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Cambiando de escenario con los vídeos del viaje de Phuket a Bali

En realidad si quieres leer esta serie desde el comienzo, tendrás que saltar a Regresando al viaje a Asia para ver las fotos y avanzar desde allí y por si la cosa no es complicada, esta saga de fotos y vídeos está relacionada con el relato que comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur y si estás confundido, pues que sepas que así es la vida

Llegamos al primer cambio de escenario, una operación épica que ya conté en Entre Phuket y Bali está Singapur y que pese a que parecía sencilla, tomaba todo el día, entre traslados en coche, avión, avión y coche. Con tanto meneo, me descentré y lo que tenemos son DOS vídeos de los que le molan al ancestral, en asiento de ventana. Lo he separado y primero tenemos el vuelo desde Phuket a Singapur con su despegue y aterrizaje y más tarde el vuelo de Singapur a Bali, aunque en este caso no se veía una mierda en el aterrizaje porque se había hecho de noche y esa parte es más bien escasa.

La única foto que tengo es de la terminal de salidas del Aeropueto Internacional de Phuket, que no recordaré como uno de los gloriosos aeropuertos en los que he estado:

Aeropuerto Internacional de Phuket

En el primer vídeo, que lo que hay debajo es un vídeo, por si queda alguno poco desarrollado mentalmente por aquí, tenemos el despegue en Phuket y el aterrizaje en Singapur. Me tocó un asiento chunguísimo, como entre ventanas. En el despegue intenté hacer el vídeo hacia adelante pero fue un desastre y el aterrizaje lo vemos hacia atrás. La música es la canción Revolution de UNSECRET. El vídeo, si no aparece debajo de este párrafo, está AQUÍ:

Después vino unas horas más tarde el despegue desde Singapur y para cuando llegué a Bali, era de noche. La música es la canción Find Me de Sigma. El vídeo, si no aparece debajo de este párrafo, está AQUÍ:

El relato continúa en Buceando en el USAT Liberty y en las Pirámides de Amed

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Entre Phuket y Bali está Singapur

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

Comencé el día con la transición más complicada temprano porque el taxi me recogía a las seis menos cuarto. El hombre me llevó al aeropuerto, el cual no está muy lejos pero se tarda una hora gracias a la magia de las cutre-carreteras. En el camino vimos un accidente de motos y por supuesto, ni mi taxista ni nadie más se paró a ayudar. Aquí cuando un motorista cae, ya puede ponerse las pilas y salvar la moto corriendo hacia las bandas de la carretera o lo rematamos. Cuando llegué al aeropuerto aún no estaba abierto el mostrador de facturación. Tuve que esperar un rato que maté caminando. Después, facturé, pero llevaba el equipaje en cabina, gracias a la magia de Scoot, aerolínea que te permite llevar un bulto de siete kilos y un objeto personal de tres, con lo que iba sobrado. Pasé el control de seguridad, el de pasaporte y en el otro lado del aeropuerto de Phuket desayuné. Después me tocaba esperar a mi vuelo y más o menos en esos momentos se me acabó el crédito de mi tarjeta de teléfono tailandesa pero por suerte, en el hotel hay wifi gratuita. El chino primo de Zumosol me mandó varias correos con fotos juntos y chateamos un rato. Él iba a China por Kuala Lumpur, la misma ruta que hizo la Chin-argentina solo que ella la hizo desde la noche anterior. Los japo-brasileños regresaban por Seúl, capital de los kabezudos-Koreanos-de-mielda. Parece que nadie tenía suerte con los vuelos directos. Mi primer vuelo iba a Singapur y con la lata que da cierto comentarista pleistocénico, para este compré asiento de ventana para hacer el vídeo despegando en Phuket y aterrizando en Singapur, algo complicado porque en las aerolíneas asiáticas no se permite tener teléfonos encendidos durante el despegue y el aterrizaje y las azafatas controlan un montón, pero si te esperas hasta que entramos en pista, por ahí no pueden hacer nada.

