El relato del viaje comenzó en Vueling voy, Vueling vengo.
Aunque estoy en una fase perezosa y no me apetece escribir, vamos a centrarnos en el asunto y comenzar el relato del viaje a Barcelona en febrero del 2007. Algunos comentaristas de corta memoria piensan que la ciudad no me gustó porque no escribí inmediatamente después de volver y se olvidan que nunca lo hago, que dejo que se asienten los recuerdos y que el lugar que visito tome forma en mi cabeza.
Estuve en Barcelona cuatro días y en general fue tiempo más que suficiente para ver la ciudad sin visitar muchos museos y aún pudimos hacer una excursión al Monasterio de Monserrat. Podríamos haber empleado ese día en ver algunas otras cosas de la ciudad pero nos apetecía ir a ese monasterio y pasar unas horas en el lugar.
Si estás pensando en ir a Barcelona lo primero que has de saber es que es una ciudad cara, donde te sacan dinero por todo y prácticamente ninguna atracción es gratis. Me pareció más cara que Berlín, tanto en alojamiento como en comida o precio de los lugares turísticos. Me sorprendió porque España tiene fama de ser un lugar barato pero Barcelona definitivamente no lo es. Aún así merece la pena ir a verla. Es una ciudad que no parece española, con un diseño elegante y en donde se nota la mano de grandes artistas que han ayudado a darle forma.
Como teníamos cuatro días completos opté por un par de días viendo la ciudad, el tercero en Monserrat y el cuarto y último de nuevo en la ciudad. Comenzamos la mañana del viernes a las nueve de la mañana. Yo había llegado de Holanda por la noche y mis padres llegaron por la tarde. Nos encontramos y nos fuimos a desayunar a una cafetería en la plaza de Cataluña, muy cerca del hostal en el que nos quedamos.
Ya en el desayuno me llamó la atención que la camarera llamara un bikini a un sandwich mixto. No lo había oído antes. Igual es algo muy popular en la península aunque tampoco recuerdo haberlo oído jamás en ningún programa de televisión. En fin. Después del desayuno nos fuimos a comprar billetes para el Barcelona Bus Turístic y elegimos el billete de dos días que cuesta 23 euros por cabeza. En temporada baja hay dos líneas (Norte y Sur) y si vas a partir de Abril hay una tercera línea que te lleva a la zona del Foro. Los autobuses pasan muy a menudo y te llevan a los puntos principales. Lo malo es que la parte superior está siempre llena y tienes que ir en la parte de abajo y ahí no se pueden hacer fotografías. Para el primer día habíamos decidido hacernos la ruta Norte y comenzamos parándonos en la Pedrera en el Paseo de Gracia. La Casa Milà fue construida entre 1906 y 1910 y su fachada de piedra simula olas de mar con unos balcones preciosos y una azotea alucinante. El impuesto revolucionario es de 7.20 euros con los talones de descuento que te dan al usar el autobús turístico. Al llegar temprano no había cola y entramos enseguida. Hay un patio interior precioso y después subes a la última planta en ascensor. Todo está muy bien organizado y con una chocha en la puerta del ascensor, otra en la escalera y varias más repartidas por el lugar.
Primero visitamos el Espacio Gaudí, una exposición ubicada en el desván del edificio en una sala llena de arcos que crean un efecto mágico. Solo con esa planta me enamoré de Gaudí y su obra. Es una preciosidad pero nada comparable con la azotea, una auténtica belleza llena de formas insólitas y motivos escultóricos. Había muchas formas creadas con piezas de cerámica rotas y todas son bellísimas. La azotea tiene unas bonitas vistas pero lo mejor está en su interior, ver la disposición de los espacios, el mimo con el que se cuidaron los rincones. Aún no puedo creerme que ese hombre hiciera eso en la azotea de un edificio, un lugar habitualmente tenebroso y lúgubre al que se va para tender la ropa y poco más. Todo el edificio parece vibrar y conducirte hacia ese lugar. Estuvimos un rato allí y después bajamos al Piso de la Pedrera situado en la cuarta planta. Supongo que era una casa de gente de clase media-alta, un piso enorme para lo que se estila hoy en día. Lo han decorado con mobiliario de la época y la verdad es que está muy chulo. Todo el interior del edificio tenía un montón de detalles que diseñó Gaudí que lo hacen único, con una carpintería absolutamente increíble y unos suelos preciosos. Esa casa es puro diseño.
Después de acabar la visita salimos a esperar el Bus Turístic y mientras estábamos en la parada haciendo cola se acercaron por detrás tres hijos de puta como para robar a alguien pero en ese momento llegó el autobús, el chófer los vio y salió corriendo detrás de ellos con una barra de hierro. No eran españoles, yo diría que rumanos y definitivamente unos hijosdeputa. Subimos a la guagua y fuimos a nuestra siguiente parada, la Sagrada Familia.
