Este debe ser el drama que ha tardado más tiempo en resolverse en mi vida en los últimos años y no fue hasta este sábado sobre las diez de la mañana que se solucionó el problema, que comenzó en algún momento después de la pandemia suciolista, truscolana y podemita. Un día de verano, sabiendo que iba a hacer calor y el sol pegaría en la ventana de la fachada delantera a conciencia, bajé el toldo desde el interior, que tiene un motor y no hay que darle a la manivela como hacía la gente en la Edad de Piedra. Por la tarde, cuando fui a recogerlo, falló. Volvió a fallar. Siguió fallando. Insistió en fallar. Se empecinó en fallar. Bajaba pero no subía sino un pelín, recogía como un centímetro del toldo y se paraba. Me pegué media hora o más dándole toques al interruptor para ir recogiendo el toldo, poquito a poquito hasta que lo logré. Le comenté el problema a mi vecino, que me dijo que seguro que es porque no tengo ni puta idea de como funcionan esos aparatos, vino a mi keli, lo bajó y después nos pegamos otra media hora o más cerrándolo y su conclusión fue que estaba roto, algo que yo le había dicho desde el principio. El toldo lo debía tener desde hacía al menos diez años y, por más que miré, no encontré la factura y no tenía ni puta idea de dónde lo compré porque fue a través de un chamo que tenía un primo que trabajaba en una empresa de venta de toldos y me lo vendió e instalaron entre los dos y blah blah blah.
Opté por buscar una empresa y que me lo repararan, pero todas las compañías a las que llamé o escribí, me informaban que solo reparaban los que han vendido ellos y que me comprara uno nuevo. El tiempo pasaba y yo empecé a trabajar en la multinacional del país del sol caguiente en la que laburo. Un mes después de que yo entré, contrataron a un gallego que emigró a los Países Bajos con siete años y vive aquí desde entonces y ahora está en los sesenta y pico. Como trabaja en la parte de calidad de los robots, que también tienen este tipo de motores, le pregunté si sabía de alguien que podía mirar el mío o al menos, cómo sacarlo para comprar otro y se ofreció a venir a mi keli.
Apalabramos la cita y dos semanas antes, volviendo de laburar a su keli en su motocicleta, la carretera tenía aceite en algún punto y se hostió y estuvo de baja unos meses y ya se chafó el plan por la temporada. En la siguiente primavera, volvemos a hablar del tema, volvemos a hacer planes, se acerca el día y el chamo se cae por la escalera de su keli, de nuevo baja y se vuelve a chafar el plan. Otro año perdido. Llegamos al tercer intento, la tercera primavera, tenemos los planes, tenemos el día y una semana antes, mientras iba al laburo con su bicicleta eléctrica, un jodeputa-moro-de-mielda que conducía un coche de reparto de la compra mientras miraba su telefonino por las calles de la ciudad de Bolduque, no lo vio al entrar en una calle porque no estaba mirando a la susodicha y lo atropelló y de nuevo, de baja, convalecencia y todo lo demás y no pudo venir a mi keli. Eso pasó el año pasado y el hombre todavía trabaja solo unas horas al día y le duele un montón una pierna.
Yo a esas alturas ya había elaborado una teoría porque al parecer, mi Ángel de la Guarda, está trabajando últimamente intentando respetar la ley del equilibrio y como está haciendo un trabajo excelente en la mayor parte de los temas, con este como que ha decidido que no va a intervenir o no se lleva bien con el Ángel de la Guarda del gallego y todo ha salido mal y hasta peor.
Llegamos al 2026 y de nuevo, hablamos de hacerlo y yo ya empecé a rezar porque estaba clarísimo de que la probabilidad de que un meteorito le cayera al gallego es muy alta y después de volver de las Maldivas y de mi viaje a España fijamos un día, que cayó en medio de una ola de caló mortal de necesidad y decidimos postponerlo porque o empezábamos a las cinco de la mañana con veinte grados, o nos moriríamos. En el segundo intento, que fue hace dos semanas, el hombre sí que vino y hasta desmontó el toldo, algo que observé con muchísima atención porque ya sé que en el futuro lo tendré que hacer yo. Al final sacó el motor y se lo llevó y la semana siguiente, cuando lo vi, que nos sentamos juntos, me dijo que debería comprar un condensador nuevo, lo cual hice y me llegó unos días más tarde, así que se lo llevé a la chamba y además desmonté la parte que había quedado del motor en el toldo y lo traje todo conmigo y el lunes de la semana pasada, lo probó y nos quedó clarito como la luz que no se escapa de un agujero negro de que el motor está roto y el mentado ya no se vende porque ya no lo hacen, así que le pregunté al cháYiPiTí y me dio la nueva versión de ese motor del mismo fabricante, que es alemán y además me sugirió que podía comprar alternativas del chino kudeiro mucho más baratas y que quizás hasta funcionarían, pero opté por la marca alemana, que tiene muy buena fama. Lo busqué entre los vendedores y distribuidores del centro de Europa y al final lo encontré en una empresa que vende en varios países, lo compré y decían que las cosas se envían en cuarenta y ocho horas, así que supuse que lo mandarían el miércoles de esa semana y yo igual lo tendría el viernes, pero no, mi Ángel de la Guarda por fin intervino y 30 minutos después de comprarlo ya tenía un número de seguimiento para la empresa de mensajería, que supuestamente lo entregaría el miércoles y que al final lo llevaron a mi keli el martes al mediodía. El jueves me lo traje conmigo y le montamos las partes para mover el toldo, que al ser totalmente compatible eran las mismas y quedamos para instalarlo el sábado por la mañana.
Una pequeña inconveniencia, que no problema, fue que cuando pusieron el toldo original, el cable lo entraron en mi keli haciendo un agujero muy cerca de la ventana y cuando cambié las ventanas y sus marcos, el agujero quedó cubierto por la nueva ventana y no se podía sacar el cable, así que tuvimos que hacer un agujero nuevo en la pared desde la calle. Después metimos el motor en el toldo, pusimos el toldo de nuevo en su sitio, finalmente metimos el cable por el agujero, se conectó todo dentro y, MILAGRO, comenzó a funcionar. Cuatro años de drama llegaron a su fin, mi toldo luce espectacular y esplendoroso y esta misma semana, con la mini ola de caló que tenemos ya lo estoy usando a destajo y protegiendo la ventana de los rayos malignos del sol.

Ahora ya sé montar y desmontar toldos, cambiar motores eléctricos de los susodichos y hasta hacer diagnósticos. El precio del motor fue de ciento sesenta y ocho leuros y un toldo eléctrico nuevo cuesta entre mil y dos mil seiscientos leuros, con lo que me he ahorrado un pastizal. El motor tiene freno electrónico y por eso valía más caro. Sin eso, se te puede quedar en ciento veinte leuros, pero como te olvides de parar en el momento adecuado, arrancas el toldo al completo y la gracia ya sabemos lo que te puede costar.
En las fotos se puede ver el toldo y hasta mi abedul llorón podado con su clásica forma de paraguas que tanto admira la gente. Fuera de la foto, a la izquierda, le ha salido un hijo que estoy meditando transplantar en otoño o en invierno a la parte trasera para ponerlo allí y que me de sombra, o eso, o me compro algún otro árbol de sombra.




