Dos mil seiscientos días de constancia en el Duolingo

Aunque estoy en el exilio, no quiero privar a Genín, Virtuditas y doverinto de la alegría ingente de saber que he superado un nuevo hito histórico y hemos llegado a los dos mil seiscientos días seguidos haciendo mis ejercicios y esa cantidad impensable equivale a siete años, un mes y trece días, que se dice pronto pero es una burrada de tiempo y nos lleva a una época en la que no existía ni truscoluña ni la pandemia podemita-truscolana. La última vez que celebramos un evento similar fue al final de septiembre del año pasado con los Dos mil quinients días de constancia en el duolingo. En números romanos, que son más simples y fáciles de leer para Virtuditas y el Ancestral, que ya tienen una edad, estamos en MMDC (eMe-eMe-Dé-Cé). Lo que no cambie es que todo este tiempo empleado en el aprendizaje es de un grupo bastante estable de idiomas, que me pilla a veces aprendiendo italiano, a veces aprendiendo spagnolo, a veces aprendiendo engels, a veces aprendiendo dutch, a veces aprendiendo italian y a veces aprendiendo inglese. El próximo hito histórico será en abril del 2022, si consigo mantener la racha.

Un hito histórico, histriónico e histérico

Hoy es un día que pasará a la historia y hasta a la histeria histriónica porque he conseguido probar todos los sabores de la heladería Peña la Vieja durante las vacaciones navideñas, a un cono con dos bolas diario, empezando por los sabores de la izquierda y currándome mi camino hasta la derecha, en donde están los sabores super-híper-mega especiales, marcados con etiquetas azules y que cuestan cincuenta céntimos de leuro más en la versión cono mediano que yo me jinco. Entre esos cincuenta y pico sabores, que los de la izquierda no se pueden ver bien, hay alguno que usa dos garrirás y por eso, mi sabor final es una doble bola de pistacho. Como me ha sobrado días, ahora puedo regresar a algunos de mis favoritos, que es difícil porque es que me gustan casi todos, pero seguro que la manzana verde, el limón, el mango o el chocolate negro volverán a caer en mi estómago tan agradecido.

Dicen que en todo el universo, la cantidad de julays que los han probado todos se pueden contar con los dedos de la mano de un lisiado que solo tiene un dedo, y casualmente ese julay es el Elegido. El año pasado en verano también hice el ciclo entero, pero entonces tenían unos cuantos sabores menos, que durante el verano pasado añadieron algunos nuevos y muy interesantes. Por supuesto, a todos y cada uno de los helados les he hecho una foto con el océano Atlántico visto desde la playa de las Canteras y seguramente crearé una secuencia maravillosa en la que los podremos ver en el orden en el que me los fui jincando.

Otra vez más

Otra de estas anotaciones que copio y recopio año tras año porque el mensaje está muy claro y no vale la pena adaptarlo. Todas esas anotaciones tienen en común que se publican el cinco de enero, que podría ser un día como otro cualquiera de no ser por tres presuntos terroristas que se fueron cargados con sus bartolos a un poblacho con aún más presuntos terroristas para hacerle unos cutre regalos al hijo de un pava que acababa de nacer o algo así. En esta ocasión y por segunda vez desde que emigré a los Países Bajos, esta efeméride me pilla en la isla en la que nací, en Gran Canaria. Si no tienes pensado mandarme unos cienes y cienes de leuros, al menos comenta que es gratis total. Creo que esta es la decimonovena vez que menciono como sin querer que:

HOY

ES

MI

CUMPLEAÑOS

¡Feliz Año 2022!

Desde antes de los dolores, todos los años tenemos la foto de estas bolas de Navidad gigantescas para la última anotación del año, una foto que acumula tantos años que ya pronto será mayor de edad. Los humanos elegimos arbitrariamente el acabar y finalizar los años en el invierno, por ser tan masoquistas y así festejearlo con frío y con lluvia y sin luz. Muchos estarán ya pasados y borrachos y yo que prácticamente no bebo alcohol estaré más bien en la cama o a punto de acostarme. Espero que cada uno tenga un año lleno de todo lo mejor excepto los truscolanes, a los que les deseo hambre, miseria  y que sigan sin nación y a ser posible, en chirona. Por segundo año de pandemia, este es otro que será mejor olvidarlo, tenemos vacunas pero la pandemia se descojona de las mismas y esto no se ha acabado, como nos prometieron una y otra vez. Esperemos que este que comienza ahora sea un año bueno de verdad y sin virus, sin pandemias y sin truscolanes, aunque mucho me temo que tendremos una buena ración de todo eso.

¡Feliz Año 2022!