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Distorsiones

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  • Stadskasteel Oudaen

    30 de octubre de 2005
    Stadskasteel Oudaen

    El Stadskasteel Oudaen es un bar-restaurante que produce su propia cerveza ubicado en el centro de Utrecht en un viejo castillo. Su interior es muy curioso y la comida bastante buena, por no decir que su cerveza es exquisita.

    Si estás buscando información sobre la ciudad de Utrecht, quizás te interese mirar Excursiones desde Ámsterdam: Haarlem y Utrecht y en la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda tenéis un índice con todo el contenido sobre los Países Bajos que ha aparecido en esta bitácora

  • E.T.

    28 de octubre de 2005

    Recuperamos nuevamente un clásico. Esta historia sucedió a finales de Abril del 2002, unos días antes de marchar a España de vacaciones.

    Todo pasó en Utrecht, una de las mejores ciudades de los Países Bajos.

    Me encuentro en Utrecht con el colega holandés para una sesión de cena y cervezas. La cena se prolongo durante dos horas, fundamentalmente por la incompetencia de los camareros, aunque esto en holanda es el pan nuestro de cada día. En este país muchos de los que trabajan en el sector servicio hacen cursos para ignorar a los clientes. En dos horas solo pudimos tomarnos dos cervezas cada uno porque como habían aprendido en los cursos ignoraban nuestras llamadas. Aparte, cuando trajeron la comida nos enteramos que no iba acompañada de papas fritas, aunque en el menú así lo indicaba, sino de arroz. Como solicitar las papas fritas en ese momento era encomendarnos al demonio y recibirlas para los postres nos sacrificamos y comimos sin papas.

    Tras la cena y pagar en el local sin dejar propina por si os queda alguna duda, nos fuimos al centro. La novia de mi amigo holandés tenia que levantarse temprano y se retiró pronto.

    Nosotros a lo nuestro. Nos fuimos a uno de los baretos del centro y comenzamos a llenar el gaznate. Cerveza de trigo tras cerveza de trigo (o cerveza blanca), fundamentalmente Wieckse Witte. En ello estuvimos hasta la una y media, hora en que cerraron el pub en el que estábamos y tuvimos que trasladar el campamento a uno cercano que no me gusta mucho porque los baños están en el sótano y las expediciones para mear implican un alto riesgo para los participantes y el riesgo aumenta con el consumo de cerveza. Encima los meódromos están altísimos. Llego apurado, pero es que alguno que yo conozco y que lee estas historias ahí no mea seguro, porque no llega al meódromo.

    Continuamos bebiendo en éste hasta las dos de la mañana más o menos. Cerca de la una, ante la inminencia de la partida del último tren a Hilversum nos enfrentamos a una de esas encrucijadas que marcan nuestras vidas. Seguir bebiendo o coger el tren. Como casualmente me había equipado con unos calzoncillos y calcetines limpios en los bolsillos de mi chaqueta de invierno, la decisión fue sencilla: a beber se ha dicho y a dormir en Utrecht.

    Continuamos con el ritual hasta pasadas las dos y media. A esa hora calculo que llevábamos encima alrededor de doce cervezas, no los botellines sino vasos que deben tener una capacidad de entorno a 350 cc.

    Para que veáis que hay mucho más que tomarse una caña os culturizare un poco. La cerveza blanca no se hace con Malta sino con trigo. Para servirla existe todo un ritual. Se debe mojar el vaso primero, servirla con el vaso inclinado dejando que la cerveza caiga por una de las paredes del vaso pero evitando que haga espuma y cuando queda poca cantidad en la botella se agita para formar espuma y se añade al vaso. Debe haber unos dos centímetros de espuma en la cerveza. Esta cerveza se acompaña de una rodaja de limón y de un utensilio llamado stamperje que se utiliza para aplastar el limón dentro de la cerveza y que el zumo se mezcle con la misma.

    Ahora que he acallado las voces de los incultos que creen que esto del alcoholismo es algo sencillo, continuamos.

