Tomando tierra en Schiphol

LLegamos al final de lo que comenzó en Sobre Brujas y Rotterdam y continuó en Sobrevolando el sur del Randstad y solo algún Dios borrachuzo sabe si algún día harán vacunas para que los aviones regresen a los aires petados de turistas y uno pueda saltar de ciudad europea en ciudad europea como cabra en el monte o los culocochistas en carreteras llenas de baches. Lo de hoy es simple y en otro universo paralelo al nuestro y sin truscolanes, podemitas ni pandemias, esto habrían sido los últimos veinte segundos de un vídeo único y veríamos el aterrizaje, que para mí es la parte más tonta de un vuelo, a toda velocidad. La acción comienza exactamente en donde se quedó el vídeo anterior y ya estamos con las pezuñas del avión bajadas, los alerones todos cambaos bajo las alas para poder sustentarse volando a menos velocidad y con los meneos habituales de estos eventos. Es de noche, así que afuera el mundo se ve un pelín diferente. La música es la versión instrumental de la canción Blue Monday que se puede escuchar en el trailer de la película Wonder Woman 1984 interpretada por Sebastian Böhm, que casualmente hizo también el tema instrumental de otro vídeo que hemos visto esta semana. Hay dos momentos en los que durante unos poquísimos segundos aceleré la velocidad de reproducción para darle más dramatismo al vídeo y para que acabara junto con la canción, pero esos instantes son irrelevantes en la duración total.

Publicada el
Categorizado como Holanda

Sobre Brujas y Rotterdam

Llegamos a la traca final, la conclusión (por ahora) de una serie gigantesca de vídeos con despegues y aterrizajes porque a mí no me queda nada claro que poniendo cuatro vacunas aquí y seis allí se vaya a arreglar el problemote que tenemos y como nadie se preocupó en hacer fábricas para producir vacunas por trillones, para cuando todos estemos vacunados ya habrá sesenta y ocho variedades más peligrosas y contra las que nuestras vacunas no podrán luchar y volverá a empezar todo. Quizás este sea el fin de la especia, siempre fuimos muy románticos viendo un asteroide que nos destruía o una raza de extraterrestre o un ataque nuclear truscolano y de los kabezudos koreanos de mielda y resultó que un puto virus por una sopa de murciélago mal cocinada fue lo que nos doblegó. Bueno, en este final de los vídeos de aviones tendremos tres vídeos independientes pero relacionados y la razón es que no pienso acelerar ni recortar un solo segundo de los doce minutos que tengo grabados y vienen saliendo a cuatro minutos por vídeo, quizás un poco menos o un poco más. Este primer vídeo, además, contiene en realidad un pequeño segmento que grabé antes de comenzar el aterrizaje, cuando estábamos empezando a descender. Está al comienzo y esa ciudad que vemos en la noche al comienzo, es la ciudad belga de Brujas, con su puerto, que lo tiene y está separado de la ciudad. Después habrá una cortina mágica y la secuencia continua comienza llegando al puerto de Rotterdam, gigantesco e iluminado por la noche para que los narcotraficantes y demás delincuentes puedan hacer mejor su trabajo. El vídeo terminará cuando dejamos Rotterdam atrás (o la parte que vemos, que es la más pegada al mar) y seguimos yendo en dirección al aeropuerto de Schiphol. La música en este caso es la canción Believer de Imagine Dragons, que es como que muy melodramática y pachanguera.

Otra vez despegando de Schiphol

Dado que es muy probable que los seres humanos no volvamos a viajar en décadas o quizás en siglos, si tenemos en cuenta que para cuando lleguemos al fascinante setenta por ciento ese de vacunaciones ya habrán salido sesenta y tres variantes del virus inmunes y más mortíferas, mi última tanda de vídeos en avión, que corresponden al vuelo de ida y al de regreso desde el aeropuerto de Schiphol en Amsterdam al de Gran Canaria, puede que sea lo último en vuelos en muchísimo tiempo y hoy consideraba si no debería trocear los vídeos como si esto fuera el tiki taka y poner quince segundos cada día, con lo que probablemente podría estirar el chicle hasta el 2022. Finalmente he desistido del asunto porque todos sabemos que el Ancestral que ya perdió la capacidad de poder escribir una bitácora seguro que no se acuerda de un día para el siguiente de los quince segundos que ya ha visto. En vez de esto, voy a trocear un poco pero no demasiado y hoy tenemos el despegue en diciembre, a mediados del mes, desde Schiphol para volar a Gran Canaria. Ese día, el dieciséis, fue el del cierre de los colegios, los últimos templos abiertos ya que los cines y otros negocios cerraron el día antes y los bares y restaurantes ya llevaban cerrados como un mes. Este vídeo va a tener la friolera de dos visionados, quizás hasta tres si tiramos la casa por la ventana y para esas tres ocasiones y visto el drama que nos rodea, he elegido un clásico, una de las canciones más alegres de la historia de la música y una que seguro que hasta Mozart, si la escuchara, se emocionaría hasta las lágrimas. Se trata del Hay que venir al sur de Raffaella Carrà y casualmente, despegué para ir al sur.

El vídeo no es muy largo porque ya cuando cerraron la puerta del avión el piloto nos dijo que íbamos a tener un paseíllo muy corto, quizás cortísimo hasta la cabecera de la pista de despegue y yo, desde la ventana de la última fila en el lado derecho le grité: ¡Cristiano, cristiano, no nos de el paseíllo corto, llévenos por lo menos hasta el barrio Rojo que si no el Ancestral se me amula!

No pudo ser, el piloto no me hizo caso así que avanzamos por el aeropuerto hasta la pista desde la que despegamos. Como estaba nublado una vez en el aire, se nos acaba el espectáculo más bien pronto.

Publicada el
Categorizado como Holanda

El Hotel Amstel de noche

Lo mejor de los días minúsculos del invierno es que un poco después de las cuatro de la tarde te puedes dar un paseo por Ámsterdam y hacer tus fotos nocturnas. A la vera del río Amstel, que da nombre a la ciudad, tenemos el hotel con el mismo nombre. Este hotel, que durante un tiempo era el único de los holandeses en la lista de mejores hoteles del mundo excluyendo a truscoluña, que no es nación, ha visto pasar por su interior a muchísimos famosos, aunque por nombrar que me cae bien, por allí pasó Audrey Hebpurn. El hotel tiene sus propias falúas para pasear por los canales de la ciudad a sus clientes y en la parte baja, al nivel del agua, hay un restaurante en el que pierdes un riñón si quieres comer. En la foto, creo que casi todas las habitaciones están con la luz apagada, con lo que la cantidad de turistas que están recibiendo en estos días tiene que ser dantesca y una cifra tan alta, que seguramente es imposible de medir. El edificio es aún más bonito de día. Decir que el hotel es y ha sido desde siempre uno de la cadena Continental pero la propiedad del inmueble, como las buenas putas, ha pasado por un montón de manos terroristas musulmanas, que entre moros se lo venden y revenden cada pocos años, siendo los últimos que lo han comprado, del país ese que compró con corruptelas y chanchullos el mundial de fútbol y en donde a mujeres y maricas se les quiere y respeta con locura.

Publicada el
Categorizado como Holanda