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Desde Estambul a Amsterdam

En mi regreso tras una semana en Bodrum solo tenía asiento de ventana en el vuelo internacional y en el doméstico los azafatos no permitieron a nadie que se cambiaran, que hubo gente que lo intentó. La razón esgrimida es que en la información para el coronavirus figura tu número de asiento y si te mueves, se pierde la posibilidad de conocer con certeza si te infectaste o si tú fuiste la causa de la infección de otros julays. Tras llegar a Estambul salí por llegadas, subí la escalera a salidas y tuve que volver a entrar en la terminal internacional, pasando control de pasaportes y seguridad. Las tiendas también estaban mayormente cerradas en esa terminal y varias secciones del aeropuerto estaban clausuradas, dejando solo las zonas con las puertas A y B para el poco tráfico aéreo que hay. En Estambul te dan una hora de wifi gratis si escaneas tu pasaporte, así que pude hacer un poco de internet. De nuevo conseguí la última fila junto a la ventana, aunque en este avión era la fila treinta y dos asiento A, que últimamente mi algoritmo biológico me hace sentarme en la izquierda del avión y puedo confirmar y confirmo que va por épocas, que tengo mis épocas de asiento a la derecha y como ahora, de asiento a la izquierda. El avión en este caso era un A321. La música es la legendaria canción Go West, muy acertada en este vuelo, de los Pet Shop Boys, que son la realeza de la música tecno y disco y a quien le pique, que se rasque. Antes de despegar aterriza un avión y os juro que pensé que se estampaba con nosotros. Volvemos a ver el Mar Negro, que no es para nada Negro sino más bien azúl como los otros. El aterrizaje es flipante y el vídeo comenzó sobre Hilversum y vamos hacia el sur del aeropuerto de Amsterdam con el verde holandés y los canales. Realmente uno de los aterrizajes más bonitos que he grabado y fascinante porque reconozco un montón de sitios.

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Desde Amsterdam a Estambul

Ya dice el refranero que a falta de pan buenas son las cebollas o era alguna otra cosa que desapareció de mi memoria, que todo es posible. Hace más de dos semanas estuve en Bodrum pasando unos días con mi amigo el Turco y con sus padres e hija y por el camino, hubo vídeos en los aviones, como antes del encierro. Para esta escapada fui con Turkish Airlines porque era la única compañía que me garantizaba que podía llegar allí, de las dos posibles, que había otra más barata pero que cancelaban vuelos a destajo.

De la experiencia traumática del viaje no merece la pena hablar ya que todos lo estamos viviendo, con el terror ancestral a que alguien estornude y suenen las alarmas y todos tengamos que salir corriendo. Muchos servicios que considerábamos fundamentales han desaparecido, aplastados por las nuevas reglas para sobrevivir en la sociedad coronavirus en la que vivimos. Al no poder ir en vuelo directo, ya que las compañías que los hacían aún no han comenzado, tuve que hacer escala en el nuevo y fastuoso aeropuerto de Estambul, recién inaugurado y hecho a la escala masiva del presidente del país. He decidido estirar esto como el chicle y tendremos tres anotaciones, siendo esta la primera parte de la trilogía. Aquí vemos el vuelo desde Amsterdam a Estambul, con el autor del mejor blog sin premios en castellano sentado en la última fila del avión, en la fila cincuenta y dos asiento A, que cuando le dije al Turco mi asiento, no se lo podía creer porque no sabía que en la sección de pobres habían tantas filas. Yo creo que se saltan un montón de números de filas porque tampoco me salen las cuentas con la cantidad de gente que puede ir en el avión. La música que acompaña a las imágenes es la canción Weightless de Natasha Bedingfield que seguramente ya he usado anteriormente, que todos sabemos que yo me repito mucho con la música porque de alguna manera todos mis vídeos siempre tienen la misma duración. Antes del despegue damos un paseíllo por Schiphol que vemos a cámara rápida y despegamos con un cielo nublado con lo que pronto desaparece todo pero abajo vemos el azul de los aviones de KLM. En el aterrizaje tuvimos la suerte de poder ver parte de la ciudad de Estambul en el lado que está en Europa. Estambul es una mega-ciudad, gigantesca y el nuevo aeropuerto está muy cerca del mar Negro, que veremos justo antes de aterrizar.

