El azar se pasa por el forro a la estadística

Cuando la cadena de multicines a la que estoy abonado desde el año 2007 y a la que le pago la friolera de diecinueve leuros al mes por el privilegio de ver cine ilimitado añadió los cines de la cadena Cinemec a mi abono, abrió todo un nuevo universo para mi. En la ciudad de Utrecht solo tienen un multicines con tres salas, el Pathé Rembrandt con lo que mayormente viajaba a Amsterdam y alguno de los cuatro multicines que tienen allí o a Amersfoort para poder mantener mi totalmente imposible ritmo de películas. El Cinemec Utrecht tiene siete salas y en el verano abren un cine al aire libre en la azotea, el cual vimos en la anotación Cine al aire libre.

El 4 de junio del 2016 fui por primera al Cinemec en Utrecht para ver All Roads Lead to Rome y ese evento quedó registrado en la anotación Un nuevo cine en mi circuito y en Utrecht, aunque la película resultó ser un paquetón que no veas que me dejó temblando de puro miedo, aunque el cine me pareció fabuloso. Al principio no iba a menudo y buscaba la ruta más óptima desde mi casa al cine en bicicleta pero con el tiempo encontré mi ruta, por Kanaalweg, junto al agua, viendo casas-barco y en un entorno precioso. Desde aquella tarde y durante los siguientes ocho meses y trece días he ido a ver cuarenta y cinco películas en ese cine y el azar se ha emperrado en que no pisara la sala 7. En el tiempo en el que tuvieron el cine al aire libre en la terraza de la azotea pude ver dos películas allí y de las otra siete salas del cine, una de ellas parecía maldita.

Jartón de Cinemec

Según las leyes de la estadística, mis visitas se deberían repartir uniformemente por las salas pero no es el caso. Podemos excluir la sala 1, la que ellos llaman premium. Tiene un proyector láser y un sonido fabuloso, es enorme y tengo que pagar dos leuros sobre mi abono mensual si quiero ver algo allí. En todo el tiempo que he ido a ese cine, esa circunstancia se ha producido en tres ocasiones. En las otras seis, de la número 2 a la 6 he ido con frecuencia a todas ellas pero siempre que reservaba y la película la daban en la sala 7, diluviaba, quedaba con gente, había hielo o se acababa el mundo y todos mis intentos eran baldíos. Llegué al punto de mirar las películas que ponían en esa sala para ir a ver lo que fuera pero siempre tenía un caramelo más rico en otra. Ayer por fin logré ver no una sino dos películas en la sala 7. Llegué al cine con miedo a que las cancelaran vista mi experiencia previa. Resultó que por dentro es como las otras, hasta tiene una pantalla en la parte delantera, un proyector en la parte de atrás y las filas de butacas en rampa para que los cabezones y las pelúas no te impidan ver la película. Con estas dos películas en esa sala culmina mi conquista del cine que seguramente será el que visite con más frecuencia durante el 2017. En todas las salas salvo en la 1 o en la pantalla de la azotea, siempre, siempre, siempre me siento en la tercera fila desde la pantalla y en la foto se pueden ver un montón de Rij 3, que se puede traducir como truscoluña no es nación o fila 3. En la azotea pillaba primera fila en una tumbona y en la sala Premium el punto dulce en el que no tienes a nadie por delante y puedes ver la pantalla, solo la pantalla y nada más que la pantalla esta en la fila 7.

Al regresar a mi casa, pasada la medianoche, celebré este hito histórico con unos dos kilómetros de bicicleta sin poner las manos en el volante. A esa hora no hay tanta gente en el camino y si doy bandazos el único que corre peligro soy yo, aunque igual estaba sembrado porque logré mantener una línea recta casi todo el tiempo. Desde hoy al domingo, todos y cada uno de los días pasaré por ese cine.

El micro-invierno vino y se fue

Este año hemos tenido dos momentos puntuales de invierno. El primero fue con el frío seco y que llegó a helar los canales pero que no se alargó lo suficiente en el tiempo para que el patinaje sobre hielo se volviese una actividad regular. El segundo llegó el viernes por la tarde y acabó el lunes y fue la parte del invierno relativa a la nieve, esas acumulaciones de polvos blancos que no se pueden esnifar pero que nos dan grandes alegrías.

