Buceando en el arrecife de Arguineguín 1

Mira que suerte tan grande que ha tenido el Ancestral, que siempre tripite que le gustan los vídeos de buceo casi tanto o quizás más que los de aviones y por circunstancias de la vida muy fáciles de explicar, cuando aparecen los de aviones, suelen seguirles los de buceo. En esta ocasión voy con un montón de retraso porque los he estado procesando a uno o dos por días, como cierto comentarista previamente mentado puede confirmar porque los sigue por mi Güazá, que es el lugar en el que estas cosas aparecen primero. La segunda inmersión que hice el trece de agosto fue para ir al arrecife de Arguineguín, aunque entre canariones, solemos decirle ganiguín por ahorrar aire y sílabas. Arguineguín, o más concretamente su puerto, es en donde actualmente el gobierno de Canarias está agrupando a los miles y miles de billones de inmigrantes ilegales que llegan a España y a los que no se les echa y además, una gran mayoría portando cierto virus truscolán. Como me niego y requetequeteque-niego a recortar y reducir, de esta inmersión me han salido tres vídeos y hoy vemos el primero de los mismos. La música elegida es la canción Wild Life del fabuloso grupo OneRepublic. Todo el vídeo son solo tres tomas. Comenzamos llegando al lugar y tropezándonos con otro banco enorme de roncadores. Lo primero que llama la atención es la cantidad de vida vegetal que hay allí, eso hasta casi el primer minuto cuando escondidos detrás de una roca vemos una concentración grandísima de peces trompeta atlánticos. Flipante, nunca había visto tantos juntos y obviamente, no estaban guardando la distancia mínima de seguridad. Seguimos separando el banco de roncadores y de vez en cuando, encontrando un pez trompeta escondido entre ellos. Entre unos y las praderas llenas de algas, el lugar es precioso.

Estoy aquí debajo

Yo soy de los que cuando va a bucear, llevo el equipo mínimo y prefiero alquilarlo. Hasta ahora, las únicas cosas que iban conmigo eran mis gafas de buceo, que me las compré para poder escupirlas a gusto y sin disgusto pensando que otra saliva ha estado allí antes de la mía, mi computadora de buceo, que se disfraza de reloj aparatoso que va en tu muñeca y que cuando, por ganar gramos en el equipaje de mano, me lo pongo mientras viajo, despierta la curiosidad en los controles de seguridad porque aquello es tan grande que parece que llevo una bomba en la mano y finalmente, mi cámara deportiva con su carcasa, su palo-selfie y acoplado al mismo, una luz, que ellos llaman antorcha, yo llamo luz aunque podría ser una linterna submarina. Bueno eso y en alguna ocasión algo de ropa específica para el buceo, pero nada más.

En España, desde julio, se exige que cuando bajes al fondo marino del agua del mar, además de la antorcha y el computador de buceo, que ahora son obligatorios, también hay que llevar una boya y su carrete. Como no todos los centros de buceo las tienen para prestar (o alquilar) a sus clientes y como también me la están pidiendo en algunos centros de buceo en Asia, fui a mi tienda china onDEline favorita y tras regresar de Gran Canaria casi al final de agosto me compré una, más que nada porque te ahorras prácticamente la mitad del dinero y yo, sinceramente, espero no tener que usar jamás esta cosa.

