11. Er Dani y sus bolas

Desde la última vez que hablamos der Dani han pasado cuatro meses y ya va siendo hora de continuar con el reslato del día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani quizás quieras saber lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo que a buen seguro te dejará con un extraño sabor de boca. Abróchate el cinturón y retrocede hasta 1. Todos queremos ser como er Dani. Continúa después con 2. Conozcamos ar Dani y ya habrás entrado en calor y estarás dispuesto para afrontar la realidad de los 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Tras haber conocido a sus vecinos y a él mismo tendrás el dudoso honor de intimar con 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . El encontronazo entre la Gayola y sus colegas tendrá terribles consecuencias que se dilucidarán en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Finalmente llegará la entrega de premios en 10. Regalos para er Dani y en ese punto lo habíamos dejado, así que subamos el telón y que continúe el relato.

Hace tanto tiempo que las pesadillas ya se han diluido un poco en mi memoria pero aún así he de exorcizar mis terrores favoritos y afilar mi gruesa pluma para terminar de narrar lo acontecido aquel aciago día de marzo del 2005 en el que conocí a er Dani y padecí el dudoso privilegio de la invitación a su cumpleaños.

Nos habíamos quedado en los instantes posteriores a la entrega de regalos por su augusto cumpleaños. Tras acabar ya nada fue lo mismo. La poca gente que quedaba en el lado del comedor en el que nos encontrábamos apuraba la comida para poder marcharse y er Dani seguía enseñando sus gafas de sol de marca a todos y restregando la camisa exclusiva a quien tuviera a bien de ponerse frente a sus narices. Pasados los minutos pareció entrar en un nuevo ciclo de actividad. Se convulsionaba de una manera extraña y de repente comenzó a gritar y a decir que iba a hacer un strip-tease. Yo ya me lo creía todo. Los demás le aplaudían la idea y coreaban su nombre para animarlo. Dani, Dani, Dani. ?l sonreía desde su ceguera inducida y movía las manos jaleándolos para que siguieran. Tras un rato agarró una silla y la puso a un lado. Creo que todo el restaurante estaba pendiente de él. Los camareros lo miraban con la desgana producida por haber visto esta escena repetida una y otra vez a lo largo de los años de oficio pero para alguien tan puro y divino como yo esto era algo nuevo. En todos mis años de penosa existencia en este valle de lágrimas jamás he tenido el privilegio de asistir a un strip-tease de algún conocido/a o amigo/a. Llamarlo clasismo, altivez o como queráis pero lo cierto es que en los entornos en los que yo me he movido este tipo de expresión creativa siempre ha estado considerado como muy de clase baja o como diría mi amiga la divina low class.

En unos instantes el coro de energúmenos en el que me incluyo estaba aplaudiendo sincronizadamente y er Dani se había encaramado en la silla como si de la cabra de un gitano se tratara. Pensé que se daría una buena hostia pero siempre recuperaba el equilibrio en el último instante y conseguía seguir haciendo sus gansadas, sacándose la camisa que llevaba por dentro del pantalón para dejarla suelta y moviendo las manos cual molino de viento. La Gayola gritaba más que ninguno, más alto, más fuerte y más ordinariamente. Entre tanto chillido creo que ella era la que se desgañitaba con un sácatelo tooó pero podría estar equivocado. Er Dani comenzó a quitarse la camisa y sus movimientos se vieron acompañados por silbidos. Justo detrás de nosotros había un cristal enorme que daba a la calle y la gente se comenzó a parar para mirar el espectáculo que sucedía allí dentro. Se terminó de desabotonar la camisa y se la sacó mostrando su pechito de profesor de judo. Le tiró a la Gayola la camisa que la cogió y se la restregó por el pecho, por la entrepierna, por el hocico y por todos lados. Estaba como fuera de sí, sus ojos se habían cerrado hasta dejar unas minúsculas pupilas como ensangrentadas que expresaban lo ávida que estaba de este tipo de eventos. Er Dani ya sin camisa se tocaba los pezones, el pecho y el ombligo para delirio de sus fans que debíamos ser nosotros. La gente en la calle también aplaudía.

