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Los vídeos del día que fui de Cebu al Nido

La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Esto de hacer una segunda tanda de anotaciones contando el mismo viaje pero centrándonos en la huella multimedia que fue quedando tiene sus intríngulis y hoy llegamos a uno de ellos. En el capítulo anterior estábamos en Bantayan, en mi primer día, aunque puse también una foto de comida del segundo día y el tercer día fue el que me marché de allí y crucé media isla de Cebu para llegar a su capital. En la parte visual, retomamos el tema el día de Mi primera vez en el aeropuerto del Nido y la primera foto es de mi desayuno, que estaba de antojo:

Panqueques en Cebu

Esa mañana fui al aeropuerto de Mactan-Cebu para viajar desde allí al pequeño y minúsculo aeropuerto del Nido. Lo de los aeropuertos en cada país es distinto, en Asia es además mucho más distinto y en las Filipinas es de locos.

Terminal nacional en la vieja terminal del aeropuerto de Mactan-Cebu

La foto es de la cutre-terminal de salidas del aeropuerto de Mactan-Cebu, el lugar de facturación pero para llegar ahí hay que pasar al menos dos controles de seguridad y en el segundo ya se quedan los acompañantes. Están haciendo una nueva terminal que supongo que estará acabada en dos décadas y mientras tenemos la super-cutre de la imagen. Yo facturaba en el primer grupo de mostradores, en donde se pueden ver cinco personas (creo que había alguno más por detrás) pero trabajar lo que se dice trabajar solo era una.

Bolsa de regalos de la aerolínea boutique AirSwift

Una vez facturabas y pasabas un nuevo control de seguridad, llegabas a la zona SEGURA en donde había una multitud. Cuando ya fui a la puerta de embarque me dieron la bolsa de la foto. La línea aérea que ha puesto esta nueva ruta y que es la dueña del aeropuerto del Nido se consideran especiales, son una línea aérea boutique y para demostrarlo te dan esta bolsa fastuosa con algo de comida, bebida y algún dulce y manices o así. Todo como muy estiloso. Los pobres que iban a otros destinos nos miraban con una envidia que no veas porque a ellos no les daban ni agua.

ATR-42 de AirSwift en el aeprouerto de Mactan-Cebu

El avión era un ATR-42 prácticamente nuevo, todavía olían los asientos pero no a peo, como huelen después de unos años de uso. Este modelo tiene una capacidad que en base al número del modelo se puede adivinar y es como de juguete.

Interior de ATR-42

Y esto es lo que se ve cuando entras al avión con sus doce filas. Si tienes claustrofobia, ahí las pasarás requetequeteque-putas. Como ya veníamos con nuestra bolsa chic no nos daban más papeo en el vuelo, aunque creo que la azafata pasó ofreciendo bebidas.

Islas en las Filipinas

Durante el vuelo pasamos por encima de multitud de islas. En las Filipinas volar es fascinante porque siempre hay islas e islotes y en todos lados hay playas paradisíacas. Mi asiento, como se puede ver en la foto, era cerca del motor. La llegada al aeropuerto del Nido es espectacular, sobre todo al salir del avión y toparme en la puerta de la sala de llegadas con las cuatro pavas que cantan en la lengua local y que por supuesto tengo super-hiper-mega documentado, que no por algo estamos en el mejor blog sin premios en castellano. Como la parte de vídeos la dejo para la cola, decir que después fui a tomar posesión de mi alojamiento y esa tarde aproveché para ir a la playa.

Playa del Nido

En la foto anterior se puede ver una panorámica hecha en la playa. Las faluíllas esas son las de las excursiones, tanto las de gente que va con gafas y tubo como las de buceadores. En el momento en el que hice la foto no había barcos. Dos horas más tarde, el mar está lleno de banda a banda de falúas y hasta el tomar el sol en la playa se convierte en deporte de riesgo.