Nieve en la puerta del cine

Quiero creer y creo que al menos dos personas tuvieron la capacidad intelectual suficiente y necesaria para comprender mi mensaje cuando en otra anotación dije que la foto anterior en realidad es un vídeo y que para verlo hay que hacer clic en la imagen. Los dos afortunados vieron las chochas en pelotas y el muñeco de nieve y a los demás les tendrá que bastar la foto de la imagen. Lo que se ve en ese vídeo era el estado de la nación el sábado sobre la una de la tarde. Holanda no es un país grande pero las diferencias en cuanto al clima son tan enormes que si seguíais con el coche en dirección sur, en unos veinte minutos la nieve desaparecía prácticamente por completo.

Nieve en mi jardín

La noche del sábado al domingo nevaba otra vez y por la mañana, unas dos horas antes de la hora Virtuditas, mi jardín parecía sacado de una telelevisión de blanco y gris, de las de antes. Había una completa y absoluta falta de color. La foto la hice antes de regresar al cine, mi segundo hogar.

Bosque nevado en Hilversum

El lunes la temperatura subía por encima de los cero grados y la nieve comenzaba a desaparecer. Aún así, sobre las doce de la mañana, cuando salí a pasear, fuimos a uno de los bosques cercanos, un bosque embrujado en el que los árboles se alinearon en líneas rectas para facilitar las escenas de terror y en ese paseo teníamos el suelo todavía cubierto de nieve, aunque gracias al sol al menos aquí hay algún color.

Esto ha sido el invierno. Ya hoy estamos rozando los once grados y probablemente mañana ya no queden ni las piedras de hielo que todavía se pueden ver en algunas calles. Es el fin del invierno y la llegada de la primavera. Esta mañana, catorce de febrero y oficialmente día de compras para acarajotaos y similares, por primera vez no usé las luces en la bicicleta cuando llegué a Hilversum. Eran las siete y veintisiete minutos de la mañana y ya teníamos la luz suficiente para pedalear sin la necesidad de indicar tu posición a los otros vehículos usando medios artificiales. Ya estamos ganando cuatro minutos de luz cada día y en menos que nada, volvemos a tener los fabulosos días de dieciocho o diecinueve horas.

Un fin de semana chapaPotteriano

El sábado se inauguró en Utrecht la Expo de Harry chapaPotter, una coña comercial que inventaron los de la productora para seguir ordeñando la vaca y que la gente pague un pastón por ir a ver objetos que supuestamente aparecían en las ocho películas. Por más que yo soy cinéfilo y adoro el cine, no tengo ningún interés en ver objetos de las películas que me gustan, carezco de ese tipo de fetichismo y la exposición me la traerá al fresco en los seis meses que va a estar en los Países Bajos.

Ford Anglia de ChapaPotter 2

Desde noviembre o diciembre el coche de la foto anterior estaba en el vestíbulo de la Estación Central de Utrecht y desde hace tres semanas está en la entrada del Cinemec Utrecht y aquellos que son más fans lo identificarán como el Ford Anglia que Harry chapaPotter y su amigo Ron usaban en la segunda película y que acababa como un coche salvaje en el bosque. La gente lo ve y se emociona hasta las lágrimas y yo, que soy malvado porque este poder siempre ha sido muy fuerte en mi familia, pienso o que el coche de Genín pasa la itéuve de milagro o me pregunto si las culo-coche tienen moldeado el trasero de forma universal y vale para todos los asientos o es una cosa marquista, pero me da miedo preguntarle a Virtuditas, reconocida culo-coche porque cada vez que se lo mento se rebota toda y lo niega, aunque no nos creemos la negación.

Regresando al tema, junto con la inauguración, en la que hay abundantes imágenes de un servidor en todas las televisiones neerlandesas porque yo estaba allí cuando abrieron, la parte interesante para mi es que volvían a las salas de cine al menos las seis primeras películas y me organicé una maratón para este fin de semana con las tres primeras el sábado y la cuarta y la quinta el domingo. El problema con estas películas es que siempre duran ciento cuarenta minutos o más y ya podéis hacer los cálculos. El sábado me levanté a las ocho, me hice mi chocolate con churros como manda la ley del fin de semana, escribí una anotación para el blog y el plan era salir de mi casa a las nueve y diez para ir al cine en bicicleta, cine que está a unos ocho kilómetros de mi casa. Con lo que no contaba es que estaría nevando un montón en ese momento y la operación se volvía imposible, con lo que salí por patas, fui en guagua hasta la estación central de Utrecht y desde allí pillé otra hasta la cercanía del cine y fui a recoger mi primera entrada a las diez y un minuto de la mañana, en el instante en el que inauguraban la expo.

