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Regresando al viaje a Asia para ver las fotos

Hace casi cuatro meses comencé el relato del viaje Desde Utrecht a Kuala Lumpur con el que arrancaban mis vacaciones en Asia del 2018 y durante un montón de jornadas, seguimos con auténtico estupor e indiferencia la historia. En paralelo, hacía fotos y vídeos con el dispositivo androitotorota que va conmigo a todos lados e incluso con mi cámara sub-acuática pero por desidia y gandulismo y por la tremenda caló que hemos sufrido en este verano infernal, nunca me preocupé de complementar el texto con las imágenes. Tarde o temprano tenía que ser así que me voy a obligar a mí mismo a hacerlo forzando el inicio, que será sencillo y facilón porque de todo el viaje solo hay dos fotillas y las hice en Schiphol, el aeropuerto holandés.

Mega oso de peluche en Schiphol

Cuando iba camino del avión, por la parte del aeropuerto que es para viajes fuera de la zona Schengen, es decir, esos en los que un pasaporte es obligatorio y te hacen controles ficticios adicionales en los que hay mucho postureo pero nada más, andando por allí me tropecé con la mega-bestia que vemos en la foto, un peluche dantesco y gigantesco para que los niños lo ataquen, se tiren sobre él y maten horas y horas y horas de tiempo. Es por detallitos como este por los que la gente adora el aeropuerto de Schiphol, porque eligieron crear espacios en los que puedas pasar el tiempo de espera y no agobiarte aún más.

B787 de Etihad en Schiphol

Ya cuando llegué a la zona de embarque y sabiendo que no tenía asiento de ventana, con lo que me ahorraba el estrés de hacer los vídeos que solo interesan al ancestral, aproveché e hice una foto del B787 de Etihad con el que iba a hacer el primer salto, hasta Abu Dhabi. Estas fueron las únicas fotos que hice en las veinte horas o más que lleva el salto desde Utrecht hasta el hotel en Kuala Lumpur, pasando por los aeropuertos de Schiphol, Abu Dhabi y Kuala Lumpur y por dos sistemas ferroviarios distintos. En las próximas anotaciones nos ajitaremos a ver vídeos de inmersiones y muchísimos platos de comida, quel a comida siempre que me acuerdo le hago fotografías. También veremos algunas habitaciones de hoteles y ya ni me acuerdo de qué cosas más.

Si quieres continuar con la serie, el siguiente capítulo está Tres días con algunas fotos de comida como si dijéramos

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Un pedazo de regreso de que te cambas

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

Mi último día en Asia comenzó desayunando tostadas kaya, a las que estoy más enganchado que varias perras en celo y que ya he encontrado la pasta en mi supermercado chino favorito, así que las incorporaré a mi dieta próximamente. Ese día por la tarde tenía que ir al aeropuerto y como Kuala Lumpur lo tengo bien visto, no me apetecía hacer turismo y darme un baño de calor, que en esa ciudad parece que viven en los treinta y un grados de día y de noche. Después del fracaso de la tarde anterior buscando una funda para mi iPad, me fui al centro comercial que hay junto a KL Sentral y lo rastreé como un perro de caza, sin suerte alguna. Volví al hotel, que está como a doscientos metros, saqué el equipaje de la habitación y lo dejé en la recepción e hice lo que haría cualquiera en su sano juicio. Me fui al cine, por supuesto, en el mismo centro comercial ese a doscientos metros. Por un leuro más podía ver la película en Dolby Atmos así que pagué los cuatro leuros y quince céntimos de la entrada y me fui a ver Han Solo: Una historia de Star Wars – Solo: A Star Wars Story. Después de acabar la película, me quedaba dinero y elegí almorzar por allí en alguno de los mil millones de restaurantes que tienen y acabé en uno con comida típica de Penang en donde comí muy bien y después en otro local me jinqué un helado. Con eso más o menos me había quedado sin moneda local y cuando regresabaal hotel para recoger la bolsa, pasé junto a una especie de chiringuito de venta de fundas de móviles, le pregunté a la pava y resultó que tenía dos tipos de funda de iPad y uno me molaba y cuando me dijo que costaba cinco leuros en moneda malaya, se me puso la sonrisa esa diabólica de Genín, sonrisa que se me torció cuando la chama me dijo que no aceptaba tarjeta. Esta debe ser la única vez en la historia del universo que alguien sacó diez leuros en un cajero de otro país para comprar dos fundas, ya que de paso le agencié una a mi madre, que también ha cambiado su iPad y tiene uno como el mío. Una vez en el hotel, pillé la bolsa, regresé a KL Sentral y tomé el primer tren al aeropuerto y vine llegando allí sobre las cuatro y algo de la tarde.

