Primer día con las águilas – Segunda parte

El relato comenzó en Los preparativos y el comienzo del viaje a Polonia

Nos habíamos quedado en que comenzamos a fotografiar águilas. Desde ese momento tuvimos águila tras águila y vas aprendiendo poco a poco de tus errores y rectificando hasta que le coges el truquillo. Primero descubrí como seguir a las águilas mientras vuelan e incluso hacer fotos de las mismas en el aire que estaban más o menos enfocadas. Después, según se lanzaban a coger la presa en el agua, procuré seguirlas y capturar el momento, ese que todos queremos en el que el águila pilla el pescado y remonta el vuelo. Casi todas me salieron desenfocadas pero como llegan tantas y hay tan poco tiempo para mirarlas no fue hasta esa tarde cuando al revisarlas me di cuenta. Durante las tres horas que estuvimos en el barco vimos más de treinta águilas e hicimos más de quinientas fotos. Aquello era un festival de aves que venían, se acercaban, nos sobrevolaban y se lanzaban a por la presa para después marcharse a comerse el pescado en algún lugar tranquilo. El pescador que llevaba nuestro barco era muy bueno y sabía como colocarlo para que nosotros pudiésemos hacer las fotos sin que el sol estuviera detrás del animal. Esto que parece tan trivial es un detalle importante ya que a muchos les ha pasado que por una mala ubicación del barco cuando el animal se lanza las fotos son de siluetas, sin color aparente y definitivamente desechables por culpa del exceso de luz.

Navegábamos bordeando la costa y en un punto determinado enfilamos hacia una isla. En ese momento nos cruzamos con uno de los otros botes y les hicimos algunas fotos desde el nuestro. No sé como me las apañé pero no salgo en ninguna, al menos no claramente, así que no tendré que pedir que las retiren de la red (y ya están publicadas en algún lugar que no especificaré). En la isla tuvimos un momento mágico con tres águilas que nos siguieron y buscaron comida, algo increíble. Dos de ellas eran mayores. La edad de las águilas marinas de cola blanca se puede conocer más o menos por su cola y sus ojos. Inicialmente la cola es del color del resto del águila y conforme van pasando los años se va volviendo blanca y sus ojos adquieren un color amarillo intenso. Aunque las jóvenes son animales esbeltos tengo que reconocer que personalmente me gustan mucho más las que tienen más de cinco años y ya lucen su preciosa cola blanca.

Volvimos al puerto con nuestras cámaras cargadas de fotos y con un subidón de adrenalina increíble. No vimos a los demás así que le pagamos al pescador y le dejamos una propina de diez euros, algo que para nosotros no significa mucho pero que para un hombre que gana unos doscientos euros al mes supone un dineral. El precio del barco por hora es de treinta y cinco euros así que cada uno pagó esa cantidad. De ese dinero el pescador le da una parte a uno o dos mediadores así que no sé cuanto le quedará en limpio. Si vais a Noruega a hacer fotos de águilas, allí el precio por hora del barco es obscenamente caro, creo que alguien me dijo que por las tres horas pueden ser unos quinientos euros. Volvimos a la pensión y allí nos encontramos con uno de los grupos y según nos dijeron para ellos había sido un desastre, no habían visto casi ningún águila y las que se cruzaron con ellos no se lanzaron a coger comida y no pudieron hacer fotos. Al llegar el otro grupo nos contaron la misma historia así que pese a vernos obligados a tomar la ruta mala, parece que la suerte estuvo de nuestro lado. Todo el mundo se dedicó a copiar en ordenadores y discos duros externos las fotos para tener una copia de seguridad y un poco más tarde nos organizamos para una salida por la zona. Salimos andando en dirección opuesta al muelle y nos adentramos en una zona con una densidad de vegetación bastante grande en la que pudimos ver la casa de un castor (o una familia) con los troncos que van cortando e incluso vimos algunos árboles recién cortados. El sitio era increíble.

