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  • Abbott Elementary

    23 de junio de 2022

    Suelo darle al menos una oportunidad a todas las series cómicas que aparecen en la telelevisión. Es un género agradecido, duran veinte minutos por lo general y si las hacen bien, al final de cada episodio te quedas con la sensación de haber aprovechado muy bien el tiempo. Una de las sorpresas más grande del 2022 la tenemos con la serie que voy a comentar y que se titula Abbott Elementary. Me parece que en España está en el plataformón de la empresa esa que hace pelis de dibujos animados y que tiene un parque de atracciones en París y creo que en España han mantenido el título en inglés, que todos sabemos que se traduce por truscoluña no es nación.

    En uno de los peores colegios de los Estados desUnidos de América, un grupo de profesores intenta que las cosas mejoren para los niños por vocación, no por deber.

    Durante trece episodios que dura la primera temporada, iremos viendo diferentes problemas en este colegio en el que los niños son pobres, a veces les vienen sin comer, no tienen material y los profesores se tienen que buscar la vida para sacar las clases y la escuela adelante y para dar lo mejor para esos chiquillos. La serie es descojonante, pero además es que se ve muy real, estos son los problemas que pueden suceder y ciertamente suceden en los colegios hoy en día. Tenemos un puñado de profesores variados y que son lo absolutamente mejor de la serie, un conjunto muy bien compenetrado y con el que nos descojonamos durante todo el tiempo y liderados por una directora del colegio que consiguió su puesto por chanchullo y que es la nota discordante en este equipo. La serie ha sido la revelación gringa de la temporada, nadie se esperaba nada de esta telecomedia y resultó que es de lo mejorcito que se ha visto en la tele en muchísimo tiempo. Entre todos los profesores, mi favorita es Lisa Ann Walter, que hace de una profe de ascendencia pseudo italiana y quizás hasta mafiosa. Aunque los episodios se pueden ver sin orden alguno, esta es una que te puedes ver entera de dos sentadas.

    Por razones que no merece la pena comentar, esto no es algo que puedan disfrutar los miembros del Clan de los Orcos. Absolutamente recomendada para cualquier sub-intelectual con GafaPasta.

  • Lllegando a la playa de Ton Sai

    23 de junio de 2022

    Cambiamos de isla y llegamos a Koh Phi Phi Don, la principal del archipiélago y a la que llegan los barcos y hay hoteles y demás. Aquí vemos la playa de Ton Sai, que es en donde atracó nuestro barco. A mi espalda estaba el embarcadero. Hay un servicio de ferry diario desde allí con otros lugares de Tailandia y aunque en la foto no se nota, esta es la parte urbanizada de la isla y a la derecha de la imagen está todo construido, aunque el concepto de todo es muy relativo ya que es una isla minúscula y son solo unos cuantos edificios bajos, como la jaima esa que se ve al fondo y que debe ser un restaurante inspirado en alguna chabola. Por razones mágicas y difíciles de comprender, las palmeras que se niegan a emigrar a las islas desiertas de los alrededores están en esta playa.