Como en los sótanos del mismo hay una especie de tiendas supermercados, hice una batida sin suerte buscando mango seco. Visto el fracaso, subí y facturé la bolsa, con cuatro kilos de peso y me dieron las dos primeras tarjetas de embarque y me dijeron que la tercera la conseguiría en un futuro cercano. Pasé el control de inseguridad y el de pasaporte y después fui hasta la terminal satélite a esperar la hora de salida del avión. Como cierto comentarista tiene una fijación enfermiza con vídeos despegando y aterrizando, me agencié asiento de ventana en la parte trasera del avión y tras un estudio muy completo de los que había disponible, pillé el que tenía la máxima probabilidad de conseguir que al lado mío no se sentara nadie y tuve tanta suerte que sucedió como esperaba. El embarque fue eficiente y salimos en hora. Por delante nos esperaban como siete horas de viaje pero mi objetivo era acostumbrarme a la hora europea, así que opté por no dormir y me dediqué a ver episodios de algunas series y jugar con el iPad en su flamante funda nueva. Creo que no grabé el despegue porque allí no se veía nada, pero no se lo digáis al ancestral que se enrabieta. El aterrizaje sí que lo grabé, en Abu Dhabi y después tenía unas tres horas de conexión, que aproveché para buscar un mostrador de la aerolínea y que me dieran la tarjeta de embarque que me faltaba y en la que no podía cambiar el asiento y me tocaba en el medio.

En la idea original iba a dormir en el segundo avión pero resultó que a mi lado se sentó una psicópata, neurótica, chiflada y en necesidad de un pollote para relajarla un poco. De lejos parecía un ser humano normal pero fue sentarse y comenzó con las neuras. Lo primero fue que allí apestaba y tanto yo como la vieja que iba por el pasillo nos olíamos con disimulo el sobaquillo pero no, ninguno apestábamos pese a las horas viajando. La tipa cuando pasaron con la comida dijo que no, después sacó una bolsa con su propia comida, que igual era lo que apestaba y montó un número para que le trajeran cubiertos y una bandeja vacía. Tras esto se fue al baño como veinte minutos porque no podía aguantar el hedor y volvió con un perfume y casi nos mata a todos los que estábamos en las cuatro filas de la zona echando una cantidad ingente de perfume. Tras eso perdió la tapa del perfume, encendió el flash del teléfono para usarlo como linterna y comenzó a gatear y rastrear básicamente el avión entero buscando la preciosa tapa de su precioso perfume. Allí no durmió nadie gracias a esa #HIJALAGRANPUTA. Cuando aterrizamos, se quedó en el avión buscando la tapa de su perfume. Espero que el mal de ojo que le eché ya haya florecido y que esté a tres metros bajo el suelo bien pronto. El avión iba a Belgrado, capital de Serbia y ciudad y país por la que no había pasado nunca. Tengo un aterrizaje épico que igual hasta veremos algún día. En el túnel de conexión entre el avión y el aeropuerto se puso la policía para controlar pasaportes y allí se montó una pelotera, con todo el mundo histérico porque muchos, como yo, teníamos una conexión de cincuenta minutos y nuestros embarques ya habían comenzado. Los polis iban a por pasaportes no europeos o serbios, con lo que me dejaron pasar y corrí hasta el otro extremo del aeropuerto, en el que tenía que pasar un nuevo control de inseguridad para entrar en la sala de embarque. Me hice el lolailo, dejé la botella de agua de medio litro en mi mochila, la pasé por la máquina y NO LA VIERON. Por eso no tengo fe ninguna en esos controles, en este viaje he pasado en tres ocasiones líquido por tres aeropuertos distintos sin problema alguno. Después tuve que esperar un rato hasta que nos llamaron para embarcar. Mi asiento era en la segunda fila.

