Bockbierfestival Utrecht 2021

Después de la quiebra (o más bien descalabro económico) de la organización que hacía el festival de cerveza bock en Amsterdam, algo que sucedió en el 2018, nos quedamos huérfanos y el año 2019, justo antes de la pandemia truscolana y podemita fuimos al Bockbierfestival Amersfoort 2019, que aunque diferente, también disfrutamos. Paso un año y con la pandemia, en el 2020 no hubo nada, naíta, nada y en este 2021, el único festival que se anunció fue uno en Utrecht, ciudad muy conveniente para de Uitverkorene porque casualmente, vivo y jiño aquí. Al estar en mi terreno, no tenía sentido ir a Hilversum para comer y como al final solo éramos mi amigo el Moreno y un servidor, me sugirió ir a uno de sus restaurantes favoritos, llamado Meat & More y en donde por increíble que parezca, se come CARNE, pero de la de verdad, no esas mierdas sintéticas para retardados, pollabobas y pollardones, que si no eres lo suficientemente hombre o mujer para ser carnívero, afróntalo y dilo y jártate con gusto de tus mierdas de espinacas y de coles y todo tipo de hierbas y así revientes algún día. Él venía en tren, así que dejé mi bicicleta en el mayor aparcamiento de bicicletas del universo conocido y por conocer, debajo y junto a la estación y nos vimos en la plaza que está sobre parte del edificio con el aparcamiento. Llegó pronto y paseamos por la ciudad que forma el corazón de los Países Bajos, por su ubicación y porque es el nudo que lo comunica todo, que aquí mucho lerdo se puede creer que esa es Amsterdam pero la ciudad está en un extremo del país, mientras que esta está en el medio. A la hora que teníamos la mesa reservada, nos acercamos al restaurante, nos identificamos como el aclamado autor del mejor blog sin premios en castellano, famosísimo autor del porcast YO NUNCA y su acompañante. Seguro que el Ancestral vio el pedazo de carne que me jinqué, uno de trescientos gramos, aunque mi amigo se pidió cuatrocientos, pero es que yo, al ser noréxico-bulímico-del-coño, con menos tengo y además, que peso al menos veinte kilos menos que él. Después de cenar fuimos al bockbierfestival, que se celebraba en el Janskerkhof, la explanada delante de una ex-iglesia y en donde suelen hacer mercados en los fines de semana. La habían vallado y creado unas líneas de acceso en donde primero se comprueba que tienes tu fabuloso código QúeRre y después la entrada.

En esta ocasión, en lugar de poner foto de cerveza tras cerveza, he hecho un popurrí con casi todas, salvo la primera, que fue una Texelse Bock y a la que le hice la foto con el vaso vacío porque se me pasó. Las otras fueron una Weizenbock, la Chouffe 6666, Life’s like a Bock of, repetimos con la Texelse Bock y acabamos con la Vitus, que siguen el orden del popurrí, de arriba izquierda a abajo a derecha. Esas más una durante la cena. Pueden parecer pocas cervezas pero estamos hablando de dobles o triples, con un porcentaje de alcohol de r-escándalo.

Con el otoño y las luces, los árboles de la plaza creaban una cubierta fabulosa y todas mis fotos fueron con la cámara mirando hacia arriba. Hacía un frío que no veas pero como tenían calentadores de gas, nos agenciamos uno y cuando lo abandonábamos para ir a buscar otra o pasar por los meaderos, le bajábamos la potencia y la gente no se quedaba allí porque hacía frío y cuando volvíamos se la subíamos y listo, que parece que la inteligencia no es el fuerte de los alcohólicos y a nadie más se le ocurrió el truco. Aunque ya no hay uso de mascarillas ni restricciones de casi ningún tipo, la única que sí que sigue existiendo es que los locales de comida y bebida han de cerrar a la medianoche, pero en nuestro caso, nos fuimos sobre las once porque el Moreno quería coger el tren que sale para Hilversum antes de las y media. Entré en el andén con él y lo acompañé mientras esperaba y una vez me quedé solo, regresé a mi bicicleta, que borracho y todo siempre la encuentro y volví con el piloto automático a mi casa, haciendo una parada técnica a medio camino porque pensé que me meaba tó. La noche esa creo que batí el récord de veces en las que me desperté para ir al baño y el sábado ciertamente tuve un inicio del día interesante con resaca, aunque después de jincarme unos churros con chocolate y dejar que se asentaran un par de horas en el tripote, ya me quedé asentado y pude salir a correr y después ir al cine.

Justo ese día nos enteramos que una serie de ocho pubs de la ciudad de Amsterdam han montado una especie de tour para el último fin de semana de octubre, un pseudo festival, en el que vas yendo de pub en pub y tomando diferentes cervezas. Si lo haces el domingo, además de la cerveza, en cada pub te darán algo especial de comer para acompañar la birra y además tendrás una camiseta, así que creo que iremos la semana que viene y nos resarciremos del parón del año pasado haciendo DOS festivales de cerveza en el mismo año.

Llegando a Amsterdam desde Málaga

No seas truscolán y podemita y mira primero la anotación Regresando a Málaga en agosto para no perderte el fastuoso despegue desde Holanda y tras eso irás al aterrizaje en Málaga.

