Categorías
Reality sucks Sucesos extraordinarios

Todos los sabores

Prácticamente todos somos como mulas cuando se trata de las cosas que nos gustan. Yo por ejemplo, he ido al Café Cartouche una cantidad ingente de veces en los veinte años que he vivido en Holanda y jamás, jamás, jamás, he pedido otra cosa que no sean costillas y por más que algunos me juren que las otras están ricas, yo voy allí a lo que voy. Con las heladerías, la gente es muy similar y siempre van y siempre piden el mismo (o los mismos) sabores, sin explorar todo lo que tienen para ofrecer. Para mí, los mejores helados en las Palmas de Gran Canaria son los de la heladería Peña la Vieja, en la playa de las Canteras, aunque se pueden comprar en otros sitios en la ciudad y tienen una cantidad dantesca de sabores y yo puedo confirmar y confirmo que los he probado todos y aunque tengo mis favoritos, sigo saltando de sabor en sabor porque no me los quiero perder e intento aplicar ese gesto de evitar la estrechez de miras en algunas otras cosas y sitios (pero ni de coña en el Cartouche, que lo sepáis).

Como a todos los helados les hice foto (y algún comentarista Ancestral las ha visto), he decidido, con mucho arte y sufrimiento, agruparlas en un pequeño homenaje a todos esos helados que me comí y a los que los hicieron y hacer un vídeo para celebrar casi treinta días de helados fantásticos. Cometí, al menos dos traiciones, en otras dos heladerías isleñas y esos no aparecen por aquí.

Para un documento tan fastuoso y estremecedor, la música no podía ser otra que la canción Any Way You Want It cantada por The Rock Of Ages Movie Band y que formaba parte de la banda sonora de la película musical tan celebrada por Virtuditas Rock of Ages:

Categorías
Reality sucks

Será el besuqueo

Hoy fui por Amsterdam para ir al cine y es como ir a la zona cero del virus ese truscolán. La diferencia con España es brutal. Aquí ayer decían que tras unas semanas descontrolado, volvemos a tener una tasa de contagio por debajo del 1, o sea, que un julay infectado no llega ni a pegárselo a otra persona. Las mascarillas, no se exigen fuera del transporte público y casi no se ve gente en la calle usándolas. O sea, en España, con todo el mundo usando la mascarilla continuamente, con productos para limpiarte las manos por todos lados y con mil y una reglas, el virus se extiende como la peste truscolana y aquí, prácticamente sin control alguno, se mantiene en vereda. Las diferencias con España, que yo vea, son que aquí jamás se permitió que los clubs y las discotecas volvieran a abrir, están cerrados desde marzo y esta semana el gobierno confirmó que seguirán cerrados y que la distancia social, el famoso metro y medio, aquí se respeta un poco más y al menos en los restaurantes, parecen usar el sistema métrico decimal y un metro y medio suyo es prácticamente como el nuestro y no como en los restaurantes en Gran Canaria en los que entre comensales de diferentes mesas, en el mejor de los casos, había treinta centímetros.

Al final, la frialdad holandesa va a ser su salvación. Aquí no hay besuqueo y abrazos a tutiplén, no hay jolgorios familiares de cuarenta personas y la gente, incluso cuando se encuentran por la calle, mantiene la distancia, algo que antes del virus era apreciable y ahora es escandaloso, viendo a vecinos que no se acercan a menos de dos metros y prefieren hablarse a gritos. Si esta diferencia, la falta de cercanía entre la gente es lo que está funcionando aquí, entonces en España vais jodidos porque si hay algo imposible en este universo es que la gente deje de tocarse, besarse y abrazarse por allá abajo. Aquí, con casi dos semanas de ola de calor y las playas al mil por cien de capacidad, la cantidad de gente que se infectó fue anecdótica si lo comparamos con España, así que el calor no puede ser una de las razones de los contagios.

