Un hito histórico, histriónico e histérico

Hoy es un día que pasará a la historia y hasta a la histeria histriónica porque he conseguido probar todos los sabores de la heladería Peña la Vieja durante las vacaciones navideñas, a un cono con dos bolas diario, empezando por los sabores de la izquierda y currándome mi camino hasta la derecha, en donde están los sabores super-híper-mega especiales, marcados con etiquetas azules y que cuestan cincuenta céntimos de leuro más en la versión cono mediano que yo me jinco. Entre esos cincuenta y pico sabores, que los de la izquierda no se pueden ver bien, hay alguno que usa dos garrirás y por eso, mi sabor final es una doble bola de pistacho. Como me ha sobrado días, ahora puedo regresar a algunos de mis favoritos, que es difícil porque es que me gustan casi todos, pero seguro que la manzana verde, el limón, el mango o el chocolate negro volverán a caer en mi estómago tan agradecido.

Dicen que en todo el universo, la cantidad de julays que los han probado todos se pueden contar con los dedos de la mano de un lisiado que solo tiene un dedo, y casualmente ese julay es el Elegido. El año pasado en verano también hice el ciclo entero, pero entonces tenían unos cuantos sabores menos, que durante el verano pasado añadieron algunos nuevos y muy interesantes. Por supuesto, a todos y cada uno de los helados les he hecho una foto con el océano Atlántico visto desde la playa de las Canteras y seguramente crearé una secuencia maravillosa en la que los podremos ver en el orden en el que me los fui jincando.

Yo sé eso y mucho más y más

En estas tres semanas en las que he estado haciendo la fotosíntesis sin descanso en la playa de las Canteras, aunque por lo general siempre escucho podcasts o audio libros, de cuando en cuando, sobre todo cuando salgo del océano Atlántico en la playa de las Canteras y todavía estoy chorreando, me dedico a escuchar las conversaciones de la gente que está a mi alrededor, que como ahora ya no hay pandemia, que todo fue un sueño, lo de la distancia de seguridad en la playa es totalmente ficticio y yo llego pronto y me pongo separado del resto y tras una hora o así ya noto como unas cosquillas en las uñas negras de los pies y resulta que es que ya tengo las orejas de alguna pava pegadas a los pies y cuando me giro, noto el aroma profundo de sobaco que no se lava y que me llega en su versión concentrada porque está a meros centímetros de mí. Cuando salgo del agua y llego chorreando agua salada, me quedo un rato de pie y es entonces cuando sin poder evitarlo, acabo escuchando espeluznantes conversaciones entre personas con varios doctorados.

Puede ser algo como que a una le han hecho un análisis de sangre y no está de acuerdo con el veredicto del médico, que no tiene varios doctorados como ella y sus amigas y mientras hablan, ella comenta que obviamente, el médico no le puede decir que está todo bien cuando todo el mundo sabe que su madre y su abuela que en paz descansen tenían las probetas bajas y se emplacaban todas pa’l coño y ella también tiene eso y que por lo tanto, tiene que chupar y lamer la barandilla de la avenida de la playa para absorber algo de hierro que tanta falta le hace y después, con la misma alegría, mencionan las vacunas y ya discuten como no necesitan mascarillas ni distancias porque al estar vacunadas ya no pueden coger la pandemia podemita y truscolana y como una de ellas se puso hace diez años otra vacuna, que no se acuerda muy bien para qué era, pero que seguro que esa también la protege de la pandemia porque en su día ella leyó en la revista Pronto que los porcumiserinos de las vacunas se te enquistan en los ovarios y así ya nada te hace daño, que hasta el marido cuando se la quería hincar tenía que salir por patas, aunque él más bien decía que era porque el olor a jarea era muy fuerte y que la muy jodía ya se podía lavar el chocho al menos cuatro veces al año. Después una de ellas dice que ya tiene tres vacunas porque es así de fantástica y la otra acepta el “envite” y lo sube y le dice que a ella le han puesto cuatro y mañana mismo le ponen la de la Rabia porque es que estos días ha estado de muy mala leche y le ha dicho a su médico de cabecera que le recete la de la Rabia que la tiene muy subida y toda esa mala leche se le va a concentrar y macerar y acabará meando yogur turco, que ella ya lo ha visto en las series de ese país que eso puede suceder y ha sucedido.

