Mi segundo paseo alrededor de la isla de Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

El segundo día de barco uno ya es un experto. Ese día además ya estaba acostumbrado a una habitación con ventilador y hasta dormí bien. Me desperté a las cinco de la mañana, cuando comenzó el concierto de gallos truscolanes y la luz reventaba la habitación pero ya estaba preparado y me puse un antifaz y listo. El ruido una vez lo reconozco, mi cerebro se encarga de cancelarlo. A las siete y media me desayunaba mi tosilog, que me encanta y a las ocho me venían a buscar. De los del primer día coincidimos seis en el barco así que ya tenía coleguillas. Entre los nuevos, una pareja joven de chilenos que después de trabajar y ahorrar durante tres años, dejaron sus empleos en la banca y están recorriendo Asia durante cuatro meses. Una pareja muy agradable con los que pasé parte del día. Como siempre, en los cuarenta minutos previos a la partida, va llegando la gente, entran y salen vendedores de todo tipo del barco y en ocasiones, otros barcos se acoplan al nuestro por detrás y lo usan de puente. Al final éramos unos dieciséis, número que coincidía con la capacidad de pasajeros. 

Nos dijeron que iban a alterar el orden del producto pero no el resultado del mismo y salimos desde allí para el lago Barracuda, llamado así en Filipino porque casualmente pillaron la palabra de cierto idioma usado también en el mejor blog sin premios en castellano. Os voy a dar unas lecciones gratis de tagalo. Si quieres una cuchara, pides cuchara. Si quieres indicar un día de la semana que no sea el domingo, puedes decir lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado. Si lo que quieres es referirte a un mes en tagalo, son los siguientes: enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Dificilísimo de aprender para nosotros. Volviendo al relato, el lago Barracuda está cerquita, pero lo que se dice cerquita del Kayangan que vi el día antes y yo intuyo que están conectados. A este se accede por un lugar mucho más fácil y dentro había algún pescadillo, aunque tiene una mezcla de aguas salada y dulce. El sitio era fabuloso y nadamos, buceamos y nos divertimos todo lo que quisimos durante una hora o así. 

Desde allí fuimos a ver los restos de un barco hundido. La chusma y la gentuza, aconsejados por asesores truscolanes, decían que era un barco de guerra japonés hundido durante la Segunda Guerra Mundial. Pura mentira. Es un pesquero Chino que se hundió mucho más tarde. Espectacular el nadar sobre los restos. 

La tercera parada era en la playa de Smith, llamada así porque allí vivió un gringo con ese apellido. El sitio es fabuloso, como creo que algunos han visto. Una playa de fábula. Allí además nos sirvieron el almuerzo y estuvimos como hora y media. Justo al lado está el arrecife jardín o de Smith, fabuloso. El guía nos dijo que era posible ver tortugas y como vi que uno de los del barco se tiró con los filipinos que tenían chalecos salvavidas y los llevó en una dirección, decidí seguirlos y así vi una tortuga. También vi una medusa del tamaño del cabezón de un joputa-koreano-de-mierda. Había también unas medusas pequeñas y como luminosas que esquivé como la pista bubónica. Al chileno lo rozó una y el colega se acordó de todos los presidentes que no ha tenido truscoluña porque jamás ha sido nación. 

