La guerra contra la Casa del Buitre


Yo estaba convencidísimo de que había hablado de este tema en las últimas semanas, pero no consigo encontrar la anotación y como también es cierto que hay un comentarista que como no le ponga sus vídeos de buceo se me coge una perreta, pues igual lo pensé y hasta lo esbocé en mi kabezón y después no llegué a plasmarlo en bitios y octetos, así que retrocedemos en el tiempo al final del 2025 y una semana antes de navidades, uno de mis colegas, que trabaja para la compañía que se creó para dar soporte a las tres compañías de la multinacional que producen leuros en Europa vendiendo productos, presentó su dimisión, o sea, dijo que se piraba. Yo me llevo muy bien con él y desde hacía meses le lloriqueaba a mi jefe para que lo adoptara y se lo trajera a la Casa del Buitre o The Vulture House, que es el nombre cariñoso con el que yo obligo a los que interaccionan con nosotros a denominar a nuestro departamento y aunque la palabra elegida tiene explicación, me la ahorro porque soy así de soberano y de independiente.

Lo dicho, que yo hice una campaña larguísima para que mi colega fuese reasignado a nuestra compañía desde la empresa paraguas en la que está, porque sabía que tenía un montón de problemas con su jefa, una hembra jalal y obviamente, terrorista-musulmana-de-mielda, que desde que se convirtió en jefa, fue como si la hubieran reposeído desde Raticulín y pasó de ser una persona agradable y divertida, a eso que en la Isleta se define como UNA ZORRA DE MIELDA o una Zurriaga, que viene a ser lo mismo. La cosa es que mi jefe no consiguió que permitieran el cambio y mira que yo, sin poder revelar mi apremiante interés por el puto secreto de confesión de los amigos, no podía decirle que estaba haciendo entrevistas. La cosa es que cuando yo estaba De vuelta a África, uno de los días me dice que ya le mandaron la oferta de trabajo y que la iba a aceptar y marcharse. De eso me enteré yo el primero en la empresa y me tuve que hacer el sorprendido y apenarme cuando mi jefe me lo dijo dos días más tarde, aunque él no sabía que mi mano fue la que empujó a mi amigo para que se lo contara o cuando me informaron diez personas más. De hecho, el momento en el que se informó a recursos inHumanos lo elegí yo, así como la manera de hacerlo.

Durante todo el tiempo que estuve en África, hablábamos y chateábamos a diario y fui confidente en primera línea de su frustración cuando la gilipollas de la mora que es su jefa, se pegó una semana sin hablarle y haciéndole putadas. Conviene recordar, para los que tienen problemas de memoria, que yo prefiero mantenerme al margen, pero si me involucro en una guerra, es para ganarla y en este caso y por muchos más motivos, decidí que me pintarrajaría con mis cremas de cutis para que se me quede como culo de bebé y entraría al trapo, no solo para disfrutar de una última guerra con mi amigo, sino para enseñarle una lección a alguien que la estaba pidiendo a gritos. Decir que en ese momento mi jefe ya estaba en guerra de guerrillas con la mieldosa esa y yo estaba siguiendo una estrategia pacifista de destrucción y aniquilación, habiendo cortado todos los flujos de información hacia su departamento y convirtiendo la joya de la corona del equipo legal, que es la distribución de información a las tres empresas, en algo inexistente porque al parecer nadie se dio cuenta que la susodicha distribución existía porque yo era el que conseguía la información, un detalle nimio e insignificante pero muy importante.

Seguro que ya lo conté, pero bueno, me repito, cuando en una reunión con la pécora esa y mi jefe, ella se molestó con nosotros por algo que le dijimos, un día después, en el último acto de comunicación entre la zurriaga esa y la Casa del Buitre, ella me informó que a partir de ese instante, el sistema de intercambio de servicios e información iba a ser de naturaleza puramente transaccional, pero no tuvo los ovarios para decírselo a mi jefe, que un par de semanas después me preguntó si sucedía algo porque lo ninguneaban y yo tuve que explicarle el concepto y decirle que por esa misma razón, la Casa del Buitre había dejado de ofrecer gratuitamente información y servicios a las otras empresas del grupo, algo que en seguida se comenzó a notar y ha provocado la cancelación de varias reuniones por falta de información para las mismas. La mala pécora intentó conseguir información por otros canales y cuando lo consiguió, mandó fastuosos y prepotentes anuncios indicándonos como teníamos que hacer nuestro trabajo a los que yo, antes de que mi jefe pudiera reaccionar, respondí dándole las gracias desde lo más hondo de mi podrido corazón y diciéndole que seis semanas atrás ya habíamos recibido la susodicha información y algo más y nuestra división ya había tenido varias reuniones para planificar nuestras acciones y ya estábamos en la fase de ejecución del plan, pero que nos alegrábamos enormemente y con sincero desprecio de que el equipo legal de la compañía fuera también consciente de la importancia del tema, tarde, pero bueno, siempre se dice a los perdedores y secundones que lo que importa es la intención y la suya, seguro que en algún universo paralelo quizás fue hasta buena.

Como no soy rencoroso, en mi respuesta añadí a todos mis amigos y conocidos de mi división en el país del Sol Caguiente. Cuando la pollaboba esa intentó conseguir nuestros planes, le expliqué que yo, provinciano como soy, no tengo autorización alguna para compartir información confidencial de la compañía, ni siquiera habiendo sido la mano que tejió la rebequita y que tendría que solicitar a través de sus contactos en el equipo legal en el país del Sol Naciente que pidiesen al equipo adecuado de la corporación que contactara con el equipo adecuado de nuestra división en el mentado país y que ellos decidieran si querían compartir la información con un equipo irrelevante en otro continente y que no pinta de en esta movida. Mi mensaje, o más bien, mi maniobra, consiguió el efecto que yo quería provocar, pero como ésto definitivamente se va a alargar un montón y yo tengo que generar contenido durante toda la semana, lo dejamos en este punto.

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3 respuestas a “La guerra contra la Casa del Buitre”

  1. Me he quedado con la boca abierta y los ojos como paelleras, esperando la continuación.

  2. No hay ninguno, de haberlo sería el Elegido. Le iba a poner la Casa del Cuervo, que es más apropiado, pero después me acordé que esos putos bichos se comen la mielda de los perros en invierno aquí calentita y por ahí yo no pasaría nunca jamás.

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