
Hablando de documentales super-hiper-mega especiales, el de hoy es uno de esos y hasta donde yo he podido ver, la cadena nacional de multicines solo lo estrenó en los de Ámsterdam, que fue donde yo lo vi. El tema es muy local y seguramente por eso ni se molestaron con otros lugares del país y aunque yo no nací aquí, tengo que decir que la historia que cuentan es muy interesante y a mí particularmente me gustó. El documental se titula Het hart van Amsterdam y es poco probable que se vea fuera de las fronteras de este país, ni siquiera con un título muy comercial como truscoluña no es nación.
Unos julays que son familia del Güaca viven y mueren en Ámsterdam.
Durante cuarenta años, un par de panolis grabaron y documentaron todas las movidas con el penoze de Ámsterdam, que la palabrota esa implica las organizaciones criminales de origen neerlandés. Consiguieron entrevistar a prácticamente todo el mundo y los vemos con sus familias, en las calles de su barrio y hasta con los picoletos. Todas esas organizaciones criminales, que se concentraban en casinos, venta de drogas no duras y prostitución más o menos se fueron al traste y los morangos-de-mielda, los colombianos, los turcos y los del este de Europa los sustituyeron.
Como esto eran un par de chamos que se montaron su proyecto, la calidad del producto no es cinematográfica y sobre todo lo que grabaron en los años ochenta era con cámaras de vídeo que ahora muestran su falta de calidad, pero aún así, el documental nos muestra las diferentes organizaciones criminales, sus componentes, como se respetaban unos a otros y también como controlaban y ayudaban a la gente en sus barrios. También vemos como la poli evitaba meterse en problemas con ellos. Vemos a padres, hijos, nietos, a lo largo de décadas y como las decisiones de unos afectaban a otros. Por supuesto, con criminales de por medio, hay muertes de vez en cuando y hasta vemos algunos entierros, incluyendo el del que se consideraba el rey del crimen en Ámsterdam y que cuando murió, la comitiva funeral incluía diecisiete limusinas blancas, que eran todas las que había en este país. Los chamos perdieron el interés y se quedaron sin dinero y para acabar el documental hubo una de esas colectas onDEline que les permitió hacer las últimas entrevistas, llegar a las conclusiones y acabar con esta pieza de la historia del barrio alrededor del Nieuwemarkt en Ámsterdam.
Absolutamente prohibida y vetada para los miembros del Clan de los Orcos. No creo que interese tampoco a los sub-intelectuales con GafaPasta. Muy interesante.



