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  • Tú no insistas

    23 de septiembre de 2026

    No han pasado ni siquiera seis meses completos desde que conté algo En la panocha y hoy tengo algo relacionado. Resulta que en el mismo edificio que la del relato anterior, que es básicamente adonde solemos ir con más frecuencia, hay una señora que viene todas las mañanas a las ocho y limpia las oficinas y los baños los días laborables durante tres horas. La mujer, ya mayor, es encantadora y siempre nos saluda y charla un poco con nosotros y cuando llevo Magdalenas del carajo, mi receta, siempre le doy alguna. Hace dos semanas, justo el día en que yo regresé a la chamba después de pasar una semana en Gran Canaria, uno de mis compañeros se la encontró llorando en un despacho vacío, como amargada. Cuando le preguntó, le contó que a su marido le habían informado ese mismo fin de semana que tenía un cáncer en estado avanzadísimo y que le quedaban dos ratos, quizás tres, pero no más de unas pocas semanas.

    Lo primero que nos asombró y escandalizó es que la mujer estuviese laburando. Si te dan esa noticia, te quedas en tu keli, llamas e informas que no puedes ir a trabajar. Resultó que tenían unas vacaciones programadas para la semana siguiente. Un par de compañeros la calmaron, hablaron con ella y la mandaron para su keli. Por la historia que ella contó, es el típico drama neerlandés, que aquí la gente parece que tiene aversión a los doctores. Resultó que ya hace tiempo que el marido tenía dolores y se sentía mal, pero claro, es un macho neerlandés y no está hecho de azúcar, que es una frase típica en este país para especificar que no son debiluchos, así que apechugó como un machote y cuando consideró que había apechugado bastante, llamó a su médico de familia y la asistente le dijo que tomara dos veces al día paracetamol y un vaso de agua, que eso seguro que lo cura y que si le seguía doliendo en una semana, que llamara para darle hora para una cita. Pasó la semana y llamó e hizo la cita, habló con el médico y el médico, sin tocarlo, le sugirió que tomara una dosis más fuerte de paracetamol, con muchos vasos de agua, que eso es muy importante y que seguro que se le quitaba. Pasó el tiempo, no mejoraba, volvió al médico, habló con él y le mandó alguna medicina, pero de las que se compran en droguería. Nada mejoró, volvió a pasar el tiempo, regresó al médico y ahí ya le dijo que le iba a mandar antibióticos y que lo derivaría al hospital.

    La cita se la dan para unas semanas después, nada urgente, se toma los antibioticos, que le calman el dolor, llega a la cita, como él no le da mucha importancia le hacen un par de pruebas banales, llegan a un diagnóstico en base a lo único que probaron, le mandan un tratamiento y para su keli. Aunque el tratamiento lo ayudaba con el dolor, siguió empeorando así que vuelve al hospital, los médicos deciden hacer más pruebas, nuevo diagnóstico y para su keli. En la tercera visita, que fue antes de este lunes, ya le hacen un montón de pruebas, con todas las máquinas grandes e imponentes que tienen en el hospital y ahí si que descubren que el hombre tiene un cáncer que lo ha podrido por dentro, totalmente extendido, incurable y que el reloj de arena de su vida está prácticamente vacío y lo único que pueden hacer es paliar el dolor. No hay ni tiempo de eutanasia. Esto sucede con frecuencia en los Países Bajos, el país en el que la gente no está hecha de azúcar y en el que aguantar como un campeón es deporte nacional y todos y cada uno de mis amigos neerlandeses consideran que yo soy un ñanga porque yo siempre voy al médico y si no me convence, ya lo manipulo para que me mande al especialista y cuando ellos me dicen que yo soy una reinona dramática, yo les pregunto por qué cuando tienen un problema con sus ordenadores o sus telefoninos siempre vienen a mí y no los resuelven ellos y me dicen que es porque no tienen ni puta idea del tema y yo les explico que yo no estudié medicina, la asistente de mi médico tampoco y que si me pasa algo, yo quiero que sean los expertos los que lo evaluen, investiguen y lo resuelvan.

