Ayer en La telelecnología hablaba de mi relación en la intimidad con las eiais o seguramente ias en cristiano y hoy tenemos lo mismo, pero desde el punto de vista labural. En mi chamba, por las circunstancias de la vida, tenemos el kopailo, que viene a ser un hermanastro o quizás incluso un hijo ilegítimo del cháyipití, pero de la empresa del güindous y normalmente, lo usamos para cosas banales, como adecentar correos y camuflar los palos entre cientos de palabras sin valor y cosas así. Después de mis éxitos en mi keli, decidí que ya era hora de mirar a esa tecnología que dicen que nos va a robar la chamba y decidí atacar las cosas que más me tocan los mondongos por ser tareas repetitivas y que suponen una afrenta a mi intelecto. Una de esas es un tipo de certificados que me piden desde todas las organizaciones europedas y que buscarlos para enviarlos, inicialmente, cuando heredé eso de la vieja teutona que se jubiló, me tomaba literalmente horas y horas y horas. En un punto determinado y cansado de buscar por las internetes una y otra vez los mismos documentos, me creé una carpeta y los empecé a guardar en la susodicha y me instalé un programa de código abierto y gratuito que era capaz de indexar documentos PéDéeFe y usaba ese programa para encontrar los apropiados, lo cual ya me ahorraba tiempo. En una segunda fase, los amarillos del país del sol caguiente, me dieron acceso a un sistema suyo en su lengua y descubrí que ahí había un montón de información y que además, la podía exportar, así que de tapadillo, me hice con una hoja de cálculo gigantesca con más de medio millón de líneas y en la que había una cantidad brutal de información. Lo primero que hice con ella fue encontrar todos los certificados de la empresa y descargué todos los que me faltaban a mi carpeta y a partir de ese momento, si alguien me pasaba una lista de diez productos, yo iba a mi hoja de cálculo, los iba buscando uno a uno, encontraba los certificados, los copiaba a una carpeta temporal y cuando acababa la lista, mandaba todo lo que había encontrado. Pasé de horas y horas a una horita como mucho y para solicitudes de uno o dos, diez minutos o menos.
Y llegamos al día que decidí platicar con el kopailo. Le digo chico, yo tengo una carpeta con un güevo de archivos y una hoja de cálculo en la que puedes buscar, para cada producto, el archivo que me han pedido y lo ideal sería crear una carpeta, por ejemplo con la fecha y la hora, mover a la mentada los archivos, añadir un fichero de texto contando los que encontró, los que no están y qué ficheros corresponden a qué producto y así yo no me agobio. El kopailo me dijo que era una idea maravillosa y facinerosa y que eso seguro que me facilitaba la vida. Le dije que como tengo el dábelkomander, que me gustaría tener un botoncito cuco en el mismo para hacer estas peticiones y que a ser posible, lo ideal sería que yo ponga en el PortaPapeles, ese lugar mágico, la lista de productos, pulso el botón mágico y aparece una carpeta con el resultado de mi sudor labural. kopailo lo flipa y se enrala que no veas y me dice que esto lo escribe en el pagüershel en un rato y empezamos a colaborar y resolver cada uno de los problemas, platicando por el chá. Encontramos varios problemas, fundamentalmente porque mi hoja de cálculo es gigantesca y él me da soluciones y para cuando tenemos una solución operativa, puedo usar mi programita para buscar diez productos y tener el resultado incluyendo un informe espectacular en DIECISIETE segundos. 17. XVII (equis-uve-palito-palito). Es decir, hemos ido de horas y horas y horas, a un tiempo tan escaso que no te puedes ni hurgar a gusto la chopa y tirar los mocos al escritorio de la rata-sucia-y-zarrapastrosa. Decir que me quedé extasiado es quedarme corto.
Le conté la vaina a mi jefe y le expliqué que la idea es seguir explorando estos intríngulis y ver si puedo automatizar todas las tareas repetitivas y bobas y así dedicar mi precioso tiempo a las conspiraciones, las guerras y el marrullerismo, artes en las que estoy doctorado por la universidad de la Isleta. Él confirmó que le parece una buena idea, quizás buenísima.
Cuando me llega la primera solicitud, casualmente un viernes a las cuatro de la tarde, cuando ya estamos poco menos que apagando el ordenador y desde un país que les encanta hacer eso a última hora para irse a su keli sin hacer nada más porque tienen que esperar, veo la petición, copio en el portapapeles los productos, pulso el botón y diecisiete segundos más tarde tengo la respuesta, lo copio todo, lo mando y cambio el estado de la solicitud de PENDIENTE a REQUETEQUETE-RESUELTA. No ha pasado ni un minuto y me llama el chamo que la hizo para preguntar si estoy enfermo o soy pitoniso porque es literalmente I-M-P-O-S-I-B-L-E que haya hecho eso en un par de minutos y le explico que las circunstancias de la vida son así y que si estoy rodeado de haraganes y paletos, no es mi culpa si yo soy la imagen viva de la eficiencia y que se agarre bien los machos porque el futuro ya está aquí.