Peak House en el Nido

Y acabamos con las fotos con la de la fachada de la pensión en la que me quedé, que tenía un bonito jardín y la keli parecía sacada de algún otro país. La familia vivía en la planta baja y en la alta se alquilaban cuatro habitaciones. En el primer vídeo que veremos están empotradas las fotos y además tenemos el estremecedor despegue con el ATR-42 en Cebú, documento épico y dantesco como pocos. Después vemos la isla de Palawan mientras nos acercamos al aeropuerto y el correspondiente aterrizaje en el mismo. Acabamos con un segmento en el que se puede ver mejor la playa del Nido y como hay barcos y el poblacho típico como del oeste gringo. La música para adornarlo todo es la fantástica canción Another Day Of Sun de la película La ciudad de las estrellas – La La Land. El vídeo, si no aparece por debajo del texto, también está aquí:

Y más corto pero más flipante y con el sonido original es este segundo vídeo en el que camino desde el ATR-42 hasta la nueva terminal del aeropuerto del Nido que llevaba abierta poco más de dos semanas y era tan nueva como el avión. En el vídeo se puede ver al comienzo a otro ATR-42 despegando. La canción de bienvenida es muy antigua y en la misma, aunque resulte difícil de creer, cantan que truscoluña no es nación. Cada vez me gustan más las Filipinas, esta gente lo sabe todo. El vídeo está aquí:

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Mi primera vez en el aeropuerto del Nido

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Finalmente llegó el momento de dejar la provincia de Visayas y el entorno de la isla de Cebu en el que me he movido desde que llegué a las Filipinas y saltar a Palawan, al oeste del país. Ya lo he dicho pero lo repito. Inicialmente, mi plan era volar desde Cebu a Puerto Princesa y desde allí ir al Nido en una furgoneta. Este plan se basaba en mi ignorancia, ya que desconocía que desde hace algo menos de un año, Air Swift tiene vuelos regulares con Manila y desde hace un par de meses, también con Cebu. Los miércoles tienen dos vuelos y yo compré billete para el primero. Me levanté temprano, a las seis y cuarto de la mañana, me duché, eché el jiñote y me fui a la parte exterior del centro comercial Ayala para desayunar panqueques, que estaba de antojo y al no ser obeso como vosotros me lo puedo permitir. Después volví al hotel, recogí mis cosas y antes de las ocho estaba usando el programa Grab para llamarme un taxi y en sesenta segundos estaba en la puerta. Como Cebu es horrenda para el tráfico, preferí pecar de precavido. Vine llegando al aeropuerto a las ocho y media de la mañana. Pasé el control de seguridad de la puerta y busqué el mostrador de facturación pero no había. Ninguno. Preguntando en los otros me dijeron que habrían dos horas antes del vuelo, a las nueve. Vacié mi botella de agua y esperé unos minutos. Lo de Air Swift es en plan fino y se consideran aerolínea boutique, así que te ponen una alfombra roja delante del mostrador de facturación para que te sientas importante. Me informaron que en la puerta de embarque me darían mi aperitivo. 

Pasé el segundo control de seguridad y en la terminal aproveché para comprarme una camiseta, creo que la primera que tengo de las Filipinas. La camiseta celebra que Cebú es la ciudad reina del Sur de las Filipinas desde el mil quinientos y pico, gracias a cierto pueblo que tiene la cruz de tener una autonomía llena de retrasados y mierdosos llamados truscolanes que han sido lobotomizados y no saben que España existe desde hace la tira y mucho abates que ellos empezaran a robar, llorar y mangonear, que es lo único que saben hacer. El avión era un turbohélice, un ATR-42 con capacidad para 46 pasajeros y salíamos desde las puertas 25A/B, viejas conocidas ya que por ahí fui a Camiguín el año pasado. Una azafata de tierra, tras enseñarle mi tarjeta de embarque, me dio una bolsita de cartón muy estilosa con un bocadillo, una especie de flan de coco sin huevo, una botella de agua y otra de zumo de naranja.  Los de las aerolíneas pobres fueron corriendo a ver si pillaban pitanga gratis pero las azafatas los mandaron a bufiar a otra parte ya que aquel tesoro estaba reservado a viajeros élite tirando a más. 

