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Kürt?skalács, Trdelník y otras delicias

Kürt?skalács

Kürt?skalács, originally uploaded by sulaco_rm.

Estando en Budapest nos cruzamos de casualidad con el Kürt?skalács, una especie de dulce increíble y maravilloso. Es una especie de cilindro de hojaldre que se cocina en un rodillo de madera que rueda en el fuego. Al parecer proviene de Transilvania y también se cruzó en mi camino en Praga, aunque allí lo llamaban Trdelník. Les dan diferentes sabores y si no fuera porque no creo que queden igual haciéndolos en la cocina de gas o en el horno de aire caliente, desde ya mismo me pondría a averiguar la receta. En Praga lo comprábamos todos los días que estuvimos allí en la plaza que está junto al Starom?stská radnice o el viejo ayuntamiento. En Budapest lo vimos en varios sitios y al parecer en las dulcerías también se vende, aunque no hay nada mejor que un vendedor callejero con una cola de clientes que esperan ansiosos a que les den su cilindro para comérselo. Mi cámara se negó en rotundo a hacerles foto, ya fuera porque llegué muy tarde o porque ella no quiso enfocarlos bien y cuando estaba revisando mis imágenes del viaje, descubrí que solo tengo esta con el cartel de un local. Al parecer en otros países del centro de Europa también se puede conseguir, siempre con nombres distintos y casi siempre con el nombre refiriéndo al cilindro de madera sobre el que se pone la masa antes de ponerla en el fuego.

Este dulce es una razón suficiente para regresar de visita a Budapest y hasta podría ser parte fundamental de la dieta de un viajero en la ciudad. Supongo que en verano con el calor no deben apetecer mucho pero en otoño o invierno están deliciosos.

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El monasterio Strahov, Loreto y la colina Pet?ín

El relato comenzó en Mi segunda visita a Praga

Nuestro tercer día comenzó de nuevo en un comedor plagado de frikis que se comunican unos con otros mediante programas y mensajes, estando sentados en la misma mesa. La menos fea de las chochas se debía sentir como una top model porque todos los babosos cejijuntos que estaban allí la rondaban y orbitaban a su alrededor en todo momento. Bueno, todos no, que algunos habían decidido que hasta la más insulsa de las camareras le daba un buen repaso y trataban de flirtear con ellas.

Salimos del hotel y tomamos el tranvía 22 para subir hasta Poho?elec (bueno, primero tomamos el número 9 y transbordamos al 22). Era una mañana de sábado preciosa, soleada y agradable para pasear. Al bajarnos del tranvía vimos un Edificio muy curioso y que daba algo de miedo por estar cerrado. Supongo que son oficinas de alguna empresa o institución que no abren en sábado. Desde allí caminamos hasta la Iglesia Strahov ? Basílica de la Asunción de Nuestra Señora y el Monasterio Strahov, un complejo de edificios en los que se respira la historia. El interior de la iglesia es sencillamente espectacular. Pudimos verla pero muy rápido porque se celebraba una boda, aunque de regalo nos gozamos la llegada de la novia y el novio y los comienzos del bodorrio. Por detrás del monasterio hay unas vistas de la ciudad fantásticas.

Cuando acabamos la visita al lugar bajamos caminando hasta Loreta na Hrad?anech ? Loreto en Praga, que está muy cerca y es otro de esos puntos de visita obligada en la ciudad. Merece la pena pagar la entrada y ver el lugar. Está muy bien conservado y tienen una colección de joyas alucinantes. Lo único que se les puede reprochar es que no se permite hacer fotos en el interior. Regresamos en el tranvía 22 y nos bajamos en ?jezd para tomar el funicular y subir la colina Pet?ín desde la que se pueden ver otras vistas preciosas del Castillo de Praga y la ciudad. Nos sentamos en una terraza en la parte superior a tomar algo y disfrutar con las vistas, rodeados de turistas holandeses que como nosotros, hacían la fotosíntesis al sol.