    Tras llenar nuestros estómagos de esa sustancia deliciosa y visitar los baños frecuentemente para evacuar el excedente de líquido en nuestros cuerpos afrontamos el siguiente problema. Solo teníamos una bicicleta para ir a la casa y tiene rota la parte trasera, en donde podría haberme sentado yo. Mira que llevo meses sugiriendo la compra de una nueva bicicleta robada en Utrecht, algo muy sencillo porque siempre hay proveedores en las calles vendiendo nuevas bicicletas robadas por precios bastante asequibles (entre 5 y 10 euros). Pero no, por escrúpulos, el colega no quiere comprarse una nueva y no quiere que yo la compre. Así que estamos allí mirando la bici y yo planteo que lo mejor es que yo vaya en taxi y nos vemos en la puerta de la casa. Total, son menos de diez minutos en bici y tres o cuatro minutos en taxi. El se niega y dice que por que no voy sentado en el volante. Yo miro la bici y dijo que ni de coña, pero el venga a insistir, que sí, que es seguro, que lo hacíamos siempre en la universidad, que es muy chachi y total, con el cerebro perturbado por el alcohol, consiento.

    Entonces pasamos a la fase de diseño de la operación. La bicicleta que teníamos es del tipo Oma Fiets, bicicleta de la abuela en Holanda. Son altas, muy altas, a contra pedal, es decir, sin frenos en el volante y muy sencillas y robustas. El hecho de que sean altas hace que la operación de encaramamiento al volante sea muy delicada. Me subo y acabo cual pajarraco colgado del volante con las manos por la espalda agarrándome al susodicho y los pies apoyados en el eje del volante. Aquellos que hayan visto la película Birdy con Matthew Modine se pueden hacer una idea.

    En fin, que comenzamos a andar. Yo agarrado allá arriba y el colega pedaleando. Como todo mi peso estaba en el volante la operación se hacia un poco complicada. Además, hasta que adapté mi equilibrio (bastante mermado por el alcohol) a la situación dimos unos bandazos terribles que yo acompañaba de desgarradores alaridos viendo mi caída al suelo tan próxima. Tras un minuto o dos así logramos estabilizarnos y como que le cogí gusto a la cosa.

    La noche, aunque fresca era bonita. Sin nubes, el cielo totalmente estrellado y despejado, con luna llena y nosotros moviéndonos por una calle con casas de dos pisos de altura.

    De repente recordé que este año es el veinte aniversario del estreno de la película E.T. y la escena vino a mi memoria. E.T. en la bicicleta con la luna al fondo y el chico pedaleando. Este recuerdo despertó al niño que hay en mi y que casi nunca se duerme y me vi como protagonista de la segunda parte, en la bicicleta escapando de los malvados. Confiado por mi nuevo equilibrio saqué mi cámara del bolsillo de la chaqueta, operación que requirió el soltar una mano del volante la encendí, lo que requirió las dos manos, la ajusté, la apunté hacia nosotros e hice tres fotos que modestamente, son las mejores que he hecho nunca si tenemos en cuenta la dificultad de la tarea. Encaramado al volante de una bici, borracho y aún lúcido para tomar fotos. Las fotos son antológicas. Cada vez que me veo, me veo como el nuevo y mejorado E.T.

    Por supuesto cada foto disparaba el flash que deslumbraba a mi piloto, el cual trataba de ver el camino que debíamos seguir. Ya con el enrale en el cuerpo y una vez guardada la cámara, me vi totalmente inmerso en mi papel de alienígena y señalando a la luna gritaba en perfecto español: «Vuela, Elliot, vuela» (nota para incultos: Elliot era el niño de la película, papel que en mi imaginación asigne a mi amigo Holandés). Yo seguía apuntando a la luna y gritando, con la bicicleta terriblemente desequilibrada y mi amigo con un arranque de pánico en sus ojos al ver que yo me había desquiciado por completo.

    Supongo que esa noche hubo llamadas a la policía por ruidos porque yo seguía en mis trece de levantar la bicicleta del suelo, aunque esta parecía mas empeñada en trazar eses en el camino y Elliot no cejaba de repetirme que me estuviera quieto. Aunque Elliot hablaba en ingles, yo gritaba en Español.

    Tras unos cientos de metros así sucedió lo inevitable. Se rompió el sueño y salí despedido del volante de la bicicleta dando con mis huesos en el suelo, con tan mala suerte que caí de frente. En el golpe perdí el conocimiento durante unos segundos pero gracias al alcohol que llevaba en la sangre mi cerebro no asimilo el hostion que me metí.

    Elliot, o mi amigo, saltó de la bicicleta a ayudarme, aun sin creerse lo que había sucedido. Me levante y comprobamos que milagrosamente a la cámara no le había pasado nada pero yo tenia un rasguño en la cara, de estos de malos tratos para salir en el programa gente de TVE, diciendo que mi esposa ME PEGAAAA. Continuamos el camino andando dado que la casa ya estaba muy próxima y porque el colega ya no se fiaba de mi y se negaba a subirse al volante y que yo lo llevara como sugerí. Cuando llegamos a la casa comprobé que bajo el intacto vaquero, debido a la fricción de mi piel con el mismo, ésta había desaparecido de la rodilla y tenia un pedazo de herida en la misma que me tomo mas de una semana curar.

