Viajando de Manila a Corón en vídeo

Esta serie de vídeos complementan la historia del viaje comenzó en Cruzando China camino de Manila

El año pasado durante el verano tuvimos varias anotaciones con los vídeos que hice en mis vacaciones en las Filipinas. Este año estoy procurando no dejarme ir hasta el final de agosto y procuraré que una o dos veces por semana aparezcan por aquí algunos de esos vídeos, hechos o con mi maravilloso telefonote androitotorota o con mi cutre-cámara submarina, sub-acuática, sub-normal de cincuenta leuros. El orden de los mismos no tendrá ni pies ni cabeza. En algunas ocasiones será un evento, como hoy y en otras serán varios días, dependiendo de la cantidad y la falta de calidad de los mismos. Huelga decir que esto es contenido absolutamente original y gratis total y que solo está disponible en el mejor blog sin premios en castellano, o para aquellos menos inteligentes, Distorsiones. Hoy va de aviones, o de un avión muy particular en el que volé por primera vez en mi vida entre Manila y Corón. Se trata de un British Aerospace 146, avión que se dejó de fabricar en el año 2002 y del que en enero del año 2014 quedaban ochenta y seis en circulación. Para ir a Coron se volaba desde la Terminal Doméstica del aeropuerto de Manila, un edificio de la prehistoria. También la conocen como Terminal 4 y al igual que las otras, está totalmente aislada de sus tres hermanas y si tienes que ir de una terminal a otra, es una pesadilla que puede durar más de una hora por el eterno atasco que rodea al Aeropuerto de Manila.

Comenzamos cuando comienza el embarque y salimos a la calle para andar hacia el avión. El siguiente y estremecedor documento lo hice andando por un lugar protegido del sol mientras íbamos hacia el avión, que se puede medio-ver:

Caminando hacia un British Aerospace 146 en Manila

Y aprovecho para empotrar una foto con el glorioso BAe 146 en toda su gloria. La foto la hice en el aeropuerto de Busuanga, en Corón, cuando cinco días más tarde regresaba hacia Manila. Se puede ver que el avión es como un pequeño Jumbo con cuatro motores de juguete. Puede llevar unos ochenta pasajeros y en la zona en la que las alas se unen al fuselaje hay unas grietas que son la alegría de todos aquellos que tienen pánico a volar y que se pueden ver perfectamente cuando estás entrando al avión. En el vuelo de vuelta no hice vídeos porque casualmente, mi asiento de ventana era en la única fila que no tenía ventana por estar la conexión con el ala.

British Aerospace 146 en Coron

Dicho lo anterior, solo tenemos el despegue en Manila y el aterrizaje en Busuanga (o lo que nosotros llamamos Corón). En el siguiente vídeo he fusionado ambos eventos, con musiquilla de John Williams. La primera parte permite ver un poco la ciudad de Manila y en la segunda parte llegamos desde el mar a Busuanga y nos aproximamos al aeropuerto hasta tomar tierra:

Desde Manila a Coro?n

Comentar que este avión no abre compuertas en los motores para el frenado. Tienen algún tipo de paraguas o sistema parecido en la parte trasera. El frenado es brutal. Los trolleys dopados como ciclistas profesionales que algunas personas llevan como equipaje de mano no entran ni-de-coña en los minúsculos compartimientos que hay sobre los pasajeros.