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Veinticuatro horitas en Estambul

La semana pasada tenía la segunda visita programada a Estambul ya que es cierto el dicho ese que dice que nunca se tienen suficientes visados de Turquía en tu pasaporte y dan confianza a los señores de los aeropuertos occidentales, que cuando te los ven, te califican en seguidita de joputa-terrorista-de-mielda y en ocasiones hasta te dan el tratamiento VIP en los aeropuertos. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que he estado en Estambul pero con certeza, más de dos y de tres y he ido y vuelto por ambos aeropuertos de la ciudad, el europeo, Ataturk y el que está en la parte de Asia, Sabiha Gökçen. Gracias a cierto alzamiento y movidas parecidas en esta ocasión conseguí un billete a precio de risa por el lado europeo y lo compré a través de una de esas agencias de viaje rarísimas que florecen en las Internet y que se llama Supersaver. Cuando puse las fechas, me salió una combinación perfecta en la que el primer vuelo era con una compañía llamada Onurair y el regreso con KLM con lo que supuse que debe haber algún tipo de acuerdo entre ellas, suposición basada en que desde el programa de los segundos podía ver la reserva completa. Mi vuelo de ida era el viernes por la tarde y me quedé a trabajar desde mi casa para así ganar tiempo. Por la mañana, mientras resolvía eficientemente los asuntos laborales, miré la página del aeropuerto para ver si el avión de ida llevaba mucho retraso y en la misma aparecía como CANCELADO. ¡DRAMA TOTAL Y TAL Y TAL! La reserva en el programa de KLM seguía diciendo que volaba ese día, la reserva según el enlace de Amadeus decía que volaba ese día y el aeropuerto indicaba que el vuelo estaba cancelado. Llamé al número de des-atención al cliente de Supersaver y alguien en la India que no tenía ni puta idea de nada me toreó durante cincuenta minutos sin saber que hacer y pretendiendo cambiarme el vuelo a otro día por solo ciento ochenta leuros, mucho más de los ciento diez que yo pagué por la ida y vuelta. Por más que le explicaba a ese trozo de carne miserable con ojos que si te cancelan el vuelo no te pueden cobrar por cambiarlo, no lo entendía. Desistí, llamé al número turco de la aerolínea de origen y en ciento veinte segundos me dijeron que tenía plaza confirmada para el día siguiente a la misma hora. Mi fin de semana en Estambul se transformaba en 24 HORAS en Estambul. Ya he comenzado la reclamación para que me indemnicen a través de una de esas compañías de perros de presa que se llevan una comisión si lo consiguen para no perder mi tiempo en ello. De este ejercicio he aprendido que Supersaver NUNCA MAIS y que Onurair tiene menos veinte de credibilidad.

Mi ángel de la Guarda seguramente decidió que no volara porque mi amigo el Turco regresaba a su país ese día después de pasar una semana en Holanda y Croacia y su vuelo de retorno, que debía llegar al aeropuerto de Ataturk a las nueve de la noche, al parecer llegó a las dos de la mañana con lo que tampoco hubiésemos hecho nada.