    La chama se fue para su keli, todos en la oficina asombrados y apenados y comentando el pedazo de drama de esa mujer, con un marido que se había jubilado no hacía ni un año y mi compañero gallego me dice que se lo va a contar a nuestro jefe. Yo le comento que nuestro jefe está muy pero que muy adentro del espectro, que nunca lo equiparon con el módulo de emociones humanas y que no creo que le afecte, pero él, todo ofendido me dice que seguro que tiene un montón de humanidad, así que se va a su despacho, habla con mi jefe mientras él no deja en ningún momento de teclear en su ordenador y cuando le ha contado la noticia, el otro, sin mirarlo, le dice que vale. El gallego volvió cagándose en todos los muertos de nuestro jefe y hasta cabreado conmigo porque yo ya se lo había advertido.

    Hoy, la señora le mandó un mensaje al gallego informándole que su marido murió anoche. Como trabaja para una empresa de limpieza que contrata nuestra compañía y en Europa tenemos las leyes de protección de datos, no tenemos dirección alguna para mandar una tarjeta de pésame. El gallego llama a la empresa de limpieza, concretamente llama a la jefa de la nueva viuda y la mujer le dice que obviamente no le puede suministrar la dirección por las leyes de protección de datos, que se lo preguntará a la viuda, pero que antes tiene que informar a recursos inhumanos del fallecimiento, porque casualmente esa es una empresa pequeña y el único de recursos inhumanos se cogió la mañana libre y aún no había podido informar del deceso. El gallego, que definitivamente no aprende o es masoquista, va a nuestro jefe, le dice que murió el marido de la señora y mi jefe, de nuevo tecleando, lo mira y le dice: VALE. Al gallego casi le da un infarto del empute que se cogió.

  • Guraidhoo día 4 – Kandooma Caves 3

    23 de septiembre de 2026

    Seguimos en la segunda inmersión del cuarto día en Kandooma Caves y esta es la tercera parte. En la foto del vídeo vemos una tortuga buscando papeo entre las rocas. La música que acompaña este vídeo es la canción Don’t Stop Believin’ de Journey.

    Vamos avanzando y vemos una de las cuevas abiertas y de esa pasamos a la siguiente, que son vecinitas mientras por detrás de nosotros se queda el Napoleón, que parece tener su atención en algo que ve en el fondo y lo vemos hacer una caidita. Llegando al minuto y medio tenemos de nuevo el Napoleón cerca y grande y también vemos una anémona burbuja roja, que son muy raras y están solo en un par de sitios de buceo en Guraidhoo. Sobre los dos minutos y medio tenemos un cangrejo en otra anémona, mirándome con curiosidad y después de eso el Dive Master señala algo que a menos que no pongáis el vídeo a pantalla completa no lo llegaréis a ver porque es un precio cangrejo diminuto. Seguimos moviéndonos y seguimos la ruta y pasados los tres minutos y medio encontramos la tortuga de la foto del vídeo, que parece ser una carey y no tiene interés alguno en nosotros y lo que quiere es papear y con ella acaba el vídeo.

