
Entre el mundial de fútbol, la ola de calor y el estreno de las pelis taquilleras del verano, los estrenos de pelis ya no abundan tanto y mirando y mirando y mirando en la cartelera encontré el documental que voy a comentar hoy y que solo pusieron el domingo en un único pase y en la sala no éramos ni quince, con lo que esto tendrá una vida cinematográfica muy efímera, aunque supongo que seguirá su camino hacia la telelevisión. Como ya dije, es un documental y se titula Batik, Beats & Bumbu y ni titulándolo truscoluña no es nación lo estrenarían en España.
Unos julays tienen morriña de la tierra de sus abuelos.
Desde que acabó la Segunda Guerra Mundial e Indonesia dejó de ser territorio holandés, como lo había sido por más de trescientos años, hubo un montón de indonesios que cuando se retiraron los neerlandeses se vinieron con ellos a Holanda, tuvieron hijos y esos hijos también se reprodujeron y ahora, la tercera generación, los nietos, como que sienten la llamada de la sangre y exploran su conexión con Indonesia.
Seguimos básicamente cuatro historias, aunque hay al menos una más que empotran cada rato de un travelo que le gusta vestirse de pava y bailar en el campo y que resulta que conoce a otro travelo de Indonesia que le mola lo mismo y los vemos a los dos bailando de cuando en cuando, pero vamos, el primero, que es el que se supone que viene de los Países Bajos, que yo recuerde, no habla nunca. Después tenemos a dos chicas que han creado una boutique con ropa inspirada en Indonesia y con telas que compran allí a través de contactos y que resulta que las dos están empreñadas y un año después o así, van a Indonesia con los maridos y los hijos para hablar con sus contactos de allí y ver el país. Esa es la historia más flojilla. Hay una de una pava que es cocinera y que busca ideas e inspiración en Indonesia para su cocina en plan fusión y esa historia es interesante y te deja con una hambruna que no veas. Después tenemos a una pava que ha formado un grupo musical en Holanda que cantan versiones actualizadas de canciones tradicionales de Indonesia, aunque no hablan el idioma y que son invitados por una universidad a acudir allí para actuar y la gente en Indonesia flipa porque según ellos, su pronunciación es excelente. El grupo son cinco, pero como uno se hostió el primer día con una motocicleta alquilada, a ese no lo vemos más en la historia. Finalmente tenemos a un DJ que también busca en la música tecno de Indonesia para inspirarse y que es super-hiper-mega sub-intelectual con GafaPasta. Algunas historias funcionan mejor que otras, pero como están contadas entrelazando pedazos de unas con otras, para mí eso frena un poco el documental porque te obligan a mamarte las partes flojas cada rato. Aun así, es interesante ver como los nietos parece que quieren saber más sobre la tierra de los abuelos.
No puedo concebir un escenario en el que los miembros del Clan de los Orcos no quemen un cine en el que estén poniendo esto y no pienso que interese demasiado a los sub-intelectuales con GafaPasta.