    Fue el día que por unos minutos traté de alcanzar las estrellas al igual que E.T. y acabé estrellado.

  • El gran circo de Asia: Ovations!

    27 de octubre de 2005

    Recuperamos otra de esas historias legendarias que fueron publicadas a través de la lista de correo. Hoy nos remontamos hasta Octubre del 2002 y narramos el día que fuimos al circo.

    Parece que hay cierto consenso en que soy verdulero y vulgar. Por eso, algunos de mis colegas se empeñan infructuosamente en elevar mi nivel cultural. En esta ocasión, que sucedió un día antes de marcharme a España de vacaciones de verano mi amigo el turco decidió que yo necesitaba ir al circo, pero no a un circo cualquiera, sino al THE GREAT CIRCUS OF ASIA: OVATIONS! formado por dos compañías: Nugzarov, the sensational horse theatre y the National Circus of Pyongyang, North Korea. Ambas compañías han recibido un montón de premios por su espectáculo y en esta visita a Holanda, en lugar de la clásica carpa a la que la palabra circo nos tiene acostumbrado, actuaban en un teatro al que le habían quitado el patio de butacas para poder situar la pista del circo.

    En fin, que un sábado a medio día nos vamos pa?l circo con entradas para los mejores asientos posibles, porque eso sí, a mí se me puede intentar culturizar pero con estilo y no en gallinero que en esas cosas soy muy sensible.

    Yo andaba un poco mosca con el hecho de que no hubiera payasos ni animales (salvo los caballos). Al menos cuando llegamos el teatro tenía muy buena pinta: situado en Ámsterdam, el Koninklijk Theater Carré tiene a sus espaldas más de 100 años (fue inaugurado en 1887). Casualmente esa fue la calle en la que posteriormente se compró el turco su casa.

    El espectáculo constaba de dos partes. Primero los rusos con su show de caballos y después los norcoreanos.

    El show de los rusos fue increíble. Se subían a los caballos en movimiento, se bajaban, saltaban de uno a otro, se movían como pulgas alrededor de los caballos. En fin, algo de otra galaxia. Los rusos eran extremadamente ágiles y la ve
    rdad que su espectáculo merece la pena.

    Cuando acabaron y tras una pausa para preparar el teatro comenzaron los norcoreanos su espectáculo de trapecistas. La gran decepción fue que usaban red, con la ilusión que yo traía de que alguno se estampara contra el suelo, motivo por el cual traje la cámara para hincharme a hacer fotos si pasaba. Pero bueno nunca llueve a gusto de todos.

    Al salir los coreanos todos mis sensores y alarmas se dispararon. Había algo raro allí algo que no cuadraba y no me refiero a los doscientos policías políticos para que no se escapen. Me refiero a su anatomía.

    Todos sabemos que hay distintos colores y formas en este mundo. Los norcoreanos sobresalían por esos tremendos CABEZONES cuadrados. Cristo bendito. Si parecían pelotas de Bádminton gigantes. Es que no me extraña que sean tan buenos trapecistas. A ver quien puede competir con esa gente cuando están volando por el aire. Con ese cabezón el centro del equilibrio está claro donde se encuentra.

    La otra cosa en que pensaba es en esas pobres mujeres que paren sin cesárea esos trullos. Tiene que doler largar por el coño semejantes cabezudos.

    Bueno, el cabezón mayor era el encargado del cuádruple salto mortal. Un compañero lo impulsaba, lo lanzaba por el aire desde un pequeño trapecio, daba cuatro vueltas y lo agarraba otro. Se sube el supercabezudo al trapecio, comienza a coger fuerza y zás, sale disparado por el aire. Da 1, 2, 3 y 4 vueltas pero el que lo tiene que recibir no lo puede agarrar (lo crean o no se le escapó la cabeza) y cae a la red. .. ?? ?? que decepción. YO me daba de hostias pensando lo bien que habrían quedado mis fotos si no hubiera habido red. Se levanta de la red un poco desmoralizado se dirige de nuevo al trapecio y a comenzar de nuevo.

    Tras coger carrerilla sale disparado de nuevo y tras las cuatro vueltas de rigor, que con semejante mollera levantaba una ventolera de cojones, el receptor lo agarra pero se le resbala y cae.

