Año
2005
Fin
¡Feliz 2006!
No hay nada más roñoso y miserable que el regalo que nos hace la multinacional para la que trabajo cada año por estas fechas. En años anteriores ya lo he comentado. Hasta ahora siempre se habían ceñido a fairtrade, una organización no gubernamental que compra a productores del tercer mundo productos de baja calidad a precios de primer mundo y los vende en este lado de la cadena comercial para ayudarlos a prosperar. Yo ya he defendido en años anteriores y lo repito una y otra vez que prefiero que les den todo el dinero a esos productores y nos ahorren el bochorno y la decepción que da el recibir cosas de tan mala calidad. Ejemplos, miles: el café nigeriano producía arcadas, las galletas se te enñurgaban en la garganta y no hay forma de respirar, el vinagre africano no se lo deseo ni a mi coche y lo mismo digo del aceite de color naranja y tufo a vomitos. No quiero olvidar el vino que te vuelve abstemio y las coñas vietnamitas. Si queremos ayudar, les damos todo el dinero y les enseñamos a hacer cosas de calidad porque yo mientras me acuerde no pienso probar productos de esos lugares.
Y llegamos a esta navidad. Aparecen los palés con las cajas en la oficina. La caja se ve mucho más elaborada que en años anteriores, más festiva y propia de estas fiestas. Circula por los pasillos el correo de la secretaria diciendo que podemos ir a recoger nuestro regalo y la mierda de misiva que el presidente le adjunta y en donde larga la típica basura de gerente que produce arcadas y dolores de barriga.
Me acerco y recojo mi presente. La secretaria me avisa que hemos cambiado de distribuidor y por ahorrar costes y blá blá blá este año los han comprado en Makro, la famosa compañía francesa. La ilusión vuelve a casa y me voy tan contento.
Ya lo dice el refrán que la esperanza dura menos que una corrida de toros. En mi caso hubo de pasar cerca de diez horas para ver el contenido. Aquellos que han leído esta historia sabrán lo que pasó ese día. Tras llegar a casa por la noche, cogí la cámara e hice la foto de la caja cerrada. Después la abrí con gran cuidado y me encontré esto:
(os sugiero que veáis la foto en flickr en donde he puesto notas)
Nunca pensé que diría esto pero hecho de menos a los de fairtrade. Menuda mierda de regalo. En la parte de arriba podéis ver un portarretratos, algo muy navideño y que está en cualquier cesta que se precie. A su lado hay un lujoso y desconocido botellín de zumo de manzana, un paquete de pan-pizza de marca española, un queso cutre, cutre, cutre, una botella de vino sudafricano marca Elefante que con toda seguridad usaré para desatascar las cañerías si hay algún problema pero que no pienso tomar, un paquete de manices, un paquete de mini-chocolatinas y bajo todo eso los productos de calidad: dos mochilas pequeñas y miserables de las que se pueden comprar en las tiendas de todo a un Euro. Resumiendo: una puta mierda.
Al día siguiente por la mañana mandé el correo al CEO al igual que todos mis compañeros diciéndole que se vaya a tomar por culo y que para eso, mejor que no nos de nada o que entregue el dinero a cualquier ONG de esas que consiguen llevar el 30% del dinero hasta su destino y se quedan con el 70% restante para pagar lujosas oficinas, coches de empresa y similares. Así que no os quejéis que yo daría las uñas de los pies por una caja con botellas de buen vino como las que se dan en estas tierras.
Al hacernos mayores tendemos a elegir otro tipo de cine y arriesgarnos con cosas que habríamos despreciado hace unos años. Ya se me pasó la edad del Pavo y no me veo en muchas ocasiones viendo cine de palomitas para descerebrados así que cuando me huelo que algo puede valer la pena, allí estoy yo. Lo difícil es arrastrar a los colegas. El turco sentía una repulsión por el título de este película solo comparable a la que siento yo por cierto director malparido que es incapaz de contar una historia de menos de tres horas de duración. La vida es una sucesión de consensos y puesto que no nos íbamos a ver las jetas en posiblemente unos meses mi amigo consintió y nos plantamos en el cine a ver Kiss, Kiss, Bang, Bang. Es lo bueno que tiene ser intelectual, que vamos a ver cine de calidad. Nosotros nos apalancamos dos cervezas cada uno, un cubo de roscas y nos plantamos en la sala bien cerca de la pantalla para verlo todo claro, clarito.
Al terminar me dio las gracias. No es que Kiss, Kiss, Bang, Bang sea una buena película. Es que es jodidamente excelente. Un puto clásico que se recordará en el futuro. Es una noria de emociones y diálogos sofisticados y muy acertados en la que el trío protagonista desgrana una serie de sucesos imposibles de creer pero reales como la vida misma. Los diálogos son antológicos, de los que se recuerdan durante días y que te dejan hablando con los amigos y comentándolos una y otra vez y siempre te vuelves a reír con los mismos.
Para aquellos que quieran saber un poco de qué va es una sucesión de eventos en los que están involucrados un detective chapero y malaje, un ladrón reconvertido a actor y una chocha del martes que pone las tetas y la simplonería. Corren de desgracia en desgracia, recolectando cadáveres, generando nuevos difuntos y demás. Hay tantas escenas soberbias que se me hace difícil elegir una y ahora que ha pasado ya más de una semana veo la película en mi cabeza en su totalidad. En algunos momentos dantescos uno de ellos suelta una frase y no puedes parar de reírte durante minutos. Yo diría que esto es una especie de mezcla entre Woody Allen y Quentin Tarantino. De la unión de ambos estilos obtenemos esta joya que recordaremos mucho tiempo. La dirección, la actuación, la música, la fotografía, el guión, todo está impecable. Adoro a Val Kilmer en su papel de detective marrullero y mariquita, un hombre que trata de controlar sus sentimientos pero al que estos acaban jugando malas pasadas. Lo mismo sucede con Robert Downey Jr, un ladrón reconvertido por casualidades de la vida en actor que no termina de encontrar su sitio en la vida.
Me temo que perderá un montón con la traducción al español y que tendrán que adaptar todas y cada una de las bromas y localizarlas a nuestro idioma así que os invito encarecidamente a que hagáis un esfuerzo y la veáis en versión original. No es una película para cerebros lentos y definitivamente no es cine para aquellos que gustan de mucha acción y pocas palabras. Aquí los diálogos lo son todo, la acción es circunstancial.
En definitiva, si queréis ver a Robert Downey Jr, Val Kilmer y Michelle Monaghan en uno de los mejores papeles de su vida dirigidos por Shane Black en su primera película como director. Llamad a vuestros compinches favoritos, comprar las cervezas y las palomitas y a disfrutar.





Un grupo de cocodrilos mata el día relajándose y tomando el sol esperando que el próximo tonto cometa un error para salir a por él o ella y comérselo. Su dieta está compuesta de pescado, mujeres zulúes que acuden al río a lavar la ropa, hombres zulúes borrachos que deciden darse un chapuzón y algún animal que tiene sed y quiere beber agua.
Si quieres ver otras fotos del viaje a Sudáfrica las puedes encontrar en el álbum de fotos de Sudáfrica y si quieres leer el relato de dicho viaje, tienes su índice en Memorias de Sudáfrica