El viaje fue de unas dos horas y al llegar a Singapur había algo raro en mi segundo vuelo, las horas no cuadraban, yo tenía que el avión salía a las cuatro menos cuarto y en pantalla aparecía a las cinco menos cuarto. Teníamos un retraso de una hora. Almorcé en el aeropuerto ya que sabía que después no tendría oportunidad alguna de pillar papeo. No sé como el aeropuerto de Singapur siempre queda entre los mejores del mundo, a mi no me gusta y además, te compras agua y después te la quitan porque ponen nuevos controles de equipaje en las puertas de embarque. Como lo vi mientras paseaba por el aeropuerto, vacié mi botella antes del control y la volví a llenar en un chorro de agua para beber que había en la sala de espera. El avión llegó una hora después de la prevista y eso explicaba el retraso. Embarcamos en el caos más absoluto por culpa del personal de tierra, que estaban enganchados a sus móviles. Yo tenía exáctamente el mismo asiento en la misma fila y de nuevo con ventana, con lo que hay vídeo del despegue. En el trayecto hacia Bali, de unas dos horas y media, tuvimos una turbulencia que acojonó a todo el mundo, el avión vibró como si fuera a reventar y la azafata batió el récord del mundo de carrera camino de su asiento. Después de eso no hubo nada más que reseñar.

Llegamos a Bali, pasé el control de pasaporte y no tuve que pagar visa, como en mi primera visita, ya que han cambiado las leyes del país y ahora los turistas tienen treinta días gratis y después pasé dos controles más hasta que llegué a la salida, en donde un chamo me esperaba con un papel con mi nombre para llevarme hasta Amed. Antes de subirme al coche, me compré otra tarjeta prepago para tener internet en Indonesia y saqué dinero en un cajero. El viaje en coche desde el aeropuerto hasta Amed tomó casi dos horas y media pese a que son solo noventa y cinco kilómetros. La cosa es que en muy pocas ocasiones se puede ir a más de cuarenta kilómetros por hora. Vine llegando al hotel a las once de la noche y prácticamente fui directo a dormir ya que al día siguiente el desayuno era a las siete de la mañana para bucear a las ocho.

El relato continúa en El USAT Liberty y paseando por la playa en Amed

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Asia 2014

Mis tres semanas en Asia resultaron en miles de kilómetros recorridos (contando los de avión), ocho vuelos con cuatro compañías aéreas, dos mil quinientas cincuenta y nueve fotos hechas con mi cámara Canon EOS 6D, una purriada de pequeños vídeos que muestran algún momento de cada día, fotos de toda la comida que irán apareciendo en esa otra bitácora, un montón de picadas de mosquitos y de hormigas y un enorme relato que ha llenado ésta la mejor bitácora sin premios en castellano durante semanas.

Todo eso y mucho más se condensa en el siguiente vídeo con las fotos que fui seleccionando cada día y añadiendo a un álbum en mi iPad:

La música en el vídeo es el tema Capture The Flag de Junkie XL y que todos conocemos porque es uno de los momentos más hermosos en la película Divergente – Divergent, ese en el que Four y Tris se suben a la noria y a él se le ve claro que ya está coladito por ella y quiere ponerle la pierna y los mondongos encima y que no levante cabeza.

Para aquellos que siempre se quejan y tienen la suerte de no poder el vídeo por algún motivo que escapa a mi comprensión pero del que culpo a GooglEvil o que no lo quieren ver con anuncios porque ellos lo comercializan todo, también está en este otro lugar:

Durante esas tres semanas, la segunda línea de defensa contra los mosquitos la formaban pulseras con citronella que duran unos tres días. Se me perdieron dos de ellas (una amarilla y otra roja) pero aún así, al regresar a Holanda tenía varias de ellas en mi muñeca, ya que después de que pierden su jugo, las dejo como exótico recuerdo de aquello por lo que luchan:

Pulseras con citronella

Pulseras con citronella, originally uploaded by sulaco_rm.
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El larguísimo regreso a casa

