De vuelta al Cabrón


Después de que llegué a Gran Canaria, aunque el plan era ir a bucear el domingo, al final se retrasó hasta el lunes porque los del centro de buceo se liaron un poco y ese primer día de buceo, de los dos que quería hacer, fue al Cabrón, en Arinaga, cerca del aeropuerto y que ya hemos visto recientemente en un vídeo aterrizando. Como yo no soy un gandul, me levanté a las siete y cuarto y fui a correr, que es malo hacer ejercicio físico después de bucear pero no hay ningun problema cuando se hace antes. Después de correr, ducha rápida y camino del centro de buceo paré en la cafetería del Mercado Central para desayunar, un ritual muy vinculado al buceo. Cuando llegué y saludé a la Dive Master me enteré que éramos tres, un chicharrero, una belga y yo. Cuando la belga apareció descubrí que era negra como un tizón y no había manera de leerla, así que no sabía si era una buena o una mala buceadora, pero eso sí, se metió en el agua, que ahora mismo está a dieciocho grados, con un traje de neopreno de dos milímetros, que es algo impensable, que nosotros bajamos con siete milímetros y pasamos frío, así que debe ser cierto eso que dice que las lorzas del trasero son energía almacenada.

El viaje al Cabrón nos llevó algo menos de media hora y una vez allí, solo había otro grupo con dos buceadores, con lo que éramos pocos, la marea estaba subiendo y muy brava, asi que tanto la entrada como la salida fueron difíciles porque hay que caminar por una plataforma volcánica en la que te puedes resbalar llevando todo el equipo. Yo entré el primero para que los otros dos vieran como se hace, que el sitio es complicado.

En la primera inmersión vimos una morena negra y otra picopato, pero separadas, vimos una raya escondida en una grieta, que descubrí yo, un par de anémonas acompañadas con su séquito de cangrejos y camarones y muchísimos peces trompeta, fulas, sargos y hasta algún abade. También entramos en una de las cuevas. La salida de esa primera inmersión, con la marea justo en el punto más alto, fue una epopella, con el agua arrastrándonos. Estuvimos fuera del agua una hora y volvimos a entrar, con la marea todavía muy alta. En la segunda inmersión vimos una tilodina en una esponja amarilla, dos morenas entrelazadas, una negra y la otra picopato, que están en la foto del final, nos encontramos el banco de roncadores, gigantesco y entre ellos, escondida como un lobo entre un rebaño de ovejas, había una barracuda y un abade gigantesco, que cazan esos peces. En la foto también se puede ver la barracuda entre los roncadores. También vemos besugos, anémonas, cangrejos y un petrubio. La salida fue un poco menos difícil que la vez anterior.

En la foto vemos los roncadores con la barracuda, las dos morenas juntas y una de las dos anémonas con su corte de camarones

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2 respuestas a “De vuelta al Cabrón”

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