La Iglesia católica tiene unos conceptos soberbios. Te sablean siete euros para entrar y en el ticket que te dan dice que El importe es un donativo para la construcción. He buscado la palabra donativo en el RAE y se define como Dádiva, regalo, cesión, especialmente con fines benéficos o humanitarios. Si tenemos en cuenta que te obligan a pagar, eso de donativo no tiene nada. Para más Inri, en el precio no está incluido el ascensor de subida a una de las torres el cual son otros dos euros y hay una cola de un par de horas. El templo está en construcción, literalmente. Cuando esté terminada será posiblemente la iglesia más bella del mundo y el sueño de cualquier Dios en la tierra. Es una preciosidad por cualquiera de sus rincones y espero poder verla terminada y entrar gratuitamente. En su sótano hay una maqueta de como quedará y se ve que aún les queda trabajo por hacer. Decidimos no subir a la torre por el tiempo de espera y después de nuestra visita al recinto seguimos la ruta hacia el Parque Güell.
Ese parque estuvo recientemente en las noticias porque un hijoputa punk destrozó una figura de un dragón que está a la entrada. Espero que le rompan el culo a ese cabrón en la cárcel y que lo infecten con lepra, sida y almorranas. Era nuestra tercera parada en un lugar diseñado pro Gaudí, un parque precioso en el que está la casa-museo del arquitecto. El dragón lo tenían cubierto con unas redes y un hombre trabajaba restaurándolo mientras los turistas hacían fotos por todos lados y una multitud llenaba el lugar. Desde donde te deja el autobús hasta la entrada del parque hay una buena cuesta y mi padre se quejó un poco pero al final subió porque sabe que si no lo dejo atrás.
Después de la visita al parque yo quería subir al Tibidabo pero no hubo suerte ninguna. El Tranvía Azul no funcionaba por ser temporada baja y tomamos una guagua que nos llevó arriba pero el funicular también estaba cerrado y no pudimos llegar al final. Me conformé con hacer un par de fotos de la ciudad desde allí y tuvimos que volver a bajar. Espero que en mi próxima visita haya suerte y pueda subir. Tras este fracaso era la hora de comer y fuimos a Sarrià, un barrio que antiguamente era un municipio independiente. Estuvimos en el núcleo antiguo, una zona peatonal con el mercado, la iglesia y la sede del ayuntamiento. En la plaza había una feria de libros y por las calles se encontraban un montón de pastelerías, algo impresionante. El festival de aromas era de los que se recuerdan toda la vida. Encontramos un pequeño lugar para comer y almorzamos el menú del día.
Desde allí seguimos hacia el Palacio Real, un edificio que se construyó para Alfonso XIII y que está en la zona Universitaria. Tiene unos jardines que merece la pena ver y como el día se prestaba estuvimos allí descansando el almuerzo y escuchando a un montón de pájaros exóticos que se escondían entre las ramas de los árboles. Cerquita estaban los pabellones de la finca Güell con una verja de hierro preciosa.
Al seguir la ruta pasamos junto al Camp Nou pero no nos bajamos del autobús porque la verdad, lo de ver un estadio no es mi fuerte, aunque supongo que habrá gente que allí se encontrará como a las puertas del cielo. Nosotros seguimos hasta Francesc Macià, en la Diagonal, una plaza en plena zona comercial y desde la que se llega a los jardines del Turó Park, un rincón precioso a cuya entrada hay una estatua de Pau Casals. Después de recoger la zona durante un rato volvimos a la guagua y terminamos la ruta cerrando el círculo en la Plaza de Cataluña. Descansamos un par de horas y por la tarde bajamos paseando por la Rambla, lo mejor de la ciudad sin lugar a dudas. De día, de noche, de madrugada, siempre hay un montón de gente por la Rambla. Visitamos el Mercado de la Boquería y lo flipamos con los embutidos y la variedad que hay en dicho mercado. La Rambla merece perderte por el lugar un par de horas y ver a la gente, observarlos mientras se mueven sin rumbo fijo. A los lados está lleno de panolis haciendo de estatuas que se mueven cuando algún retardado les pone dinero. Me guardo mi opinión sobre esa escoria del universo para otra ocasión. Al llegar al final de la Rambla nos encontramos con Cristóbal Colón en la Plaza del Portal de la Pau y desde ahí fuimos hacia la Iglesia de la Mercè y alrededores. Tras deambular por la zona durante un rato encontramos un sitio para cenar y así concluyó nuestro primer día en Barcelona.
El relato continúa en Barcelona – Segundo día y Gaudí es lo máximo.
Technorati Tags: viajes, Barcelona, España