    Abajo los de seguridad política se ponen nerviosos y el chiquillo como que los mira con carita de pena. El que tenía que recogerlo en el aire le dice algo en coreano y el chaval casi se echa a llorar. El que lo recogía tenía el barrigón coreano más grande que he visto en mi vida. El hijoputa seguro que se comía la comida de los que fallaban y le debía estar diciendo a este pobre que ya esa noche no cenaba.

    Se sube el pobrecillo de nuevo al trampolín arrastrando esa testa y tras coger carrerilla, salta y esta vez es que ni se tocaron. Se queda un rato tirado en la red, yo creo que llorando y el barriguitas gritándole que se volvía loco todo fuera de sí.

    El joven no se rendía y vuelve a subirse. Mi amigo el turco, muy agudo me dice que ahora lo consigue y ya verás como la gente aplaude como loca. Dicho y hecho. Salta, lo logra, lo agarra el tripas, y aquello fue el acabose. Las holandesas poco menos que se arrancaban pelos del coño para tirárselos. Acaba la exhibición aérea, bajan al suelo, se ponen un gorro típico coreano con una cinta de varios metros justo en el centro de la testa y se ponen todos en formación de ataque.

    Al grito del cabecilla comienzan a mover las cabezas en plan niña del exorcista y las cintas comienzan a girar alrededor de aquellos helipuertos. De la ventolera tan grande me tuve que agarrar a la butaca porque pensé que nos echábamos a volar. Aquellos continuaban dale que te pego con las cabezas, acelerando y acelerando y aquellas cintas dando vueltas como locas y las madres agarrando a los hijos y agarrándose ellas mismas a donde podían para evitar salir despedidas. No os lo creeréis pero yo calculo que se renovó todo el aire del teatro en menos de 15 segundos.

    Cuando acabaron aplaudimos como descosidos porque eso sí que fue impresionante. Nunca pensé que los músculos del cuello pudieran aguantar tanta tensión. Por descontado agarré un resfriado, algo lógico con esos airotes.

    En fin, que salimos de allí aún con los ojos irritados de esa corriente tan fuerte y volvimos a casa más contentos que el carajo.

  • Sulaco y Yo

    26 de octubre de 2005

    Ay que ver lo que me tocan los huevos los eventos con limitaciones de prensa. Estos días estoy liado, pero claro, como son citas de las que no se me permite hablar y estoy con el agua al cuello, pues al final pasa lo que pasa y aquí no aparece nada nuevo. La actual tormenta de productividad tendrá su fin alrededor del siete de noviembre, Dios mediante. Hasta entonces no puedo prometer ni prometo nada. Si tengo un minuto mañana me dedico a rescatar historias de la lista de Distorsiones y las pongo por aquí, viejos relatos como empenenadas que en su momento contribuyeron a cimentar mi reputación de ordinario, zafio y vulgar.

    Por lo demás, seguimos sin cocina, viviendo en plan gitano, pero con una tele enorme, una lavadora fastuosa y con mi cuenta corriente menguando a cada segundo. Mi vecino me ha prestado una cocina de gas para que comamos algo caliente y se ha ofrecido a ponerme los armarios de la vieja cocina en el cuarto de la bicicleta, con lo que tendré estantes para guardar cachivaches, los cuales espero tenerlos algún día porque por ahora sólo tendré arañas del tamaño de mandarinas.

    En el frente laboral está claro que la división en la que trabajo se hunde sin remedio. Estamos paralizados. Los jefillos intentan salvar sus culos y no toman decisiones. Es el fin. Sobre mis espaldas está recayendo tanto curro que ni siquiera puedo hacer mi llamada diaria a bleuge, que siempre ha sido muy sensible y si no lo llamo a diario me acusa de no ser conocido (ya que él niega la existencia de vínculos de amistad con cualquier ser humano). De tanto en tanto llamo a Kike, que es otro que tal baila y a mi amigo el doctorado universitario que se regodea ignorando mis llamadas a su móvil. Si es que el mundo está lleno de gente muy mala.

    Mañana (o quizás hoy si leéis esto el jueves) llega mi tío de los Estados Unidos de América y con él viene mi nuevo ordenador portátil iBook. Además traerá su iPod nano, así que intentaré hacer una foto de familia con todos los productos Apple unidos. A poco que mi tío se descuide le llenaré su iPod nano con música de Keane, para comenzar a culturizarlo.

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