La siguiente tanda de vídeos está en Los vídeos del primer día de excursión alrededor de Corón

Regresando a Manila desde Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi último día en Coron comenzó desayunando una hora más tarde de lo habitual. Me desperté a la misma hora que siempre, sobre las seis y media pero en lugar de salir, me dediqué a ver vídeos. Como me llevaban al aeropuerto sobre la una de la tarde me fui al centro del villorrio a patearlo bien y ver si me dejé algo de interés por allí. También aproveché para entrar en un banco y cambiar un billete de cincuenta pesos que me dio un colega de mi trabajo y que ya no lo aceptan en ningún lado. Otra cosilla que hice fue buscar las postales para mandarlas ya que intuyo que las de Coron serán las más espectaculares. Cuando estaba por desistir porque en los únicos sitios que tenían eran carísimas me topé con una tienda escondida, fuera del centro y a la que iban todos los filipinos a comprar. Allí me hice con las postales, todas distintas. En cada una de ellas he indicado las instrucciones que tendrán que seguir los que las reciban tan pronto como lo hagan. Una vez las tuve preparadas, fui a la oficina de Correos, que es un cuarto con un señor rodeado de sacas y compré los sellos para las postales, entre veinticinco y treinta céntimos de leuro. Lo curioso es que el colega estampa el sello delante tuyo y después las pone en la saca. Veremos cuantas consiguen llegar a su destino. Una va a los Países Bajos y el resto a España. 

Estuve buscando el mercado de Coron pero lo deben estar renovando porque en el lugar indicado por los dos programas con mapas que tengo no había más que una obra. Me pateé la ciudad hasta las once, me comí un helado, me compré pan del rico y después regresé a la pensión. Sobre las doce me duché y preparé la bolsa y me puse a ver un episodio de una serie mientras llegaba la hora. El hombre apareció quince minutos antes de tiempo porque al parecer iba a llover (y lo parecía) y según la fuerza de la lluvia, nos podía tomar más tiempo. El transporte me lo organizaron en la pensión y pensé que sería un mini-van petado hasta arriba de gente pero resultó que yo era el único pasajero. Camino del aeropuerto nos llovió un montón pero no hubo problemas. 

Al llegar a la terminal entré, pasando un control de seguridad inicial, después facturé la bolsa sin la cámara y el iPad y mis medicinas para el asma, que aunque prácticamente nunca las uso porque se me olvidan, las llevo conmigo. También puse en la bolsa de mano el cargador y todos los cables. Si algo le pasa a mi bolsa y se pierde, lo único que hay dentro es ropa. Al facturar me dijeron que había al menos una hora de retraso. 

Me senté en la sala de espera, pegada hasta la bandera. Todos los aviones a Manila o procedentes de Manila tenían entre una y dos horas y media de retraso, para las tres compañías que operaban, Cebu Pacific, Skyjet y Philippines Airlines. El de Cebu era el peor parado y el mío, en lugar de despegar a las tres y diez, lo hice a las cinco menos veinte. Cuando mi avión llegó a Coron, según salió el último pasajero comenzó el embarque y la parada del avión en el aeropuerto no fue de más de quince minutos. Por la pista de despegue correteaba un gato que no sé si lo mató nuestro avión o el siguiente en despegar. El vuelo se alargó quince minutos más de lo previsto por el piloto porque nos cambiaron la pista de aterrizaje y nos pusieron en cola para otra, al parecer por movidas de viento. YO iba en la fila cinco del avión que casualmente es la que está en el punto en el que el ala se une al fuselaje y no tiene ventanas con lo que al menos si moría, lo hacía sin ver el drama sucediendo ante mis ojos. 

Tras aterrizar tardamos un rato en llegar a la zona de la terminal 4 del aeropuerto de Manila y después pillé un taxi a mi motel. Después, comenzó a llover con saña y en una pausa de la lluvia salí a cenar. 