Nieve en la puerta del cine

Entre la primera y la segunda película salí a la calle e hice el vídeo anterior (los más dotados saben que tienen que hacer clic para ir al lugar en el que lo pueden ver, para los demás, fuerza y que sepáis que os acompaño sin ningún sentimiento en vuestra ignorancia). Está hecho en la puerta del cine en lo que es una explanada de hierba enorme, que ahora es un campo de nieve con muñeco de nieve que está al final del trayecto que hacemos y al girarnos vemos la fachada del cine. Entre los siete milagros del universo está ese césped, ya que la calle a la que da el cine es en realidad la cubierta de la autopista holandesa A2, que se sumergió a su paso por Utrecht con sus diez o doce carriles para que la ciudad pueda seguir su crecimiento sin obstáculos y lo de tener césped sobre hormigón es más difícil de explicar que lo de la virginidad de María, casada, preñada y parida sin perderla, que no veas como debía tener el orto con tanto meneíllo por detrás. Después del vídeo regresé al cine para la segunda y en realidad estuve allí todo el día. Al regresar a mi casa y como me apetecía hacer ejercicio, paré en un supermercado, compré y fui hasta otros dos para redondear la compra, hacerme mi ración de pasos diarios y de actividad y a la vez, disfrutar con la nieve.

Durante la noche del sábado nevó algo más pero el domingo por la mañana el día era de fábula así que podía ir con la bicicleta al cine, obviamente tras desayunar unos pannenkoeken, escribir para el blog y como quien no quiere la cosa, me hice una empanada de atún que me mola más comérmela después de que macere unas horas y así se quedaba envejeciendo mientras yo iba al cine. La cuarta peli empezaba sobre las once y media de la mañana con lo que tuve algo más de tiempo para estas actividades.

Mis cinco encuentros con ChapaPotter

Como una imagen vale más que un truscolán, dejo una foto con mis cinco entradas que dan fe de mi asistencia al cine para esta maratón que el miércoles continuaré con la sexta. He visto a chapaPotter transformarse de niño pequeño adorable a enano con pelos en el culo. Es un flipe verlas tan seguidas, en la tercera ya se ve que el concepto de pajero ya se sospecha y en la cuarta está confirmado, además que tenía un pelado mierdoso que no veas. En la quinta ya se le veía menos desbaratado. Confirmar que Hermione Granger en las tres primeras tenía el visto bueno para los tocamientos en la iglesia de los Presuntos tocadores de niños(-as), que imagino que alguno habrá que le gusten las féminas menores en ese club de la pederastia y en la cuarta le salieron las mandarinas, le llegó la pubertad, le cambió la cara y entró en el universo de las follables, aunque claro, debido a problemas con las legislaciones de distintos países, es más que probable que dicha actividad solo pueda ser acordada con otros menores de similar edad. En la quinta ya estaba espléndida.

Cuando volví a casa ya estaba enraladísimo con tanta magia potagia y decidí menear un poco mi varita mágica e hice doce magdalenas que estaban para cambarle la peluca a cualquiera y unas salchichas con guisantes para comerme una ración hoy, que así llego a casa y ya tengo la cena preparada y me da tiempo a salir por patas para el cine, que hoy lunes, a la hora en la que sale esto publicado yo estaré saliendo del cine.

Italiano, bicicletas y concentración de potorros en el cine

Ayer por la tarde iba a clase de italiano cuando en el camino veo un peluca que me suena conocido. Voy en mi bicicleta y danzo alrededor de los acarajotados que parecen peonzas sin control y se mueven de izquierda a derecha cambiando de dirección continuamente y las tontas que con casi cero grados de temperatura, van sin guantes para poder mandar mensajes sin parar. Me pongo al lado del pelúo y veo que es el profesor de italiano que también va a clase pero el chamo está tan ciego que no me reconoce, porque supongo que intuye que hay un objeto soberbio y esplendoroso que brilla como las fuentes del universo a su lado. Al llegar a un stop lo saludo y ahí me identifica y seguimos pedaleando juntos. Lo suyo con no ver ha llegado a tal extremo que la semana que viene le harán la primera de dos operaciones de cataratas, al parecer se hacen ojo por ojo. Estamos hablando de un chamo que no creo que tenga más de cuarenta y cinco años. Me va contando cosillas de la operación y poco a poco nos acercamos a la zona en la que está el instituto en el que nos da las clases de italiano. Estamos en un cruce con semáforo y cuando se pone en verde me pongo en movimiento y lo oigo gritarme. Me paro un poco más adelante y el chamo se acerca un rato más tarde y dice que debía haber hielo en la carretera porque le patinó la rueda delantera y casi se escoña. Seguimos la calle hacia el instituto, básicamente una larguísima línea recta y cuando entramos en el patio delantero del instituto a aparcar, grita como truscolán en manifestación de septiembre y me dice que la entrada al lugar está también petada de hielo y casi se mata. Me acerco con un cuidado extremo y por más que arrastro los pies por el suelo, yo no detecto hielo alguno. Voy a su bicicleta, agarro el volante y el tornillo que lo sujeta a la horquilla o como quiera que se llame la pieza que controla la rueda delantera se ha aflojado y su problema es que cuando él gira, la bicicleta sigue en línea recta. Se podría haber escoñao. Tengo un amigo que se estampó literalmente contra un muro y estuvo casi dos meses de baja cuando le pasó lo mismo. Iba a toda velocidad y al tener que girar, lo hizo pero la bicicleta siguió de frente y se comió la pared sin aliño alguno. Por supuesto ninguno tenía herramientas allí pero preguntando en el colegio, alguien tenía en su coche un juego de llaves de diferentes medidas y pudimos apretar el tornillo y solucionar el problema. En este caso fue fácil y tuvo una suerte que no veas, sobre todo teniendo en cuenta que no ve una mierda y si le pasa en algún cruce importante, lo barre alguna guagua o coche y le dan el finiquito.

