Despegue mañanero en Ámsterdam

Aunque el Ancestral me tiene en su lista negra y no comenta, voy a dejar por aquí el primero de los vídeos que hice cuando fui a Gran Canaria e igual pica y dice algo, que todos sabemos que es el único ser humano al que se la pone morcillona estas cosas. En este caso, el vuelo despegaba a las 7 de la mañana, hora neerlandesa, pero como estamos ya avanzados en la primavera, tenemos bastante luz y no es uno nocturno, aunque en un tramo determinado tenemos el sol golpeando directamente la cámara, que tampoco es que estuviese demasiado alto. Yo esperaba y rezaba y confiaba para pillar los campos de tulipanes y verlos desde arriba nada más despegar, que por allí hay un montón, pero o ya los habían cortado o este año no plantaron en esa zona.

Otra cosa a notar es que en la actualidad, los de Buelin tienen cuatro aviones estacionados en Schiphol y en el vídeo podemos ver los otros tres, ya que el mío fue el primero en salir por patas de allí. La música es el clásico de anteanteayer, anteayer, hoy y pasado mañana de Fangoria, Miro la vida pasar, que estoy convencido que lo he usado varias veces. Hay varias velocidades para hacerlo más corto, pero vamos, el despegue se hace en tiempo real, sin saltos de velocidad. Como no había nubes, tras el despegue vemos la zona alrededor de Schiphol con claridad y el agua, que por allí está por todas partes. También se ven MEGA invernaderos, esos que producen verduras por un tubo y que funcionan día y noche.

Si lo tuyo son estos vídeos, continúa a Aterrizando por la mañana en Gran Canaria para ver el siguiente.

Con retraso es siempre peor

Si alguien pensaba que cuando la pandemia nos diera un respiro las cosas volverían a ser igual que antes, ese julay es merece un baño en ácido sulfúrico para acabar con su estupidez. Mi regreso desde Gran Canaria a los Países Bajos fue muy interesante. Con las máscaras suprimidas en todos lados en España excepto en el transporte público, salí de la keli de mi madre con mi mochila con diez kilos de comida y una bolsa pequeña con otras cosas. Fui a la estación de guaguas del Parque Santa Catalina y allí esperé a que saliera la guagua directa al aeropuerto, que no es tan directa ya que hace unas pocas paradas en la ciudad. Entre los que nos metimos le petamos el compartimiento de carga que hay debajo. Ya en la cola el hombre le tuvo que decir a un guiri que sin máscara no entraba en la guagua, así que se la puso y una vez sentado, se la colocó para proteger la mandíbula, que es el punto por el que te ataca el virus truscolán y podemita. En la otra estación de guaguas de la ciudad, la de San Telmo, la gente tuvo que poner sus maletas del otro lado y eso como que les confunde y provoca que tarden el triple de tiempo. Ya finalmente en ruta, llegamos al aeropuerto sin más contratiempos.

El aeropuerto era un lugar extraño, ya que no se considera un sitio de transporte público, así que puedes andar por él sin máscara y solo te obligan a ponértela en el momento de entrar al avión. Pasé el descontrol de inseguridad y al parecer los chorizos de teror no son líquidos cuando los llevo en su forma tradicional, porque si los llevas en tarrina de untar sí se consideran líquidos dependiendo del que te controla. A mí lo que más terror me da es el atún, que antes las latas eran latas de verdad y ahora tienen esa tapa de platina o algo así que seguro que por los rayos equis-y-griega-y-zeta se tiene que ver chungo. Después del control, me compré mi botella de agua a un leuro y me senté a esperar el vuelo.