Las gafas se las dejó puesta y ahora comenzó con el cinturón. Nos alejamos un poco de él porque si le daba por agitar el cinturón igual nos arreaba un latigazo a alguno y aquel tipo no estaba en sus cabales. Mi amigo Sergio y otro colega aprovechaban la distracción para vaciar la botella de whisky de doce años que había quedado como olvidada en la mesa. Como suponía, cuando terminó de quitarse el cinturón comenzó a hacer molinos con él con tan mala suerte que se arreó un latigazo a sí mismo con la hebilla y del golpe perdió el equilibrio y se cayó al suelo. Fue una hostia de esas que se recuerdan. El aire se llenó con las atronadoras carcajadas nuestras y de los circunstanciales espectadores del evento. Er Dani se levantó gritando no pasa ná, no pasa ná y volvió a subirse a la silla. Tenía un moretón rojo allí donde la hebilla le había golpeado pero si le dolía no lo daba a entender. Sin darnos tiempo a respirar se empezó a desabotonar los vaqueros. La Gayola estaba más alterada que la niña del exorcista. Gritaba y balbuceaba sin pararse a coger aire. Daba más miedo ella que él. Después de acabar con los botones pensé que aquello ya había terminado, que la gracia ya estaba hecha. Me equivoqué. Intentó sacarse los pantalones pero los zapatos eran un obstáculo insalvable. Seguía encaramado en la silla, con el pantalón a la altura de las rodillas y enseñando unos gallumbos de la marca esa que lleva el nombre de un hijoputa que cuando en Europa nos negamos a participar en la guerra de Irak nos insultó a todos y cada uno de nosotros. Me refiero al Jilfinguer ese de los cojones. Obviamente uno no se puede quitar los zapatos cuando está subido en una silla así que se dejó caer para sentarse con tan mala suerte que la silla se fue hacia atrás y se arreó otra hostia. Las risas se redoblaron. ?l se quedó tirado en el suelo aún sentado y comenzó de esa guisa a quitarse los zapatos. La postura era tan ridícula que se le salían los huevos por un lado de los boxers, que esos artilugios no están pensados para ese tipo de posición.

Cuando acabó la tarea se puso en pié y preparó de nuevo su escenario. Se subió de nuevo a la silla y continuó con la tarea que había dejado a medias. Se sacó los pantalones y los agitó cual lazada sobre su cabeza amenazando con lanzarlos. Nosotros le seguíamos el juego gritándole y él gritaba también algo aunque nunca supe muy bien el qué decía. Nuevamente la agraciada fue la Gayola que hundió su nariz a la altura de la bragueta e inspiró profundamente para después lanzar un grito desgarrado de alegría y felicidad mirando hacia el cielo. Ahora sé muy bien lo que significa el adjetivo dantesco. La Gayola trincó la ropa que ya tenía en su poder y la estrechaba contra su pecho. Er Dani mientras tanto gritaba y saludaba a la gente del restaurante y a los que lo miraban desde la calle.

Se dio la vuelta en la silla y se quedó de espaldas a nosotros. Sus amigos debían saber lo que venía a continuación porque comenzaron a silbar la canción que se volvió inmortal en la película nueve semanas y media. ?l agitaba la pelvis con movimientos compulsivos y movía las manos de arriba a abajo como si fuera uno de esos tipos que están en los aeropuertos indicando al piloto donde debe parar el avión. Sin previo aviso agarró el boxer y se lo bajó inclinando su cuerpo al mismo tiempo. Las glorias de la familia salieron despedidas hacia atrás y tuvimos un maravilloso plano de sus huevos. Fue el acabose. Todos gritaban y aullaban mientras er Dani trataba de canalizar toda su energía y no caerse de la silla en la que estaba. La Gayola se lanzó a por los huevos y casi consiguió agarrarlos pero er Dani intuyó que algo malo sucedía a sus espaldas y se enderezó subiéndose los gallumbos. Cuando se giró se encontró con la Gayola frente a él y a falta de algo mejor le arreó un morreo de esos de pesadilla. Aquello terminaba el espectáculo y lo certificamos aplaudiendo a rabiar para que el hombre viera que había merecido la pena.