  • La beba de rojo

    22 de junio de 2022

    La semana pasada tuvimos la primera de seguramente muchas experiencias traumáticas y terroríficas con el calor infernal en los Países Bajos. Los peores días eran el viernes y el sábado, así que el viernes, me organicé una sesión triple en la filmoteca en Ámsterdam por la tarde para refugiarme allí en los brazos de sus salas con airote acondicionado desde las tres de la tarde a las diez de la noche. Sobre la una salí de mi casa para darme un garbeo por el centro de Utrecht y también para ir andando desde la estación de Amsterdam Amstel hasta el cine, paseíllo de cuarenta y cinco minutos super-hiper-mega agradable junto al río Amstel. Estaba en ese paseíllo y justo cuando dejé la vera del canal para caminar por Ceintuurbaan, calle amplia y con árboles, con lo que hay más sombra, por no decir que como por ahí no suelo ir, igual descubría alguna nueva bicicleta que todos sabemos que me fascinan. Iba por Ceintuurbaan, tan tranquilo, cuando hacia mí viene una bici del modelo bici-de-vieja, de las de siempre, sin motor eléctrico, sin velocidades, con freno a contrapedal y sobre la susodicha iba una pava desmpampanante, de rubio de ese del tipo agua oxigenada, sin maquillaje alguno, que a las holandesas les produce repelús y con un traje rojo ligerísimo, de esos que permiten la circulación del aire en un día tropical. Yo llegaba a la esquina y la beba mencionada venía hacia mí cruzando una calle amplia llamada Van Woutstraat. Lo que sucedió fue que cuando llegaba al final del cruce, antes de volver a tener la acera con casas, al parecer hubo un golpe de aire cálido que le lanzó el traje rojo hacia el cielo, se subió, presto y súbito, en un instante y lo que quedó claro como el agua de manantial es que la beba de rojo no llevaba bragas. Directamente enfrente de mí, a unos pocos metros, una pava en bicicleta con el coño al sol y tratando de bajarse el vestido como podía, pero muy limitada porque estaba en la bici e iba a una velocidad que no podemos decir que fuera alta, pero lo suficiente para darte una buena hostia. Ella intentó agarrar la falda y devolverla a su sitio pero el aire de la esquina la empujaba hacia arriba y hacia atrás y a mí, espectador de primera fila, me quedaba delante su coño afeitado. La pava pudo ver que mis ojos la escaneaban allí, en aquel preciso lugar, pero no podía hacer nada porque con una mano agarraba el volante y con la otra intentaba trincar el traje y reposicionarlo en la zona en la que debería estar. No solo vio que mis ojos no estaban mirando a los suyos, es que me vio la sonrisa socarrona y cuando pasó a mi lado, giré mi cuerpo mirándola y disfrutando de su expresión de horror absoluto, que seguro que la desgraciada pensó en cancelarme, que ahora está tan de moda, pero vamos, si no quieres que te vean el coño, ponte pantalones o usa bragas, guarra.

    Fue el momentazo de ese día horrendo, al que siguió una noche tropical, que en los Países Bajos es una noche en la que el termómetro no desciende de los veinte grados en ningún momento de la noche. Durante los cien años del siglo XX (equis-equis), hubo CINCO noches tropicales en el mes de junio, dos seguidas en 1957 y tres seguidas en 1976. En el siglo XXI (equis-equis-palito), en este milenio, de los veintidós años de siglo y milenio que llevamos, ya han habido siete noches tropicales en junio, una en el año 2005 y el resto en los años 2019, 2020, 2021 y la noche del viernes del 2022. O sea, no hay cambio climático pero ahora nos atorramos en junio por la noche. Cuando salí del cine y volvía a mi casa, que vino llegando después de las once y cuarto, tras el viaje en tranvía, tren y bicicleta a mi casa, al llegar, en la calle, había veinticinco grados, era un infierno y ni podía abrir las ventanas y poner el ventilador porque lo que iba a mover era aire caldeado. La noche del viernes del avistamiento de la beba de rojo fue horrenda y le siguió un sábado de sufrimiento extremo en el que llegamos a los treinta y cinco grados, que hubo un momento, por la tarde, en el que estaba tirado en el suelo del salón de mi casa para mantener la temperatura corporal. Esa noche, por suerte, comenzó a enfriar y yo me entregué por completo al frío, moviendo aire en mi casa sin parar y tanto bajé la temperatura de la casa, que acabé resfriándome, pero mereció la pena, conseguí que mi dormitorio se pusiera a unos maravillosos diecisiete grados con los que se duerme de puta madre tapadito con mi edredón. Hoy han comenzado a subir de nuevo los termómetros y mañana, si nos mira un tuerto, puede que tengamos la segunda noche tropical de este mes de junio.

  • La bahía Pi Leh

    22 de junio de 2022

    En donde sí se podía acceder en Koh Phi Phi Le era en la bahía Pi Leh, que algunos también llaman lago pero como esto está abierto al mar, le va mejor lo de bahía. Aquí no hay playa, es un lugar cerrado por todas partes salvo la entrada estrecha con las montañas esas que vemos en la foto. Los barquillos que no tenían acceso a la playa, vienen aquí y como se ve en la imagen, paran para que la gente se bañe en el lugar, que básicamente está detrás de la playa Maya, que geográficamente estaría tras la roca que está en el medio de la imagen. Aquí algunos se tiran al agua con gafas y tubo para ver el fondo, pero vamos, que hay muchísimos sitios en Asia con mejores fondos marinos.

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