Nuestro vuelo despegaba a las once y cuarto pero el avión llegó antes y como ya estábamos todos, a las diez y media nos metieron en la guagua, nos llevaron al avión y el piloto dijo, pues nos vamos, ¡coño! Y salimos como veinte minutos antes de hora. A mi lado iba una filipina y como siempre, se puso a hablar, que las filipinas si dejan de hablar se les debe entumecer la lengua y mueren o algo así y por eso no paran. Me contó toda su vida, incluyendo los detalles importantes, como que se casó con un alemán, que tienen un restaurante en la playa en el Nido y que tiene dos hijos. En la hora y pico de vuelo, me puso al día de todos sus quehaceres y me ofreció llevarme hasta el Nido desde el aeropuerto (o más bien, su marido, que la venía a buscar). Son las cosas de la magia de viajar solo. Lo peor que te puede pasar cuando viajas es llevar a alguien, en el instante en que hay dos o más, se te cierran muchísimas puertas. 

Cuando aterrizamos, salí del avión y me puse a grabarlo todo en vídeo. El avión era prácticamente nuevo y junto a la terminal que lleva diecisiete días abiertas, cuatro chamas cantando canciones típicas, momento estremecedor que por supuesto grabé. Entramos en la terminal, nos dieron nuestras maletas y el marido de la filipina nos alcanzó al pueblo. El lugar en el que me quedo es el Peak House Garden Pensión, en la parte cercana al mar y a cien metros del club de buceo que quería elegir para mis actividades subacuáticas. Después de dejar las cosas en la habitación, salí a comprar agua, a apuntarme para bucear al día siguiente y después a hacer fotos y bañarme en la playa hasta por la tarde. Después fui a la panadería del Nido, épica y legendaria y que ya apareció en el relato del primer viaje y me inflé a comprarme cosas por la friolera de treinta pesos o algo más de cincuenta céntimos de leuro. 

Por la noche salí a cenar y más o menos en ese momento comenzaron los apagones, algo que en el Nido sucede con un montón  de frecuencia y por lo que en las habitaciones siempre hay linternas recargables. Dejé apalabrado mi desayuno para las siete de la mañana en donde me quedo ya que tenía que ir a bucear a las ocho menos cuarto.  

Las fotos y los vídeos relacionados con esta anotación están en Los vídeos del día que fui de Cebu al Nido y el relato continúa en El día que buceé en Miniloc y anteriormente me cagué por las patas pa’bajo

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Desde Santa Fe a la ciudad de Cebu

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi jornada de transición comenzó bien pronto, bajando a desayunar a la hora a la que abrieron el restaurante del hotel a las siete de la mañana. Después me duché, terminé de preparar La Bolsa y a las ocho me alcanzaron a la estación del ferry. Allí compré mi billete y vi que había una guagua que al parecer hace la línea Bantayan (proper) y Cebu y compré mi billete y entré. Que rico que es estar esperando en un aparato con aire acondicionado. Nos movieron cien metros acercándonos al barco y nos teníamos que bajar antes de que el vehículo subiera al mismo, aunque primero comprobaron que todos teníamos billete para el barco. Deberíamos haber salido a las ocho y media pero como que les entró el modo de pachorra filipino y vinimos saliendo a las nueve. También deberíamos haber llegado a las nueve y media pero al final fue a las diez y cuarto. La guagua estaba llena y lo que yo no sabía es que por el camino no paraba a recoger pasajeros con lo que una vez en ruta recuperamos parte del retraso. El tío que estaba sentado a mi lado vomitó hasta el alma y eso que la guagua va despacito porque aquí no hay manera de coger velocidad en las carreteras. 

Sobre las doce y media estábamos en los arrabales de Cebu pero ahí nos pilla el horrendo tráfico de la ciudad y tardamos una hora para hacer unos cinco kilómetros. En un punto determinado y mirando el programa Grab, vi que por allí se podían pillar coches privados o taxis fácilmente así que me bajé y pedí uno que llegó al minuto. Me dejó en la puerta del hotel a dos minutos para las dos de la tarde. Lo primero que hice una vez dejé la bolsa en la habitación fue ir al centro comercial a comprar un candado porque perdí la llave del que traje. Después busqué una tienda de teléfonos porque no sé como me las apañé pero reenté el protector de la pantalla del teléfono, en algún lugar le di un golpe que lo rajó y eso que supuestamente hasta aguanta una broca de taladro. Me lo instalaron ellos mismos y desde allí, en el mismo hiper-mega-centro comercial, fui al cine que hay en el mismo y compré mi entrada. El cine tiene la extraña distribución que parece típica en las Filipinas (en base a los dos cines en los que he estado). En lugar de una entrada para todas las salas, las susodichas están repartidas por el centro comercial y hay que buscarlas. El cine era enorme. La película me gustó bastante y es probable que pronto aparezca por aquí. 