Volviendo a Amsterdam, pase lo que pase, la debacle para todos aquellos que montaron negocios para vivir de los turistas en el centro de la capital holandesa es terrible. Los barcos que pasean por los canales llevando a turistas casi han desaparecido y el único que vi, llevaba dos turistas, cuando normalmente en cada uno llevan a unos setenta u ochenta. Las tiendas de recuerdos de la ciudad hechos en China estaban vacías, los supermercados para turistas con precios abusivos, vacíos y en los alrededores de las principales atracciones no se veía gente. No creo que esos negocios aguanten mucho más, acabarán por desaparecer y si no vuelven los turistas, regresarán los antiguos habitantes de la ciudad, los que se fueron al extrarradio por no soportar la avalancha de turistas en sus calles.

Categorías
Reality sucks Sucesos extraordinarios

DOS MIL CIEN días de constancia en el Duolingo

Lo único en lo que podemos confiar en este fallido año 2020 es que el tiempo pasa y pasa y no se detiene ni por un virus con corona y aunque a mí me parece que fue ayer, ya han pasado más de tres meses desde que celebré los DOS MIL días de constancia en el Duolingo y al llegar el fin de semana alcancé un nuevo hito, los DOS MIL CIEN DÍAS, es decir, que desde el primero de diciembre del año 2014 no he dejado de hacer mis ejercicios de idiomas en el Duolingo, ni viajando, ni jiñando, ni currando, ni sobando, en todo ese tiempo, he logrado mantener la racha y practicar cada día con un montón de idiomas, aunque casi siempre todo gira en torno al italiano y el neerlandés. Así que ahí queda la cosa, otros cien días más añadidos a esta racha épica y legendaria.

Categorías
Reality sucks

Agüita fría

Llegué al reto que voy a comentar de casualidad, ya que no era algo en lo que hubiese mostrado algún interés en ningún momento de mi vida. A través de un programa que instalé en mi Aipá para hacer ejercicios de respiración y que me fascinó inicialmente porque en poco más de una semana podía aguantar la respiración casi tres minutos, descubrí que tenían una especie de reto de duchas frías, aunque conviene explicar que son duchas frías tras la ducha normal, no entrar directamente en el agua fresca. El reto, de veinte días, comienza con quince segundos de ducha fría y cada cinco días se incrementa la cantidad en quince segundos, con lo que pasas al medio minuto, tres cuartos de minuto y finalmente llegas a cinco duchas con un minuto de agua fría. Comencé en los Países Bajos, en donde el agua estaba un pelín fresca, aunque no de una manera horrenda y después, cuando fui a Gran Canaria, allí lo terminé e inmediatamente, comencé el segundo reto, el avanzado, que nos pone primero con setenta y cinco segundos de agua fría, después minuto y medio, tras esto ciento cinco segundos y acaba con dos minutos de ducha de agua fría. En algún momento del reto, regresé a los Países Bajos y los dos últimos pasos los he dado aquí y ahora sí que soy capaz de comprobar la diferencia entre la temperatura del agua fría en Gran Canaria y en Utrecht. El minuto y medio en Gran Canaria era hasta agradable mientras que los dos minutos en mi casa aquí arriba te agudizan el oído, esperando que la alarma que pongo comience a sonar para cerrar el agua inmediatamente. Mañana será el último día con dos minutos.

En realidad, le he terminado cogiendo gusto a eso de cambiar el agua a unos treinta grados de la ducha por la traca fría final y creo que a partir de ahora lo haré siempre o regularmente, solo que reduciré la cantidad de tiempo a un minuto, más o menos, ya que a efectos prácticos, no hay mucha diferencia con el tiempo adicional bajo el agua. Una cosa que noté, cuando estaba en la playa de las Canteras, es que ahora no me pego diez minutos para entrar en el agua en la playa, voy y avanzo decidido esquivando la seba que flota en el agua cerca de la orilla cuando hay marea llena y hablando de seba, palabra que está en el diccionario canario de la lengua, es la forma con la que nos referimos a las algas marinas y cuando te tropiezas con un lugar en el que hay un montones, es un sebadal, nombre que además tiene una zona industrial cerca del Puerto de las Palmas que supongo que en el agua tenía un montón de seba y siguiendo con la versatilidad del idioma por las islas, los surferos y los bugueros, cuando galopan sobre las olas, las seban, ya que también tenemos el verbo sebar que solo se usa para expresar acciones de deslizamiento sobre las olas.