Hay un día al año en el que por nada del mundo y por nada del universo yo dejo de ir a la oficina. Ya puedo tener una diarrea brutal, que me pongo uno de los pañales de viejo que me mandó aquel y me planto en la oficina y ese día, este año fue hoy. Este es el momento en el que todos los empleados soñamos con las cosas maravillosas que nos van a dar en el paquete navideño y nunca, nunca, nunca jamás me han decepcionado con la morralla que ponen. Todo comenzó cuando nos daban a elegir, con tres opciones: 1. clásico, 2. Viaje, 3. Causa injusta de terrroristas musulmanes de mielda. Yo elegí el 2. Reizen porque con el clásico ya me he llevado bastantes disgustos.
Teníamos que esperar hasta las tres de la tarde, que era el momento en el que comenzaban el reparto y a mí me pilló reunido con el mexicano, discutiendo unas cosas muy serias y profesionales y leyéndole la cartilla a un neerlandés, al que pusimos de caldo de pota y al que básicamente le negamos lo que nos pedía y lo acusamos de traidor a la raza cristiana. Cuando acabamos la reunión, el charro y el Elegido fuimos al lugar en el que los repartían y ambos nos pillamos la caja que nos tocaba.

Yo ya venía super-hiper-mega preparado de mi keli, con la mochila de cuarenta litros. La caja se veía muy ligera y como yo nunca me la llevo, al llegar a mi escritorio la abrí, le hice la foto esta que es un tremendo y estremecedor documento histórico e histriónico del suceso y lo metí todo en mi mochila. El paquete consistía de una mochila pequeña con las medidas adecuadas para poner de gratis total en cualquier aerolínea de costo bajísimo o casi nulo, una TOBALLA pequeña, de esas como las de bidé para que te seques bien las zonas en las que no llega la luz del sol, el bote ese que se ve en la foto y que viene llego de algodón de azúcar super-hiper-mega ultraprocesado, 1 tableta de chocolate sin indicación del porcentaje de cacao, con lo que es probable que sea igual o inferior a cero por ciento, 1 dominó de viejos, 1 champú y una especie de neceser de viaje, pero malísimo, que trae un espejo en el que no te puedes ver porque no te refleja.
Este año y por aquello de que tenemos que respetar las sacrosantas tradiciones JALAL, JALAL, no hay alcohol ninguno y que se jodan los cristianos. Siempre me alucina cuando los compañeros vienen corriendo a ver el interior, que allí todo el mundo se la lleva cerrada y ven que aquello es una mielda que probablemente costó menos de diez leuros. Salvo por la mochila, que se la quiere quedar mi hermana, el resto se lo daré a mis vecinos que seguro que le encuentran salida. Después me llegaban los mensajes de los compañeros, enfadadísimos con la bajísima calidad del conjunto y con la falta absoluta de alcohol, que sirvió para recordarles que por culpa de un diez por ciento de la empresa, el otro noventa por ciento se tiene que joder, que bien que podrían hacer una caja JALAL e indicar que las otras dos contienen alcohol y no están pensadas para joputas-terroristas-moros-de-mielda.
Mañana es la fiesta de Navidad en un antro en el recarajo en los alrededores de Bolduque y por supuesto no iré, pero tengo claro que todos los jalal estarán allí y se emborracharán a conciencia, que al parecer en su religión también debe haber curas que hagan confesión y perdonen los pecados y ya irán la semana que viene a pedir perdón.
Una respuesta a “Kerstpakket 2025”
No soy mucho de tradiciones, pero lo que sí observo es que las que podríamos decir que vale la pena conservarlas…se están echando a perder. Antes, los regalos de empresa, por navidades, tenían mucha gracia y cosas buenas (al menos los que yo recibía), y ahora ya no sabría cómo calificar lo que deciden poner.