Según el programa de buelin en mi telefonino, el avión tenía un retraso del copón. A la hora del embarque no dijeron nada y un rato más tarde, finalmente, lo anunciaron y como éramos pocos, entramos rápido, aunque eso sí, buelin nos sienta a todos juntitos al final sin dejar huecos a menos que pagues, que a ellos la pandemia truscolana y podemita no les importa. El avión iba tan vacío que después se marchó toda la gente a otras filas y nos distribuimos por el avión. El piloto anunció que el aeropuerto de Schiphol estaba colapsado, de nuevo y que no le daban autorización para despegar hasta dentro de una hora más tarde, pero que si estábamos con las puertas cerradas, podía rogar y suplicar por un adelanto, que en realidad llegó cuarenta y cinco minutos después de la hora de despegue. Esta vez no había una gasificadora cerca de mí y el viaje fue tranquilo, viendo episodios de series y jugando con el aiPá. Al llegar, el aeropuerto estaba realmente petao de gente, porque en los Países Bajos esta y la próxima semana son de vacaciones escolares, que aquí la semana Santa se la pasan por el forro y después de dos años, parece que todo el mundo ha decidido salir del país. Como no tenía que recoger maleta, fui directo a la estación y pillé el primer tren a Utrecht y una vez allí, busqué mi bicicleta en el mega-aparcamiento y de camino a mi casa, paré en el supermercado para aprovisionarme, ya que casualmente llegué el día de la Koningsnacht, la noche previa al cumpleaños del Rey y en la que se celebran mil y una fiestas de borrachera, que ya veremos cuantos morirán por los desmanes de ayer y hoy, que sobre las nueve me llegó un mensaje al teléfono en el que el ayuntamiento pedía por la gloria del rey que no fuera nadie más al centro de la ciudad porque estaba petadísimo.

Yo, al llegar a mi casa, me cambié y me fui a correr, que no quiero acabar mórbido como otros que no voy a mentar que son muy sensibles.

El despegue hacia el sur

Todos los que estamos por aquí, o sea, un puñado de julays que se pueden contar con la mano de un manco, sabemos que el Ancestral tiene un vicio muy malo con los putos vídeos de despegues y aterrizajes y por eso, cada vez que me subo en un avión, algo que ahora y gracias a la pandemia podemita-truscolana no pasa muy a menudo, si me toca ventana tengo claro que tengo que hacerlos pese a las miradas de bicho raro de la gente a mi alrededor. Espero que Virtuditas no se haya olvidado de ponerle el pañal de viejo hoy porque el primero de varios llega en esta mismita anotación y los pienso estirar como el chicle bazooka y en esta ocasión solo vamos a ver el despegue desde el aeropuerto de Amsterdam, el cual sucedió a las siete de la mañana de mediados de diciembre, que en los Países Bajos, es noche CERRADÍSIMA y que el Ancestral ya asuma y sepa que este es el único vídeo grabado de noche en esta serie, que todos los demás serán de día. En el vídeo original la duración era de nueve minutos y pico pero lo he ajustado a la maravillosa y fastuosa canción We don’t talk about Bruno de la banda sonora de la película Encanto, canción que es mi favorita para ganar el Oscar a la mejor canción este año y que recomiendo que se empapen en el lloutube y sobre todo, que busquen en ese diabólico lugar la versión «(In 21 Languages)» para que lo flipen con la calidad del doblaje de los estudios Disney como buscan voces similares para casi todos los idiomas, salvo el truscolán, que ahí por motivos políticos solo les permiten contratar a la penca-rumana que se la come al desHonorable prófugo especialista en huídas en portabultos.

Obviamente no se ve practicamente nada, pero en el segundo minuto hay un despegue del avión de transavia que iba por delante de nosotros y después de esos entramos en cabecera de pista y vemos otro de transavia que iba por detrás y según cogemos velocidad vemos el resto de aviones encolados mientras la canción llega a uno de sus múltiples puntos culminantes cuando prácticamente todos los que salen en la película están cantando y claro, es apoteósico. Después del despegue, nos metemos en la nube eterna que hay sobre los Países Bajos y ahí nos quedamos.