La última parada del día fue en los lagos gemelos. La llegada en barco es espectacular, escondido entre rocas con unas formaciones preciosas. Cuando entramos solo había otro barco. Desde el nuestro, nadamos hasta una escalera, subías unos escalones y al otro lado, escondido, un lago fabuloso, supuestamente el gemelo de la parte de afuera, que para los filipinos es otro lago, misterio de esos como los de la virginidad de María porque está en el mar y allí no hay lago alguno. En cualquier caso, un sitio de fábula. También se podía acceder pasando por un pequeño túnel creado naturalmente en la roca. En un cierto momento debieron llegar todos los barcos de las demás excursiones porque empezó a aparecer gente por el túnel y por la escalera que no veas. El momento cumbre fue cuando llegó Yeni la vacaburro, embostada hasta el infinito y más allá y aún tres metros más allá. Subieron todos por delante de ella salvo uno, se lanzaron al agua y gritándole para que viniera y se tirara. Cuando ella apareció por arriba, todo el mundo comienza a alejarse de la zona de impacto gritando como si fuera el fin del mundo. La Yeni no se tiró y ella también gritaba de pánico. Bajó los escalones de nuestro lado y al final y de alguna manera llegó al agua, aunque le tomó como diez minutos y para cuando entró recibió una ovación de escándalo. Tenía chaleco salvavidas y un flotador de esos como corona de muertos que se ven en las películas de risa y que tienen en los barcos y aún así la japuta se hundía. En el falso lago exterior vimos también una medusa enorme. Cuando salimos, en el lugar había como quince barcos. Estaba petado. Después nos llevaron de vuelta al poblacho de Coron. Me encochiné a pan filipino y después de volver a mi pensión, reservé mi billete de avión para volar de Manila a Legazpi y se me ocurrió subir al monte Tapyas, que tiene una escalinata preciosa y de paso podía ver la puesta de sol desde allí. Maldita sea la hora que se me ocurrió eso. Al final eran setecientos veinte escalones. Hice la puta foto con la puesta de sol pero casi me muero en el intento. Con veintinueve grados, subir escaleras no es lo mismo que con diez. Descendí y busqué un restaurante que estaba en el puesto número 3 de tripadvisor, un sitio llamado Brujita bar and Restaurante. Es un sitio para turistas, allí no había un filipino ni por error. Además, era un cuarto pequeño y la gente fumaba dentro. En fin, no es un lugar al que volveré a ir. 

Por la noche, el alemán/suizo/australiano que se quedaba en la habitación junto a la mía le dió por paliquear y casi nos dió la medianoche. Y así transcurrió el día. 

El relato continúa en La escapada a las islas del tercer día en Coron

El primer paseo alrededor de la isla de Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Uno no se recorre medio universo para llegar a su destino y encerrarse en una habitación a esperar que sea la hora de marcharse. Aquí hay que aprovechar el tiempo al máximo porque es más que probable que sea la única oportunidad de ver el lugar en mi vida. Para mí primer día, me apunté a una gira con el pomposo nombre de Coron Island Tour A y que prácticamente todos los chiringuitos  que se auto denominan agencias de viaje ofrecen. Paso de complicarme la vida y patearme el lugar para poder ahorrarme un leuro así que lo contraté en mi pensión. Me vinieron a recoger sobre las ocho de la mañana, un chamo en una de esas motos con sidecar maximizado al lado. En el camino recorrimos unas chamas y nos dejó en lo que ellos denominan el muelle junto a un barco. Fuimos los primeros en entrar. Las otras dos eran Filipinas, aunque una puso que tenía un pasaporte británico. Después comenzó a llegar más y más gente y salvo por una alemana, todos los demás eran filipinos, aunque algunas hembras ponían la nacionalidad del país en el que fueron adquiridas por un hombre. 

Nuestra primera parada fue en un lugar que creo que el chamo llamó el lago verde. Se podía nadar pero nos dijo que el suelo era arenoso y no había corales así que no valía la pena y me limité a nadar en el lugar, con el agua calentita y unas condiciones perfectas. Desde allí fuimos a la playa CYC, que buscando en internet creo que viene de Corn Youth Club. En cualquier caso, es una isla pequeñita preciosa, rodeada de arena blanca, en la que había gente haciendo camping y con un pequeño manglar en uno de los lados. También había una zona de corales con lo que en la parada que hicimos en el lugar, aproveché para verlos y desplegar todo mi armamento fotográfico, haciendo fotos con la CANON 6D, con el teléfono y con la cutre-cámara que hace vídeos también submarinos. Estuvimos allí casi una hora antes de seguir el camino hacia la playa de Atwayan, conocida por algunos como la playa del ocaso. Arena blanca, agua limpia, un sitio perfecto. Mientras esperábamos por el almuerzo, fui a ver el Quin Reef o el Arrecife Quin. Está bien y tal y tal. Nos encochinamos a base de bien y después estuvimos casi una hora en la playa, disfrutando del sol y de un agua con la temperatura perfecta. Nuestra siguiente parada era para ver el épico y legendario lago Kayangan del que tanto hemos oído nombrar. 