El relato continúa en Desde Manila a Donsol pasando por Legazpi

El día de los arrecifes de coral y los barcos hundidos

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi cuarta y última excursión en Coron era una llamada Arrecifes y barcos hundidos tour D. Como siempre, desayuno a las siete y media de la mañana, mi favorito, el tosilog y después me recogieron a las ocho y pico. El barco, el cuarto en el que me monté de la compañía con la que he hecho todas las giras, era el más pequeño pero aún así, al final éramos once y la capacidad, por supuesto, de diez pasajeros, más los tres de tripulación que seguramente no cuentan. Teníamos dos franceses, un belga, dos daneses, un holandés/españó/africano, dos chinos y tres filipinos. Yo me apunto a estas cosas feliz y contento y no investigo nada porque estoy de vacaciones y no me interesa, así que allí me enteré que íbamos a una zona a una hora y cuarenta minutos de Coron. El tiempo lo maté hablando con una francesa que resultó que trabajó en Burgos hasta hace dos lunas durante cinco años y que ha viajado por todo el universo conocido. En el camino, en cierta parte, veíamos en el agua medusas como cabezones de joputas-koreanos-de-mierda o papahuevos canarios. Eran gigantes. Tras el viaje eterno llegamos a la primera parada fue para ver un barco japonés hundido en la Segunda Guerra Mundial. Está en Lusong y lo llaman el Lusong Gunboat. Está muy cerca de la superficie así que se puede ver perfectamente con gafas y tubo. Fue un flipe, es increíble cómo ha quedado cubierto de corales y la cantidad insana de peces que hay en el lugar. Estuvimos dando vueltas alrededor del mismo como tres cuartos de hora. Después fuimos a ver un jardín de coral que según el guía es el mejor conservado de Coron. En dos palabras, FAN TÁSTICO. Asombroso, es enorme y está en perfectísimas condiciones. Hay una cantidad brutal de corales de la máxima calidad. Es como entrar en otro universo. Estuvimos allí otros tres cuartos de hora y dimos una vuelta larguísima en el agua para ver todos los corales, a los primos de Nemo y un montón de pescados más. Espero que los vídeos queden bien para que flipéis. En la zona también hay alguna tortuga pero debía haber salido a desayunar o a tomarse un cafelito porque no la vimos. 

Dejamos el lugar alucinando en tres y hasta cuatro dimensiones y solo con gafas de bucear y no las TresDé y continuamos hacia la isla de Pass, un pequeño islote con una playa bonita y en el que parece que hay Cabañas para desconectarte del universo y quedarte unos días perdido. Allí almorzamos ya que aunque aquí algunos se quejan de que estas anotaciones son cortas, no se dan cuenta que las escribo con el iPad y que si sumamos una hora y cuarenta minutos, dos tramos de cuarenta y unos diez minutos para moverte entre sitios y habiendo salido sobre las nueve y cuarto, ya era bien entrado el mediodía. Después de almorzar y charlar nos metimos en el agua para ver otro arrecife súper-hiper-meta bien conservado y en el que hay unos moluscos gigantes, son como almejas pero de cuarenta o cincuenta centímetros de diámetro, imagino que las entrenan los mismos que preparan a los ciclistas para el Tour, el Giro y la Vuelta y están dopadísimas y con múltiples transfusiones. Ese arrecife está como a metro y medio de profundidad con lo que te tienes que mantener en la superficifie en todo momento para no romper los corales o que te pique algo. 

Vinimos saliendo sobre las tres de la tarde de allí y tras más de una hora llegamos a otro barco hundido, en East Tangat. La francesa se tiró al agua, el belga se tiró al agua, después fueron en paralelo la otra francesa y la danesa, yo entré detrás y en eso que todos ellos señalan a una medusa con mala baba truscolana que venía hacia ellos. Lo que ninguno de ellos veía era la otra medusa truscolana que venía desde el fondo del mar hacia nosotros. No hubo ni que gritar ¡truscolano el último y además maricón! Salimos del agua sin dignidad ninguna y cuando empezamos a ver aparecer medusa y más medusas, le dijimos al capitán que pasaran por encima con el barco y con eso y el bizcocho que nos dieron, a casita, que se dice rápido pero vinimos llegando al puerto sobre las seis menos cuarto. Después, fui con la francesa a mi panadería filipina favorita, estuvimos hablando un rato y seguí hacia mi pensión. Organicé el transporte al aeropuerto del día siguiente y me fui a cenar al Kawayanan Grill Station porque es el más cercano a la pensión. Después, volví a mi cuarto para procesar las fotos, cargar baterías, mandar los Correos y escribir la anotación. Mañana, jornada de transición con visita al mercado local y seguramente, el día que mandaré las postales de los que las pidieron. Por supuesto y gracias a la magia de la programación de la bitácora, la acción que aparece hoy sucedió el jueves pasado.

