Toma y daca y requetequete-daca


Hace unas tres semanas, en Otro renglón que se te va a torcer, zurriaga, desmenuzaba los intríngulis de mi visita a la sede corporativa en la capital de Reino y casualmente, hoy volví y las cosas no me pudieron salir mejor, hasta tal punto que el colega al que invité en el episodio anterior cree que yo soy un genio malvado más propio de cine de super-hiper-mega héroes. La razón para mi visita de hoy fue que por mantenimiento de verano, no hay trenes entre mi ciudad y Bolduque desde hoy hasta el jueves de la semana que viene y personalmente, me aburro como una ostra si solo trabajo desde mi keli y una pava a la que he estado adquiriendo para mi red me dijo que tenía que ir este martes a la capital y yo me ofrecí a trabajar desde allí y sentarnos juntos.

Las tres primeras horas transcurrieron sin pena ni gloria, salvo por el hecho de que llevé papeo gratis y regalé a la gente a mi alrededor, incluido el nuevo Líder Supremo. Sobre las once, dos pavas de la planta de abajo me dijeron que estaban en la oficina y bajé para hablar con ellas, pero lo hice usando la escalera que tenemos al final de nuestra planta y que es más bien para usar en caso de evacuaciones por incendio o grandes dramas. Las dos pavas se sientan en el lado opuesto de esa planta, en una zona relativamente segura, así que me encontré con ellas y empezamos a hablar de las situaciones dramáticas de la vida laboral y a ofrecerles soluciones. Llevaba yo un rato allí cuando de repente, pasa la la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda con su portátil, como yendo a hablar con alguien, gira la testa, me ve, me identifica, me reconoce y en cámara super-hiper-mega lenta se le va torciendo el gesto de la cara y la mala leche que lleva siempre dentro, asomó a la superficie. Yo me limité a llevarme un dedo a la frente y hacerle el gesto universal de saludo quitándote una boina ficticia. Las otras dos, que miraban hacia mí, no lo vieron.

Un cuarto de hora más tarde, la pava vuelve hacia su escritorio, sin girar el kabezón, que lo llevaba tan rígido que se notaba a la legua que estaba forzando los ojos y se podía quedar bisca del esfuerzo para mirar hacia donde yo me encontraba y claro, sucedió lo que tenía que suceder, que llegó a su sitio, se puso a echar pestes contra mí, como hace siempre y todo el mundo en esa zona se enteró que yo estaba en el edificio. Uno de los que están en su grupo y que yo quiero que lo fichen en nuestra división porque me llevo muy bien con él, se enteró, salió por patas por una emergencia estomacal o algo así, vino corriendo y me dijo que subía a mi planta a tomarse un cafelito por la tarde a las dos para platicar y volvió a su sitio para que la otra, que ya estaba caliente como una burra y cogiendo los tambores de guerra para empezar a aporrearlos, no lo notara. Yo diría que ya en ese momento, mi visita fue un exitazo.

Al mediodía me fui a caminar con la chama que vino desde el sur y le enseñé los secretos mejor guardados de la zona y al volver, estuvimos hablando con el Líder Supremo, que yo quiero que sea bien consciente que está el populacho, está mi jefe y estoy yo y que nosotros dos somos los encargados de ejecutar sus deseos y quitar del camino a cualquiera que estorbe o moleste.

La nueva que contrataron para hacer parte del trabajo de mi colega también estaba en el edificio y decidió sentarse en nuestra planta y no en la suya y me vio, estuvimos hablando y en ese preciso momento apareció el lacayo joputa-ruso-de-mielda, que no sabe que yo sé que ayer aceptó una oferta de trabajo y no sabe que yo sé que va a renunciar próximamente y no sabe que yo voy a manipular ese evento para producir la mayor cantidad de daño a la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda. El chamo me vio y lo flipó y por supuesto, como mi bondad es infinita cuando me interesa, platiqué con él y nos reímos y todo eso. La jefa de la nueva no sabía que ella estaba en esa oficina y tampoco sabía que su empleada estaba hablando con el enemigo y cuando se lo conté, no me creyó, así que me fui a ellos y les dije que me quería hacer un selfie con ellos dos, cosa que hice y se la mandé a la jefilla que dudó de mí, que se quedó alucinando en todos y cada uno de los colores. Después compartí esa foto con la nueva y con el lacayo joputa-ruso-de-mielda y ambos y el resto del edificio, recibieron la primicia exclusiva de mi nueva visita para la semana que viene. Después vino el colega de las dos, que cuando el lacayo joputa-ruso-de-mielda lo vio se le puso cara de que quería que la tierra se lo trague ya que ahora hay un testigo de que ha estado conspirando en nuestra planta con nosotros. Yo estuve hablando con el que me vino a ver y recordándole que la Casa del Cuervo lo quiere en nuestra división y que si lo pide, yo lo haré posible, pero lo tiene que pedir él. De repente y sin razón aparente, un montón de gente que se sienta en su sección sintió una necesidad imperiosa de subir a nuestra planta a tomar café para casualmente, verme y saludarme, algo que acabará sabiendo la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda y le sentará muy pero que muy mal. Como yo repartí la foto con su lacayo joputa-ruso-de-mielda y la otra, también sé que la foto llegará a sus manos y del empute tan grande que va a coger, su novio se va a pegar al menos hasta finales de septiembre a base de pajillas y pajotes, porque la otra se le ha cerrado la concha de la mala leche que tiene y no va a querer chingar en al menos un mes.

Después de eso, me dediqué a convencer a mi amigo para que convensa al lacayo joputa-ruso-de-mielda y que entregue su carta de dimisión la semana que viene, a ser posible en el mismo día en el que yo estoy allí o al día siguiente, para que la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda de por sentado que yo estoy detrás de esa traición, para que su novio desarrolle los músculos de los brazos porque ya seguirá a pajillas y pajotes el resto del año y con un poco de suerte, a la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda le llega la menopausia de tantos disgustos. Y aquí llegamos a la parte en la que mi amigo está convencido de que yo soy un genio malvado, porque yo quiero que ella alborote y me critique todo lo que pueda, que despotrique contra mí con saña y ganas porque después, yo, que soy una bellísima e inocente víctima de sus manejos, sembraré la semilla diabólica, esa que irá creciendo y corrompiendo todos los cimientos de las relaciones que ha hecho en la empresa la joputa-terrorista-musulmana-de-mielda, una semilla simple y hermosa que cuando florezca, pondrá en el kabezón de todos la misma reflexión: en siete meses, una gerente con dos empleados pierde a los dos empleados, que deciden dejar la empresa. Ella despotricará contra mí y yo haré ver a todo el mundo que la gente que trabaja para ella se va, que el problema está perfectamente localizado y que para solucionarlo, habrá que quitársela de enmedio.

Esa no sabe la que le va a caer …

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