Merece la pena parar por aquí y decir que Coron es la tercera isla más grande de las islas Calamian. Toda la isla, toda, toda, toda, está protegida y por eso luce tan fantástica. Coron pueblo y municipio está en la isla de Busuanga, la cual queda enfrente de la isla de Coron

Siguiendo con el relato, para llegar al lago entramos en una bahía fabulosa e idílica. Desde allí hay que subir por unos escalones apañados/construídos en la roca y antes de descender hacia el lago hay un lugar con unas vistas que te dejan sin habla. Después de descender al lago, yo me esperaba una charca y lo que me encontré es un enorme lago, con mezcla de agua dulce y salada y al parecer, el mejor conservado y el que tiene las aguas más límpias y cristalinas de todo Asia. Un alucine que no veas Estuvimos allí casi dos horas con lo que tuvimos tiempo suficiente para bañarnos, explorar con las gafas y el tubo, hacer fotos y vídeos y más fotos y hasta charlar en el agua. Un sitio increíble. Tuvimos que volver a subir y bajar escaleras para regresar al barco y en el camino, volví a parar en el mirador para hacer unas cuántas fotos más, que uno nunca tiene suficientes. 

Después regresamos hacia el municipio de Coron y al llegar nos quedamos un rato charlando en el muelle. Tuvimos un grupo muy agradable. Regresé a mi Keli haciendo una parada en una panadería para encochinarme y después de ducharme y refrescarme, esa noche cené en un grill. También me apunté para el siguiente tour, el cual tiene un nombre dificilísimo de adivinar.  

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Desde Manila a Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi primer día en Manila era de pura transición. En la cutre-pensión que elegí no funcionaba el acceso a Internet con lo que se han caído de mi lista de lugares. Por lo demás, la ubicación era perfecta, directamente a la entrada de la terminal 4 del aeropuerto de Manila. 

Por la mañana, me acerqué a la oficina de Skyjet Air para pagar mi billete a Coron. Son una aerolínea que no le mola a la Unión Europea porque los conceptos de seguridad los tienen muy difusos. Tienen un par de aviones, jets con cuatro motores que al parecer son British Aerospace 146, que se dejaron de fabricar alrededor del año 2000. Después de pagar el billete, volví a la zona del hotel y desayuné, con huevo frito-frito, arroz y rollizos de primavera filipinos, que todos sabemos que soy fans. Lo llamaban desayuno Shanghay. Después y hasta las doce, aprovisioné más dinero, ya que los cajeros automáticos no te dan más de 9000 pesos filipinos y cuando dejé la pensión, crucé la carretera de nuevo con mi mochila y entré en la terminal. Desde fuera se ve cutre y parece abandonada. Una vez dentro, está renovada y petadísima de gente. Me puse en la cola de Skyjet y ya tenía preparada mi bolsa a prueba de agua con la cámara, el iPad y todo lo de valor. El resto, lo tuve que facturar porque el avión es tan pequeño que te dejan muy poco equipaje de mano. 

Una vez facturé, pasé el control de seguridad de risa, en el que no te dejaban pasar líquidos, algo nuevo en las Filipinas ya que en otros aeropuertos si te dejan y que supongo que tiene que ver con las concesiones de la terminal. A la hora prevista comenzó el embarque y el avión se ve ajado. Tiene unas gritéis las en la zona en la que el ala conecta con el resto del fuselaje que dan mal yuyu. Tuvimos que esperar unos cinco minutos por los dos últimos pasajeros, dos filipinos a los que la azafata puso a caldo de pota delante de todos. El despegue en esa cosilla fue épico, yo juraría que usó solo dos motores y que cuando estábamos en vuelo encendió los otros dos.  El viaje fue de unos cuarenta minutos y nos daban un vaso de agua sellado y una chocolatina. El aeropuerto de Busuanga está en el medio de las montañas, en un lugar perdido por los dioses y juro por las bragas más sucias de la reina que pensé que nos pasábamos de pista en base a como frenaba el colega. Salimos, fuimos a la terminal, que es una pequeña nave, recogimos el equipaje y en la puerta nos esperaban mini-furgonetas para llevarnos como ganado a Corón. El viaje, que alterna carreteras de tierra y asfaltadas es de media hora. En Coron, me dejaron en la puerta de mi motel y pagué la friolera de tres leuros por el viaje. 

Tomé posesión de mi habitación, con ventilador porque he decidido pasar un poco del aire acondicionado, dejé las cosas, pillé la cámara y me fui a ver la zona, hacer fotos y cuando llegó el momento, cené. También me apunté para mi primera excursión, un viaje en barca para ver lugares, bucear y demás, pero esa historia la dejamos para otro día. 

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