El vuelo final era con Air Serbia o algo así y no veas con las azafatas. Parecían madrastras malas de películas de dibujos animados, eran todas unas bordes, como si se les hubiese agriado la leche en las ubres. Trataban a la gente a gritos, que igual es lo normal en Serbia, pero vamos, que te encoges y te quedas quieto no sea que una de esas saque el machete y te de el finiquito. El vuelo era de unas dos horas así que la sesión de abusos de las chamas fue más bien corta. Vinimos llegando a Amsterdam sobre las ocho de la mañana. De nuevo, control de pasaporte en el túnel de salida del avión ya que los holandeses no se fían de los serbios, igual que estos no se fían de los moros. Tras este nuevo control, fui a la sala a recoger mi bolsa facturada que solo tardó una hora en salir. Con esto del ahorro lo de la recogida de equipaje en algunos aeropuertos es eterno. Cuando por fin nos encontramos, que yo la daba por perdida con tanto salto, bajé a la estación subterránea de tren del aeropuerto y pillé el siguiente a Utrecht. Desde la estación de la ciudad pillé la guagua a mi casa y alrededor de las nueve y pico de la mañana del lunes había llegado a casa.

FIN

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Un nuevo regreso navideño

Todos los años se repite la misma matraquilla. Yo me compro el billete para ir a Gran Canaria miles de millones de segundos antes y espero pacientemente a que me llegue la hora y cuando sucede, pues apechugo y me pongo en ruta. Este año, por primera vez en la historia del universo conocido, el Elegido, o the Chosen One, de Uitverkorene o il Scelto según como os plazca mentarme cambió la ruta ibérica y en lugar de pasar por Mandril con liberia, fui directo a Lisboa con TAP, ciudad en la que mismamente había estado un par de semanas antes y que en algún momento de este mes seguro que hay relato por aquí ya que nos saltamos el orden y contamos las cosas como a mí me sale de los mismísimos mondongos, que para algo soy el que paga el tinglado este. El avión salía a las siete de la mañana del viernes y para ello debía facturar a las cinco y uno no es tonto y tras la jugarreta de los taxistas de unos años atrás, ahora soy más de la corriente esa que clama porque les den por culo y como el taxi me cuesta exactamente los mismos leuros que una habitación en el Hotel ibis budget Amsterdam Airport, pues tenía habitación y vine saliendo de mi casa la noche antes.

Habitación en el Hotel ibis budget Amsterdam Airport

Las habitaciones de ese hotel de costo bajo son simples pero muy completas y en realidad tienen capacidad para tres julays. Jamás me quedaría a ir para visitar Amsterdam porque es un coñazo ir a la ciudad pero está a unos seis minutos del aeropuerto en una lanzadera gratuita, lo cual es muy conveniente. En la primera de ellas, antes de las cinco de la mañana, un servidor y una multitud íbamos camino del aeropuerto. Éramos tantos que apilan las maletas en una parte de la guagua y el pasaje va como ganado en la otra. Efectivo si lo que quieres es maximizar la cantidad de julays. Al llegar al aeropuerto facturé y subí a pasar el control de inseguridad y tras eso, desayuné las cosillas que me compré en el supermercado del aeropuerto y me senté a esperar la salida. Un poco más abajo se podrá ver el despegue en un vídeo o más bien se puede ver negro sobre negro ya que pese a lo que diga el comentarista más prolífico, los despegues nocturnos son una puta mierda del copón. En este avión tenía asiento de ventana. Embarcamos en hora y despegamos con una puntualidad increíble. En el avión nos dieron hasta papeo, como en aquellas aerolíneas con las que se movían Genín y Virtuditas por el mundo allá por los sesenta, una cosa como de un pasado muy lejano, casi que de la época del Concilio Vaticano II (palito-palito). ´

El avión de TAP que me llevó a Gran Canaria

El aterrizaje en Lisboa fue espectacular, con un cielo azul y dimos un rodeo sobre la desembocadura del Tajo y pasando por la ciudad increíble, todo superdocumentado en el vídeo que viene a continuación, pero antes de llegar al mismo señalar el avión que se puede ver en la foto anterior y que estaba aparcado junto al que me trajo desde Amsterdam. Resultó que ese fue mi avión a Gran Canaria con lo que a falta de asiento en ventana para ese vuelo, al menos vemos la preciosidad de avión que me llevó, un Embraer 190 o 195.