Ha sido una pequeña agonía el llegar hasta aquí y antes de que el Ancestral se resetee y lo pida, no, no voy a juntar todos los vídeos de los dos despegues y los dos aterrizajes en uno, para eso está el fabuloso y fantástico canal en el llutuve con sus ochenta vídeos y está tan cerca como hacer clic en el enlace de la línea anterior. Hoy tenemos el aterrizaje en Schiphol, que casi me lo perdí porque el piloto no bajaba los alerones y yo pensaba que estábamos en el quinto coño y como iba sentado en el lado derecho del avión, por esa parte, llegando desde el sur, no hay buenas referencias para el aterrizaje y cuando me di cuenta que estábamos dramáticamente cerca, comencé el vídeo a todo correr. Decir que la música es seguramente mi canción favorita de Keane, el Somewhere Only We Know y sobre esta banda, uno de mis amigos se tiró un peo más alto que el culo y en un cumpleaños me regaló un CéDé de Kane, que no sé que problema tiene en el frenillo de la lengua pero no se pronuncia igual y cuando vio mi cara de decepción y disgusto épico y legendario creo que captó claramente que difícilmente se puede estar más cerca del cruz y raya y de hecho, me parece que el disco entró en mi casa y fue directamente a la basura de la que nunca debería haber salido. Eso es como cuando otro amigo me regaló una cinta de vídeo con una película que supuestamente era mi favorita y yo JAMÁS la había visto ni tenía interés alguno por verla, aunque ese, fue a la cadena de grandes almacenes en la que compró la cinta y la cambió por otra mientras yo iba encendiendo las velas negras para echarle un maleficio.

Volviendo al vídeo, aterrizamos mirando hacia el este de los países bajos y es todo campiña y más campiña hasta que llegamos al aeropuerto. Justo en el instante en el que estamos a milisegundos de tomar tierra el vídeo se acelera espectacularmente para ahorrarnos el tedio del frenado y la vista de las carreteras del aeropuerto, sobre todo las del lado de la terminal de carga, que es la que se ve al fondo. Aunque esta pista no es el odioso polderbaan, como la terminal de bajísimo costo para pobre y parados está exactamente en el lado opuesto, son como diez minutos de paseo en el que no se ve nada y que por eso, no puse, bueno, por eso y porque el teléfono está ya petado de gigas y gigas de fotos y si me dejo ir, se me llenaba. Con este vídeo cerramos la escapada de agosto a Málaga.

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La keli de paquete

No hace mucho tiempo tuvimos una serie de casas flotantes holandesas, casi todas en la ciudad de Utrecht, que aunque no es famosa por las susodichas, tiene unos cuantos canales en los que se permiten, o se permitieron en su día, se les dio conexión eléctrica, de agua, de gas y de alcantarillado y hasta un número de buzón. Ahora, hasta donde yo sé, no se están dando permisos para nuevas casas y las que había son las que seguirán existiendo y si alguno quiere tener una de esas kelis, la tiene que comprar en el mercado inmobiliario, con lo que en muchas ocasiones, cuando alguien la vende, lo que en realidad quiere el comprador es el permiso de anclaje, el lugar para tenerla y no tanto la keli flotante en sí misma. Por eso, es normal que los que compran uno, inmediatamente encarguen a alguna de las empresas que hacen estas casas flotantes el proyecto y compren una keli nueva, como la de la foto, que se hace en una fábrica en algún lugar de los Países Bajos y después se trae remolcada hasta el lugar en el que la ubicarán. La que vemos en la foto es relativamente pequeña y está en la entrada del centro urbano de Utrecht, ya que todas las casas que traen, han de pasar por una ruta determinada de puentes para llevarlas a su ubicación definitiva y este es el punto de entrada. Tienen que pedir permiso a la ciudad y les asignarán una cierta franja horaria en la que les irán abriendo determinados puentes y por supuesto, tendrán que pagar por la apertura y cierre de los mismos, como los barcos. La última vez que vi una keli de paquete en este lugar, después la llevaron al canal por el que yo paso a menudo camino del cine y la plantaron allí, tras quitar la vieja. La parte inferior de la keli flotante de la foto es de hormigón y la mitad derecha tiene un piso inferior, del que se pueden ver cubiertas con maderas las ventanas que hay en esa parte y que están en la parte superior.

Tomando tierra en Schiphol

LLegamos al final de lo que comenzó en Sobre Brujas y Rotterdam y continuó en Sobrevolando el sur del Randstad y solo algún Dios borrachuzo sabe si algún día harán vacunas para que los aviones regresen a los aires petados de turistas y uno pueda saltar de ciudad europea en ciudad europea como cabra en el monte o los culocochistas en carreteras llenas de baches. Lo de hoy es simple y en otro universo paralelo al nuestro y sin truscolanes, podemitas ni pandemias, esto habrían sido los últimos veinte segundos de un vídeo único y veríamos el aterrizaje, que para mí es la parte más tonta de un vuelo, a toda velocidad. La acción comienza exactamente en donde se quedó el vídeo anterior y ya estamos con las pezuñas del avión bajadas, los alerones todos cambaos bajo las alas para poder sustentarse volando a menos velocidad y con los meneos habituales de estos eventos. Es de noche, así que afuera el mundo se ve un pelín diferente. La música es la versión instrumental de la canción Blue Monday que se puede escuchar en el trailer de la película Wonder Woman 1984 interpretada por Sebastian Böhm, que casualmente hizo también el tema instrumental de otro vídeo que hemos visto esta semana. Hay dos momentos en los que durante unos poquísimos segundos aceleré la velocidad de reproducción para darle más dramatismo al vídeo y para que acabara junto con la canción, pero esos instantes son irrelevantes en la duración total.

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