  • El asiento ocupado

    22 de septiembre de 2026

    Hace ahora tres semanitas que en los trenes neerlandeses hay una nueva regla que ha cambiado el universo y quizás hasta el mundo y que ha tenido un gran efecto, quizás grandísimo y hasta enorme, en las pavas y específicamente, en las chorbas e influensers. Desde hace tres semanas, los asientos son para los humanos y cuando una pava bloquea el asiento al lado de ella con su bolso, lo tiene que quitar porque no está permitido. Curiosamente, ni una sola de las organizaciones feministas se ha quejado de tremendo atropello pero claro, si te paras a pensarlo, suciolistas, podemitas, truscolanas, bolleras y tortilleras malamente se ponen desodorante y son más bien callos malayos o si queremos ser comedidos y respetuosos con la comida y los habitantes de otros países, son más feas que Tizio y jamás pondrían un bolso a su lado porque una, no lo llevan y dos, con las pocas oportunidades que tienen de pillar salchicha, lo último que harían es bloquear una de sus muy escasas posibilidades. La nueva regla ha beneficiado, curiosamente, a los pavos, que antes nos teníamos que joder y quedar de pié o buscar por otro lado del tren y ahora, señalamos el objeto y si la pava no reacciona, se lo tiras o te sientas encima con tus ciento ochenta kilos y se lo apisonas. Mismamente hoy, que fui a la sede corporativa, en mi regreso tenía dos combinaciones de posibles trenes, el principal y el deseado y finalmente llegué a la estación con los sesenta segundos que necesitaba para pillar el deseado, que era un tren que salía cuatro minutos antes y me ahorraba en total diez minutos. Ese tren me lleva hasta el aeropuerto y allí, el siguiente tren, un intercity hasta Utrecht, era corto y ya en el programa de la empresa de transporte ferroviario te avisaban que iba a estar petado y quizás, hasta lleno. Como yo una vez leí un libro y tengo gafas sin cristales para aparentar que soy un sub-intelectual, me posicioné en el lugar en el que sabía que iba a haber una puerta, lo cual sucedió y entré de los primeros y al ser un tren de dos pisos, opté por el inferior y fui directo al único asiento libre en la dirección de avance, bloqueado por el bolso de una pava. La miré, moví mi mirada hacia el asiento y comencé mi maniobra de sentado y no veas la flexibilidad y agilidad que de repente adquirió la pava para quitarlo y que no se lo aplastara, que aunque yo solo peso sesenta y cinco kilos, después si se baja antes es que no me movería para que lo coja. La pava me echó una mirada de odio profundo pero por detrás de mi bajó una marabunta y otra pava había bloqueado un grupo de cuatro asientos con una maleta y le explicaron que su maleta no tenía billete y que los asientos eran para seres humanos y la chama se tuvo que joder y cargar sobre ella un montón de equipaje, poner la maleta en el pasillo y agarrarla bien para que no se le fuera corriendo con sus rueditas o se la birlaran. La chama echó miradas de odio intenso y furibundo a los dos machos que ejercieron su derecho a un asiento de tren ocupado previamente por un bulto y que según las reglas de la empresa ferroviaria, Oficialmente no está permitido colocar su bolso en el asiento de un tren. Seguramente la misma movida sucedió en los otros tres vagones del tren porque pronto escuchamos por la megafonía del tren a la revisora informando que está terminantemente prohibido poner bolsos de hembra en los asientos del tren, que están reservados para seres humanos.

    Cuando llegamos a Utrecht, empezamos todos a levantarnos porque ese era el destino de casi todos y la pava con el equipaje se vio luchando por sujetar toda la morralla que necesita para viajar mientras a su alrededor se iban todos. Después la chama decidió que ahora sí podía usar el asiento pero cuando salí y comenzó a entrar gente, que afuera esperaban cienes y cienes de pasajeros, vi que ya habían varios esperando por ella para liberar los tres asientos extra que había ocupado. Debajo de su asiento tenía espacio suficiente para poner la maleta o incluso alguno de los bolsos y sobre los asientos hay zonas para equipaje similares a las de los aviones, aunque abiertas y más pequeñas, pero no debe tener la capacidad intelectual requerida para comprender que esas zonas son para el equipaje y probablemente no se ha molestado en leer las nuevas reglas para los intercity que dicen que coloque su equipaje en los portaequipajes, debajo del asiento o entre los respaldos de los asientos.

  • Guraidhoo día 4 – Kandooma Caves 2

    22 de septiembre de 2026

    Seguimos en la segunda inmersión del cuarto día en Kandooma Caves y esta es la segunda parte. En la foto del vídeo una anémona con sus peces payaso de las Maldivas. La música que acompaña este vídeo es la canción Malo de Bebe.

    Comenzamos con el encuentro con un Napoleón cerca de nosotros. Estaba bastante relajado buscando comida. Después me acerco a la anémona con peces payaso y por detrás de los corales está el Napoleón a su bola, así que tenemos una bonita composición artística con miles y miles de pececillos naranjas, un Napoleón grandísimo y la anémona y los peces payaso. La verdad que la escena era muy bonita y estuvimos allí un rato largo, lo cual emputó bastante a los peces payaso que son muy protectores de sus anémonas. Después de eso, llegando a los tres minutos tenemos un pez león tratando de pasar desapercibido y tras eso vemos el Napoleón en el azul y con él acabamos.

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