El sábado confirmé que el vuelo estaba en la parrilla de salidas, fui en bici a la estación de Utrecht y desde allí al aeropuerto de Schiphol. Pasé el control de inseguridad y una vez me sentía seguro, me dediqué a esperar el avión. Aterrizó en hora y cuando iba a aparcar le hice la siguiente foto:

Onurair en Schiphol

Parece hasta normal y no se ven los dos o tres terroristas que supongo que llevan colgados de las alas con sus mochilas para dejarlos caer sobre la vieja y acarajotada Europa. Aunque llegaron en hora, por misterios místicos difíciles de comprender el embarque se retrasó media hora. Cuando finalmente lo hicieron, eligieron el sistema con filas solo que la chusma y la gentuza con niños podían entrar primero, lo que resultó en que básicamente todo el mundo salvo dos o tres pudieran entrar y se produjo tal caos que la pollaboba de la azafata de tierra terminó por renunciar al sistema que había preparado tan cautelosamente y que todos sabíamos que no funcionaría. Desde mi asiento se podía ver un mega avión de otra compañía terrorista, creo que el único de ese modelo de dos pisos que suele pasar por Amsterdam:

A380 de Emirates en Schiphol

Una vez en Estambul, el Turco me fue a recoger con su chófer ya que dice que así podemos hablar tranquilamente mientras el otro se agobia y conduce. Nos llevó de vuelta a su casa para encontrarnos con sus padres y su hija, cenamos con ellos y después siguió el programa privado del que no diré demasiado, aunque incluía la evaluación de una de las candidatas a segunda esposa y a la que le he dado mi VOTO NEGATIVO. Tiene dinero por un tubo, no es de esas que te dan un asco de que te cagas sino que la podemos catalogar como follable, pero ¡NO le gusta el cine! y por ahí sí que no paso.

El domingo era el cumpleaños del padre del Turco y lo celebramos con un desayuno buffet con encochinamiento en un restaurante a la vera del Bósforo, pero no en la zona turística sino más cerca del mar Negro y uno de esos sitios que jamás de los jamases descubren los turistas. Después por la tarde, regreso al aeropuerto y retorno a Holanda con KLM, con vuelo en hora, con comida y todo.

Por supuesto, hice algunos vídeos de mi teleportación desde Schiphol a Ataturk y viceversa. Los he agrupado en uno en el que primero vemos el mastodonte A380 llegando al aeropuerto, después asistimos al estremecedor despegue en Holanda, saltamos a una carrera por la pista del aeropuerto de Ataturk el domingo, sigue el despegue en el que se puede ver un templo de entrenamiento de esos que-tú-sabes y acabamos con un aterrizaje en Schiphol justo al ponerse el sol. Un documento estremecedor, original, único e irrepetible que como siempre solo está disponible en el mejor blog sin premios en castellano. la música elegida es un clásico, la canción A Kind Of Magic de la banda Queen, posiblemente, uno de los mejores grupos de la historia del universo conocido y por conocer. Espero que no esté bloqueado en muchos países o dispositivos. El vídeo lo subí al llutuve y se puede ver más abajo pero si no aparece, también está AQUÍ:

Mi próxima escapada, Budapest con el Rubio, aunque antes de eso veré al Turco que estará de nuevo en Holanda la semana que viene.

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Otro fin de semana en Estambul

La mayor de las prioridades del año 2016 o la segunda mayor, si contamos con lo de que alguien me ofrezca un trabajo en el que se viaje un montón y te paguen bien y que la sede esté en Holanda, era el cerrar el triángulo del trío de amigos que forman el círculo de confianza y verlos a todos y cada uno de ellos lo antes posible. El día de mi cumpleaños vi al Rubio, a finales de enero fue el turno de Sergio y quedó documentado en Fin de semana en Málaga y el fin de semana pasado fui a Estambul para ver al Turco, el cual, a la chita matando, ya es vicepresidente ancestral y ejecutivo del décimo banco de su país de origen. Por segunda y seguramente no última vez en mi vida, elegí Pegasus como la aerolínea de transporte. De ellos me gusta que los horarios de sus vuelos me van bien, que puedes sacar la tarjeta de embarque desde tres días antes con lo que me ahorro el disgusto de las impresoras con la tinta seca de mi amigo y no me gusta tanto que vuelan a Sabiha Gökçen que es el segundo aeropuerto de Estambul y el que está en el lado asiático de la ciudad.

