Categorías
bicicletas

Bici eléctrica hive en Lisboa

Lisboa está petado de bicicletas de alquiler, patinetes y cualquier cosa que se le parezca. Parece que la guerra entre todas esas compañías que contaminan las ciudades y se jactan de ecológicas está teniendo uno de sus campos de batalla en la capital Portuguesa y lo normal es encontrarte bicicletas por todos lados. Esta de hoy es una bici eléctrica, una hive, aunque en mi incultura, yo pensaba que el nombre es wive y flipaba pensando que cuando se entere el supremo líder podemita, la peluda esa tan íntima de criminales venezonalos e iraníes, se iba a llevar un disgusto con una bicicleta que usa la palabra ESPOSA, aunque sea en una lengua bárbara, ya que todos sabemos que ahora hay conceptos que están totalmente prohibidos y aunque firmes un contrato, a la hembra la llamas hembra, pelleja, guarrilla, penca, pendón, chama, pava o como se te ocurra, pero nunca, nunca, nunca la llamarás esposa porque tiene tintees machistas o algo así, que a mí la facilidad de esa gente para agarrar el dinero de criminales en otros países y después montar pitotes en España que no vienen a cuento nunca deja de asombrarme. Volviendo a la bici, es eléctrica, simple, creo que no tenía muchas velocidades, la batería es la cosa esa negra por debajo del asiento y supongo que tiene algún tipo de sistema para enviar su ubicación y ellos saber a donde ir a buscarla para recargarla. Te cobran por minuto y parece baratísimo pero si la usas durante una hora al completo, casi mejor que vas en taxi porque como siempre, lo barato acaba siendo caro.

Categorías
bicicletas Reality sucks

La rampa

Desde que me compré la Stella Modena Night Blue FDST Comfort, mi bici eléctrica, yo vivo encantado de la vida y si me provocaran los vecinos hasta les cantaba el LaLa vestido con pantalones de campana que no tengo pero que seguro que en las tiendas estas de ropa de segunda mano se consiguen por dos perras gordas. En invierno la bicicleta es más latosa porque te recomiendan no dejar la batería en la misma si no está en un cuarto a más de quince grados y como su keli en el jardín no tiene calefacción, le tengo que quitar la batería cuando la acabo de usar y guardarla en mi casa, lo cual me da una pereza que no veas. Esto es malo, pero lo absolutamente peor, el drama de mi vida que me estaba quitando la ilusión y la fantasía es el escalón que tiene el susodicho cuarto y que para meter y sacar la bicicleta del mismo, requiere un esfuerzo sobrehumano porque la jodida, con batería pesa veinticinco kilos, es obesa como dos que yo me sé y si le añades la bolsa que le puse y la cadena que lleva dentro, debe rondar los veintisiete kilos y por la mañana cuando salgo o por la tarde cuando vuelvo o cuando voy al cine, sacarla y meterla es un ejercicio de halterofilia o necrofilia o como quiera que se llame la filia esa y todos sabemos que yo conseguí pasar la niñez, la adolescencia y la juventud sin haber puesto una pezuña en un gimnasio y me gustaría morirme sin entrar en uno pero me veía claudicando en este deseo tan puro y apuntándome al gimnasio para desarrollar los músculos atrofiados de los brazos y poder cargar la bici.

Mis vecinos, que son ancestrales como otro que yo me se, tienen una pequeña rampa de madera para entrar en el susodicho cuarto y tras una descarnada busca en GooglEvil probando cosas, descubrí que la palabra para referirse a la misma en la lengua bárbara de aquí es drempelhulp, que tiene en su raíz el truscoluña no es nación y que es una ayuda para subir una altura, o sea, una rampa de ayuda. Mirando en las tiendas, lo que tenían no me convencía, eran muy grandes y más bien pensadas para subir sillas de ruedas o carricoches y yo solo quería algo pequeño para encauzar la bicicleta a su keli o fuera de la misma. Decidí usar la manipulación y así, en una de las visitas a mis vecinos para tomar cafelito gratis y de paso revisar su ordenador, le comenté que yo desde que era pequeñito lo que más ilusión me hacía era tener una rampa en la keli de la bicicleta para no herniarme, que a base de cargar ese peso que es más que el de un saco de papas de veinticinco kilos, que yo nunca cargué, acabaría como Quasimodo, buscando colillas por el suelo. Me lamenté de mi mala fortuna y lo poco que me quería el Dios de los cristianos y dejé allí la semillita, que fue creciendo y creciendo y finalmente, la semana pasada, cuando volví a mi casa, me encontré esto en la puerta de la keli de las bicis:

Pedazo de rampa

Para que después me digan que mi vecino no es un manitas, que el viejo se puso ahí con unos trozos de madera, un taladro y unos tornillos y me ha hecho una rampa perfecta y que hasta deja pasar por debajo la manguera que suministra agua al sensor de movimiento contra los gatos, la conocida como defensa norte del perímetro y que mantiene a los gatos fuera de mi jardín en primavera, verano y otoño y al que entra, le da una ducha gratuita que les provoca un estrés pre y post-traumático que yo espero que conlleve la pronta muerte de la puta bestia asquerosa, sobre todo porque entran para jiñar en el césped, que el que me diga que los gatos no hacen eso, le escupo a la cara un lapo verde de resfriado y me quedo tan ancho. Al ver la rampa me vino a la cabeza aquella frase legendaria que dijo aquel julay:

Una pequeña rampa para la humanidad

… y una gran rampa para el julay del Elegido

Ahora cuando llego a mi casa, subo la bici sin esfuerzo, vamos, que lo puedo hacer con la punta de la chorra, si quisiese o quisiere, que no quiero porque se me constipa.

Categorías
bicicletas

Bicicleta eléctrica Jump

Cuando estuve en Lisboa en diciembre, una de las cosas que más me llamó la atención fue la invasión de bicicletas y patinetes eléctricos de todo tipo en la ciudad y como están tirados por todos lados. Los de Uver han puesto miles de ambos dispositivos por la ciudad, básicamente desperdigados y así llegas a un monumento que es Patrimonio de la Humanidad y está lleno de morralla a su alrededor. O estás en un túnel y te encuentras un patinete tirado, o sobre un árbol y yo me pregunto si todos esos ecológicos-de-mielda, los mismos que se las dan de verdes, no se dan cuentas que estos cacharros tienen baterías y contaminan, contaminan un montón. Las bicicletas de Uver las vi siempre aparcadas y solo en dos ocasiones, dos de todo el fin de semana, alguien las estaba usando. Tienen motor delantero y el motor funciona ayudando al ciclista hasta los veinticinco kilómetros por hora. Aquí las vemos aparcadas cerca del Monumento a los Descubrimientos y al fondo se puede ver el Monasterio de los Jerónimos.

Categorías
bicicletas

Swapfiets

Hasta ahora en la saga interminable de bicicletas que estamos viendo, además de esas que son propiedad de un julay, hemos visto varias que se pueden alquilar en ciudades de todo el universo conocido con abono o a palo seco y usarlas por un período de tiempo, habitualmente corto. Hoy llegamos a otro concepto y uno que ha surgido en los Países Bajos y que se está extendiendo por multitud de ciudades del norte de Europa y que atrae a la gente joven porque se han acostumbrado tanto al abono que ya lo ven normal y desconocen el concepto de propiedad. En este caso se trata de las Swapfiets, bicicletas que tienen un alquiler de larga duración y por las que, a día de hoy y para una como la de la foto, que es el modelo básico, se paga dieciséis leuros y cincuenta céntimos de leuro mensual. Por esa cantidad, la bicicleta es básicamente tuya y si se te estropea, llamas y te la reparan o reemplazan en un día y si te la roban, pagas una penalización de cuarenta leuros. Estas bicis se identifican fácilmente por la rueda delantera azul y la especie de bandeja para la mochila que hay sobre la rueda delantera. El freno es a contrapedal y son muy sencillas, del estilo omafiets o bicicleta de la tatarabuela. Ya hay un montón de ciudades en las que se alquila y resulta habitual verlas por todos lados, en varios colores y diseños porque si todas son iguales, los dueños las pasarían putas para encontrar la suya. Hay algo de truco en el contrato, sobre todo en las condiciones de cancelación, que dependiendo de la ciudad pueden ser de uno o de tres meses a contar desde el día primero al siguiente en el que se les informa, con lo que cuando la quieres devolver, mejor espabilas y lo comunicas más de un mes antes o te verás pagando por uno o tres meses más. Particularmente no creo que sea un buen negocio si lo que quieres es una bicicleta para muchos meses ya que con cien leuros te puedes apañar una de segunda mano que seguramente te dura sin manteniemiento alguno uno o dos años y si haces tus cálculos, puedes ver lo que te ahorras. La fauna que las alquila son los jóvenes, sobre todo los estudiantes universitarios y se pueden ver bandas de los susodichos los fines de semana sobre sus Swapfiets borrachos como cucas y volviendo a casa o buscando un nuevo bar en el que continuar bebiendo. Por ahora parece que estas bicis han llegado para quedarse y cada día que pasa se pueden ver en el centro de la ciudad más y más bicis arrendadas a esta empresa.