El aterrizaje en Lisboa está en Llegando a la soleada Lisboa

Bockbierfestival Utrecht 2021

Después de la quiebra (o más bien descalabro económico) de la organización que hacía el festival de cerveza bock en Amsterdam, algo que sucedió en el 2018, nos quedamos huérfanos y el año 2019, justo antes de la pandemia truscolana y podemita fuimos al Bockbierfestival Amersfoort 2019, que aunque diferente, también disfrutamos. Paso un año y con la pandemia, en el 2020 no hubo nada, naíta, nada y en este 2021, el único festival que se anunció fue uno en Utrecht, ciudad muy conveniente para de Uitverkorene porque casualmente, vivo y jiño aquí. Al estar en mi terreno, no tenía sentido ir a Hilversum para comer y como al final solo éramos mi amigo el Moreno y un servidor, me sugirió ir a uno de sus restaurantes favoritos, llamado Meat & More y en donde por increíble que parezca, se come CARNE, pero de la de verdad, no esas mierdas sintéticas para retardados, pollabobas y pollardones, que si no eres lo suficientemente hombre o mujer para ser carnívero, afróntalo y dilo y jártate con gusto de tus mierdas de espinacas y de coles y todo tipo de hierbas y así revientes algún día. Él venía en tren, así que dejé mi bicicleta en el mayor aparcamiento de bicicletas del universo conocido y por conocer, debajo y junto a la estación y nos vimos en la plaza que está sobre parte del edificio con el aparcamiento. Llegó pronto y paseamos por la ciudad que forma el corazón de los Países Bajos, por su ubicación y porque es el nudo que lo comunica todo, que aquí mucho lerdo se puede creer que esa es Amsterdam pero la ciudad está en un extremo del país, mientras que esta está en el medio. A la hora que teníamos la mesa reservada, nos acercamos al restaurante, nos identificamos como el aclamado autor del mejor blog sin premios en castellano, famosísimo autor del porcast YO NUNCA y su acompañante. Seguro que el Ancestral vio el pedazo de carne que me jinqué, uno de trescientos gramos, aunque mi amigo se pidió cuatrocientos, pero es que yo, al ser noréxico-bulímico-del-coño, con menos tengo y además, que peso al menos veinte kilos menos que él. Después de cenar fuimos al bockbierfestival, que se celebraba en el Janskerkhof, la explanada delante de una ex-iglesia y en donde suelen hacer mercados en los fines de semana. La habían vallado y creado unas líneas de acceso en donde primero se comprueba que tienes tu fabuloso código QúeRre y después la entrada.

En esta ocasión, en lugar de poner foto de cerveza tras cerveza, he hecho un popurrí con casi todas, salvo la primera, que fue una Texelse Bock y a la que le hice la foto con el vaso vacío porque se me pasó. Las otras fueron una Weizenbock, la Chouffe 6666, Life’s like a Bock of, repetimos con la Texelse Bock y acabamos con la Vitus, que siguen el orden del popurrí, de arriba izquierda a abajo a derecha. Esas más una durante la cena. Pueden parecer pocas cervezas pero estamos hablando de dobles o triples, con un porcentaje de alcohol de r-escándalo.

Con el otoño y las luces, los árboles de la plaza creaban una cubierta fabulosa y todas mis fotos fueron con la cámara mirando hacia arriba. Hacía un frío que no veas pero como tenían calentadores de gas, nos agenciamos uno y cuando lo abandonábamos para ir a buscar otra o pasar por los meaderos, le bajábamos la potencia y la gente no se quedaba allí porque hacía frío y cuando volvíamos se la subíamos y listo, que parece que la inteligencia no es el fuerte de los alcohólicos y a nadie más se le ocurrió el truco. Aunque ya no hay uso de mascarillas ni restricciones de casi ningún tipo, la única que sí que sigue existiendo es que los locales de comida y bebida han de cerrar a la medianoche, pero en nuestro caso, nos fuimos sobre las once porque el Moreno quería coger el tren que sale para Hilversum antes de las y media. Entré en el andén con él y lo acompañé mientras esperaba y una vez me quedé solo, regresé a mi bicicleta, que borracho y todo siempre la encuentro y volví con el piloto automático a mi casa, haciendo una parada técnica a medio camino porque pensé que me meaba tó. La noche esa creo que batí el récord de veces en las que me desperté para ir al baño y el sábado ciertamente tuve un inicio del día interesante con resaca, aunque después de jincarme unos churros con chocolate y dejar que se asentaran un par de horas en el tripote, ya me quedé asentado y pude salir a correr y después ir al cine.

Justo ese día nos enteramos que una serie de ocho pubs de la ciudad de Amsterdam han montado una especie de tour para el último fin de semana de octubre, un pseudo festival, en el que vas yendo de pub en pub y tomando diferentes cervezas. Si lo haces el domingo, además de la cerveza, en cada pub te darán algo especial de comer para acompañar la birra y además tendrás una camiseta, así que creo que iremos la semana que viene y nos resarciremos del parón del año pasado haciendo DOS festivales de cerveza en el mismo año.