Sábado de turismo por Salónica y regreso a casa

El relato comenzó en Llegando a Salónica y paseando por la ciudad hasta el anochecer

El sábado era el gran día para hacer turismo por Tesalónica y por supuesto, no me quedé en el catre hasta la hora Virtuditas y salí a la calle temprano. Lo primero es lo primero y como la tenía muy cerca, me fui a la Agora Romana y puedo confirmar y confirmo que fui el primer visitante y quizás incluso el único que tuvieron ese día. En la taquilla había dos empleados tomándose un cafelito y charlando y la tuvieron que abrir para darme mi entrada, que creo que me costó dos leuros, con lo que allí pierden mucho dinero. Me lancé a piñón a las ruinas, que ya había fotografiado desde afuera pero ahora podía incrementar mi colección de fotos con otros puntos de vista. Hay una parte que en su día era como una calle comercial y al final de la misma han hecho un museo medio enterrado. Allí habían cuatro chamas más, dos estaban limpiando los suelos y las otras dos son las funcionarias. Como yo era el único cliente, las funcionarias me iban siguiendo mientras charlaban supongo que temiéndose que les robe las ruinas o así. Las limpiadoras terminaron más o menos cuando yo acabé la visita al museo.

Después me acerqué de nuevo a la Iglesia de San Demetrio e hice más fotos en la misma y esta vez pude bajar a la Cripta, que el día anterior ya estaba cerrada. Yo me esperaba mucho hueso y demás pero no, aunque sí que tenían algunas coñas raras. Al salir y mientras iba hacia mi siguiente destino vi una dulcería y me jinqué un par de dulces que estaban del quince. Mi destino era la Rotonda de Galerio, que esta vez estaba abierta para visitas, así que entré para ver su interior y caminar por su micro-jardín. Después también repetí con el Arco de Galerio para hacer fotos de día y sin lluvia. De alguna manera el día anterior pasé de largo el palacio de Galerio o sus ruinas y esta vez si que las vi en detalle, aunque desde afuera, que se ven perfectamente. Yo habría entrado pero o cierran en invierno o han desistido de sacarles dinero porque la zona de la entrada no parecía en uso.

Tras esto bajé al paseo marítimo y visité de nuevo la Torre Blanca de Tesalónica, solo que esta vez entré a verla. Todo está en griego así que a los turistas nos dan una audioguía en inglés con la que recorremos el interior de la torre mientras ascendemos a su azotea para ver las vistas desde allí y hacer fotos. La exposición interior es interesante y breve, lo cual es un punto a su favor. Básicamente estaba siguiendo la ruta del día anterior y al salir volví a pasar junto a la estatua de Alejandro Magno y por allí habían unos barcos para dar paseos a turistas pero vamos, que con la visibilidad que teníamos no merecía la pena. Fui al Museo arqueológico de Salónica y esta vez estaba abierto y entré. Muy pero que muy interesante, del tamaño justo para no agobiarte y parece que lo mío son los museos de ruinas y las esculturas de Bernini y Miguel Ángel y de lo demás, paso. Me pasó un grupo como de un club de Yudo que visitaba el museo y flipé con los chiquillos. Van expositor tras expositor haciendo fotos a todo y ni se paran, ni lo miran ni leen nada, simplemente coleccionan cientos de fotos. Al salir del museo fui al Museo de la cultura Bizantina, que también me gustó mucho, sobre todo las salas con ruinas y tumbas que han vuelto a montar allí. Con todas estas coñas el día había ido pasando y al salir y de camino a la zona del centro, entré en una dulcería cafetería y me tomé un capuchino con tres dulces griegos que estaban del copón o más bien de puta madre.

Mi siguiente parada fue para ver la iglesia de Santa Sofía, una de las más antiguas de la ciudad y que ha tenido una vida muy azarosa. La versión actual es del siglo VIII (uve-palito-palito-palito), aunque allí había una iglesia desde cinco siglos antes y por supuesto el edificio es patrimonio de la humanidad de la UNESCO excluyendo a truscoluña. En el 1205 se convirtió en catedral de la ciudad durante la Cuarta cruzada, después fue mezquita y ahora es de nuevo iglesia, pero creo que no tiene el rango de catedral. Por la zona hay varias iglesias bizantinas con mil años o casi de historia, todas minúsculas y cuando las pillaba abiertas, entraba aunque no reflejaré por aquí sus nombres.