El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

El regreso a Utrecht me llevaba desde Singapur a Kuala Lumpur, desde allí a Estambul y finalmente un último salto a los Países Bajos. Ese día me levanté tarde y preparé las mochilas. Pasé de salir a desayunar y sobre las once de la mañana bajé a la recepción, entregué la tarjeta que servía como mi llave y fui a la parada de la guagua. Fui hasta una estación de metro y allí conecté con el que llevaba al aeropuerto. Al llegar, facturé la mochila y recogí mi tarjeta de embarque y me acerqué a un Kaffe & toast para desayunar tostadas kaya. Después pasé el control de seguridad y tras dar un paseo y ver las tiendas, me puse cerca de la puerta de embarque de mi avión. Volaba con Tiger Air desde Singapur a Kuala Lumpur. El avión salió en hora y el vuelo era de unos cincuenta minutos. Aterrizamos y aparcamos en la nueva terminal, la KLIA2 y tras pasar el control de pasaporte, fui en el tren hasta la otra terminal, la KLIA y como tenía que esperar unas horas para facturar, dejé la mochila en la consigna y opté por ir a Putrajaya, la capital administrativa de Malasia y ciudad que está a medio camino de la capital. La parada del tren es también para Ciberjaya, otra ciudad que montaron en el lugar para las multinacionales. Fui en taxi hasta un centro comercial enorme en esa ciudad y mi idea original era ir al cine, pero los horarios de las películas no me cuajaban, así que paseé, cené y estuve allí un rato. A la hora de regresar al aeropuerto quería ir a la estación en taxi pero los taxistas estaban de tertulia y pasaron de mí, así que fui en la guagua con los locales. Después tomé el tren, llegué al aeropuerto, rescaté mi mochila, la facturé, pasé el control de seguridad y busqué un rinconcito para matar el rato.

El avión iba petadísimo y a mi lado sentaron a un julay. Despegamos en hora y el piloto nos dijo que el viaje iba a ser movidito por fuertes vientos en contra. Realmente, el avión vibraba como un tren viejo y cada cinco minutos dábamos un salto. Nos dieron la cena y entre meneos y más meneos vine a dormir unas seis horas. Desayunamos en el avión y sobre las cinco de la mañana aterrizamos en Estambul. Aparcaron el avión sin conectarlo al aeropuerto y tuvimos que esperar por las guaguas que nos llevaran al mismo, volver a pasar un control de seguridad y después subir a la terminal. El día anterior chateando con mi amigo el Turco me había dicho que volaba a Londres esa mañana y quedamos que nos veíamos en el aeropuerto. Mientras lo esperaba compré unas cajitas con delicias turcas para regalar en la oficina y cuando el Turco llegó, fuimos a tomar un café con algunos de sus empleados, los cuales me miraban flipando en colores y hasta en blanco y negro ya que no habían visto nunca a su jefe con uno de sus más-mejores amigos. Las puertas de salida de nuestros aviones estaban una al lado de la otra así que fuimos juntos y nos despedimos.

Entré en mi avión, el cual también iba petadísimo y despegamos en hora. Me dieron un segundo desayuno y pasé el vuelo viendo episodios de una de mis series favoritas. Al aterrizar en Amsterdam, nos hicieron un control de pasaportes en la puerta del avión y tuvimos un segundo control de pasaporte en el lugar habitual. Después tuve que esperar más de media hora por mi mochila y cuando apareció, la recogí, bajé a la estación de tren del aeropuerto y me subí en el que me llevó a Utrecht. Desde allí fui en guagua a casa. Ese día opté por trabajar desde mi casa y así aprovechar y lavar toda la ropa que traje, algo habitual en estos viajes, en los que siempre que llego todo va directo a la lavadora.

Ese día lo pasé baldado, ya que entre pitos y flautas, el regreso fue un palizón de cuidado. Y así acabó el viaje que me llevó por Kuala Lumpur en Malasia, por Tailandia y por Singapur en este 2014.