A continuación tenemos el vídeo que documenta el despegue nocturno de Amsterdam y el aterrizaje a las nueve de la mañana hora local en Lisboa. Está acompañado de la fabulosa canción Rewrite The Stars o truscoluña no es nación traducido al español y que cantan a dúo Zac Efron & Zendaya en el retonnnnnnnno musical de Zac, lo más esperado en el mundo desde que la Cenicienta se mudó a un piso en Móstoles. Obviamente, la canción pertenece a la banda sonora de la película El gran showman – The Greatest Showman que todos hemos ido a ver salvo Virtuditas. Si el vídeo no está por aquí debajo, lo tenéis AQUÍ:

En el aeropuerto de Lisboa aproveché la escala para comprar un par de cajas de Pasteles de Nata de la marca ALOMA, recién hechos allí mismo y que estaban riquísimos y si no que alguien le pregunte a mi madre que se jincó ella sola una caja o a los que se pegaron la otra:

Pastel de nata ALOMA

Ya en la parte del viaje de las vacaciones navideñas yo sigo lo del #MEnot y paso de compartir mi vida con la plebe. Solo un par de detalles. Uno es que estuve en la playa de la Garita y durante un par de horas, yo era el único ser humano e incluso inhumano disfrutando de los veintipico grados, el sol, la brisa marina que sale del fondo del agua del océano y todo lo demás y si no me creéis, a las pruebas me remito:

Playa de la Garita

Bendita sea la tontería esa de los canarios de no querer ir a la playa si no es verano. Toa’pa’mí. Uno de los días bajé a las Palmas de Gran Canaria para una inmersión nocturna que comentaré en una anotación exclusiva y antes de ir al club de buceo aproveché para visitar el tradicional Belén de arena de las Palmas de Gran Canaria, conocido en el universo entero y que se hace porque al contrario que las playas chicharreras, en las Canteras hay un montón de arena y ni siquiera tiene alacranes, como la de la isla picuda. Este año se les fue un poquito la mano con la interpretación de los motivos navideños y casi que parece que hubo la mano de un podemita por detrás de la inspiración:

María, el viejo José y el niño Jesús

Supuestamente los anteriores son María, José y Jesús. Ella tiene un careto de pendón jinameño que no veas, está toda repatingada como si se acabara de fumar un porrillo y todavía no se le ha pasado el efecto. El José se ve claramente que no es el padre porque está muy envejecido y demuestra que ella se casó con él por interés puro y duro. El chiquillo es que casi no cabe en el pesebre, estará recién nacido pero vamos, que para soltar ese cachorrro por los bajos se tuvo que quedar rota para los restos.

Los Reyes Magos de arena en la playa de las Canteras

Otra escena conocida en este portal de Belén gigantesco de arena es la de los tres Reyes Magos de Oriente, nada de travelos o lesbianas como gustan por Mandril a la alcaldesa esa que parece sacada de algún episodio de la Bruja Avería. Estos mayormente el problema que tienen es el de la obesidad, quizás por las cervecillas que se jincaron por el camino y el camello es que podría salir perfectamente en el tercer episodio de la nueva saga de las Galaxias, esa que ha tenido un segundo episodio tan malo. Y esta última referencia me sirve para enlazar con el vídeo ya que la música que acompaña al siguiente y estremecedor documento es el tema Smoke, del maestro entre maestros John Williams y que era el tema del malo de la primera película de la nueva trilogía, el mismo que murió en la segunda y nos ha dejado con un malo acarajotado para la tercera y última. Si el vídeo no está por aquí debajo, lo tenéis AQUÍ:

Por supuesto que tengo más pero como ya esto es muy largo, cortamos aquí.