El viernes, combiné media jornada laboral con el desplazamiento entre continentes. Salí de mi casa con mi mochila de treinta litros básicamente llena de comida y me fui a trabajar y desde allí, en tren a Schiphol o el mejor aeropuerto de Europa le duela a quien le duela. Pasé el control de inseguridad y me acerqué a la puerta de embarque del avión, el cual podemos ver en la siguiente foto:

Avión de Pegasus en Schiphol

El embarque fue a la hora prevista pero como siempre, una vez cerraron la puerta nos dijeron que no les permitían encender los motores y partir hasta media hora más tarde. La espera la maté echándome una siesta escandalosa que continuó hasta una hora después de que despegamos. El vuelo transcurrió sin novedades, volví a utilizar el visado que compré en diciembre porque dura seis meses y a la salida de la zona de recogida de equipaje me esperaba el chófer del banco para llevarme a casa de mi amigo. Una vez allí, comenzaron las actividades del fin de semana que comentaré aleatoriamente.

El sábado nos fuimos a pasear por el Castillo de Rumelia – Rumelihisari, un viejo conocido para todos aquellos que leen y comentan en el mejor blog sin premios en castellano ya que pasé por allí en mi segundo viaje a Estambul y lo hemos visto en varias fotos, como en Castillo de Rumelia – Rumelihisari. En su interior se ha cometido un crimen contra la humanidad y el ejecutor ha sido el denostado Erdogán, que para demostrar el poder de los creyentes en su terrorismo, ha mandado construir y se ha construido una mezquita en lo que era el escenario de un teatro abierto que estaba allí desde hace siglos. Espero que su madre lo gane bien con su clientela porque me queda claro que es un joputa.

Esta vez vuelvo a demostrar que la imaginación se me agota por instantes pero tengo destellos y he hecho solo, única y exclusivamente dos vídeos y el primero de ellos que veréis aquí en primicia y secundicia exclusiva, son en realidad tres vídeos unidos por la magia potagia de la tecnología con musiquilla:

Castillo de Rumelia y junto al Bósforo

El primer trozo está grabado desde el Castillo de Rumelia y los dos siguientes los hice el domingo desde la mismita vera del Bósforo, es decir, el legendario Elegido, The Chosen One, De Uitverkorene estuvo más cerca del borde de Europa que nadie ya que ahí mismo en el segundo y tercer segmento, a menos de un metro, se termina Europa, el continente y lo que hay al otro lado, es Asia, con sus terroristas sirios y todo lo demás. En el vídeo se pueden ver los dos únicos puentes que conectan Europa con Asia y de cuando en cuando hasta el culete del Turco. Decir que debido al tamaño, el segundo segmento está reproducido al doble de velocidad que fue rodado, todo gracias a la tecnología disponible al alcance de las yemas de mis dedos.

Y por si no hay bastante, otra fotillo en el Castillo de Rumelia:

Castillo de Rumelia

Por la tarde fuimos a un centro comercial espectacular que tiene un teatro y un complejo de las bellas artes aburridas porque todos mis amigos me intentan culturizar a base de palos, ya sea Sergio obligándome a hacer en Málaga el caminito del Rey que resultó ser un pateo que no veas por todos los supermercados de los alrededores de Benalmádena, el Rubio que me grita para que corra dos veces por semana o el Turco que me llevó a una espeluznante exposición de la prehistoria de la informática y de los efectos especiales en la actualidad.

Los efectos especiales de Gravity

Además de encontrarnos con ordenadores prehistóricos que no reconocemos conocer para que no se nos pueda datar y ponernos edad, explicaban como se hicieron los efectos especiales de películas, una cosa fascinante para alguien como yo que voy muy de cuando en cuando al cine ya que por desgracia, este año y al final de esta semana, ya habré visto cuarenta y cuatro películas en una sala.