El paseo me llevó de vuelta a la plaza de Aristóteles y allí me entró algo de jilorio y aproveché para comer una especie de cosa que parecía una pizza pero no lo era, más bien era similar a la turca en el Mono, que está en la misma plaza y tiene muy buena calidad. Después entré en la oficina de información turística pero la pobre que trabajaba allí no tenía muchas luces. Estuve un par de horas deambulando por los barrios de esa parte de la ciudad, pegada al mar, una zona muy bonita y también entré en el mercado Modiano y me compré un kilo de castañas, que si nos ponemos a comparar, aquí el único que ha comido castañas holandesas, francesas, portuguesas, irlandesas, griegas y ahora comerá españolas este año es un servidor, the Chosen One, que yo no le hago asco a castañas de ningún lado y sufro las consecuencias de su ingesta con gran dignidad, o más bien, las distribuyo, que yo no las sufro. En ese deambular también me compré dos camisetas turísticas para complementar las dos irlandesas y las dos portuguesas que he comprado este otoño. Alrededor de las siete de la tarde regresé al hotel y cuando entro en el ascensor y voy subiendo a mi planta, tuve uno de esos efectos colaterales de la ingestión de castañas y me tiré un peo épico en el ascensor cuando casi llegaba a mi planta. Al abrirse la puerta había una chocha esperando el ascensor que yo creo que tuvo que oír el peo. Yo salí, ella entró y cuando caminaba hacia mi habitación pude oír claramente como gritaba algo que sonó a Calimero tu-puta-madre con lo que la misión fue un éxito.

Para cenar elegí el restaurante Tripia Potiria que tiene un nombre que suena fatal pero es uno de los más recomendados y por dieciséis leuros me encochiné a conciencia y con una comida fabulosa. Salí de allí tan lleno que tuve que volver a pasear hora y media más, con lo que cerré el día con casi veinticinco kilómetros andados, que no es lo mismo que hacen los culocochistas que no mentamos y que hacen esos kilómetros sin que se les cambe la peluca porque no hay esfuerzo.

A la mañana siguiente me levanté temprano para ir al monasterio Vlatadon y pillé a los monjes en plan misa cantada y tal y tal pero el lugar en si no me gustó demasiado. Desde allí bajé en línea casi recta a la plaza de Aristóteles y regresé al Mono para desayunar antes de volver al hotel y sobre las diez y media pillaba la guagua al aeropuerto. Una vez allí, pasé el control de inseguridad y a esperar el avión, que llegó en hora pero salió con cuarenta y cinco minutos de retraso por culpa de la intensa niebla en Holanda. Una vez en el terruño, tren a Utrecht y bicicleta a casa y así cerramos esta última escapada del año.

Todas las fotos que hice (o casi todas, ya que he excluido las del papeo), las he puesto en un pase de diapositivas que viene con la canción Any Way You Want It (World Championship Medley):

De Salónica, decir que no recuerdo haber comido tanto en un fin de semana de turismo en muchísimo tiempo y por culpa de la gula de la comida, engordé kilo y medio en dos días, de los que ya me he deshecho de más de uno a base de tremendos jiñotes. La comida de esa parte de Grecia es lo mejor de lo mejor. El lugar también merece una visita, aunque mejor en otra época del año con mejor clima.

Llegando a Salónica y paseando por la ciudad hasta el anochecer

Mi última escapada de fin de semana de este 2018, que no mi último viaje ya que aún me falta el regreso a África por Navidad, resultó ser un fin de semana en Salónica, lugar que me confunde porque en inglés y holandés lo llaman Thessaloniki y hasta que miré en la wikipedia hoy, no sabía que en español también se le puede llamar Tesalónica. Aún más me confunde lo de que la zona sea Macedonia ya que yo pensaba que eso era un país y un plato de fruta cortada en cachos pero he decidido hacerme el regalo de la ignorancia y no quiero saber más. En este caso me tomé el viernes libre porque el vuelo era a primera hora de la mañana con transavia, con lo que salía de mi casa a la misma hora de siempre pero en lugar de ir hacia Hilversum, iba al aeropuerto, así que la rutina de transporte fue más o menos la misma con bicicleta a la estación de tren y desde allí tren al aeropuerto. Yo iba tan feliz pensando que pasaría como hace dos semanas con las máquinas mágicas que han puesto y que hacen innecesario el sacar las cosas de la mochila pero al parecer no las han puesto aún en todos los puntos de entrada del mismo y en el que hay que usar para acceder a las puertas con la letra C hay que joderse con el sistema ancestral de sacarlo todo, algo que yo hago con una gracia y velocidad digna de ver y flipar.

