Condicionales

Una de las cosas más fascinantes a la hora de aprender una lengua es el empeño que ponen en que domines al dedillo la gramática de la misma, la cual imagino que absorbemos y se nos enquista como tumor maligno en algún lugar de los interiores y por eso sabemos decir las cosas con cierta elegancia y si te falla esta última, gritas como lo hace la Princesa del pueblo o cualquier pollardón que trabaje en los programas de gritos de Telajinco. Lo digo porque teóricamente, durante diez años, entre los seis y los dieciséis, mientras me educaban para ser la grandiosa persona que soy hoy y me daban todo ese bagaje cultural que te sirve para meter baza en todas las conversaciones como si fueras un experto en todo, recibí un montón de clases sobre la lengua española y analicé oraciones a porrillo y sin embargo, hoy en día no me acuerdo de nada de eso o lo que recuerdo es muy mínimo: puedo determinar un objeto directo o uno indirecto pero si me pones dos oraciones con una subordinada a la otra, la verdad es que no tengo ni puta idea de lo que sucede entre ellas ni de las que están bien o mal.

El rollo anterior es por culpa de las clases de italiano, ya que en el curso actual ya no aprendemos cosas nuevas, regresamos al pasado desde el futuro para fijarnos en brochazos de la gramática que pintamos en nuestro lienzo y que por supuesto hemos olvidado. Uno de esos fue el de las oraciones condicionales. Al atacar la gramática italiana la semana pasada el profesor hablaba de oraciones condicionales de tipo uno, dos y tres y yo entraba en este terreno pantanoso por primera vez, o eso creía, ya que cuando me molesté en mirar la gramática española resulta que tenemos las mismas, prácticamente con los mismos tiempos verbales y que se usan casi de la misma manera. Es decir, todo aquello que me enseñaron o se me olvidó, o lo asimilé, aunque yo tiro más por la primera rama porque ni hablando ni escribiendo creo sofisticadas y pomposas oraciones condicionales del tipo dos o el tres. Debe ser porque en mi ADN hay mucho de ameba porque a la hora de la verdad, yo soy más partidario de menos hipótesis y posibilidades y más de realidades palpables y evito las oraciones condicionales como la peste. Es decir, yo no me ve diciendo: si no lloviera hoy, iría al cine. Yo digo: VOY AL CINE porque en Holanda llueve SIEMPRE y como planees una actividad basándote en evitar la lluvia, puedes olvidarte de la misma. Hoy por ejemplo llovió cinco minutos antes de salir de mi casa en bicicleta y desde entonces hemos tenido al menos cuatro chaparrones, 1 de granizo y otra de agua-nieve. O sea, que cualquier condicional basada en el tiempo iría de cabeza a un estado de realización imposible y esta tarde, llueva, nieve o granice, iré al cine al salir de trabajar.

Hace unos años me preocupaba perder el hilo de la lengua española y me compré la gramática oficial de la Real Academia y hasta la puse en la mesilla de noche para leer un poco antes de dormir pero coño, si normalmente yo tardo unos ciento sesenta y siete segundos en dormirme, con aquel trusco el tiempo se reducía a noventa y me despertaba instantáneamente cuando me caía el libro en la cara, así que desistí. Ya he asumido que mi español empeorará progresivamente por culpa de la contaminación que producen el italiano, el holandés y el inglés con sus propias reglas y excepciones que hacen que la maquinaria haga lo posible para ajustarse a la lengua que hablo en cada momento pero hay fugas continuas entre unas y otras. Tampoco ayuda que el español sea el idioma que menos hablo, aunque es el que más escribo. Mi inglés está totalmente atrofiado en el tema de las preposiciones, algo que el Rubio me restriega continuamente porque no atino una y cuando hablamos, nunca se sabe si estoy dentro del tren, sobre el mismo, bajo el tren, adherido a las paredes, flotando en su interior por culpa de la enorme variedad de maneras que hay en inglés y en holandés de usar el español EN, que indica perfectamente que vas en el tren, independientemente del lugar del mismo en el que quieras estar.

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Por sulaco

Maximus Julayus

3 comentarios

  1. Tuve la suerte de que cuando estudié inglés y francés en Canadá, la gramática se la pasaban por el forro, todo era práctica, horas y horas en el laboratorio escuchando y repitiendo y hablando entre los alumnos. Una vez, le pregunté a mi profesora, que estaba mas buena que un pan, que podía hacer para aprender mas rápidamente y me dijo que me aconsejaba dos cosas, no juntarme con hispanos y follar mucho con una o varias canadienses, le hice caso -empecé con ella- y me fue genial, excepto que me casé en Canadá… 🙂
    Salud

  2. jajajajaja, que bueno el comentario de Genín…. 😀
    sulaco, no flotes por los trenes, ni dejes escapar nada de tu cuerpo que quede flotando en un tren, que es una guarrada.
    Y hablando del español, no hablas por skype con Canarias a menudo?

  3. Eso es lo que me ha faltado a mí para aprender el inglés, follar en Canadá, yo sabía que algo se me escapaba. Tenía que haberlo averiguado antes, qué pena.

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