Y yo a esas alturas ya empiezo a preocuparme porque todas estas verdades me pueden provocar un daño permanente en los músculos de las orejas por los que escucho y ya saco corriendo los auriculares y me vuelvo a enganchar a mis libros o podcasts y procuro no pensar que estoy rodeado de gente que lo que no sabe, se lo inventa y se queda tan ancha.

Otra vez más

Otra de estas anotaciones que copio y recopio año tras año porque el mensaje está muy claro y no vale la pena adaptarlo. Todas esas anotaciones tienen en común que se publican el cinco de enero, que podría ser un día como otro cualquiera de no ser por tres presuntos terroristas que se fueron cargados con sus bartolos a un poblacho con aún más presuntos terroristas para hacerle unos cutre regalos al hijo de un pava que acababa de nacer o algo así. En esta ocasión y por segunda vez desde que emigré a los Países Bajos, esta efeméride me pilla en la isla en la que nací, en Gran Canaria. Si no tienes pensado mandarme unos cienes y cienes de leuros, al menos comenta que es gratis total. Creo que esta es la decimonovena vez que menciono como sin querer que:

HOY

ES

MI

CUMPLEAÑOS

Esa playa

Creo que ya lo comenté en verano o en navidades el año pasado. La playa de las Canteras, en la ciudad de las Palmas de Gran Canaria, es un organismo vivo y cambiante que he visto y al que he acudido durante toda mi vida. Cuando era pequeño la playa Chica y todo lo que viene después hasta la Cícer era una buena playa, con cantidades apreciables de arena. Con la subida del nivel del mar, toda esa parte está desapareciendo y ahora es muy normal el ver el mar golpear la avenida de la playa durante la marea alta (o llena). Está claro que en unos pocos años tendrán que hacer algo para proteger las casas y los edificios porque el agua acabará invadiendo la ciudad. Recuerdo que los “expertos” afirmaban que las Canteras se llenaría de tal cantidad de arena que movería la línea de la playa hasta la barra, esa protección natural que hace esta playa un sitio tan fabuloso. No solo es que no vaya a suceder, es que ahora, cada vez hay menos arena porque el mar se la está llevando a algún otro lugar del fondo marino del agua del mar. Es un cambio brutal y que está a la vista de todos y ahora, cuando voy a la playa, tengo que usar un programa en mi telefonino para controlar las mareas ya que con marea alta, ni me molesto en ir a la zona De la Peña de la Vieja, zona en la que está cierta y fabulosa heladería canaria que tiene el mismo nombre y me voy directamente a la parte de la playa en la que hay arena.

Eso es lo negativo, en el lado positivo, cuando yo era pequeño había un montón de pescadores que se ganaban la vida pescando y que lo hacían también en la zona que está entre la playa y la barra y era muy pero que muy pero que muy raro ver algún pescado. Ahora que la pesca ahí está prohibida, los peces han vuelto, en masa, pero no pececillos minúsculos, sino peces grandes, hay viejas a porrillo, tanto de las que vienen del norte, de Europa y de la península y que parecen lagartos con esas pieles plegadas y abrasadas por el sol como peces de esos conocidos como viejas, entre otros, que hay una abundante vida en la playa e incluso es posible ver chuchos, no los que algunos se imaginan sino rayas marinas, que así es como se las conoce por aquí. En el fondo marino, además, hay unas poblaciones de plantas increíbles, lo que los canarios conocen como SEBA, hay praderas gigantescas totalmente cubiertas de plantas en el fondo de la playa y cuando esas plantas se mueren, se sueltan, cambian del color verde al marrón y el agua las arrastra a la orilla y el mar las acaba expulsando del mismo, solo que ahora parece que lo hace siempre en la zona De la Peña de la Vieja y la semana pasada echó tal cantidad de seba que llevan casi siete días recogiendo al menos tres camiones diarios usando un tractor, dependiendo de las horas que pueden trabajar por la mañana antes de que lleguen los usuarios de la playa y por lo que parece y a menos que pongan más tractores, les queda seba para una o dos semanas más.

En la zona de la Cícer, en donde antes de yo emigrar se podía ver algún pavo surfeando, ahora hay una industria gigantesca dedicada al tema, con cientos de julays que se apuntan a cursos para surfear en esa ola fabulosa que está siempre allí y algunas mañanas o tardes, cuando paso caminando, se pueden ver cientos de personas con sus tablas en el agua. Es increíble.

Me pregunto qué le sucederá a la playa cuando el mar suba otros veinte o treinta centímetros …