Un día como hoy hace exáctamente veintiséis años, un uno de julio, que cayó en sabado, me subí a un avión que me llevó a Mandril y después en otro que me llevó a Ámsterdam, después fui en tren a Hilversum, me bajé en la estación de Hilversum Mediapark, que no era la correcta, tuve que esperar al siguiente tren para ir a la siguiente estación, que era la de Hilversum, pillé un taxi que me llevó al hotel Ravel y ese día comenzó mi vida de emigrante en los Países Bajos, que ahora son mi casa. No tengo muchos recuerdos de ese día, aunque sí que puedo confirmar que no estaba nervioso ni con un alto nivel de estrés.
Recuerdo que al día siguiente se celebraba la final de la copa de Europa, que se había jugado en los Países Bajos y que ganó Francia. También recuerdo que ese año, todo el mes de julio, llovió en los Países Bajos, un día tras otro y para cuando acabó el mes, probablemente yo había tenido más lluvia que en toda mi vida anterior al salto a Holanda del Norte, porque Hilversum pertenece a la provincia de Holanda del Norte, con lo que se puede decir que me mudé a Holanda.
Cuando llegué, los telefoninos no existían, la telefonía móvil era con aquellos leños de Ericsson, Nokia y similares, por no mandar la gente no mandaba ni eSeMeSes y como lo de usar tu teléfono en otros países era como un invento de ciencia ficción, mi telefonino español quedó en España y una de las primeras cosas que me compré fue un telefonino y no hace mucho me lo encontré en un cajón en mi keli, un Ericsson ancestral que probablemente, si encontrara el cargador y lo cargara, seguramente funcione pero como aquello debía ser el UNO Gé, hoy en día no sería capaz de conectarse a ninguna red. También recuerdo que hasta que empecé a trabajar, el día tres de julio, para llamar a mis padres tenía que ir a una cabina de teléfonos y llamar con monedas y esa fue la primera gran diferencia que encontré entre los dos países. Mientras en España había cabinas por todos lados en las ciudades, eran un elemento fácil de encontrar, en Hilversum, ciudad con unos ochenta mil habitantes en aquella época, me costó un güevo encontrar la cabina del centro de la ciudad, que era una sola y estaba bien oculta.
El siguiente trauma fue en mi primer día de trabajo, a la hora de almorzar, cuando me llevan a la cantina de la empresa y allí veo que los neerlandeses, son de almuerzos que en España no se llamarían ni desayunos, con dos rebanadas de pan, loncha de jamón y/o loncha de queso y que lo acompañaban con unos vasos de leche que tenían o tapa azul o tapa roja y yo elegí la tapa roja porque me molaba más ese color y la leche apestaba y estaba como caducada, así que no me la bebí y al día siguiente, me vuelve a pasar lo mismo, algo que me parecía imposible que yo en dos días seguidos, encontrara los dos únicos vasos de leche caducadas y cuando pregunté me informaron que aquello era suero de mantequilla o leche cultivada y que era normal que apestara así y que su sabor fuera el de rayos y truenos.
Para mí siempre ha estado claro como la luz que no escapa de un agujero negro que aquel uno de julio comenzó una aventura que entre otras cosas trajo el mejor blog sin premios en castellano, que fue el sucesor de una lista de correos por la que enviaba mensajes en los primeros tres años contando mis aventuras, que prácticamente desde el primer día comencé a documentarlo todo.