Sobre Brujas y Rotterdam

Llegamos a la traca final, la conclusión (por ahora) de una serie gigantesca de vídeos con despegues y aterrizajes porque a mí no me queda nada claro que poniendo cuatro vacunas aquí y seis allí se vaya a arreglar el problemote que tenemos y como nadie se preocupó en hacer fábricas para producir vacunas por trillones, para cuando todos estemos vacunados ya habrá sesenta y ocho variedades más peligrosas y contra las que nuestras vacunas no podrán luchar y volverá a empezar todo. Quizás este sea el fin de la especia, siempre fuimos muy románticos viendo un asteroide que nos destruía o una raza de extraterrestre o un ataque nuclear truscolano y de los kabezudos koreanos de mielda y resultó que un puto virus por una sopa de murciélago mal cocinada fue lo que nos doblegó. Bueno, en este final de los vídeos de aviones tendremos tres vídeos independientes pero relacionados y la razón es que no pienso acelerar ni recortar un solo segundo de los doce minutos que tengo grabados y vienen saliendo a cuatro minutos por vídeo, quizás un poco menos o un poco más. Este primer vídeo, además, contiene en realidad un pequeño segmento que grabé antes de comenzar el aterrizaje, cuando estábamos empezando a descender. Está al comienzo y esa ciudad que vemos en la noche al comienzo, es la ciudad belga de Brujas, con su puerto, que lo tiene y está separado de la ciudad. Después habrá una cortina mágica y la secuencia continua comienza llegando al puerto de Rotterdam, gigantesco e iluminado por la noche para que los narcotraficantes y demás delincuentes puedan hacer mejor su trabajo. El vídeo terminará cuando dejamos Rotterdam atrás (o la parte que vemos, que es la más pegada al mar) y seguimos yendo en dirección al aeropuerto de Schiphol. La música en este caso es la canción Believer de Imagine Dragons, que es como que muy melodramática y pachanguera.

Otra vez despegando de Schiphol

Dado que es muy probable que los seres humanos no volvamos a viajar en décadas o quizás en siglos, si tenemos en cuenta que para cuando lleguemos al fascinante setenta por ciento ese de vacunaciones ya habrán salido sesenta y tres variantes del virus inmunes y más mortíferas, mi última tanda de vídeos en avión, que corresponden al vuelo de ida y al de regreso desde el aeropuerto de Schiphol en Amsterdam al de Gran Canaria, puede que sea lo último en vuelos en muchísimo tiempo y hoy consideraba si no debería trocear los vídeos como si esto fuera el tiki taka y poner quince segundos cada día, con lo que probablemente podría estirar el chicle hasta el 2022. Finalmente he desistido del asunto porque todos sabemos que el Ancestral que ya perdió la capacidad de poder escribir una bitácora seguro que no se acuerda de un día para el siguiente de los quince segundos que ya ha visto. En vez de esto, voy a trocear un poco pero no demasiado y hoy tenemos el despegue en diciembre, a mediados del mes, desde Schiphol para volar a Gran Canaria. Ese día, el dieciséis, fue el del cierre de los colegios, los últimos templos abiertos ya que los cines y otros negocios cerraron el día antes y los bares y restaurantes ya llevaban cerrados como un mes. Este vídeo va a tener la friolera de dos visionados, quizás hasta tres si tiramos la casa por la ventana y para esas tres ocasiones y visto el drama que nos rodea, he elegido un clásico, una de las canciones más alegres de la historia de la música y una que seguro que hasta Mozart, si la escuchara, se emocionaría hasta las lágrimas. Se trata del Hay que venir al sur de Raffaella Carrà y casualmente, despegué para ir al sur.

El vídeo no es muy largo porque ya cuando cerraron la puerta del avión el piloto nos dijo que íbamos a tener un paseíllo muy corto, quizás cortísimo hasta la cabecera de la pista de despegue y yo, desde la ventana de la última fila en el lado derecho le grité: ¡Cristiano, cristiano, no nos de el paseíllo corto, llévenos por lo menos hasta el barrio Rojo que si no el Ancestral se me amula!

No pudo ser, el piloto no me hizo caso así que avanzamos por el aeropuerto hasta la pista desde la que despegamos. Como estaba nublado una vez en el aire, se nos acaba el espectáculo más bien pronto.

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El Hotel Amstel de noche

Lo mejor de los días minúsculos del invierno es que un poco después de las cuatro de la tarde te puedes dar un paseo por Ámsterdam y hacer tus fotos nocturnas. A la vera del río Amstel, que da nombre a la ciudad, tenemos el hotel con el mismo nombre. Este hotel, que durante un tiempo era el único de los holandeses en la lista de mejores hoteles del mundo excluyendo a truscoluña, que no es nación, ha visto pasar por su interior a muchísimos famosos, aunque por nombrar que me cae bien, por allí pasó Audrey Hebpurn. El hotel tiene sus propias falúas para pasear por los canales de la ciudad a sus clientes y en la parte baja, al nivel del agua, hay un restaurante en el que pierdes un riñón si quieres comer. En la foto, creo que casi todas las habitaciones están con la luz apagada, con lo que la cantidad de turistas que están recibiendo en estos días tiene que ser dantesca y una cifra tan alta, que seguramente es imposible de medir. El edificio es aún más bonito de día. Decir que el hotel es y ha sido desde siempre uno de la cadena Continental pero la propiedad del inmueble, como las buenas putas, ha pasado por un montón de manos terroristas musulmanas, que entre moros se lo venden y revenden cada pocos años, siendo los últimos que lo han comprado, del país ese que compró con corruptelas y chanchullos el mundial de fútbol y en donde a mujeres y maricas se les quiere y respeta con locura.

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Aterrizando en Amsterdam de noche

Hoy llegamos al cuarto y último capítulo de una saga épica y ciertamente no legendaria con los vídeos de los despegues y aterrizaje en mi último viaje a Gran Canaria, en la era del virus truscolán y podemita ese tan puto. Todo comenzó Despegando en Amsterdam de noche, siguió Aterrizando en Gran Canaria, avanzó hasta el desenlace de hoy en Despegando en Gran Canaria. Como en el vuelo de ida pero a la inversa, salí de Gran Canaria un día precioso y llegué a los Países Bajos con noche cerradísima, con lo que no se ve nada en el vídeo pero todos sabemos que al Ancestral se la trae al fresco. En este caso, la música es la canción Oh baby de LCD Soundsystem, a los que descubrí a través de una de las series que sigo y esta canción me ha encantado y hasta modifiqué la velocidad del vídeo para poder usarla, ya que el aterrizaje, en su versión original, fue eterno por culpa del Polderbaan, la pista de aterrizaje que está en el medio de la nada y que usan por las noches (y de día) y que cuando te toca, significa que hay veinte minutos de correr el avión por tierra para llegar al aeropuerto, que el tren me lleva a mi casa en treinta, con lo que la pista esa la tienen que tener rescondida a un puñado de kilómetros de mi keli. No reconocí nada, así que no hay menciones de lugares.