Después del cine, cené y me piré al hotel. 

El relato continúa en Mi primera vez en el aeropuerto del Nido

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Desde Dubai a Cebu

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi cambio de escenario comenzaba a primerisima hora ya que mi vuelo salia del aeropuerto de Dubai a las tres de la mañana. Sobre la medianoche me pidieron un taxi y me acerqué al aeropuerto. Es ENORME. Pero ENORME, ENORME. La zona para facturar es gigantesca, como un gran templo. Ya tenía mi tarjeta de embarque así que se trataba solo de dejar mi bolsa con cinco kilos de ropa y otras cosillas. Perdió peso porque casi toda la ropa que usé en Dubai la tiré. Pasé el control de seguridad y es más estricto que en Europa. Después me equivoqué y cogí el tren para ir a las puertas A de la terminal 3 y cuando llegué allí descubrí que mi vuelo salía de las puertas B. Regresó en el tren, subida en uno de los mega-ascensores que son como montacargas con cristales y que te llevan pa’llá arriba pa’l coño y así llegué a la zona de las puertas B. Es ENORME. Básicamente un centro comercial desde el que salen aviones, con un par de fallos garrafales de diseño. No hay suficientes baños, no hay suficiente sitio para sentarte y deberían tener un poquito más de mano dura con los hindúes que trabajan allí porque estaba un poco cochino. 

El embarque comenzaba y comenzó a las dos de la mañana. Bajamos un montón de plantas y al parecer nos llevaban en guagua al avión. Supuestamente era un Boeing 777-300 con lo que íbamos a ser mogollón. El viaje en guagua tomó como veinte minutos, llegué a pensar que realmente nos llevaban hacia las Filipinas en aquel trasto. Por culpa del avión aparcado tan lejos la salida se retrasó una media hora. Yo elegí un asiento en la parte trasera, junto en donde las filas se tornan de dos personas. Como ya me conozco el truco, me llevé una botella vacía para que la azafata me la llenara de agua y así no levantarme. A mi lado sentaron a un señor filipino que había estado trabajando en Arabia Saudita y volvía a su país para siempre. 

Antes el B777 me encantaba, era mi avión favorito pero desde que volé en el Dreamliner y en al A380 me parece un avión extremadamente ruidoso. Al poco de despegar nos dieron un tentempié y según me lo comí, me puse tapones en los oídos, el antifaz y creo que dormí unas seis horas. Por lo que recuerdo del viaje pillamos un güevo de turbulencias, pero yo me despertaba y me volvía a dormir o directamente no me enteraba. 

En el tramo final nos dieron un almuerzo y me puse a ver algunos episodios de las series que tenían en el sistema de entretenimiento del avión. El aterrizaje fue suave y sin problemas, salimos más o menos la mitad del avión, ya que allí recogía y dejaba gente y seguía hacia Clark, el aeropuerto que está al norte de Manila en una base gringa. Pasé el control de pasaporte, recogí mi bolsa, metí todo lo que llevaba de equipaje de mano en la misma, busqué un chiringuito de cambio de moneda y cambién cuarenta leuros por pesos. Después tomé un taxi para turistas y me llevó hasta el hotel. Me quedé en el Red Planet Cebu porque ya conozco la cadena de Manila y estaba junto a un centro comercial gigantesco en el que ya había estado. Fui allí y se produjo el milagro, los cajeros me dieron dinero con mi tarjeta maestro. Es algo maravilloso. Saqué dos veces por si se me acaba la racha También visité una tienda de uno de los dos operadores de telefonía y pillé una tarjeta prepago a la que le puse para un giga y medio a gastar durante treinta días y menos de dos leuros para llamadas. Todo me costó unos ocho leuros. En el aeropuerto te cobran casi veinte. Cené en un restaurante filipino y me retiré pronto. Mañana será una jornada de transición que comenzará a las seis y pico. 

El relato continúa en Viajando a Malapascua y mi primera inmersión nocturna