Buceando en el Kogyo Maru y el Teru Kaze Maru

La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Llegamos a la tercera zona en la que estuve buceando en las Filipinas, en los alrededores de la isla de Coron, lugar muy especial porque al final de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses habían tratado de ocultar parte de su flota en la zona y los gringos la bombardearon y hundieron. Estuve buceando tres días y en el primero de ellos, el cual ya conté en la anotación El pecio del Kogyo Maru, el del Teru Kaze Maru y un arrecife visité dos pecios.

De ese día solo tenemos vídeos bajo del agua, en el fondo marino del agua del mar. Lo que sí que hay es constancia de mi cena en el Lolo Nonoy, en donde me jinqué el siguiente plato de Lechon Kawali que estaba de muerte súbita:

Ya me imagino los comentarios de la fizna de la manzana mordida y del otro con el teléfono de los kabezudos. Yo soy entrañable y gente sencilla y humilde y la cocina filipina me flipa que no veas y me pongo ciego a base de platos. El descubrimiento sorpresa de este tercer viaje fue un postre que seguro que os suena familiar, el Leche flan, escrito en original tagalo y que parece que se sabe que país los introdujo a esta maravilla. Estaba mucho mejor que algunos que he comido en restaurantes españoles:

Volvemos a tener un vídeo gigantesco y dantesco a la vez, con casi ocho minutos y medio de metraje que se hacen más cortos gracias al Into The Groove de Madonna. El vídeo comienza bajando a los corales que hay en el pecio del Kogyo Maru. Como fui a bucear con tres pavas que estaban haciendo una aventura de buceo, en realidad bajé solo con el chamo que me guiaba. El pecio está recostado y por eso se puede ver todo como con noventa grados de desvío. Se puede también ver como bajamos al primer nivel y el garbeillo que nos dimos por dentro. Ya puedo tachar de mi lista viajar en el tiempo a la Segunda Guerra Mundial y montarme en un barco o en varios de guerra. Este estremecedor documento, como siempre, en el mejor blog sin premios en castellano. Flipante la cantidad de corales que habitan sobre el barco. En algún momento del vídeo hay una transición al pecio del Teru Kaze Maru y después a un arrecife de corales. Sobre el minuto siete hay una cantidad brutal de peces. Para los más viciosillos hay un regalito casi en el minuto octavo, en donde se puede ver a las dos pavas noruegas y a la danesa, que buceaban pero iban por zonas menos profundas ya que el Gran Dios no les dio la titulación que alguien tan avanzado como un servidor tiene. también se puede ver que aquello de falúa no tiene nada, es un pedazo de barco, el más grande que hay en Coron para buceadores. El vídeo, si no lo podéis ver debajo de este texto, está aquí:

El siguiente capítulo está en Caminando como en la luna en el lago Barracuda y visitando los pecios del Olympia Maru y el Morazan Maru

El día del viaje en barco entre el Nido y Coron

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La de hoy es una anotación multimedia en la que no habrá vídeos por circunstancias de la vida que la hicieron así. Aquellos con memoria elefantiásica recordarán que cuando narré lo de Desde el Nido a Coron ya fue un relato minúsculo dado que ese día no hice mucho. En realidad fue darme un madrugón de escándalo, ir en un barco rápido (relativamente) desde el Nido a Coron y el resto del día lo pasé recuperándome del palizón y pajariando. Aún así, tengo tres fotos para compartir.

Montenegro Fastcraft

Hay creo que tres o cuatro compañías dando servicio a la línea entre el Nido y Coron pero solo Montenegro Lines ha puesto un barco en condiciones y rápido. Hay una compañía con un barco grande que hace la ruta en unas ocho horas, hay un par de compañías que tienen unas falúas de estas filipinas con los palos por los lados para darles flotación y que hacen la ruta entre cinco y nueve horas dependiendo de la mar y como no tienen cabina, ahí te lo puedes pasar bomba con mal tiempo y después está la versión de puro lujo Merilléin que es la que elegí yo en el barquillo de la foto y que tiene una capacidad para unos cien julays.

Interior del Montenegro Fastcraft

El interior es fastuoso y hasta parece la cabina de un avión pero de los de antes, de cuando las azafatas de liberia aún no habían cumplido cuarenta años o hace por lo menos tres décadas de eso. Tienes una butaca rumbera, hay telelevisión y eso que se ve por la parte del techo en el lado de la derecha no son compartimientos para poner el equipaje de mano. Noooooooooo. Eso son los aparatos de aire acondicionado que convierten la estancia en un refrigerador de frío con escarcha de la rica y que si te toca en el asiento sobre el que cae el aire, ya te puedes poner un polar sobre dos pullovers porque no hay manera de regularlo. Sobre mí había otra de esas máquinas y el aire le caía al que iba sentado al lado mío, que salió moreno del Nido y llegó azul a Coron.