La gente en la calle se disolvió y tras esta escena estaba claro que en aquel lugar al menos ya no nos quedaba nada por hacer así que pedimos la cuenta y la dividimos entre todos. Tras eso dejamos el restaurante y nos encaminamos a un pub que era propiedad de uno de los de nuestra banda para continuar la fiesta pero esa es otra historia y tendréis que esperar para leerla.

Continúa tu camino, caminante que has llegado hasta aquí y salta al siguiente capítulo llamado 12. Er Dani y más de lo mismo

10. Regalos para er Dani

Han pasado dos meses desde el capítulo anterior, así que ya va siendo hora de continuar con la vida y obra der Dani en el día de su cumpleaños. Si has llegado hasta aquí y nunca has oído hablar der Dani, te preguntarás lo que te has perdido. Para averiguarlo tendrás que realizar un viaje por el tiempo. Comenzarás con 1. Todos queremos ser como er Dani y seguirás en 2. Conozcamos ar Dani. A partir de ese punto descubrirás que no está solo en 3. Lugareños der Dani y 4. Conocidos der Dani. Por si no has tenido bastante también te presentaré a 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos en 7. Camino del restaurante con er Dani. Una vez llegamos al restaurante se produce una nueva ronda de presentaciones en 8. La Gayola y los amigos der Dani . Nos habíamos quedado en 9. Las verdades de los amigos der Dani momento en el que la Gayola saca a relucir los trapos sucios de la concurrencia. Y ahora, querido lector, prosigamos.

Er Dani estaba encantado consigo mismo. Se reía a carcajada limpia y disfrutaba como un enano de su cumpleaños. Todos sus amigos estaban allí, la chica que se follaba también presenciaba el evento de cuerpo presente e incluso había un escriba para dejar para la posteridad un recuerdo del evento. Tras la catastrófica cena llegó la entrega de regalos. Nosotros no traíamos ninguno y al final fue una buena idea, aunque eso lo contaré más tarde.

Comenzó abriendo los regalos de la chorba que se pulía, también conocida como la Gayola. Eran dos, que sepamos. El primero venía envuelto en un paquete que denotaba llevar en su interior ropa. Resultó ser una camisa, pero no una camisa cualquiera. Era de una boutique muy pija y por consecuente muy cara. Yo no dije nada pero la camisa era horrible. ?l nos la restregaba por la cara a todos gritando y ahuyando su precio y lo buena y exclusiva que era y como no habían más de cuatro camisas iguales en el universo Universal. Lo peor de intentar diferenciarte tanto es que puedes acabar en el esperpento, convertido en un mono de feria. Er Dani parece querer llegar a esa fase, ser reconocido por las calles como la Lolita Pluma de Málaga, un ser del que los niños se ríen y los adultos se avergüenzan. Con tanto sobeteo supongo que la camisa salió de allí lista para visitar la lavadora por primera vez y si se descuida y la pilla su madre la pondrá en el montón de los trapos para limpiar.

La Gayola recalcaba los comentarios der Dani y nos confirmaba lo cara y chic que era. Creo que llegó a decir el precio pero mi memoria no da para detalles tan específicos y siempre he sido muy malo con los números. El segundo regalo era una caja más pequeña. Todos nos quedamos callados mientras lo abría. Resultaron ser unas gafas de sol, pero no unas gafas cualquiera, como fuimos informados. Er Dani se las puso y el solo se decía guapo y otras lindezas. Sus amigos se quedaron con la boca cerrada. El colega ya se encargaba de gritar cuánto le gustaban y lo buenas que eran. Cuando tuvimos que coger el estuche y las gafas, porque parte del ritual era adorar los regalos cual dioses menores, pudimos ver que dentro estaba el ticket con el precio, según la Gayola para que las descambiara en caso de que no le gustaran. Las gafas habían costado más de doscientos euros. Es el precio del sexo. Er Dani se la folla y ella le corresponde satisfaciendo sus caprichos consumistas. A mí me parecía muy sospechoso el dejar el precio dentro del estuche de las gafas y me imaginé que había sido meticulosamente planeado para impresionar a la concurrencia. Conmigo no lo consiguieron. Cuando el hombre se ponía sus nuevas gafas parecía un chulo-putas de feria. Si además se ponía su nueva camisa, sería un espectáculo digno de verse.

