado. Eran tiempos de un caos absoluto, de efervescencia y diversión sin límites. Todos los que estábamos en ello sabíamos que se cocía algo grande y queríamos formar parte de ello.

    La Edad de Oro

    Si no estuviste en la blogosfera entre los años 2003 y 2004 no has vivido nada y da igual lo que yo u otros te podamos contar, aquellos sí que fueron unos años maravillosos. Cada día surgía alguna lista de los más de lo más y la gente se mataba por estar en ellas. La más absurda, estúpida y falseada de todas era la que se basaba en el número de enlaces que apuntaban hacia un lugar y que mantenían los de bitácoraspuntocom. Recuerdo como algunos dejaban comentarios en mi bitácora tratando que te convirtieras en su más mejor amigo y los enlazaras y otros ni siquiera se recataban a la hora de pedírtelo. Tenías que ser alguien en este mundillo y para ello valía todo. Supongo que no todos tenemos una vida. Yo me divertía con mi página y lo veía como un entretenimiento mientras para otros aquello parecía ser una religión. Los intercambios de enlaces estaban a la orden del día, la comprobación de las estadísticas de las bitácoras se convertía en una OCD (desorden obsesivo-compulsivo) y los bandos nacían, engordaban y morían con gran facilidad. La distancia del amor más ciego al odio más rastrero podía estar en una anotación o en un simple comentario. Los portales de bitácoras se ponían medallas día tras día y se proclamaban campeones de alguna guerra que nadie sabía muy bien por qué existía. Teníamos bitacoras.com y bitacoras.net, estaba blogia, zonalibre, blogger y muchos otros lugares. En casi todos tenías algún tipo de límite en el tamaño, número de anotaciones y demás y la gente cambiaba su reino de lugar de la noche a la mañana. Bastaba una caída de servidor para que desertaran unas decenas, despotricando por esa imperdonable ausencia de la red que seguramente les había causado daños cerebrales de terrible magnitud. Entre los bichos que circulaban predominaban los lamers, lameculos profesionales que besaban el trasero de los autores favoritos. Y si hay alguien que reinó en ese periodo sin ninguna duda, ese fue Borjamari, el azote de las bitácoras, el juez supremo, capaz de destruir o coronar a una persona con un puñado de estrellas y un par de párrafos contundentes. No eras nadie si él no hablaba de ti y cuando lo hacía, tu vida se podía volver un infierno porque a esas alturas, nada existía fuera el mundo bitacoril. Estábamos inmersos en una anomalía de espacio-tiempo que muchos llegaban a creerse y algunos no conseguían superar. Yo nunca conseguí que el gran Borjamari hablara de mi página, me iré a la tumba con todo ese resentimiento acumulado a lo largo de meses y meses de mirar su página ciento treinta y una veces cada día para ver si el milagro se había obrado. Te ponía estrellas, o te estrellaba según se mire. Además tenía una especie de barómetro con lugares que según él subían o bajaban. Las trifulcas por sus opiniones eran de película, la gente desplegaba sus más rastreros instintos y decían de todo. Los comentarios en esas batallas eran mucho mejores que las anotaciones que los provocaban. Su página fue hackeada en varias ocasiones y tuvo que quitar los comentarios porque eran como un patio de verduleras en el que las amenazas de muerte se sucedían una tras otra.

    De todas esas bitácoras, mi favorita siempre fue Priscila con su Calumnia que algo queda. Fue y será el mejor entretenimiento que he leído en mi vida. Era lo más. Otros lugares que me encantaban eran SANCHIGUARRO: Los Colonos del Páramo, Hasta las pelotas y el diario de una mujer gorda. Todos estos lugares son historia y ya hace mucho que dejaron de actualizarse o incluso de existir. También de esta época son las primeras COPITÁCORAS, lugares creados por algún ser gris y desgraciado carente de imaginación y que se limitaba a copiar a otros sin respetar su obra. Varios de ellos evolucionaron hacia las bitácoras temáticas que algunos visitan con tanta frecuencia hoy en día. Algo que resultaba fascinante de esta época de Oro eran las amenazas de abandono por parte de algunos autores. Cuando alguien quería llamar la atención amenazaba con dejar de escribir la bitácora. Inmediatamente surgía una corriente de comentarios para que el autor reconsiderara su postura y tras un tiempo prudencial y que dependía fundamentalmente del número de comentarios, anunciaba que se debía a su público y volvía al tajo hasta volver a amenazar con dejarlo unas semanas o meses más tarde. Era maravilloso.

    Tras la tormenta llega la calma

    La blogosfera creció y creció y muchos se hundieron. bitacoraspuntonet desapareció, hubo una diáspora de bitacoraspuntocom y zonalibre también se fue al garete. Ninguna pudo con el crecimiento imparable del número de sitios, supongo que porque no había un buen plan de negocios que las sustentara y los primos adinerados como google nunca llegaron. Algunas de las compañías dominantes en España abrieron sus chiringuitos, que después del ruido inicial han acabado sin pena ni gloria. En el año 2005 de mi particular historia cancelé por primera vez mi suscripción al contenido sindicado de una bitácora. Se trató de microsiervos y tuvo que ver con la sensación de repetición que tenía al leer lo que publicaban. Se les acabó la chispa y aunque son uno de los lugares de más éxito en español, nunca más volví a engancharme. Pronto siguieron otros. La primera vez es siempre la más difícil. Uno se crea un vínculo con esos sitios y aunque sabes que ya no te gusta, la inercia te impide dejarlos. Incluso el sagrado Borjamari acabó por convertirse en una sombra de si mismo y es una pena, porque gracias a su dedo acusador descubrí un montón de sitios interesantes y ahora añoro ese faro que nos iluminaba lugares nuevos e interesantes.

    Con la explosión del número de bitácoras los medios de comunicación se fijaron en ellas y algunos imitaron el formato dentro de su territorio. De esta nueva época, lo más patético es el concurso de 20minutos. Cada edición ha sido más lamentable que la anterior y por ganar, algunos están dispuestos a cualquier cosa. En estos años también llegaron los spaces del gran ogro del mundo del software, unas bitácoras para descerebrados y asimilados de las que no se puede decir mucho.

    Cada bitácora tiene su ciclo y ahora es normal descubrir un sitio, leerlo durante su corta (o larga) vida y verlo desaparecer sin pena ni gloria. No pasa nada cuando se extinguen. El mundo sigue girando, al final del mes te ingresan la nómina, los políticos siguen robando y esta es quizás la grandeza del mundo, que las bitácoras no son la panacea universal que algunos quieren hacernos creer.

    ¿Qué leo hoy en día? Si miras en las barras laterales lo descubrirás. No hay ni COPITÁCORAS ni REPLITÁCORAS, siendo estas últimas esas que repiten hasta el infinito las noticias tecnológicas, de música o juegos y que se copian unas a otras enlazándose para respetar las licencias Creative Commons que sirven de tan poco. Hace seis años me fascinaban los sitios originales, aquellos en los que sus autores abrían las puertas de un mundo particular y hoy en día sigo disfrutando con el mismo tipo de lugares.

    Mi bitácora, Distorsiones, continúa su inseguro camino, explorando territorios de sobra conocidos, buscando la complicidad de un puñado de fieles seguidores y recibiendo cada día unos miles de nuevos visitantes que pasan, miran y se van para no volver jamás. Y espero que continúe así por mucho tiempo.

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