El tiempo pasa a una velocidad espaventosa cuando no eres italiano buceando en cavernas en las Maldivas sin permiso. Parece que ya les quitaron la comida a los tiburones de las cavernas y ahora solo falta actualizar la página de estúpidos de la güikipedia y poner las fotos de los totorotas que se metieron en la caverna a morir. Después de cuatro inmersiones el día anterior, dormí como un bellaco y descansé para mi nueva ronda, que por condiciones meteorológicas no se sabía si tendría dos o tres inmersiones.

Llegué al centro de buceo super-hiper-mega preparado y la primera inmersión era de nuevo en Kandooma Thila, el número 6 del mapa. Como venía la española y no es muy buena con el gasto de aire, se vinieron dos Dive Masters y a mí me tocaba uno de los dos dueños, que es buenísimo como buceador. De nuevo la corriente no era la correcta para entrar por la zona habitual asi que fuimos por detrás. Cuando nos acercábamos, un grupo de unas quince rayas águila llegaron a darnos la bienvenida y acompañarnos hasta el lugar en el que estaban los tiburones grises y de punta de aleta blanca. Esta, por si alguien no está contando, era mi decimooctava inmersión en este lugar que algunos visitan una vez en su vida y se pasan el día contando batallitas. La escena con las rayas águila fue espectacular pero es que llegamos al borde de la estación de limpieza y estaba llena de tiburones, yo veía al menos cincuenta y probablemente por detrás había más. Usamos los ganchos y nos movimos varias veces, huyendo de las zonas más profundas cuando se nos acababa el tiempo de fondo. Vi un tiburón que había perdido la aleta de la parte de arriba, la que lo define como tiburón, probablemente con un anzuelo. Otro tiburón tenía un anzuelo clavado en el lateral de la boca, un recuerdo de que por aquí hay pesca deportiva y hay gente que paga un montón para ir a pescar tiburones. Teníamos tiburones jóvenes y adultos, todos socializando en el lugar y muchos acercándose al fondo para que los pececillos laburando en el lugar les limpiaran la boca. Cuando ya no podíamos seguir allí, mientras avanzábamos a zonas mas altas, vimos dos tortugas, una grandísima, vimos dos Napoleón que eran grandes como ponies y otro más pequeño y jureles y atunes. Finalmente yo ya solo tenía sesenta bares en el tanque asi que comenzamos la subida y para cuando salí del agua tenía cuarenta. Fue una inmersión É-P-I-C-A y legendaria. El Dive Master salió con 120 bares, de los 200 que llevan los tanques. Ese hombre es que no respira y me sirve de recordatorio porque aún puedo mejorar muchísimo más.
Volví hiper-mega-activo al puerto y me quedé por el centro de buceo esperando por la segunda inmersión, que fue con Maish, primero pararon a mirar si había mantas en la estación de limpieza, que no había y después seguimos hacia otro popurri de Back Aquarium, punto 2 y Sand Dune, punto 3 con algo de Lhosfushi, punto 10 en el mapa. No vimos manta pero el lugar tiene algunos de los corales mas espectaculares de las Maldivas y una cantidad ingente de pececillos. Vimos un pez ángel emperador adulto, labios dulces orientales, Maish metió su gancho en una de las almejas gigantes que se cerró y casi no la saca, con lo que si metes un dedo en un bicho de esos, básicamente te lo amputa. Vi un mero grande y varios gobios dardo de fuego y me enseñó un caracol terciopelo, que yo estaba convencido hasta ahora que eso eran corales pequeñitos y aquello se movía, es un caracol de verdad camuflado como un pequeño coral negro, absolutamente alucinante.
Estoy tan encochinado que pasé de ir a comer y me quedé en mi cuarto hasta la hora de la tercera inmersión, en la que el mal tiempo que se esperaba parece que llegaba con retraso. Nos fuimos a Back Kandooma, el punto 9, solo Maish y el Elegido, básicamente, como decía el capitán y el chamo de la tripulación, una inmersión VIP. Es una pared para relajarnos y ni siquiera bajamos por debajo de los diecisiete metros. Vimos pasar un tiburón gris grandísimo y me dediqué a buscar peces que no conozco el nombre para buscarlos, asi que vi algún mero de punta negra, meros de cuatro monturas, labios dulces orientales y lo mas alucinante es que un pez rarísimo que vi resulta que es un labios dulce oriental juvenil, cuando son jóvenes tienen una distribución de color totalmente distinta a los adultos. En una anémona con peces payaso de las Maldivas había dos cangrejillos que los peces payaso defendían como si los hubieran adoptado y se los quisiéramos quitar. La inmersión fue muy relajante.
Al volver la tormenta que habían anunciado ya sí que llegaba, me compré un helado y corrí a mi habitación antes de que se abrieran los cielos y cayeran chuzos de punta. Ya tengo un acumulado de trescientas noventa y tres inmersiones y salvo problemas meteorológicos, llegaré exactamente a las cuatrocientas. El fallo es que he completado mi diario de buceo y se me olvidó comprar uno nuevo, así que tendré que apañar hojas sueltas o escribir en la contraportada. Ya hice el pedido a la tienda esa de río Sudamericano y supongo que mañana me lo pondrán en mi buzón.





