A través de un compañero del laburo me enteré de un programa mágico y maravilloso que se usa en algunas ciudades neerlandesas para hacerle la puñeta a los culocochistas, entre los que hay varios comentaristas del mejor blog sin premios en castellano que no vamos a mentar porque todos sabemos que en seguida se les activa el modo perreta. El mentado programa tiene un nombre chunguísimo y que suena como a conjuro maquiavélico con pócima para neutralizar chusma y gentuza de la peor truscolana y podemita. Te lo instalas en tu telefonino, lo activas, suministrando tu número de teléfono, al que llegará un eSeMéeSe de los de antes con un código, se lo jincas y te aparecen dos botones mágicos en el programa.
Al parecer, en la ciudad de Bolduque y en otras ciudades neerlandesas, están convencidos que los culocochistas son miasma y el futuro está en las bicis, así que cuando vas a hacer un trayecto con la susodicha, tienes que pulsar el botón de bicicleta, que si fueras caminando pulsas el botón de chancleta y guardas el telefonino y te olvidas. Al acercarte a los semáforos, como a unos veinte metros de los mismos, quizás algo más, el semáforo detecta que vienes y activa el pulsador que tienen prácticamente todos los semáforos neerlandeses para los ciclistas y con algo de suerte, para cuando estás a la altura del semáforo, ya está en verde (para bicicletas) y tú sigues tu ruta a buena velocidad mientras los culocochistas te miran con ese odio tan profundo que saben macerar tan bien porque son conscientes que van a pasar un rato aún más largo hasta que el semáforo cambie para ellos. En lugares en los que el semáforo de bici está junto a uno de coches, solo se activa el de bicis y puede suceder y ciertamente sucede que las bicis, gracias a esta treta, tienen varios segundos, quizás hasta medio minuto de ventaja sobre el de los coches, que se mantiene en rojo.
Yo estaba convencido que eso era una trola y que obviamente no funcionaba porque el que me lo vendía, como que no tenía dotes comerciales y me sonaba a discurso podemita, de esos en los que dicen que van a arreglar todos los problemas del pueblo y después cuando maman de la teta del poder, se suben los sueldos a sueldazos, enchufan a toda la familia y amigos y no hacen una puta mierda por el pueblo ese del que tanto fardaban, eso sí, cobrando además subvenciones de la mafia terrorista iraní y venezolana.
Este lunes, al llegar a Bolduque desde Utrecht, cogí mi bicicleta de alquiler e iba en dirección norte por la ciudad y delante de mí iba un pavo, a unos diez metros de distancia y cada vez que él se acercaba a un semáforo, se nos ponía en verde. Era una cosa fastuosa a la par que fabulosa y cuando a medio camino, él tiró para el oeste y yo seguí en dirección norte, me mamé los siguientes tres semáforos en rojo, lo cual me hizo ver la luz en el agujero negro de la explicación del colega y al llegar a la oficina, instalé el programa, pero no en mi telefonino, lo instalé en el del trabajo que total no lo uso para casi nada y el mismo día, antes de tirar para la estación de tren, lo activé y fue como mágico, como si tuviera una mano gigantesca que pulsara los botones de los semáforos un rato antes y me ahorré por lo menos dos minutos en la ruta.
Al día siguiente, se lo comenté a otro compañero latino y el chamo me dijo que él instaló el programa pero que no hacía nada, que por más que lo usaba no se le ponía un semáforo en verde. Le pregunté si lo había activado con el código del eSeMéeSe, que si no, no te salen los botones y no lo había hecho, así que en ese mismo instante lo hizo y después me confirmó al día siguiente que la coña esa funciona. Si todos los ciclistas lo usan y siempre hay uno acercándose a algún semáforo, la vida en el centro de las ciudades que están adoptando este sistema se va a volver muy dura para los culocochistas, que harán bien en comprarse un buen cojín para el culo porque van a pasar ratos larguísimos en sus coches viendo bicicletas pasar mientras ellos esperan. Es lo que hay.