Er deo


Lo de hoy es algo que se remonta al catorce de marzo de este año, un día después de llegar a Gran Canaria y es algo que creía que ya conté en Circular en el barranco de Guayadeque superficialmente, pero va a ser que no. Resultó que ese sábado me iba a caminar con un amigo, pero como los quince kilómetros de caminata por la montaña con un gran desnivel no me parecía suficiente, me levanté temprano y me fui a correr y justo cuando terminé la actividad y estaba deteniendo la actividad en mi pulsera super-hiper-mega no-inteligente-pero-novelera, me caí porque no miré hacia el suelo, tropezando con una tapa de la empresa eléctrica que estaba como un centímetro por encima del suelo. Con la hostia vino un dolor intenso, quizás intensísimo que casi me hace desmayarme hasta en tres ocasiones, pero como no soy un ñanga, me duché, me fui a desayunar chocolate con churros en el Mercado Central y después nos fuimos a hacer la caminata, el Elegido con el dedo más tieso que una jarea.

El dolor intenso continuó durante una semana y después comenzó a normalizarse o mi umbral para el dolor aumentó lo suficiente y yo mientras tanto, comencé con ejercicios para recuperar la movilidad de aquella salchicha. Pasó el tiempo y el veinticindo de abril me fui a caminar en Holanda con otro amigo, algo documentado en La caminata de Bolduque y le enseñé el dedo, que ya había recuperado parte de la movilidad y el chamo me dijo que tenía que ir al médico para que me lo miraran porque a él le pasó lo mismo y tal y tal y al final estaba roto. Como estaba cerca de irme de vacaciones a bucear a las Maldivas, decidí dejarlo hasta la vuelta y cuando regresé combiné dos dramas e hice una visita a mi médico de cabecera el veintinueve de mayo, que me dijo que tenía que ir al hospital para que me hicieran radiografías porque aquello no parecía normal. Ese mismo día, por la tarde, fui al hospital, me hicieron tres fotos y el médico me informó, la semana siguiente, que se me había fracturado el dedo en tres puntos, pero que ya estaba reparándose el solo y lo hacía más o menos bien, con lo que no había que romperlo de nuevo, como le pasó a mi amigo, que también se cayó corriendo, pero me dijo que me iba a enviar a un estelero o fisioterapéuta especializado en manos y manazas.

Entramos en un nuevo capítulo, contacto con el estelero ese y me dan hora para una visita de evaluación el veinticuatro de junio, porque lo mío no era urgente. Justo la semana siguiente era cuando yo me iba a Gran Canaria. El estelero, que además lo visité en día de ola de mala-caló con lo que salí con tiempo adicional y garrafón de agua para ir hasta la consulta, que estaba a siete kilómetros de mi keli en bici. El chamo, me agarró el deo, me lo meneó, tiró de él, lo retorció, le hizo de todo y al parecer el tendón, o los tendones, que no me quedó claro porque toda la comunicación fue en neerlandés, se había desplazado. Le pegó un tremendo meneo al deo y al final me dijo que el dolor o desaparecía del todo, o lo notaría más y me hizo una especie de arnés para que no lo moviera y que podemos ver en la foto.

El dolor definitivamente fue mayor que anteriormente, pero el arnés solo lo usé un poco los dos primeros días porque es muy molesto para un montón de cosas. Después me fui a Gran Canaria y me acostumbré a repetir algunos de los ejercicios que él hacía, con lo que el dolor se ha mantenido y ahora tenemos que organizar unas cuantas visitas al estelero para que lo trate, minimizar el dolor y recuperar la flexibilidad que tenía. No lo he dicho, pero es el dedo de los mocos de la mano derecha, el más importante de todos porque es el único con el que te hurgas el narizón, te rascas la testa y agarras cosas. También es el dedo usado para quitarte los calcetines con gracia y estilo y para las operaciones al ponerte o quitarte las sandalias de verano, así que es un dedo muy usado. Cuando el estelero me mandó que rellenara un formulario indicando cuales eran mis objetivos en referencia al mentado problema, mi respuesta seguro que le dejó impresionado porque hice mucho hincapié en que yo lo que quiero es poder sacarme los mocos y rascarme el orto con dignidad y sin dolor, que ambas actividades son derechos básicos de los seres humanos que nos hemos ganado y no quiero perderlos.


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