Cosechando

El verano sigue su curso y aquel experimento que comencé en mayo, plantando semillas de pimientos de Padrón, ya está dando sus primeros frutos. Mis seis plantas de pimientos ya me han regalado mis primeros cien gramos de pimientos de Padrón:

Cosecha de pimientos de Padrón

Todas las plantas tienen muchos más pimientos en diferentes estadios de crecimiento con lo que estos son solo los primeros y con suerte, llegaré a un kilo al final de la temporada. Por descontado, esta prueba ha sido tal éxito que he acordado con una compañera del trabajo el buscar la forma de llenar la oficina de jardineras el año que viene y pasar a la producción masiva en un ambiente que controlamos y en el que estamos varias horas al día. Si ponemos una jardinera por ventana en la tercera planta, podemos estar hablando de nueve o diez kilos de pimientos a lo largo de un par de meses, así que ahora tendremos que convencer a los que tienen asiento de ventana para que nos cedan los centímetros que necesitamos, o al menos tenemos que convencer a unos cuantos, ya que de otros ya me encargo yo, que o me deben favores, o sentirán la presión de cosas que no quieren que se sepan y que casualmente yo se y podría dejar caer, que así de desarrollada es la maldad en mi familia.

En mi jardín, además de los pimientos y de las zarzamoras, que están a punto de entrar en la segunda fase después de los primeros once kilos que ya he recogido, hay una manzana, que el manzano este año ha tirado la keli por la ventana y lo ha apostado todo a un único fruto y una de las parras está desarretada y me pregunto si las uvas ya estarán maduras:

Las uvas están casi a punto

Como siempre había tenido uvas ácidas porque los veranos no tenían suficiente sol, jamás me había visto en las circunstancias en las que me encuentro. Estamos a mediados de agosto y yo creo que ya las uvas están como para cosecharlas, pero no estoy seguro y no encuentro un intelectual en Holanda que me lo pueda confirmar.

Otro día pondré una foto de la Catalpa que ha batido todos sus récords anteriores de crecimiento y está gigantesca. Se dice que desde la Estación espacial internacional los astronautas la pueden ver perfectamente.

El cambio del ciclo de la luz

Una de las cosas más terribles del mes de agosto es la pérdida de la luz. Todos dicen que es verano y tal y tal pero yo lo que noto siempre es que cuando empieza agosto ya hay mucha menos luz que ne julio y para cuando termina el mes, está clarísimo que el otoño nos ha caído encima. Comenzamos el mes con casi quince horas y media de luz, a día de hoy ya tenemos catorce horas y media y para fin de mes estaremos a trece horas y media y perdiendo un montón de minutos cada día. Esta mañana, cuando me despertaba a las seis menos cuarto, que es la hora en la que mi alarma biológica me activa y que sucede porque yo informé a mi cerebro, ya que la hora programada es las seis y cinco, momento en el que la banda que tengo en mi muñeca derecha empieza a vibrar, es la hora máxima de sueño si quiero llegar a la oficina antes de las siete y media, que es el objetivo, ya que todos sabemos que yo rindo muchísimo más por las mañanas, no soy para nada un animal nocturno. Decía que me levantaba y la calle estaba a oscuras, no había el solazo con el que me despertaba en julio o junio. Por las tardes, se acabaron aquellas tardes eternas hasta las once de la noche y esto irá a peor.

El veintiuno de diciembre, casualmente mi último día antes de marcharme a Gran Canaria de vacaciones navideñas, ese día el día durará siete horas, cuarenta y tres minutos y cincuenta segundos, el sol saldrá a las nueve menos cuarto de la mañana y se pondrá a las cuatro y veintinueve de la tarde, viviremos y trabajaremos de noche. Cuando llegue a Gran Canaria, el sábado veintidos, será algo milagroso porque en unas horas salto a un lugar con un día que dura diez horas y veintiún minutos, dos horas y media más de lo que mi cuerpo se espera y creedme, la diferencia es brutal. Si añades la luz del alba y del ocaso, para mí es un milagro.

El sol holandés de agosto ya no tiene la fuerza del de julio, se cansa mucho antes y por las tardes ya hay un fresquito delicioso a partir de las siete y media.

El fin de una rueda

El fin de una rueda

Desde hace unos meses mi plácida vida ha tenido un tremendo nubarrón sobre la misma que amenazaba con un drama total y yo he ido preparándome como buenamente pude para el mismo. Sucede que La Zarrapastrosa, la cutre bicicleta que tengo en Hilversum y con la que recorro los setecientos metros que hay entre la estación de tren y la oficina, estaba chocheando, se le notaban ya los años, como a algunos comentaristas y cada vez más, se ganaba el nombre de SAMBACLETA porque cuando vas sobre ella, te agitaba la caja de la mierda con tremenda saña y es como mano de santo contra el estreñimiento. Uno a uno, los rayos de la rueda trasera se han ido rompiendo, con el metal cansado seguramente por los años de servicio con personas obesas como vosotros, ya que estos últimos años ha tenido la suerte de prestarme sus servicios, y yo soy bulímico-noréxico del coño y mi grácil figura prácticamente pesa menos que el aire, sobre todo después del jiñote mañanero. Reparar la rueda requiere unos dones que yo no tengo y por lo que me comentaron los colegas de la oficina, por el precio que me cobrarían en cualquier tienda de barrio puedo conseguir otra bicicleta. En los planes preventivos que hice hace meses, en realidad me agencié otra bicicleta, una que estaba abandonada en el complejo de edificios en el que trabajo y que ahora está en nuestro garaje. El problema es que las manillas de los frenos se le pudrieron y tengo que conseguir otras y reemplazarlas, cambiarle la cámara de las ruedas y engrasarla, con lo que requiere de cierto mantenimiento antes de saber si realmente está lista para pasar a ser mi bicicleta de Hilversum.