Relajados porque habíamos visto todo lo que queríamos ver, bajamos con el funicular y fuimos en tranvía al centro para almorzar de nuevo en el »Restaurante STOLETÍ« y ya ese día los camareros nos reconocían y sabían lo que bebíamos. Tras la siesta de rigor estuvimos deambulando por el centro, visitamos el cementerio judío y por la tarde nos sentamos en la terraza que está justo delante del reloj astronómico – Starom?stský orloj y así vimos el espectáculo saboreando un delicioso café. Por la plaza vendían unos dulces que hacen al fuego enrollados en unos cilindros de madera y que estaban riquísimos. Mi madre nos hizo andar todas las tiendas habidas y por existir en un futuro muy lejano para comprar sus raciones de souvenirs y cuando acabó fuimos andando al restaurante. Este fue el único que me falló. Nos dijeron que estaban llenos y que no tenían mesas. Por suerte un par de calles más abajo encontramos otro de comida checa en el que nos dimos un banquete a carne de cerdo y cosas pesadas. El camarero hablaba español y se enrolló como una persiana para practicar con nosotros pero bueno, mereció la pena y la comida estuvo muy buena. El nombre del sitio es Restaurace U parlamentu y está junto a la entrada del metro de la estación Starom?stská.

Nos dimos un paseo nocturno tras la cena para bajar toda la comida y ver los edificios iluminados y como en días anteriores, devolví al equipo del Inserso al hotel y yo salí a dar un garbeo. Al día siguiente salíamos de vuelta hacia Holanda sobre la una de la tarde así que planeamos salir tarde del hotel después de desayunar e ir al aeropuerto.

El domingo por la mañana los del Firefox estaban acabando su congreso y al parecer la noche anterior sacaron a unos cuantos en un barco para que vieran algo de la ciudad, un concepto fascinante para muchos de ellos ya que prefieren ver el mundo a través de Google Maps, Flickr y Panoramio. Los que se quedaron para conseguir cinco puntos adicionales de frikismo tuvieron que padecer los relatos de los otros y se veía en sus caras que los odiaban a muerte. Al parecer muchos estaban como nosotros ya que en el comedor del hotel, la gente estaba estirando el desayuno todo lo que podía.

Sobre las once de la mañana comenzamos nuestro regreso. Cogimos el metro en Andel y en la última parada el autobús que nos llevaba al aeropuerto. En el mostrador de facturación de WizzAir, las empleadas tenían uno de esos días en los que se endiñan el tampón por el orto y estaban pesando y comprobando el tamaño del equipaje de todo el mundo. La tipa si algún día se queda preñada alimentará a su retoño con leche agria porque ni un milagro hará que produzca leche normal. Nuestras maletas entraron sin problemas y pesaban menos de lo permitido así que pasamos sin drama pero por delante de nosotros un grupo de estudiantes se las vieron canutas y terminaron poniéndose varias camisetas y otra ropa para que la borde aquella los dejara continuar.

En la sala de espera metieron en una guagua a los del transporte preferente, después nos metieron a nosotros en otra y una vez cerraron las puertas, no pasó nada por quince minutos. Estábamos allí, en medio de la pista, sin que se supiera muy bien que sucedía. En algún momento alguien debió dar algún tipo de permiso y las dos guaguas comenzaron su viaje hasta el avión y como siempre, perdimos la dignidad corriendo para conseguir sitio. Me gusta mucho más este sistema que el de asientos preasignados. Esto es más emocionante.

El vuelo transcurrió sin problemas y una vez en Eindhoven tomamos el autobús Phileas que nos llevó a la estación de tren de Eindhoven y desde allí el tren que nos dejó en Utrecht. Fue un viaje de cuatro días bastante intenso en el que revisité una de las ciudades europeas que más me gustan.

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El café tranvía

El tranvía café

El tranvía café, originally uploaded by sulaco_rm.

En la enorme plaza de Wenceslao nos encontramos con un tranvía que fue reciclado y reconvertido en cafetería. En una ciudad con una fantástica red de tranvías que te llevan a todos lados con eficiencia y muy barato, no me extraña que algunos hasta gusten de tomarse un café en este tranvía tan especial que no os llevará a ninguna parte.

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Tocando huevos en Praga

Tocando huevos en Praga

Tocando huevos en Praga, originally uploaded by sulaco_rm.

Y para terminar la visita a Praga, una estatua que está en el castillo de Praga y a la que la gente le ha cogido afición. Si os fijáis bien, a este sí que le tocan los huevos continuamente y los tiene hasta brillantes. Las asiáticas parecen particularmente aficionadas al toqueteo y tuve que esperar un rato para hacer la foto porque una banda de japonesas o chinas estaba poco menos que en el paraíso con el pobre chiquillo.