Misticismo tecno en Estambul

En el estremecedor vídeo anterior se puede ver una de las cosas que mostraban en aquella movida para sub-intelectuales con un vídeo que al parecer tiene su música generada por los chismes que hay en tres pirámides de cristal que había allí. Lo mejor de la exposición fue jugar al Pac-Man y al Donkey Kong, pero claro, todos sabemos que soy muy bruto y que salvo lo de correr y trepar a la palmera más próxima, que lo llevo impreso en mi código genético gracias a ser africano, el resto me resbala muy mucho. En el vídeo meneo la cámara noventa grados para aquí y para allá y lo hago por joder, para que tengan que retorcer los cuellos.

Asia desde Europa en el Bósforo y puente al fondo

El domingo, además de hacer fotos espectaculares en el borde mismo de Europa y si os fijáis bien hasta se puede ver a los sirios corriendo para colarse en Alemania, el Turco me llevó al campus de la universidad en la que estudió, un lugar increíble con unas vistas fabulosas. Por supuesto, yo soy más básico que un folio en blanco así que en el paseo me enseñó el rincón escondido en el que le hicieron la primera mamada y otros detalles culturales que son más de mi interés. Además me dijo que la dueña de esa boca le hizo un Vitorino a su marido hace poco más de dos meses con el Turco, que se la cruzó en algún lado y acabó intentando cerrarle un agujero tan grande que le salió por los bajos. En fin, que cosas de la vida.

Antes de regresar, la madre del Turco se empeñó en equiparme militarmente para el regreso y preparó un almuerzo fabuloso e increíble con legumbres, todo eso sabiendo que yo volaba y que soy como un generador de gases que cuando me presurizas y despresurizas, puede haber un gran peligro.

Armas químicas

Aparte de las de la foto anterior, también me jinqué un montón de estas otras:

Munición para gasear

Por la tarde, el Turco me devolvió al aeropuerto de Sabiha Gökçen, pasé el control de seguridad de la puerta, el control de pasaporte, el control de inseguridad después del de pasaporte y finalmente llegué a la zona insegura para esperar por mi vuelo.

Transavia y Pegasus en el aeropuerto de Sabiha Gökçen

Retrasaron el avión cuarenta minutos aunque al final despegó casi una hora más tarde y por culpa de un temporal de viento que atacaba el centro de Europa, el avión se desvió un güevo y además, en lugar de las tres horas de vuelo, tardamos cuatro horas y veinte que me pasé alegando con una española que resulta que vive cerca de Hilversum y que iba sentada al lado mío. El avión dio un rodeo épico y yo me acordé de todos esos que vuelan en aerolíneas de altos costos que seguro que no ponen combustible suficiente. El aterrizaje fue BRUTAL, uno de los más espectaculares que he vivido, con la gente gritando, alguien potando por detrás de donde yo me encontraba, el avión que parecía que lo iban a partir en cualquier momento y en lugar de tocar tierra, forma romántica de referirnos al aterrizaje, nos estampamos contra la tierra y probablemente hasta hicimos un agujero en el asfalto de la pista. Con tanto retraso y el puto control de pasaporte por venir desde fuera de la Unión Europea, casi pierdo el tren de las doce menos cuarto a Utrecht, que es el último que va rapidito. Digamos que corrí sin dignidad alguna por la terminal y llegué al andén al mismo tiempo que el tren se paraba a recoger a los julays. El trayecto final en bicicleta hasta mi casa me sirvió de entrenamiento para el Giro de Italia ya que el viento me frenaba y sudé como un bellaco. Pese a estos ligeros contratiempos, fue un fin de semana fabuloso y el Turco me está sobornando emocionalmente para que vaya en verano a Bodrum y me pase unos días por allí con él, sus padres y su Primera Hija.

Mi próxima parada: MÚNICH