Después fuimos con los coches hasta un lugar desde el que pudimos ver ciervos, una especie de reserva natural. Más tarde estuvimos en otro lugar en el que vimos algunas aves y para cuando quisimos darnos cuenta estaba anocheciendo y al regresar paramos en un rincón entrañable para hacer fotos de la puesta de sol. Los pueblos que cruzamos se veían muy pero que muy pobres y la gente nos miraba desconfiada. Se ve que no tienen ningún tipo de infraestructura para el turismo y muchos ni siquiera comprenden lo que se nos puede haber perdido por allí.

Una vez en la pensión nos dedicamos a seleccionar las mejores fotos y a las seis y media estábamos en la mesa esperando la cena, la cual fue copiosa y muy sabrosa. Comenzó con una sopa, algo que se repitió todos los días y después vino un plato de carne y dos tartas para postre. Tras la cena el fotógrafo que organizaba el curso montón un proyector y nos dedicamos a ver las fotos que cada uno había seleccionado y a escuchar la opinión de los demás. Allí todo el mundo solo criticaba en positivo y eso es algo que no me gusta mucho porque la única forma de aprender es que te restrieguen tus errores para corregirlos. Algunas de las fotos eran muy mediocres y yo alucinaba escuchando como los demás le doraban la píldora al que las había hecho y le decían lo excelente que eran y bla, bla, bla ?? o eso o mi holandés es tan pésimo que ni siquiera sé distinguir cuando te vapulean.

Mis fotos tampoco eran nada del otro mundo pero al menos conseguí unas pocas con las águilas cerca del agua que estaban muy bien y también algunas muy buenas en el aire. Las de mi amigo el Moreno eran simplemente espectaculares, sin lugar a dudas las mejores de ese día.

Después de la sesión nos quedamos charlando, bebiendo y mirando otras fotos que había hecho el fotógrafo en África. Todos admiraban enormemente a Felix Rodríguez de la Fuente y allí todo el mundo parecía saber perfectamente quien fue y qué hizo. Al menos dos de ellos han estado en algún lugar de Cáceres en una zona que al parecer está llena de aves y no dejaban de hablar del lugar. Tendré que enterarme mejor porque en España yo juego con ventaja ya que hablo la lengua autóctona y conozco las costumbres locales.

Cerca de la medianoche nos fuimos a dormir y nuestra habitación era un infierno por culpa de la chimenea. Sin exagerar la temperatura era de más de treinta grados y tuvimos que dormir con las ventanas abiertas para que se enfriara un poco. Así acabó nuestro segundo día.

El relato continúa en Segundo día. Una orgía de águilas.

4 opiniones en “Primer día con las águilas – Segunda parte”

  1. El sitio que comentas probablemente sea Monfrague. Y lo de hacer la pelota al resto es mas o menos lo que pasa en los foros de fotografía, por una cortesía mal entendida hay quien no se atreve a comentar los fallos de fotos ajenas. Eso y que tambiuén hay a quien no le gusta oír que sus fotos no son perfectas. A mi también me va mas lo que saber en qué fallas, si no, no hay quien mejore.

  2. La verdad que no lo sé. Lo preguntaré. En Holanda hay un par de foros en los que te despellejan vivo a menos que pertenezcas a alguno de los clanes, en cuyo caso te comen el rabo que da gusto. Por eso yo paso de subir fotos aunque haré una excepción con algunas de las fotos de las águilas para tocarles los huevos porque muchos de ellos fueron al mismo tiempo que nosotros y no consiguieron imágenes decentes.

  3. Seguro que es Monfragüe. El año pasado estuve por allí y la verdad que los buitres negros me dejaron impresionada, y eso que a mi los pajarracos me dan bastante repelús, la verdad, y más cuando tienen ese tamaño. Es curioso que no conocieras ese parque natural, porque queda relativamente cerca del Valle Del Jerte, donde está el espectáculo de cerezos en flor más impresionante del mundo, y con lo que te gusta sacar fotos de flores…

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