El relato continúa en Regresando a Manila desde Coron

La escapada a las islas del tercer día en Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi tercer día la chama de la recepción tocaba en mi puerta a las siete menos diez y yo con el antifaz puesto y pensando que lo que quería era despertar al vecino. Resultó que se le trastocó la hora del reloj del teléfono y pensaba que era una hora más tarde. Como ya estaba despierto, me levanté para desayunar. Me vinieron a recoger y de nuevo, de vuelta al lugar desde el que salen los barcos. Del equipo original que comenzamos la primera excursión, quedábamos cuatro, aunque como siempre, apareció gente nueva y lo llenaron. La tercera excursión comenzaba y acababa con un viaje en barco de hora y media ya que las tres islas que íbamos a visitar están algo alejadas. En ese tiempo nos vamos conociendo todos gracias a la curiosidad infinita de los filipinos y a que no les da corte alguno y preguntan a todo el mundo. Nuestro destino inicial fue la isla de Malcapuya y el barco nos dejó en un lugar que no parecía para nada bonito. Caminamos dos minutos por un sendero y ¡Pam! Una playa de arena blanca espectacular, fantástica, fabulosa, increíble. Una franja enorme, vacía, sin gente y un agua cristalina. Un sitio flipante e inesperado. Estuvimos allí algo más de dos horas, tiempo que aproveché para nadar, mirar con las gafas el fondo marino del agua del mar, subir una colina y hacer fotos por todos lados, vídeos y lo que se terciaba. El sitio es de ensueño. 

Después y tras un viaje de un cuarto de hora llegamos a la isla Banana, llena de cocoteros pero que al parecer tiene la forma de un plátano. Tiene una playa que está muy bien pero es que después de haber visto la otra el listón estaba muy alto. También tenía unos corales y arrecifes muy bonitos. Pasamos allí una hora y cuarto y para entonces ya éramos todos familia. Después dimos un tercer salto de diez minutos hasta la isla de Bulong Dos, pequeña y con una playa minúscula. Creo que en el pasado allí había una especie de bar espectacular prácticamente en el agua pero parece que una tormenta lo barrió. Esta isla está entre otras dos. Una es pequeñita y privada y la otra tiene un completo de puro lujo María en el que la noche vale entre quinientos y mil quinientos leuros y solo incluye el desayuno. Cuando pasamos aquello tenía pinta de que no había clientes. El guía nos dijo que ricachones de todo el mundo pasan por allí. En la isla de Bulong Dos o junto a la misma había más arrecifes y allí nos topamos con Nemo el pescado y n primo hermano. Seguramente estaba pasando las vacaciones en el lugar. Después tuvimos la hora y media de vuelta a Corón y vinimos llegando sobre las cinco. Me compré mi pan, me duché y me fui a cenar al Lolo Nonoy Food Station, el cual está mal ubicado en los mapas de tripadvisor, here y Citimaps2go. Por suerte la gente cuando les preguntas te indican y lo encontré. En este, había un montón de filipinos comiendo. Después de cenar me volví a la penssión para revisar fotos, cargar pilas y escribir tanto esta anotación como la del día anterior y entre pitos y flautas, para cuando estoy por acabar ya son casi las diez y media y como aquí a las cinco te ponen en planta, estoy a punto de dejarlo y acostarme a dormir. 

Mañana, última excursión en Coron, en este caso, temática de arrecifes y naufragios. 

El relato continúa en El día de los arrecifes de coral y los barcos hundidos