Durante el fin de semana, la temperatura volvió a subir hasta más allá de los treinta grados y pilló a la La Zarrapastrosa aparcada en la estación, al aire libre y expuesta a las horrendas condiciones meteorológicas. Parece que fue mucho para ella y ayer, cuando la usé para ir a la oficina, la SAMBA característica la tenía demasiado exagerada. Cuando llegué a nuestro garaje, miré la rueda y descubrí que se ha partido en dos puntos distintos, como se puede ver en la foto y está sujeta por un par de rayos. Seguramente le quedaban un par de cientos de metros antes de partirse por completo y esto sirve para comprobar como mi Ángel de la Guarda es épico y legendario y hace su trabajo como un auténtico campeón. Como los planes para reemplazar la bici van retrasados, he tenido que activar el protocolo de emergencia ejecutiva, uno que diseñé hace un mes y que incluye una peligrosa operación de transplante de rueda, aprovechando que alguien ha aparcado una que parece ser compatible en nuestro campus y no está protegida por una cadena, con lo que en mi sencillo universo, es un regalo divino.

Ya he organizado mañana, con el mejor de los reparadores de bicicletas de mi empresa, o eso dice el colega, que se pone a la altura de un cirujano que hace transplantes de corazón, que mañana, a las doce de la mañana, haremos la operación, le quitaremos la rueda a la bici abandonada y se la pondremos a la mía y después devolveré al lugar en el que me encontré la otra. Cruzad los dedos porque vamos a necesitar muchísima suerte para que todo vaya como la seda.

Ajustando la vida a la caló

La rutina laboral con la caló

La ola esta de caló eterna que está asolando Europa y que ya lleva tantas semanas sobre nosotros que ya nos hemos acostumbrado al desierto y a la vida sin lluvia me ha llevado a adaptar mi ritmo diario con la caló. No hay nada que odie más que llegar al trabajo más mojado que la compresa de una nadadora y por eso, pase lo que pase salgo de mi casa temprano, aunque he retrasado considerablemente mi partida para aprovechar esos ratos en los que el aire es fresco y tratar de enfriar la cueva en la que vivo y en la que la luz del sol está desterrada, ya que mi casa está en modo de duelo total y las cortinas están corridas y básicamente hay la cantidad de luz mínima entrando, ya que con la luz llega la caló y solo abro las ventanas cuando el sensor exterior confirma que la temperatura afuera es inferior a la de dentro. En mi rutina habitual, me levanto más o menos cuando Genín se desconecta, sobre las seis menos cuarto y llego a Hilversum antes de las siete de la mañana. Ahora, pillo uno o dos trenes más tarde y llego a Hilversum a las siete y doce o a las siete y veinticuatro, dependiendo del tren. Mis regresos se mantienen estables ya que al no abandonar el aire acondicionado que me dan de gratis junto con la nómina, no tengo que compensar el tiempo y sigo haciendo más de ocho horas. En el regreso sí que sudo, una jartá, pero me la trae al pairo ya que o voy a mi casa y llego apestando, pero como todos mis vecinos ya apestan, no hay problema, o voy al cine y a mi alrededor hay dos filas vacías de la gente que se protege del hedor que emana de mis sobacos, que parecen factorías de armas químicas.

El pantallazo lo hice con el programa que tengo en mi telefonino con el androitotorota y que me permite saber si se me ha olvidado registrarme al llegar al andén o al salir del mismo, algo que implica una multa de muchísimos leuros. Intento minimizar al máximo mi tiempo en el andén pero aún así, procuro que haya al menos tres minutos por los porsiacaso, que nunca se sabe lo que te puede suceder. Una vez entro en el circuito del transporte, las llegadas son siempre muy regulares, ya que salgo del andén escopeteado.

El programa también muestra mi saldo de transporte, pero ese tiene truco, ya que yo tengo un abono y pago una cantidad fija por el trayecto que uso y cualquier otro trayecto con el tren me lo cobran a mes pasado, con lo que ese saldo es para cuando voy con la tarjeta en las guaguas, tranvías, barcos o metro, es decir, en cualquier compañía que no sea la ferroviaria. El sistema está programado para que cuando la cantidad cruza un nivel mínimo, hay un ingreso automático de diez leuros en la cuenta.