Tras los regalos de la Gayola vino el de sus amigos que imaginaréis no se molestaron en hacer un esfuerzo económico de igual magnitud. Al abrirlo descubrimos una mochila, guapísima según er Dani. Gritaba como un cerdo en el matadero, haciendo oscilar en el aire la mochila con una mano y la camisa con la otra mientras nos miraba tras sus nuevas gafas de sol en un local más oscuro que el coño de una virgen tuerta. En su excitación se lanzó a correr por todo aquello pujando algo que no conseguí entenderle. Se detuvo en un momento dado y alguno de sus colegas le hizo un comentario. ?l se viró dándonos la espalda, de un tirón se bajó los pantalones y los calzoncillos y nos hizo una Luna llena apoteósica. No es que le viéramos las nalgas, que las vimos, es que por ver vimos hasta los huevos. ?l acompañó la acción con gritos adicionales que atrajeron la atención de la gente que quedaba en el restaurante con lo que fueron muchos los ojos testigos de dicha acción. Agitaba las nalgas y por transmisión del movimiento, los huevos, que se bamboleaban frente a nosotros como badajos. Para más inri, por detrás de nosotros había una puerta de cristal enorme y por la calle pasaba gente que se quedó parada mirando como aquel extraño les mostraba las joyas de la familia. Este instante no me quedó claro en absoluto pero imagino que era algún tipo de broma entre amigos. Como todo el mundo lo coreaba se animó aún más y se subió en una silla para que tuviéramos una vista más espesa de sus huevos y culo mientras los seguía agitando. Yo no paraba de reírme y de recibir codazos de mi amigo Sergio. Cada uno de ellos era para recordarme que me había llevado a un evento irrepetible.

Cuando er Dani terminó de hacer gansadas vino el discurso de agradecimiento. Lo comenzó unas veinte veces pero él mismo se distraía y se iba por los cerros de ?beda. Aquello era interminable y consiguió que perdiéramos el interés y nos dedicáramos a beber. Unos cuantos estaban dando buena cuenta de la famosa botella del doce años. Se pedían Colas y las completaban con lingotazos de la botella. Er Dani ni se enteraba, entretenido como estaba en ser la estrella absoluta del show y encantado de haberse conocido a sí mismo.

De lo que pude deducir del discurso señalar que agradeció a todos que hubieran venido y que le hubieran hecho regalos tan magníficos, algo que la Gayola interrumpió para puntualizar que no solo eran magníficos sino que los suyos también eran caros. Terminó el discurso avisando que esa noche iba a ser el acabose y que allí follaba todo er mundo. Esto lo gritaba como si estuviéramos en un concurso televisivo y todos aplaudíamos a rabiar, lo cual lo animaba más. Alguno hacía unos grititos tipo americano que siempre quedan bien y te hacen parecer más tonto y estúpido de lo que en realidad eres. Tras el discurso yo pensé que nos prepararíamos para emigrar hacia el siguiente escenario, un local de copas nocturno pero el destino nos tenía preparados otros planes.