Esa noche regresé a un viejo conocido, el restaurante Lolo Nonoy y me jinqué un plato de chop suey filipino que estaba de que te cambas. De los varios restaurantes que probé en mi primera estancia en Coron, ese fue el que más me gustó y en esta segunda visita me limité a acudir a cenar allí todos los días.

Esta anotación es como de descanso ante lo que está por venir, una traca con vídeos épicos, legendarios e interminables bajando a pecio tras pecio de barcos japoneses hundidos en las cercanías de Coron durante la Segunda Guerra Mundial.

De Coron al infierno de Manila

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Finalmente llegó el día en el que comenzaba el Gran Retorno, una vuelta con varios pasos. Por desgracia, ni el Nido ni Coron son aeropuertos internacionales con lo que hay que volver a Manila o Cebu para poder regresar a casa. Temiéndome el retraso habitual de los vuelos nacionales en Manila, elegí El Segundo del día, a las diez menos diez de la mañana. Me levanté temprano y a la hora en la que comenzaban los desayunos en la pensión, yo ya estaba allí, ya que quería evitar a los dos viejos que llegan y piden el desayuno de toda su familia, que son como diez y después las chicas se pegan veinte minutos preparándolo. Esta vez se jodieron porque cuando aparecieron yo ya estaba esperando el mío y además me senté en su mesa favorita y hasta consideré el mearla alrededor para marcar el territorio. Entre las siete y las siete y media de la mañana supuestamente me recogían para llevarme al aeropuerto. Tras desayunar, lavado de dientes y rápidamente terminé de empaquetar. A las siete y un minuto estaba la furgoneta en la puerta. De mi pensión iban dos más y en el vehículo había dos filipinas. Pensé que haríamos el tour del pueblo recogiendo gente pero no, el tío salió por patas. Probablemente batió varios records de velocidad y puso nuestras vidas en peligro más de una vez, pero parecía tener una misión y estar dispuesto a completarla. En un tramo cerca del aeropuerto en el que la carretera es una línea recta, un pájaro de esos pescador está en la misma. El colega ni redujo la velocidad ni se pasó al otro carril. Mató al bicho sin escrúpulo alguno. 

Al llegar al aeropuerto había aterrizado el primer avión del día y la razón de su prisa es que tenía que recoger a unos japoneses, un grupo de doce que han venido a bucear en el Fun & Sun y que debían llegar ese día. Curioso como los caminos de la gente se cruzan. Fuimos los primeros en el aeropuerto. El control de seguridad es de pura risa y de hecho, se me olvidó quitarme los auriculares bluetooth y sacarme algunas cosas de los bolsillos y los arcos no pitaron. Con mi tarjeta de embarque en la mano, entré en la sala y me senté. Faltaban dos horas para el vuelo. Pronto, el GooglEvil anunciaba veinte minutos de retraso, después treinta y más tarde una hora y diez. Por la megafonía también lo dijeron, que por congestión del aeropuerto de Manila, el avión vendría con retraso. De hecho, el avión llegó al mismo tiempo que el tercero del día. Iban a comenzar el embarque con nosotros pero cambiaron de idea y decidieron que primero el otro. Se montó una pelotera allí, la acarajotada que recogía las tarjetas de embarque no se enteraba y mezcló pasajeros de los aviones, después un grupo de gente se le fue por la pista para hacerse fotos, todos corriendo a pararlos, el resto que tiró para el avión sin tener permiso, en fin, que ni los hermanos Marx podrían haber organizado un embarque más caótico. Finalmente, con los dos aviones llenos, decidieron qeu el nuestro iría primero. Despegamos y tardamos una hora y diez minutos en llegar a Manila. Era un ATR-72. Dos minutos por detrás de nosotros venía el otro. Al salir del avión, poco menos que le tienen que dar hostias a la gente para evitar que se vayan por el aeropuerto a hacerse fotos. Recogí mi maleta, busqué el mostrador de Grab y pedí un coche con mi App para llevarme al hotel. Precio del viaje, tres leuros. Si lo puedo evitar, jamás volveré a coger un taxi en Manila, los taxistas son todos unos ladrones y los taxímetros los tienen trucados. No había mucho tráfico y el viaje fue relativamente rápido.

Mi hotel era el Red Planet Ermita. Tiene el mismo aspecto que todos los de la cadena y eso ome gusta. Nunca había estado en esta parte de la ciudad y es una mierda. Es la zona de los hoteles, la zona de las putas, la zona de los nichos que son adictos a esnifar pegamento y que pueden cometer crímenes impunemente, es la zona de los mendigos y es la zona DE LA MIERDA. El hedor de las cloacas es insoportabaes, cuando no ves una directamente rebosándose en la calle. A unos ochocientos metros del hotel está el Robinsons, un centro comercial con cine. Fui para allá y tras esquivar a pordioseros y niños tratando de robarte en los bolsillos entré. Vi una película, cené allí y por suerte, comenzó a llover cuando salí y eso parece que distrajo a la chusma y la gentuza. 

Lo repito y lo tripito. Manila es una mierda de ciudad. Si no fuera por el riesgo de retrasos y cancelaciones, jamás pasaría por ella. 