Una vez dentro busqué mi puerta de embarque, aunque previamente me acerqué a uno de los puntos en los que puedo llenar la botella de agua vacía que llevo para tener algo que beber en el avión. El vuelo salió con unos veinte minutos de retraso y estábamos en el aire a las diez de la mañana, con un día espectacular. El vuelo transcurrió con algunas turbulencias, aunque nada del otro mundo y como íbamos en dirección a favor del paso del tiempo, además de las horas de vuelo perdimos una hora de nuestra vida y vinimos llegando a las dos de la tarde hora local. Al aterrizar el tiempo era malo tirando a peor, con llovizna. La terminal se ve antigua y es uno de esos aeropuertos que no tienen pasarela a los aviones. Fui en guagua al centro, en una guagua que salió petada del aeropuerto y después se llenó a niveles solo vistos en Bangalore y otras ciudades de la India, aquello era increíble. Yo iba sentado y todo el mundo se hacía el lolailo para ceder el sitio a las viejas que entraban, así que yo cogí el punto e hice lo mismo, que la maldad comunitaria es muy satisfactoria. Salónica es la segunda ciudad de Grecia. me bajé de la guagua en la parada de la plaza de Aristóteles, que está a unos quinientos metros del hotel en el que reservé una habitación tiradísima de precio. Se trata del STAY Hybrid Youth Hostel. La chica de la recepción me recomendó un lugar cercano para comer algo y fui y me pedí un bocadillo de pan de pita con cerdo deshebrado (pulled pork) al que le metieron hasta papas fritas, con lo que el hijoputa me encochinó a conciencia y no me costó ni tres leuros. Salí de allí prácticamente de parto y aunque lloviznaba, como tenía unas horas por la tarde decidí empezar mi ronda.

Muy cerca, pero que muy cerca, está la Agora Romana con sus ruinas y junto con las iglesias, eso es de lo que más me mola en el mundo, que a mi me pones a ver cuadros y me entra un mal rollo del copón. Me acerqué para visitarla y desde fuera ya se puede ver casi todo pero al parecer, ya estaba cerrada. En un pasado que se me antoja lejano, yo me curraba los viajes que no veas y planificaba y preparaba y requete-preparaba. Ahora, tengo el googlEvil trips instalado, usualmente el detecta por los correos de los billetes de avión y la reserva de hotel que voy a algún lado, me descargo antes de salir el lugar para tenerlo en el telefonino y complemento esto creando un viaje en el tripadvisor y añadiendo los sitios que la gente recomienda más para comer y para ver. Es decir, en media hora lo tengo todo. En este caso, el googlEvil trips tenía casi todos los horarios en modo verano, con las cosas cerrando a las seis o a las ocho pero en la práctica, están con horarios de temporada baja y echan el cierre a las tres o las cuatro, con lo que mi excursión de ese día fue más bien para ubicarme porque pillé varios de los sitios cerrados, como la Agora. Me acerqué a ver la iglesia de Panagia Chalkeon pero sucedió lo mismo y después fui a la Iglesia de San Demetrio y con esa tuve muchísima más suerte y entré a verla y es espectacular y todo lo demás, aunque como con todas las ortodoxas, con la prisión esa que montan en la zona del altar. Desde allí fui andando a la Rotonda de Galerio, templo romano reconvertido en iglesia cristiana, después en mezquita y más tarde de nuevo en iglesia pero sucedió lo mismo, así que le hice fotos por fuera y bajé a la zona costera haciendo primero una parada para  ver el fantástico Arco de Galerio y después seguí camino de la Torre Blanca de Tesalónica, la cual ya comenzaba a atardecer y se veía preciosa con la iluminación. Después seguí por el paseo marítimo y visité al imponente estatua de Alejandro Magno que al parecer nació por aquella barriada periférica y cerca del mismo está el Museo arqueológico de Salónica y estaba cerradísimo ya que en lugar de a las ocho de la tarde, como me decía GooglEvil, cerraron a las cuatro. Visto lo visto, volví por el paseo marítimo hasta la plaza de Aristóteles, ya era noche cerrada y todo estaba muy animado, seguí paseando por la ciudad y volví al hotel. Enfrente del mismo está el restaurante Mezedolatreía y decidí cenar ahí. Cuando entras es un poco raro, como mezcla de tienda de chorizos y cervezas extranjeras y restaurante. Yo fui el primero. Había cuatro, repito, CUATRO, o sea IV (palito-uve) señales de prohibido fumar y aún así, todos los clientes que entraron después de mi se hartaron a fumar, con lo que se han ganado mi apedreamiento en el tripadvisor. Se puede fumar en bares y restaurantes, está permitido en ese país, así que o lo imponen o retiran las señales prohibiéndolo. Tras la comida regresé al hotel y acabé acostándome temprano.

Para no dejar esta anotación desangelada y como pienso seguir mañana, voy a hacer lo mismo que le expliqué en un cursillo al rey Salomón y hoy veremos uno de los dos vídeos que tengo preparado, el aburridísimo, ese que solo le mola al Ancestral. El vídeo está acompañado por la canción Dear John de la divina Cyndi Lauper y comienza con el despegue desde Amsterdam y si os fijáis, en una pista paralela hay otro avión despegando al mismo tiempo e incluso cuando vamos ascendiendo se puede ver. El despegue fue hacia el noroeste. Después aterrizamos en el aeropuerto de Salónica que estaba con la llovizna y es un segmento corto, le sigue otro aún más jodido porque llovía en el despegue de regreso y hay agua en la ventana hasta que el avión cogió velocidad y después hubo una niebla brutal en Holanda que incluso cerró por completo el aeropuerto de Eindhoven y el aterrizaje es espeluznante, no se ve nada hasta que estamos a unos metros sobre la pista.


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