Esta interminable saga continúa en 11. Er Dani y sus bolas

9. Las verdades de los amigos der Dani

A pesar de haberla aparcado unas semanas, la vida y obra der Dani en el día de su cumpleaños no está acabada ni mucho menos. Ya habréis leído en los comentarios que mis visitas a Málaga han terminado, que mi vida corre peligro en aquellas tierras y puesto que no tengo nada que perder, continuaré desgranando la verdadera historia de lo que sucedió aquella noche. Este es un momento tan bueno como otro cualquiera para recordar y leer de un tirón esta serie que comenzó con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúa con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrolla plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. No hemos acabado ni mucho menos, la cosa sigue en 6. Er Dani y la metrosexualidad y a partir de aquí dejamos el local en el que estábamos y emigramos en 7. Camino del restaurante con er Dani. El último capítulo fue .
8. La Gayola y los amigos der Dani en donde finalmente entrábamos al restaurante y se producía el esperado encuentro de la Gayola con los amigos del festejado protagonista.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Durante todas estas semanas hemos ido desgranando los eventos que sucedieron una noche de marzo. Han sido instantáneas de algunos de los momentos cumbre de esa noche. Aún no hemos terminado. La historia continúa y la retomamos en el punto en el que nos habíamos quedado, en el restaurante.

La cena debería haber pasado sin pena ni gloria. Si todos hubieran mantenido sus bocas cerradas o al menos ocupadas en el comer no tendríamos nada que contar. Pero no fue así. Estábamos comiendo, todos los hombres cordero y la Gayola devoraba su ensalada ?vegetal??. Comía con el mismo envite que un chancho aplica a la tarea. Levantaba el dedo meñique de la mano con la que sujetaba el tenedor. Era su interpretación particular de la clase y el estilo.

Uno de los individuos hizo alguna broma grosera sobre ella, broma que no consigo recordar. Ponía en duda la capacidad de esa hembra para dar cuenta de todos los hombres que la acompañaban, más si tenemos en cuenta que según er Dani, allí follábamos tooós. La Gayola alzó una ceja, dejó los cubiertos sobre la mesa, miró hacia el individuo y le empetó: No hay suficientes machos aquí para acabar conmigo. Una risa colectiva recorrió el grupo. Comenzaron a hacer comentarios soeces y a rebatir la aserción de dicha hembra. Ella se levantó y cruzó la mesa de lado a lado, mirándolos a todos cuidadosamente. Cuando volvió a su sitio les pidió que se presentaran.

El primero dijo su nombre y ella lo calificó sobre la marcha: el Pajero, porque lo único que haces es cascártela. El tío perdió el color y todo el mundo comenzó a reírse de él. Por las reacciones de todos ellos debía ser cierto. Fue a por el segundo, que tras nombrarse recibió su calificación: el impotente, porque estás especializado en gatillazos. Tras las risas y los aplausos que siguieron dicha aserción llegaron los primeros temores. ¿Cuánto sabía la Gayola sobre ellos? ¿Cuanto le había contado er Dani? Las dudas sobre la lealtad del amigo se hicieron patentes. Las risas se apagaron. Ahora había algo de temor en el aire, un regusto amargo.

Cuando llegó el turno del que la había ofendido y dijo su nombre, una sonrisa cruzó la cara de la Gayola. Todos nos quedamos en silencio, expectantes. Ella se regodeó en ese momento de gloria y cuando habló, sus palabras fueron como lozas que cerraban una tumba. Tú eres el que se metió en un baño con una maricona para que te la chupara y todo porque querías que la maricona te pagara unas copas. Si hubo un instante en la historia en el que se debía haber parado el mundo fue este. El silencio era tan duro que se podía ver. Incluso los camareros quedaron temporalmente congelados, expectantes. Una mosca cruzaba la sala y sus alas creaban todo el ruido que había allí dentro.

Dicen que tras recibir un golpe uno trata de levantarse. Después de ese derechazo nos quedamos todos mirándonos, sin saber que hacer o que decir o como reaccionar. El dedo de la Gayola señalaba al pobre totorota al que había acusado. El calado de sus palabras continuaba reventando barreras en nuestro cerebro, destrozando todo aquello en lo que habíamos creído. Tras una o varias eternidades volvimos a respirar, las luces recuperaron su brillo y er Dani trató de romper el hielo con un comentario insustancial y vulgar. Otro de los que allí estaban miró al acusado y le preguntó directamente: ¿De verdad te la chupó una maricona?. En su cara se reflejaba incredulidad. Bueno, no fue exactamente asín. La Gayola volvió al ataque. ¿Cómo que no? ¿Cómo que no? Te fuiste con la maricona al baño para que te la chupara a cambio de pagarte unas copas y encima era una maricona vieja, en la disco esa que está a las afueras de Benalmádena, la Pollola, amos.