La foto y el vídeo con lo que sucedió este día lo podéis ver en Yendo a Manila desde Coron y el relato continúa en La Bahía de Manila de día y de noche

Siete Pecados y el drama de los chalecos salvavidas

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi último día completo en Coron era el del Coron Island Ultimate Tour, una especie de combinación de los tour A y B. Como es la norma, me levanté temprano y hasta subí a desayunar sobre las siete menos veinte. Después tenía tiempo ya que tenía que estar en el lugar en el que pagué a las ocho y media. Salí sobre las ocho y cuarto y allí tuvimos que esperar un rato mientras llegaban todos y después nos llevaron en tricycle al embarcadero, igual de caótico que un año atrás. Hay una pava que parece que lo controla todo pero nunca se sabe. Los barcos hacen líneas en el mar y según el tour que hagas, tendrás que saltar de unos a otros. En mi caso, íbamos en El Segundo barco con lo que solo salté al primero y entre ese y el segund pero la gente que iba a hacer el tour B tenían que saltar hasta el cuarto. Después tuvimos que esperar a que el guardacostas permitiera la sanidad y todas las chalanas salieron como un enjambre, dividiéndose en tres grupos. Nuestra primera parada era en las Islas de Coral (en tagalo), una especie de arrecife lleno de corales. Nos tiramos al agua y a mirarlos. Desde allí fuimos nadando hasta la playa CYC, El Segundo lugar. Particularmente, la playa me pareció una mierda del copón, pero claro, he visto tantas preciosas que mi estándar está muy pero que muy alto. Después de unos cuarenta minutos seguimos para Skeleton Wreck, el pecio de un pesquero chino. Está muy castigado por el mar y tiene mucho pescado y coral pero no se puede ver bien porque está como a unos cinco o seis metros de profundidad. Estuvimos allí casi tres cuartos de hora y dese allí seguimos a Sunset Beach, sitio en el que parábamos hora y media para tomar el sol y también almorzar. Hice algunas fotos de la playa y espués me tiré en la orilla a absorber mis últimas horas de sol. 

Después del almuerzo seguimos hacia Twin Lagoon, los lagos gemelos, que son uno que se usa como aparcamiento de la marabunta de barcos y el otro al que se accede o po una escalera o por un agujero en las rocas. Hay una diferencia fundamental entre mi visita del año pasado y esta. Antes te podías bañar como te saliera de los mondongos y recorrer todo el lago. Ahora han delimitado la zona en la que se puede nadar y se ha vuelto obligatorio el nadar con chaleco salvavidas. Eso apesta y cuando le pregunté a uno de los chicos del barco me dijo que en abril, dos JOSDELAGRANPUTA-truscolana, dos extranjeros, medio borrachos, decidieron hacer free diving en uno de los lagos y bajar a veinticinco metros. MURIERON. Por eso ahora es obligatorio el uso de chaleco salvavidas, el free diving está terminantemente prohibido y yo espero y deseo que esos dos cabrones estén ardiendo en el infierno y que ya hayan troceado sus cuerpos y los hayan cocinado en algún restaurante chino barato. La estupidez de algunos es infinita y esto demuestra la sabiduraía de la madre naturaleza al eliminar esos trozos de código genético defectuosos, asquerosos y repugnantes. 

Desde Alí fuimos al lago Kayangan, ese que hay que subir y bajar por la montaña y que en la parte de arriba tiene una vista idílica. En el año que ha pasado desde mi visita, ahora el chaleco salvavidas es obligatorio, la zona de nadar se ha acotado y además, han echado cemento a punta pala y construido una escalera, en lugar del salto de rocas saque había el año pasado y que si te descuidabas te escoñabas. Me tuve que llevar el chaleco para subir a hacer las fotos pero pasé de bañarme. Lo del chaleco es una mierda. En su lugar, regresé al mirador para hacer más fotos y después bajé al nivel de los barcos para ver si habían puntos fotográficos escondidos por allí. 

Nuestra última parada fue en Siete Pecados (en tagalo), siete islotes pequeñitos que han convertido en parque marítimo y que esconden el mejor arrecife que he visto en las Filipinas. No entiendo por qué no lo incluyen en ninguno de los otros cuatro tours. El año pasado me lo perdí. Flipé en un arrecife increíble, con una cantidad de coral dantesca y queasy estar la marea baja todo quedaba muy cerca. Estuvimos allí como cuarenta minutos. 

Vinimos regresando al puerto a las cinco de la tarde. Después, fui a la pensión, me duché, contraté el transporte para el aeropuerto del día siguiente y me fui a cenar al Lolo Nonoy Foood Station. Al regresar me metí en una tienda que me recomendaron las chicas del Fun & Sun y me compré dos camisetas. 

Las fotos y el vídeo de lo que sucedio este día están en la anotación Buceando en las islas de Coral, Siete pecados y el pecio Skeleton y visitando el lago Kayangan y el relato continúa en De Coron al infierno de Manila