Llegamos al final de los vídeos de la inmersión en el pecio del Cermona II. La imagen del vídeo es de roncadores en el pecio. La música que acompaña este vídeo es la canción Try de Natasha Bedingfield.
Comienza mientras avanzamos junto al motor y hay un montón de peces trompeta y alguna fula y viejas. La cantidad de peces trompetas allí es estremecedora, aquella es la capital de la isla para estos peces, han adoptado el pecio como su reino. Sobre el minuto y medio hay una morena, pero la japuta estaba muy bien escondida. Después de eso tenemos el banco de roncadores moviéndose como un rebaño por la zona y entre ellos alguna vieja y algún abade, que no pasan desapercibidos. Sobre los dos minutos y medio vemos una morena picopato primero y una morena negra después y con ellas acabamos.
El día antes de regresar a los Países Bajos, la caló comenzaba a atacar Gran Canaria y el plan era hacer una ruta caminando con un amigo. Como es un güevón, aunque le pedí en varias ocasiones durante la semana que organizara algo, que al fin y al cabo, estoy en su territorio y yo soy el turista, pasaba ampliamente de mí, así que el jueves, mientras tomaba el sol en la playa de las Canteras por la tarde, decidí charlar con el ChatYíPíTí y le pregunté que por qué parte de la isla de Gran Canaria y basándose en la previsión meteorológica se podía ir a caminar ese sábado sin que nos pillara la caló. El programa me dijo que el noroeste de la isla de Gran Canaria iba a ser la zona con temperaturas menos calurosas o Tamadaba, que según el programa, como hay bosques de pinos, allí hay sombra, aunque yo más bien pensaba que también hay incendios. Le dije que se olvidara de Tamadaba y que se centrara en el noroeste y que quería caminar pegado al mar para disfrutar de la brisa marina que sale debajo del fondo del agua del mar. Me soltó un rollo larguísimo de lo buenísima que era mi idea y blah blah blah y le dije que dejara de dorarme la píldora y buscara alguna ruta de entre 15 y 25 kilómetros en el noroeste, pegada al mar y lo hizo, pero no encontró ninguna circular así que me sugirió una ruta saliendo de Gáldar hasta Agaete de veintiún kilómetros que al no ser circular, o íbamos con transporte público o dejábamos el carro que no han robado de mi amigo en la salida o en el destino y finalmente optamos por esta segunda opción, poniéndolo en la salida, en Gáldar, cerca de la estación de autobuses. Mi último requisito es que yo no quería que el ChatYíPíTí nos la metiera doblada o sin doblar y le dije que la ruta tenía que ser real como la vida misma y a ser posible, una de güiquiloc, que es el sitio en el que mi amigo siempre las busca, así que la inteligencia artificial se lo curró y me mandó una ruta entre Gáldar – Agaete.
Le pasé la información al güevón de mi amigo y me dijo que le parecía una idea fastuosa y fabulosa y que ya no tenía que buscar la ruta él, con lo que al final fue la inteligencia artificial la que lo organizó todo, en un par de minutos, que no quiero que piensen que estuve ahí un par de horas dale que te pego. El sábado mi amigo quería salir tarde pero le expliqué que temprano hay menos temperatura y aunque íbamos a estar cerca del agua, los veintitrés grados y sol a piñón los teníamos seguros. Me recogió a las nueve, que es lo que él considera temprano, así que me levanté a las siete, fui a correr, me duché y fui a desayunar chocolate con churros. A las nueve me recogió y fuimos a Gáldar, que nos tomó unos veinticinco minutos y allí comenzó la caminata. La ruta nos tomó seis horas y media, aunque también es cierto que nos paramos más o menos a la mitad, unos tres cuartos de hora y que por pereza, yo no detuve el programa de seguimiento.
Saliendo de Gáldar, fuimos hacia la costa norte y después hasta el faro de Sardina, después seguimos hacia el puerto de Sardina del Norte, muy conocido en el mejor blog sin premios en castellano porque es uno de los lugares en los que buceo en Gran Canaria y desde allí seguimos hacia Agaete. O sea, que vimos la iglesia de Gáldar, dedicada a Santiago Apostol y matamoros-de-mielda, la playa de los Dos Roques, la Caleta Abajo, el mirador Juan Manzana, la playa de Sardina, la playa del Lagarto, la playa del Juncal y la cueva del Moro. La diferencia con una caminata sin calor estuvo en que tomé una cantidad ingente de agua, probablemente unos dos litros y medio, cuando en otras épocas del año con medio litro de agua voy bien. Durante el camino hice un montón de fotos y el resumen visual lo tenemos aquí:
También tenemos la ruta en el mapa, según mi pulsera super-hiper-mega inteligente y el programa que va registrando el progreso y eso lo tenemos aquí:
En otros años no hemos podido ir a caminar en verano porque nos ha pillado mucho calor, así que tuvimos suerte y yo tuve muchísima más suerte porque la isla ahora mismo es un horno a pleno rendimiento.