Estos nuevos detalles fueron como clavos sobre el ataúd de aquel pobre. ¿Te la chupó la Pollola? Pero como has podido tío, como has caído tan bajo. Aquel hombre se encogió hasta la mínima expresión. Trató de excusarse pero no cabía ninguna duda. Nadie le dijo más nada, pero se suspendieron las presentaciones. Aquel era un juego muy peligroso y ahora sabíamos que la Gayola venía con armas de destrucción masiva.

Hubo intentos de romper la tensión pero ninguno podía evitar el mirar hacia aquella alma en pena y pensar que un día no muy lejano estaba en el baño de una disco, con los pantalones bajados siendo succionado por unos labios colagenados y carnosos de otro tío ya viejo y vestido de lo que él pensaba debe ser una con estilo. La conversación tomó otros derroteros y nuestra heroína continuó con su sorna devorando su ensalada vegetal. Tras los postres llegó la ceremonia de entrega de regalos de cumpleaños, pero esa es otra historia.

En el próximo capítulo continuaremos ahondando en la degradación humana con el reparto de regalos en el episodio llamado Regalos para er Dani.

8. La Gayola y los amigos der Dani

Seguimos el lento devenir de la historia der Dani y antes de entrar en este nuevo episodio es conveniente recordar en donde comenzó todo para aquellos que han llegado despistados. La historia comienza con 1. Todos queremos ser como er Dani, continúa con 2. Conozcamos ar Dani, y se desarrolla plenamente en 3. Lugareños der Dani, 4. Conocidos der Dani y 5. La Carmen, hermana der Dani. Toma algo de aire antes de abordar 6. Er Dani y la metrosexualidad y el último episodio hasta ahora, llamado 7. Camino del restaurante con er Dani. Los habituales seguro que se acordarán que nos habíamos quedado a la entrada del restaurante.

Son muy pocas las ocasiones que tenemos a lo largo de nuestra vida de poder ver una entrada triunfal, una de esos momentos que se graban en nuestra corteza cerebral y quedan indelebles hasta nuestra muerte. Por eso, cuando traspasamos el umbral del restaurante, tras cruzar las sinuosas veredas que se habían formado entre las mesas de los clientes y pasamos bajo el arco que separaba la sala principal del pequeño reservado, un murmullo se alzó entre los amigos der Dani.

Allí, en toda su gloria, por primera vez en vivo y en directo podían ver a esa hembra de la que tanto habían oído hablar. Ella, falta de modosidad, se atusó la melena, desplegó la más tórrida de sus sonrisas y los saludó a todos. – Hola chicos – Tras semejante declaración de principios se lanzó como un buitre hacia el primero y empezó a repartir besos a conciencia.

La Gayola, la dama en cuestión, siempre ha gozado de cierta popularidad entre los amigos der Dani. No sucede muy a menudo que uno de tus colegas se está follando a dos hermanas casadas y con hijos y que ambas sepan que la otra también está disfrutando de los mismos placeres carnales con el mismo hombre. Sólo en una familia muy especial se dan estas circunstancias. La Gayola pertenece a uno de esos clanes. Es incluso capaz de salir con su hermana y er Dani y sabe que la que consiga llevárselo al huerto será la que le hinque el diente esa noche. Entre hermanas no hablan de infidelidad ni tonterías similares. Parece ser normal y aceptable en su familia el que estén dejando a sus maridos a la altura de un Vitorino, con unos cuernos de impresión. Ni siquiera le dan importancia a este hecho.

