La bici con el asiento místico

Como llevo ya dos décadas hablando de bicicletas, por aquí casi todo está muy visto y creo recordar que en alguna ocasión he comentado algo parecido, pero no encuentro la foto, así que lo repetimos, que el saber siempre ocupa lugar pero nunca está de más. Hoy tenemos una bici muy especial por el tuneado que se le hace en el asiento. Este tipo de asiento se conoce como el de la monja y aquellos que se aficionan al mismo, dicen que te entra un trance místico que no veas cuando fijas tu cuerpo a la estructura de la bicicleta, que aquí, en lugar de apoyar el poto en el asiento, se usa cierto orificio habitualmente de salida para crear una comunión más intensa entre el ser humano (excluyendo truscolanes, obviamente) y la máquina. La bicicleta en sí es una Swapfiets, con lo que el dueño, la use o no, está pagando un alquiler mensual por la misma y si tiene algún problema, la empresa manda a un mecánico al lugar y te lo solucionan sin coste alguno, lo cual nos deja cristalinamente claro que si el asiento ha sido tuneado de esta manera es porque quienquiera que sea el propietario (o la propietaria, que esto puede ir de habitantes de ambos planetas) se siente tan a gustito usando esta variante menos popular del asiento de bicicleta.

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Bici con mega-cesta de carga delantera

Desde tiempos prehistóricos he tratado de mostrar a los dos CuloCochistas que comentan en el mejor blog sin premios en castellano que hay infinidad de variantes de bicicletas que se pueden usar para llevar cantidades considerables de carga y que son ecológicas, aunque nunca logré convencerlos de verdad y esos dos, donde se ponga un coche y a ser posible diesel de los de antes, que se quite lo demás. Hoy tenemos una de esas bicis que de repente se quedan olvidadas en las calles y los canales de Ámsterdam y esta se sabe que está olvidada porque la rueda trasera, si os fijáis, ya no tiene aire. El dueño tenía como un ramalazo de artisteo y le pintó las ruedas y la estructura e incluso la cadena, que tiene un verde horripilante. Lo que nunca antes jamás había visto es la estructura por delante para poner un montón de carga, estructura que está fijada del cuerpo de la bici y no del volante, algo obvio si os fijáis en la dirección que apunta la rueda y el susodicho volante y como no es la misma que la cesta. Antes de comenzar esta serie eterna de bicis, un día que estuve en el centro de Utrecht, vi a un novio llevando a la novia vestidita con su traje blanco de no virgen subida al volante en una estructura similar y el pobre chamo aquel que sudaba su traje para arrastrar las lorzas de la pava con la que quería firmar un contrato de empetamiento legal y no remunerado por vez. Supongo que a partir de una cierta cantidad de peso, la bicicleta se tiene que volver bastante inestable en las curvas, más que nada porque el centro de gravedad se desplaza peligrosamente a la parte delantera. Esta tiene toda la pinta de ser una bici tuneada y nada que se pueda comprar comercialmente en tu cadena favorita.

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Bicifloripondio

Con la cantidad ingente de fotos de bicis que hay por aquí, todos somos conscientes que la variante de bicicleta florera a mí me encanta y siempre que veo una le hago foto. La de hoy me la tropecé en un día frío que no veas pero precioso, con el cielo despejado, en Amsterdam, en la mitad de un puente que cruza un canal y tenemos esa gloria de bicicleta con ruedas pintadas de rosa a mano con brocha gorda y esa explosión de adornos florales sintéticos que la recubre toda como piel a toro y que además se engalana con los ramos de dieciocho novias en el volante, que casi que parece un alien dispuesto a saltarte y matarte. La bicicleta es un regalito visual de esos que demuestran que en algunas ocasiones, una imagen vale más que sesenta y dos mil palabras. Solo puedo confirmar que la bici no es eléctrica y que tampoco es a contrapedales porque le veo frenos de tambor tanto delante como detrás. No estoy seguro si tenía velocidades pero como el alien del volante esté por la zona, igual es peligroso cambiar las mismas.

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Por debajo del puente Nelson Mandela en bici

La semana pasada comentaba lo de La obra en el carril bici y este fin de semana, cuando iba hacia el cine hice un cutre-vídeo en el que las palabras se tornan imágenes que son más fáciles de procesar por nuestros cabezones, que lo visual siempre tira más y sobretodo cuando los dos lectores tienen ya tremenda edad. Les fascinará el ver mi sombra que demuestra, nuevamente, que voy en bicicleta. La músiquilla de este minúsculo vídeo de menos de un minuto de duración es la hilarante versión de polca del clásico El bueno, el Malo y el Feo (obviamente truscolán) de Hans Zimmer y que se puede oír en cierta película de animación. En el vídeo se ve que según descendemos, llega un momento en el que estaremos por debajo del nivel del agua del canal. El puente, que era uno hasta el año pasado, ahora son tres y parece que están construyendo un cuarto. Los dos de los lados son carriles bici de dos direcciones en ambos sentidos, con lo que se refuerza la idea de conexión del centro de la ciudad en plan bici-pista con esta ruta que te permite cruzar Utrecht sin tener que ir al centro. Aunque se ve soleado e idílico, la temperatura era de cero grados y en el sonido original se puede oír perfectamente en mi respiración lo contentísimo que estaba de tener una mano agarrando el teléfono y sin guante. Por suerte la música elimina el sonido de esa tortura. Las obras que faltan son las conexiones en la superficie entre la vía ciclista que pasa por debajo del puente y las otras dos que llevan hacia el centro de la ciudad.