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Bicicleta con plataforma de carga frontal

Por una casualidad de la vida y porque éste es el mejor blog en castellano sin premios, hace hoy exactamente once años veíamos la anotación Bicicleta porta-contenedores y hace un par de semanas cuando mi amigo el Turco me invitó a cenar, me encontré la bicicleta de la imagen frente a su casa. En estos once años, este tipo de bicicletas, que se hacen en pequeñísimas cantidades y por pequeñas empresas, han migrado hacia versiones eléctricas y bajo el sillín se puede ver la batería. La bici tiene esa plataforma que salvo que normalmente cargues cajas, no resulta muy práctica. Al no ser una bici comercial, resulta muy difícil conseguir información sobre la misma aunque seguro que su precio fue de un puñado de miles de leuros. Otra cosa interesante de la foto es que la hice el lunes de Pascua y los canales de Amsterdam estaban cerrados al tráfico de barcos, aunque ahora con el enclaustramiento no hay barcos turísticos, pero resulta raro ver ese canal, el Herengracht, uno de los más populares de la ciudad, vacío.

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Bicicleta plegable Drive

Hace un tiempo que no vemos bicicletas nuevas por aquí pero eso no quiere decir que no les siga haciendo fotos, solo que entre tanto vídeo de despegue y aterrizaje no he tenido tiempo. Hoy tenemos una bastante rara que se cruzó en mi camino hace un par de semanas en uno de los días que fui al supermercado. Es una bicicleta plegable, eso se ve claro, pero no tengo ni idea de la marca. Eso sí, tiene unas ruedas minúscula. Da la impresión que es más una bici para llevar en el portabultos del coche y usar en el último kilómetro, no se ve muy práctica y con esas ruedas pequeñas tiene que ser bastante difícil alcanzar una buena velocidad. Por un momento llegué a pensar que podía ser eléctrica pero eso está descartado, por ningún lado se ve el motor ni hay espacio para la batería. No tiene tampoco ningún espacio para llevar carga. En cualquier caso, se ve curiosa.

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Bici eléctrica hive en Lisboa

Lisboa está petado de bicicletas de alquiler, patinetes y cualquier cosa que se le parezca. Parece que la guerra entre todas esas compañías que contaminan las ciudades y se jactan de ecológicas está teniendo uno de sus campos de batalla en la capital Portuguesa y lo normal es encontrarte bicicletas por todos lados. Esta de hoy es una bici eléctrica, una hive, aunque en mi incultura, yo pensaba que el nombre es wive y flipaba pensando que cuando se entere el supremo líder podemita, la peluda esa tan íntima de criminales venezonalos e iraníes, se iba a llevar un disgusto con una bicicleta que usa la palabra ESPOSA, aunque sea en una lengua bárbara, ya que todos sabemos que ahora hay conceptos que están totalmente prohibidos y aunque firmes un contrato, a la hembra la llamas hembra, pelleja, guarrilla, penca, pendón, chama, pava o como se te ocurra, pero nunca, nunca, nunca la llamarás esposa porque tiene tintees machistas o algo así, que a mí la facilidad de esa gente para agarrar el dinero de criminales en otros países y después montar pitotes en España que no vienen a cuento nunca deja de asombrarme. Volviendo a la bici, es eléctrica, simple, creo que no tenía muchas velocidades, la batería es la cosa esa negra por debajo del asiento y supongo que tiene algún tipo de sistema para enviar su ubicación y ellos saber a donde ir a buscarla para recargarla. Te cobran por minuto y parece baratísimo pero si la usas durante una hora al completo, casi mejor que vas en taxi porque como siempre, lo barato acaba siendo caro.

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La rampa

Desde que me compré la Stella Modena Night Blue FDST Comfort, mi bici eléctrica, yo vivo encantado de la vida y si me provocaran los vecinos hasta les cantaba el LaLa vestido con pantalones de campana que no tengo pero que seguro que en las tiendas estas de ropa de segunda mano se consiguen por dos perras gordas. En invierno la bicicleta es más latosa porque te recomiendan no dejar la batería en la misma si no está en un cuarto a más de quince grados y como su keli en el jardín no tiene calefacción, le tengo que quitar la batería cuando la acabo de usar y guardarla en mi casa, lo cual me da una pereza que no veas. Esto es malo, pero lo absolutamente peor, el drama de mi vida que me estaba quitando la ilusión y la fantasía es el escalón que tiene el susodicho cuarto y que para meter y sacar la bicicleta del mismo, requiere un esfuerzo sobrehumano porque la jodida, con batería pesa veinticinco kilos, es obesa como dos que yo me sé y si le añades la bolsa que le puse y la cadena que lleva dentro, debe rondar los veintisiete kilos y por la mañana cuando salgo o por la tarde cuando vuelvo o cuando voy al cine, sacarla y meterla es un ejercicio de halterofilia o necrofilia o como quiera que se llame la filia esa y todos sabemos que yo conseguí pasar la niñez, la adolescencia y la juventud sin haber puesto una pezuña en un gimnasio y me gustaría morirme sin entrar en uno pero me veía claudicando en este deseo tan puro y apuntándome al gimnasio para desarrollar los músculos atrofiados de los brazos y poder cargar la bici.

Mis vecinos, que son ancestrales como otro que yo me se, tienen una pequeña rampa de madera para entrar en el susodicho cuarto y tras una descarnada busca en GooglEvil probando cosas, descubrí que la palabra para referirse a la misma en la lengua bárbara de aquí es drempelhulp, que tiene en su raíz el truscoluña no es nación y que es una ayuda para subir una altura, o sea, una rampa de ayuda. Mirando en las tiendas, lo que tenían no me convencía, eran muy grandes y más bien pensadas para subir sillas de ruedas o carricoches y yo solo quería algo pequeño para encauzar la bicicleta a su keli o fuera de la misma. Decidí usar la manipulación y así, en una de las visitas a mis vecinos para tomar cafelito gratis y de paso revisar su ordenador, le comenté que yo desde que era pequeñito lo que más ilusión me hacía era tener una rampa en la keli de la bicicleta para no herniarme, que a base de cargar ese peso que es más que el de un saco de papas de veinticinco kilos, que yo nunca cargué, acabaría como Quasimodo, buscando colillas por el suelo. Me lamenté de mi mala fortuna y lo poco que me quería el Dios de los cristianos y dejé allí la semillita, que fue creciendo y creciendo y finalmente, la semana pasada, cuando volví a mi casa, me encontré esto en la puerta de la keli de las bicis:

Pedazo de rampa

Para que después me digan que mi vecino no es un manitas, que el viejo se puso ahí con unos trozos de madera, un taladro y unos tornillos y me ha hecho una rampa perfecta y que hasta deja pasar por debajo la manguera que suministra agua al sensor de movimiento contra los gatos, la conocida como defensa norte del perímetro y que mantiene a los gatos fuera de mi jardín en primavera, verano y otoño y al que entra, le da una ducha gratuita que les provoca un estrés pre y post-traumático que yo espero que conlleve la pronta muerte de la puta bestia asquerosa, sobre todo porque entran para jiñar en el césped, que el que me diga que los gatos no hacen eso, le escupo a la cara un lapo verde de resfriado y me quedo tan ancho. Al ver la rampa me vino a la cabeza aquella frase legendaria que dijo aquel julay:

Una pequeña rampa para la humanidad

… y una gran rampa para el julay del Elegido

Ahora cuando llego a mi casa, subo la bici sin esfuerzo, vamos, que lo puedo hacer con la punta de la chorra, si quisiese o quisiere, que no quiero porque se me constipa.