La supuesta boya de buceo, sirve para marcar tu posición en la superficie del agua, para que los barcos que están pasando por el lugar tengan precaución y no te arrollen. También avisa al barco con el que has venido del lugar en el que vas a salir y así se van acercando con cuidado para recogerte. Lo normal es que la boya se lance cuando estás haciendo la parada de seguridad de tres minutos a cinco minutos de profundidad, más o menos en ese punto, el Dive Master que lidera la inmersión, lanza la suya. Todo el grupo subirá junto y por eso se lanza solo una y esa misma razón hacía totalmente innecesario el tenerla, yo bajo y subo siempre con un Dive Master de un club de buceo, no voy por mi cuenta y jamás me iría del fondo sin el colega. Como ahora, legalmente hay que llevarla, esto son casi cuatrocientos gramos de carga. La boya, una vez extendida, es una salchicha de un metro y veinte centímetros en color vivo y con una coña que refleja la luz en la superficie y que llenas con aire bajo el agua y ella se va solita disparada hacia arriba. Una vez sales, desinflas la salchicha, la enrollas y lista para la próxima inmersión. En la foto aparece también el carrete con sus quince metros de cuerda, a la que irá amarrada la boya. Cuando le pones el aire a la boya, con el dedo metido en el eje del carrete, lo dejas girar y la boya sale sola, solita, sola afuera del agua del mar y se queda como un pino plantado en el océano. Para llenar la boya, se usa aire del tanque, que si tienes que llenar eso bajo el agua con tus pulmones, es mucho trabajo, llenándolos de aire, quitándote la boquilla, echando aire en la boya, buscando la boquilla, volviendo a ponértela en la boca y cogiendo aire. Por suerte llevamos una adicional por si se nos estropea la principal o por si tenemos que compartir aire con otra persona, concepto que aunque me lo han explicado, siendo como soy egoísta, no lo termino de comprender. Se puede usar esa segunda boquilla para meter el aire en la boya y seguir respirando por la principal tan a gustito.

Lo dicho, que lo compré porque lo tengo que llevar pero espero no tener que usarlo nunca.

Buceando en la baja de Pasito Blanco, segunda parte

La semana pasada vimos la anotación Buceando en la baja de Pasito Blanco, primera parte y hoy tenemos la segunda parte de esa fabulosa inmersión. Comienza exactamente en donde nos quedamos y para esta ocasión, la música es la fabulosa canción Nothing’s Gonna Stop Us Now del legendario grupo Starship, que creo que no hicieron mucho más tras convertirse en leyenda pero bueno, siempre nos quedará esta canción. Comenzamos con el gigante banco de peces roncadores y todos nosotros a su alrededor. Por supuesto hay un momento selfie cuando llevamos unos cuarenta segundos de video. Cuando ya cambiamos de onda nos vamos a visitar una morena negra y después pasamos junto a una estrella de mar. También vemos un par de nudibranquios, que son esas babosas coloridas que apreciaréis de cuando en cuando. Al acabar y cuando hacíamos nuestra parada de tres minutos a cinco metros tenemos a un grupo que acababa de sumergirse y que vemos pasar por debajo de nosotros.

Buceando en la baja de Pasito Blanco, primera parte

Aquellos o más bien aquel que me sigue por los estados de mi güazá, que soy el único ser humano que los mantiene frescos como el pan recién salido del horno y añado varios cambios diarios, saben que llevo unas semanas poniendo los vídeos del buceo en Gran Canaria. Ahora que por fin he acabado de procesar los de la primera inmersión que hice allí, llega la hora de aglutinarlos en un episodio épico y legendario y dejarlo caer por aquí. O no. Lo primero es lo primero, decir que como no quiero recortar nada y son casi diez minutos, hoy tenemos la primera parte de aquella inmersión, que fue en la Baja de Pasito Blanco, al suroeste de Gran Canaria, entre Maspalomas y Arguineguín. La música escogida es la canción Wings del grupo HAERTS.

El vídeo comienza según llegamos al fondo y pasamos al poco por una zona con bastante vegetación marina. Pasado el medio minuto tenemos el primer momento legendario de esa primera inmersión, cuando una raya volaba cerquita de mí, aunque cuando vio mi empecinamiento, salió por patas. Después vemos una buena dosis de morenas, escondidas entre recovecos. Hay alguna Picopato, de cabeza amarilla y en este caso era enorme, perfectamente capaz de comerse un truscolán. También vemos algunos cangrejos araña y llegando al final aparece el banco de roncadores residente en ese lgar y que es espectacular, parecíamos pastores controlando el rebaño. Entre los roncadores se habían colado varios peces trompeta y de vez en cuando vemos alguno en el vídeo.

En el próximo acabaremos esta inmersión.