Por eso y por mucho más, cuando er Dani entró en el comedor todos los ojos se abrieron para comprobar el material y me temo que quedaron un poco decepcionados. Lo que se encontraron fue una hembra vulgar y corriente, tirando a morcillona, de pelo oscuro y gafas de pasta cual presentadora del un, dos, tres. Los patotes robustos de la Gayola estaban bien cubiertos por unos vaqueros que sólo nos permitían la visión de aquellos tobillos gordos como morcillones. Esos tobillos eran los que sujetaban al cuerpo unos patotes con dedos grandes como hamsters, con unas uñas pintadas de un rosado incasdescente. No se podía ver la cantidad de muslo que había bajo los pantalones, pero debía ser bastante considerable. El cinturon de acero inoxidable, comprimía la cintura de una forma obscena y demostraba la calidad de la que estaba hecho al aguantar la terrible presión que debía estar soportando. La camisa de buena tela permite ver las razones por las que er Dani está emperrado. Siempre hemos escuchado el refrán dos tetas como dos carretas y al mirar a esa mujer las vimos frente a nosotros, la imagen que creó el refrán. Uno puede imaginar las pajas rusas que habrán cruzado ese canalote, los sobados de toda esa superficie curva. Ni siquiera las heroínas de los comics mantienen un pecho tan increíble. Tras las virtudes llega la decadencia. Todo lo que gana en los pechos lo pierde en la cara. Un hocico vulgar y mal pintado, unos ojos hundidos y medio torcidos, una frente sucia y un pelo mal cortado. Los ojos los trataba de ocultar con unas gafas de sol, pero eventualmente se las tuvo que quitar para no descoñarse contra algo al no ver nada.

Tras las presentaciones de rigor tomamos asiento. Allí todo el mundo había terminado de cenar. Me resulta curioso que se celebre una cena de cumpleaños y todo el mundo coma antes de que llegue el agraciado. Todos lo conocen y debían saber que eso iba a ocurrir. El grupo de colegas era bastante compacto. Todos parecían compartir la afición der Dani por el deporte. Cuerpos compactos, de abultados músculos y burdas definiciones musculares. Me enteré que varios de ellos trabajan en el cuerpo de bomberos de la ciudad de Málaga. Uno me sonaba muy familiar y me confirmaron que era el primo de un famoso comentarista de tertulias televisivas, esos programas en los que se despelleja gratuitamente a los famosos y no tan famosos.

Todos gritaban y reían haciendo bromas, soltando tacos y diciendo burradas. Estaban comiendo cordero y pidieron más para nosotros, junto con una ensalada «vegetal» para la Gayola porque resultó que no come carne. Un absurdo silencio recorrió la mesa cuando pidió su ensalada vegetal y tras la pausa que nos permitió comprender en su plenitud el significado de la frase, prorrumpimos en risas salvajes. Ella no fue capaz de apreciar su fina ironía y se ofendió porque nos reíamos de ella. Mientras traían la pitanza, er Dani se acordó de la botella de whisky y la volvió a agitar, enseñándosela a todos y ejecutando su famosa danza del dale, Don, dale haciendo como que follaba la botella mientras le arreaba cachetes en su culito. La Gayola no se pudo contener y le empetó un Qué más quisieras tú que poder follarte a una tía así. De nuevo nos quedamos todos en silencio y a continuación volvieron las risas, esta vez dirigidas hacia er Dani, que se había tornado rojo de la vergüenza. Trató de rebatirlo con algún tipo de incoherente respuesta que no supimos entender y acabó hundido en su asiento, tratando de hacernos ver que no pasaba nada.

Tras una espera que se me hizo muy corta llegaron las bebidas y la comida. Mientras media mesa jaleaba y gritaba, nosotros comíamos a plena velocidad. La Gayola desplegaba sus sobradamente preparadas artes sociales y nos sorprendía agarrando el tenedor con el dedo meñique estirado. Supongo que trataba de enviar algún tipo de señal que nos indicara que es una mujer culta y socialmente curtida, pero falló miserablemente en el intento y lo que nosotros vimos fue que comía agarrando los cubiertos igual que cualquier maricona vieja que se precie agarra la taza de café para demostrar su incultura.

Aprovechamos este punto para interrumpir el relato. El próximo capítulo, llamado Las verdades de los amigos der Dani nos descubrirá algunos secretos que mejor sería que nunca fueran revelados