La clase fue un festival de ausencias. Deben estar casi todos con la gripe o resfriados porque de nueve personas que somos habitualmente, éramos cuatro. El profesor está empeñado en sacarme el acento canario/africano que tengo y que no se me va ni aunque Don Limpio se ensañe conmigo y quiere que pronuncie las eses como un auténtico italiano pero ni por error lo consigue y ya le he dicho que donde fallaron los que me enseñaron inglés y neerlandés no va a triunfar él. Yo puedo pasar el próximo siglo fuera de Gran Canaria y en el último día de mi vida seguiré teniendo acento de la Isleta, no me lo podrán quitar ni borrándome la memoria.

Cuando acabó la clase, él se quedó porque tenía otro curso después del nuestro y yo regresé a casa mientras nevaba o llovía hielo suavemente. No me importa la nieve, me encanta, pero ir en bici mientras nieva o cae aguanieve es horroroso, al menos para los que no tenemos gafas y los trozos de hielo y los copos nos golpean los ojos una y otra vez mientras avanzamos a velocidades considerables. En mi ruta de regreso tuve que dar un rodeo porque sabía que ayer era el día del COÑO pelúo y peláo. En todos los cines holandeses, en todas sus salas, al mismo tiempo, se estrenaba la película esa de los cincuenta mierdotes grises en sesiones exclusivas para portadoras de coños, independientemente del mantenimiento que le hagan al susodicho. Lo pueden tener rasurado o con su melena pero mientras tengan uno pueden ir al cine y además se les permite pagar tres o cuatro euros más que normalmente para atender esa sesión exclusiva y sin machos. En los supermercados y desde cuarenta y ocho horas antes, estanterías de la sección de verduras sin zanahorias, pepinos y calabacines, verduras que al parecer mejoran la experiencia cinematográfica. Si yo fuera innovador, montaría una empresa para vender en Asia concentrado de coño rubio y cuando ponen esas películas pondría unos plásticos en la parte delantera de las salas para recoger los flujos que van llegando desde la última de las filas hasta la primera cuando todas esas pavas se desbaratan y se desarretan todas en el momento en el que el pollaboba ese suelta alguna parida o se quita la camisa y enseña los pezoncillos. Entre mis propósitos del año 2017 puse el evitar esta película como la peste y equipararla a las obras dirigidas por el Peter Jackson basadas en libros del comemielda del Tolkien, esas sagas interminables en las que un grupo de mariconas, no necesariamente viejas, camina sin rumbo fijo mientras jinameños y orcos de Vecindario se les cruzan en el camino y siempre acaban a hostias pero sin confesión previa. Mi Ángel de la Guarda igual hasta me hizo caso y ha petado el cine con película que quiero ver y creo que esta semana batiré un viejo récord. Si no muero en el intento, creo que iré a ver ONCE películas al cine y ninguna de ellas será esa en la que sale la acarajotada esa que dice que es actriz pero más bien parece mongólica y en el trailer el chamo que le pega jalás la invita a cenar y ella acepta porque tiene hambre. Cada vez que veo el trailer y escucho los diálogos de esa escena dantesca se me pone el vello de punta y me dan ganas de huir y no parar de correr hasta llegar a otro universo en el que cosas así no existan.