Seguimos con la inmersión en el pecio del Cermona II y esta es la segunda parte. La música que acompaña este vídeo es la canción Sweet Dreams (Are Made of This) en versión pachanguera y cinematográfica de Sebastian Böhm.
Estamos en el pecio viendo lo que queda y siempre rodeados de peces trompeta y salmonetes, que por alguna razón les gusta mucho el lugar. Después del medio minuto vemos los roncadores, que estaban dentro del pecio indiferentes a nuestra presencia. Pasado el minuto y medio tenemos una morena picopato escondida entre el pecio y las rocas. El vídeo acaba yendo al lugar en el que estaban escondidos una cantidad ingente de peces trompeta.
Después de bucear y ver el Caballito de mar y angelotes para la cuatrocientas, se supone que dos días después iba a la segunda, pero cambió el mar y cambiaron las circunstancias de la vida y al final opté por ir el viernes a la playa del Cabrón y de nuevo venía la japonesa y otro pavo al que no conocía. El Cabrón es espectacular, pero tiene la entrada y la salida más chungas de la historia del universo conocido y por conocer, sobre una plataforma de rocas lisas y muy resbaladizas que dependiendo de la marea se convierten en una pesadilla porque los buceadores vamos con todo el equipo hacia el agua o saliendo de la misma y allí las hostias abundan, por lo que en muchas ocasiones evito ese lugar de inmersión solo por las pesadillas de las entradas y salidas.
Cuando llegamos un chamo que salía del agua nos dijo que justo al entrar, en una especie de piscina natural abierta, había un cardumen de longorones, que forman una bola gigantesca y que yo había visto en una ocasión por la playa de Tufia, algo que tan recientemente como hace dos semanas estuvimos viendo en el mejor blog sin premios en castellano. Así que hay buceadores que jamás han visto eso y yo parece que iba a por la segunda. Los longorones es lo que en otros lugares conocen como boquerones y en otros más como anchoas.
Entramos todos al agua, nos sumergimos y directamente delante de nosotros, como una nube, una bola gigantesca de longorones, una cosa flipante y que convertiría una inmersión en perfecta, pero es que cuando la dejamos atrás nos encontramos, no con una, ni dos, ni tres, sino con SIETE mantelinas o rayas mariposa, algo prácticamente milagroso. Esta especie está en peligro altísimo de extinción en gran parte del mundo y por las Canarias están viviendo un renacer. Estaban todas enterradas y conseguimos que ninguna se marchara. Fue mágico. Después vimos una sepia también enterrada, que es algo que no había visto nunca antes, ni sabía que las sepias se pueden enterrar y cubrir de tierra para descansar. Después, en un hueco en las rocas vimos un murión, una morena marrón muy bonita y tenía un camarón limpiador y la pude ver muy bien. En la ruta nos cruzamos con abades, una morena negra, anémonas, cangrejos araña y hasta un grupo de bonitos que parecían estar cazando. Fue alucinante.
Después del descanso volvimos a entrar y en la segunda inmersión vimos tres morenas picopato al completo, una de ellas en una cueva que husmeamos y la morena estaba en el fondo arenoso. Fue flipante. También vimos un montón de abades, cabrillas y una vaquita que se puso como a juguetear conmigo y hasta otra mantelina, unas cuantas tilodinas, que son unos caracoles amarillos pequeñitos que se comen las esponjas y en la cueva había una catalufa, que no es truscolana y dos peces candil colorado. Fue también alucinante y entre las dos, dos inmersiones fabulosas.
La segunda salida, ya con la marea llenando, fue una pesadilla, pero valió la pena.
En el documento anterior espeluznante y mirando de abajo a arriba tenemos la bola de longorones por delante de nosotros, a unos tres metros de profundidad, por encima vemos una morena picopato y a su derecha una vaquita o cabrilla pintada y encima del todo, el murión con su camarón encima.
La cuenta total de inmesiones se pone en 403.
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